Rock
Con más de cinco décadas de vida cumplidas a escala mundial y con la guitarra eléctrica como su arma predilecta de sonido, el rock es casi igual de antiguo desde su primera adopción en Chile a mediados de los años '50, y ha descrito una de las evoluciones más múltiples de la música popular local. Imitado al comienzo, chilenizado en parte por la Nueva Ola, transformado en himno nacional para el Mundial de 1962, puesto al día por jóvenes airados a fines de los '60, revolucionado por toda una nueva generación hippie y telúrica a comienzos de los '70, aguerrido bajo la dictadura, agitado por la new wave a mediados de los '80 y abierto hacia formas como el punk, el metal, el reggae o el pop, la música rock se ha multiplicado en un sinnúmero de nombres y tendencias desde los años '90 hasta la actualidad.
Diferentes conjuntos rock de vida breve ocuparon al incansable guitarrista Sergio del Río luego de la disolución de Los Jockers. Luego de pone fin a su banda Largo y Tendido en Estados Unidos, el músico comenzó una nueva agrupación junto al bajista Carlos Mac-Iver y el baterista Erick Franklin, dos viejos conocidos suyos en el andar rockero (ambos, ex integrantes del pionero conjunto Los Mac's) y que respondieron a su llamado pese a encontrarse entonces radicados en Italia. Una vez reunidos en Nueva York se bautizaron como Destrucción Mac's, en clara a alusión al antiguo grupo de Mac-Iver y Franklin, y de inmediato viajaron a Chile con el cantante estadounidense Ward Williams para realizar una serie de actuaciones de gran convocatoria. Si bien Destrucción Mac's no alcanzó siquiera un año de actividad y sólo grabaron tres discos-single, para muchos representaron la ilusión de ver y escuchar una verdadera banda de rock anglosajón en el Chile de 1971.
Uno de las pocas bandas chilenas que desde los márgenes de la industria ha tendido puentes entre décadas ha sido Fiskales Ad-Hok. Muchos nombres asociados al punk surgidos en medio del interesante momento creativo que motivó la resistencia a la dictadura fueron quedando en el camino o se vieron agotados una vez que Chile entró en la transición democrática. Pero Fiskales Ad-Hok ha ido encontrando con los años nuevos blancos de denuncia, ampliando su grito hasta asegurarse de que a nadie le sea fácil evadirlo. Su discografía, su trayectoria, y sus decisiones de autogestión la convierten en un grupo de referencia para el punk, la canción de denuncia y el rock independiente en nuestro país. Late en sus discos un mismo pulso de arrojo y disconformidad, capaz de convertir sus canciones en dardos veloces contra autoridades, promesas vacías y, a veces, hasta contra ellos mismos. Su sistema de trabajo autogestionado ha resultado de gran influencia para varias bandas formadas a la luz de su ejemplo, y demuestra que incluso un grupo de punks chilenos está capacitado para manejar su propia empresa (el sello C.F.A.), organizar giras a Europa, y agitar los escenarios locales sin más ayuda que la de sus fans. «Antifascistas, antisexistas y a favor de la autogestión», según propia definición, Fiskales Ad-Hok es, además, un grupo de características únicas en la historia de nuestro rock, con vaivenes en su historia y formaciones pero un trabajo activo por más de cuatro décadas. En febrero de 2025, la banda anunció una pausa que se hizo efectiva de inmediato.
Grupo eléctrico de rock fusión, valdiviano, fundado por dos ex integrantes del grupo de rock experimental valdiviano La Desooorden, aunque durante su historia mostró varios cambios de formación. Hacia fines de 2012, el bajista Francisco Martin y el baterista Rodrigo González se unieron al joven guitarrista Pablo Cárcamo para formar el núcleo base de un proyecto que creció en timbres hasta desembocar en el disco Estirpe lítica (2014), ya con Eliana Valenzuela como vocalista. Homínido debutó en 2013 en el Festivalternativo de México, compartiendo escenario con agrupaciones de jazz fusión y rock de ese país como Banda Elástica. Su circuito en vivo incluyó escenarios de Santiago y Valdivia. En 2016 lanzaron un segundo trabajo, Alados, en el que la banda observó la poética de once aves chilenas de la selva valdiviana. Fue su último paso significativo, antes de su separación. González retomaría la promoción musical hacia 2024 con la banda Chercán.
Un tipo de punk acelerado y adolescente —«pijama party style», en palabras de sus integrantes, que así titularon su único álbum conjunto— trabajó el cuarteto femenino Niña Con Frenillos durante cuatro años. Su música se desarrolló como un juego entre amigas, largado entre precariedades técnicas y escasas lecciones musicales, pero creció hasta mantener una agenda en vivo regular en Santiago y legar un álbum. Destacaba en ellas su actitud, carisma y complicidad. Para sus integrantes, hacer canciones y mostrarlas nunca dejó de ser un goce. Winnie, su vocalista, intentó más tarde una carrera solista, y publicó el disco The plot thikens.
La banda de Joe Vasconcellos fue el punto de partida de este grupo de vida breve pero vínculos significativos. Músicos activos ahí, venidos también de la experiencia junto a bandas como De Kiruza, Barracos y Resistencia, combinaron desde 2002 su común inquietud por desarrollar un repertorio chileno de reggae, funk y raíces afro y latinas. Coloridos atuendos, coreografías y pseudónimos de personajes de historieta marcaron la llamativa puesta en escena del grupo, que cerró su historia habiendo publicado dos álbumes: Tiraparriba (2003) y Bongo 1 (2004). Una de las marcas de su historia es haber acogido en diferentes momentos a los hermanos Ítalo y Enzo Vásquez, más tarde populares en el exitoso dúo romántico Los Vásquez.
Los Valentina son una banda que nace en torno a Valentina Martínez, cantante y guitarrista, que había estudiado Arquitectura en Osorno unos años, pero que dejó todo para regresar a Santiago en 2014. Fue entonces cuando le mostró algunas de sus canciones a Juan Fernando Rubilar (líder de Medio Hermano y ex La Reina Morsa), y con él le dio su forma final. En la misma sala de ensayo de Medio Hermano, entonces, se integró a la banda el bajista Roberto Sanhueza, (y Leo Saavedra en la producción) y con esas canciones editaron un EP el 2016, con el sello Piloto, e iniciaron presentaciones en vivo.
Yeti fue una banda formada casi en su totalidad por músicos sureños radicados en Santiago, que compusieron canciones pop-rock y trabajaron en conjunto por ocho años. Próximo en sus inicios a De Saloon o Alamedas, por las filas del grupo pasaron músicos luego destacados en otros proyectos, como Cristián Espiñeira y Arturo Rodríguez. El cuarteto original debutó en 2004, en torno a un extenso repertorio de canciones en constante cambio: «Muchas veces tocábamos en El Living, a la semana siguiente en La Batuta, y cambiábamos los catorce temas». Su álbum debut, Yeti (2008), llegó a ser distribuido en España. Fue sucedido dos años más tarde por Años luz, pero ya con escaso tiempo de promoción, antes del fin de la banda a mediados de 2011..
Es conocida la vocación multimilitante de Macha Asenjo, en el sentido de no contentarse con tan sólo una banda, y permitirse explorar sonidos y enfoques en muchos proyectos en paralelo. Uno de ellos fue el dúo que trabajó por casi una década junto a Claudio Pájaro Araya, destacado músico nortino con historia pasada sobre todo en Huara aunque también en múltiples colaboraciones, incluyendo en bandas del propio Macha, como LaFloripondio, El Bloque Depresivo y Chico Trujillo, hasta su fallecimiento de 2024.
De los muchos grupos de rock que surgieron a mediados de los años '60 en el dinámico circuito de festivales escolares del sector oriente de Santiago, la permanencia en la memoria de quienes vieron tocar alguna vez a Música de Jardín puede responder a lo inusual de su propuesta, que no conoció límites en el uso de instrumentos, tiempos y patrones establecidos. Lamentablemente, su experimental propuesta jamás llegó a ser grabada de manera formal.
Influenciado por diversas fuentes musicales, desde el rock clásico al folclor sureño y desde el jazz contemporáneo a las fusiones de raíces latinoamericanas, el guitarrista Brunos Riveros ha hecho una carrera autónoma en ciudades de la Quinta Región, instalando su nombre en distintos frentes. Nació en Valparaíso y ha vivido largamente en Quilpué, desde donde ha establecido su ruta como músico.
La historia dice que si Rosewell comenzó un domingo a ensayar sus canciones por primera vez, el sábado ya estaban debutando en un show televisado por el canal local de la región de Valparaíso. Así de enérgica partió esta banda de rock viñamarina que adscribe a corrientes como el post-hardcore y el screamo, inscritas en las vertientes más melódicas del punk.
Uno de los más recientes compositores chilenos de baladas y música pop además de productor de radio y TV, Juan Andrés Ossandón es el autor de éxitos como "No quiero verte así" (1991), de Alejandro de Rosas; "Amor de verano" (1993), de Andrés de León; "Sinceridad" (1992), de Tatiana Bustos, con el que ganó el segundo lugar en 1993 en el Festival de Viña, y "Pensarlo dos veces" (1995), de Fernando de Jesús. Además, en su catálogo aparecen canciones de reality shows de TV como "La música" y "El juego de la resistencia" (2003), para Catalina Bono y Ximena Abarca, y "Madre tierra" (2005), de Joe Vasconcellos.
Un rock eléctrico denso, de capas y esencialmente melancólico caracteriza desde 1996 a Congelador, una banda que se instaló como referencia de la música independiente chilena, gracias a tres décadas de actividad a ritmo pausado, pero ininterrumpido. En su caso, la condición viene dada también por gestión: un disco del grupo dio la largada al sello Quemasucabeza, más tarde ampliado a fundamental catálogo de rock y pop.
Luego de ser parte del grupo Wentru, la cantante y compositora Francesca Santoro inició un camino como solista, construido con canciones que transitan por delicados arreglos pop, letras reflexivas, melodías nostálgicas y pasajes oscuros y eléctricos.
En parte, la historia de Slowkiss es la de la persistencia de su fundadora, la cantante y guitarrista Elisa Montes (Bilbao, 1985). Desde que llegó con su familia a Chile, a los 10 años de edad, su trayectoria en la música ha sido la de una intérprete precoz y creadora convencida, quien afirma en esta banda un recorrido largado en la adolescencia junto a otros y muy diferentes grupos, como Supernova o el trío rockero Espartaco, junto a los que trabajó en vivo y grabó discos.
La electricidad de la guitarra y una voz de mujer fue una de las características del sonido de Sónica, banda de rock-pop que en la primera década de los 2000 mezcló sonidos entonces de moda, como el brit-pop y el grunge. Su trabajo quedó plasmado en tres discos, de certera vocación radial (con singles como "Sueños mutuos" y "Hoy me siento bien"). Entre sus colaboradores históricos en la producción se cuentan Claudio Narea y Marcelo Aldunate. El grupo recorrió en vivo varias ciudades del país (Temuco, Valdivia, Valparaíso) y hasta cruzó a Mendoza (Argentina) para un par de presentaciones, en febrero de 2006. En esa experiencia en vivo, Sónica se fue dando cuenta de que muchos fans privilegiaban su faceta más rockera. Por eso pusieron el acento en la fuerza de lo eléctrico para Yo soy yo (2007), que terminó siendo su despedida. Su última presentación fue en Blondie en junio de 2008, abriendo un concierto de Profetas y Frenéticos.
Paraíso Perdido no prosperó como un proyecto pop de largo alcance (no existen discos suyos, por ejemplo), pero dejó un indeleble legado en la escena musical chilena de los años ochenta. Al menos cuatro de sus integrantes fueron figuras claves de la profesionalización musical de la naciente escena pop, con Andrés Bobe y Luciano Rojas como integrantes activos de La Ley; Javiera Parra como futura solista de gran difusión; y Juan Ricardo Weiler, como figura de la etapa inicial de Aparato Raro.
Con un decidido carácter comercial, el grupo Los Larks fue la primera expresión local de vocación masiva inspirada en el movimiento beat que cautivaba al mundo a mediados de los años '60. Pese a su breve trayectoria —de algunos singles y dos LP—, el cuarteto no pasó en absoluto inadvertido gracias a su intachable ejecución musical, pero sobre todo por su curiosa caracterización visual del fenómeno colérico. Su repertorio entonces se basó en versiones de grandes éxitos internacionales de grupos como The Mamas and The Papas, Dave Clark Five, The Monkees y, por supuesto, The Beatles.
Fulano creó uno de los sonidos más novedosos escuchados en la tradición de música chilena, alimentado con elementos del rock, el jazz y el avant-garde, e influencias provenientes de la música de Frank Zappa, Captain Beeheart y Hermeto Pascoal, entre sus principales fuentes. Con teclados, percusiones e instrumentos de viento como eje de su lenguaje, el sexteto se puso por encima de categorías, convirtiéndose en una de las propuestas más cercanas a una vanguardia en la golpeada y vigilada escena de los años '80. Su discurso antimilitar y antifascista fue un sello propio en la resistencia a la dictadura, aunque luego, tras el regreso a la democracia y sobre todo la muerte de su pianista jaime Vivanco, la banda se vio disminuida. El grupo regresó a la escena en 2009, tras seis años, pero las desaveniencias escalonadas entre sus integrantes referenciales terminaron por llevar a su fin la historia de Fulano en 2015.
Con canciones de melodías optimistas, muy bien diseñadas para un empaque pop, Primavera de Praga fue un cuarteto de Los Ángeles fuertemente influenciado por el britpop de los años '90. Hacia el año 2003, el grupo vino a probar suerte a Santiago y pudo trabajar con la frente en alto.