Roberto ‘Titae’ Lindl

Roberto Lindl es un músico referencial. Desde inicios de los ’90 e indistintamente en los ámbitos del pop, el rock and roll, el jazz y la música popular urbana. Más allá de su militancia histórica como hombre-eslabón en Los Tres y Ángel Parra Trío, la propia visión de los hechos terminó por delinear en Lindl una evidente personalidad musical. Con el pseudónimo de Titae, siempre pulcramente vestido y tras una gafas de marco grueso, el bajista (o contrabajista, según el caso), llegó a ser una figura autónoma muy por encima de la categoría simple de músico de acompañamiento.

Fechas

Concepción - 08 de junio de 1967

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Roberto Lindl

Iñigo Díaz

Los Dick Stones fueron la primera agrupación donde en 1983 Roberto Lindl puso sus líneas de bajo eléctrico, junto a Álvaro Henríquez. Era un adolescente en vías de explosión que tomaba forma en un ambiente en extremo musical: a esa altura su padre, Werner Lindl, ya tenía 20 años como primer contrabajista de la Orquesta Sinfónica de Concepción (Titae también tocaría en esa fila instrumental).

En 1984, y aprovechando su ascendencia austríaca, se instaló en Salzburgo para estudiar contrabajo clásico y tocar en ensambles y orquestas. De vuelta en Chile se volcaba al jazz, en los merodeos del núcleo penquista, tocando con los pianistas Marlon y Moncho Romero, y actuando en jams. A algunas de esas sesiones llegaba el guitarrista Ángel Parra, quien pronto se uniría a los ensayos rockandrolleros comandados por Henríquez. Los Tres eran el efecto de la causa Dick Stones (ya con Pancho Molina a la batería) y sumando a un solista como Parra, estallaban en 1990.

La historia de Lindl al interior de Los Tres se extendió por toda la década y su colaboración con Henríquez se tradujo en piezas de coautoría, a veces más a veces menos, para títulos como “La primera vez” o “Amores incompletos” (Los Tres, 1991); “Déjate caer” o “La espada y la pared” (La espada y la pared, 1995); “Claus” o “Largo” (Fome, 1997); y “El rey del mariscal” o “No me falles” (La sangre en el cuerpo, 1999).

Entre las giras y actuaciones de Los Tres viajaba además un contrabajo y mientras el cuarteto rock descansaba, un trío bop volvía a trabajar: Parra, Lindl y Molina aparecían como entidad aparte, cambiando el switch hacia el swing y las preferencias sobre Parker, Monk o Montgomery. Se consolidaba el Ángel Parra Trío.

El jazztet se sobrepuso al desplome de Los Tres en 2000 y llegó a editar una serie de álbumes, donde la nueva dupla creativa sería la Parra-Lindl (pronto se sumaba el baterista Moncho Pérez), para la que el contrabajista también compuso piezas: “Patana”, “Trimno”, “Así pasa cuando sucede” o “Angélica y Werner”.

Titae seguiría con múltiples apariciones: desde el proyecto de revaloración de los músicos porteños (en Una noche en el Cinzano, 2002, y Otra noche en el Cinzano, 2007), el trío de Carlos Silva (en Solo, dúo, trío, 2003) y el grupo Doce Monos, hasta el liderazgo de cuartetos y quintetos de jazz chilenísimo junto a hombres como el trombonista Héctor Parquímetro Briceño o el trompetista Ricardo Barrios, y su colaboración con el dúo electrónico Bitman & Roban.

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Nacido en el cerro Cordillera, Carlos Carstens refiere una memoria vívida del puerto principal en su recién lanzado libro “Valparaíso, Cerro Cordillera. Crónicas de ensueño”.