2010
Las inquietudes musicales de Jurel Sónico como guitarrista y cantante excedían a Lisérgico, la banda porteña que lo ocupaba para 2010. Así, el músico decidió derivar un puñado de composiciones cargadas al indie-rock y melodías con más firme base armónica a otro proyecto, bautizado primero como un alter-ego personal y, tras la asociación con el baterista Gabriel Lele Holzapfel, ya con vocación de banda y un sello grunge/shoegaze característico. Desde entonces, Adelaida supera los quince años de carrera, hoy con formación de cuarteto y también con Anke Steinhofel (bajo y voz), Tomás Pérez (batería) y Joaquín Roa (guitarra).
El solo de guitarra eléctrica sobre “Gracias a la vida” ejecutado ante 70 mil personas en el Estadio Nacional en marzo de 1990 como saludo al regreso de la democracia, no sólo representa el último momento de Edgardo Riquelme en un escenario importante. Es también una tesis de grado para sus propios años de estudio sobre una nueva música chilena, que se remontan a 1974 en Concepción. Esa tarde Riquelme puso una rúbrica de lenguaje contemporáneo y sonido desafiante a la interpretación del himno de Violeta Parra realizado por la Orquesta Sinfónica de Chile. Edgardo Riquelme es uno de los primeros ejecutores del encuentro entre la modernidad con la raíz.
Guitarrista y compositor, Edison Belmar ha desarrollado su carrera desde los terrenos de la fusión, con especial inclinación al jazz y la música de raíz latinoamericana. El músico fue miembro fundador del grupo Matahari, y junto a ellos recibió el premio Altazor 2003. Su currículo también incluye colaboraciones y grabaciones junto a gente como Jano Soto, el grupo de rock Coyote y el trío Contrapunto. Desde el año 2004 reside en Francia, donde ha desarrollado una intensa labor en torno a la docencia y la intepretación constante en vivo, en solitario o junto a otros proyectos.
Fernando Raín Aqueveque es un guitarrista de jazz contemporáneo que ha expuesto una música mestiza. Combina esa matriz del jazz como lenguaje junto con las raíces de la tierra de donde proviene. Nacido en Coronel y con una ascendencia mapuche, incluso con apariciones en escena luciendo un cintillo trarilonco, Raín consolidó en su primera época esos propósitos, a través del material del disco Fainu (2019), su debut.
Liderado por el sobresaliente cantante Héctor Muñoz, Kanela, Noche de Brujas vino a instalarse en la cronología de la cumbia romántica como la agrupación que tomó la posta de popularidad y presencia que había dejado La Noche en la década de 2000. Se formó como un grupo de rock latino en el liceo N°2 de hombres Miguel Luis Amunátegui, de Santiago Centro, aunque luego pasó a la cumbia como estrategia para conseguir fechas en vivo en fiestas y eventos. Es de hecho la primera actuación del grupo durante la fiesta de Halloween de 2003 el que bautizó finalmente a la banda, a instancias de un perspicaz productor: Noche de Brujas.
Iniciada como banda de rock animadora de fiestas universitarias en Coquimbo, el trío que formaron el guitarrista y cantante Tulio Guerrero, el bajista Guillermo Narváez y el baterista Omar Santander, estudiantes de Ingeniería Civil Ambiental, determinó dar un paso más en la música hacia 2004, cuando comenzaron a escribir composciones propias. El guitarrista Orlando Sánchez, quien estaba participando del ambiente jazzístico de la Cuarta Región, se unió poco después. De esa manera, como cuarteto, Los Changos (nombre obtenido de la étnia sudamericana de pescadores que habitó todo el norte de Chile) se orientaron a una música vinculada a la influencia ancestral precolombina y del entorno natural.
Desde que en los inicios de la década de 1980 los conjuntos Mazapán y Zapallo inauguraran una nueva escuela creativa en la música para las infancias —con composiciones originales que ampliaron el repertorio de canciones dirigidas a los niños, además de la utilización de un instrumental diverso— una serie de proyectos se alinearon con la propuesta que marcaría los siguientes años en este género . Fundado en 1990 por un grupo de profesoras de música de la Universidad de Chile, Acuarela completó de este modo esa tríada de conjuntos principales en una música que en Chile alcanzaría pleno desarrollo dos décadas después.
Una importante estada en México, como parte de la oelada de chilenos activos desde la década de 2000 que se establecieron en esa industria, definieron el rumbo de un músico como Andrés Landon, formado como versátil bajista eléctrico y con una raíz en el jazz. En el DF, Landon se proyectó como músico de acompañamiento de una serie de figuras del pop latino, como Natalia Lafourcade, pero también como productor de discos y como artista de una música mestiza que lo llevó a producir, editar y publicar sus trabajos desde México: Pequeños defectos (2012) e Indias (2016).
Emma Lihn es el seudónimo de Karen Alfaro para su trabajo musical más vinculado al pop. La integrante de Las Capitalinas ya tenía varios meses de camino solista, con canciones propias y un sonido que articula música negra, pop y rock. Tomando como nombre Emma y el apellido del poeta Enrique Lihn, Karen Alfaro debutó como Emma Lihn en noviembre de 2012.
Kamila Govorcin es productora, DJ y cofundadora del netlabel chileno Panal Records. Su nombre obtuvo presencia a lo largo de toda la década del 2010 a través de una serie de publicaciones, abundantes discos EP y el largaduración Canciones para bailar llorando (2018), en un circuito de la electrónica en plena renovación por esos años. Esa música autoral se sitúa en espacios que operan tanto en la pista de baile como en el ámbito de la apreciación y la escucha.
Cristián Moraga es C-Funk, la poderosa chapa musical que acompañó su trayectoria desde mediados de los años '90, cuando él apareció al frente del grupo Los Tetas, utilizando la chapa de Cee-Funk. Una década de vigencia con una de las bandas que instalaron la cultura de la black music en nuevos términos durante esa época, le redituaron un estatus de referente musical. Más tarde incorporado a la última etapa de vida de Chancho en Piedra previo a su separación de 2023, C-Funk también tuvo una historia como solista, que, aunque interrumpida, dejó discos fundamentales en el funk y soul chileno como Joya (2006).
María José Sessarego es Tamy Sessarego, cantante de pop latino que ha hecho incursiones en discoteques y programas nocturnos de televisión con sus audaces canciones de temáticas sexuales, pero al mismo tiempo románticas, incluido vistosos cuerpos de baile en escena. Alumna de la academia de Luis Jara y perteneciente al staff del sello Caribe Records, Tamy Sessarego publicó en 2009 su único disco, Pecado original, de la mano del productor Mauricio Parra y el arreglador Carlos Corales. En ese álbum alternó temas bailables y baladas como "A 100 kilómetros", "Quién te va a creer", "Más de ti", "Sin tus besos", "Sacudiré tu piel" o la homónima "Pecado original".
Emilio Santana es Chino Santana, sociólogo de profesión pero a la vez un compositor, poeta y músico de rock que entró de lleno en el folclor tras sus expediciones por el Ñuble para descubrir, estudiar y proyectar la música de esas tierras. En ese período conoció también la leyenda del cantor Cabeza de Toro. Entonces recuperó la figura de ese chamán a través de la música del grupo Kabeza de Toro, una experiencia de aleación entre la cueca, la tonada, el corrido, la música beat y la sicodelia. Sus trabajos posteriores como solista confirmaron la idea de un folclor en permanente movimiento.
El cruce entre una formación particular como instrumentista, de compositor en academias y la colaboración con músicos pop encauza el particular camino creativo del cantautor Juan Pablo Abalo, quien diversifica su trabajo entre proyectos solistas —para disco y escenario—, la asociación con otros autores e intérpretes y también algunos años como comentarista musical para medios. Es una vocación amplia y diversificada, que el autor aborda sin ansiedad: «He pasado por muchas músicas, y modos de pensarla, y gustos y convicciones», explica. «Es un proceso legítimamente lento, pero enfrentado a un modo de escucha. En ese desfase, lo difícil es encontrar la voz propia».
Diestra cantante y pianista, compositora, autora de canciones, maestra de canto, académica universitaria, fonoaudióloga, solista y acompañante, la vida musical de Francisca Paquita Rivera ha transcurrido en diversos frentes del oficio. Desde inicios de los '90, marca presencias y participaciones en los campos de la bossa nova, el tango, el bolero, la canción romántica y folclórica, el pop y el jazz. Pero esa posición aparentemente secundaria quedó desplazada cuando en 2013 llegó a Fulano, tras la salida de Arlette Jequier.
Cantante, productor musical y ocasional animador de televisión, Rigeo (Rodrigo Aránguiz) fue uno de los pioneros chilenos en la interpretación de los nacientes ritmos urbanos a comienzos de la década de los 2000, que dominarían la escena de la música popular por más de dos décadas. El reguetón y ciertos acercamientos al hip-hop marcaron su música, que quedó registrada en los discos Reality flow (2004), donde aparece "Indestructible", con su famoso coro de alerta "danger, danger, cuidado", y Knock out (2005), que versiona de clásicos de otros estilos tropicales. Su estilo lo llamó, sin más, "ragga flow".
No son muchos los dúos que en la historia de la música popular chilena consiguieran tanto el éxito como para traspasar con buenas posibilidades las fronteras. Tal vez Sonia y Myriam sea el único antecedente importante hasta la aparición de La Sociedad, la dupla formada por Daniel Guerrero y Pablo Castro que logró imponer en los años noventa la canción romántica con notable respuesta del público, marcando incluso clásicos radiales, como "Nada quedará". Su historia tuvo episodios internacionales, hasta que al comienzo de los 2000 terminó, y sus dos integrantes iniciaron disímiles carreras en la composición, la producción y el trabajo solista. El 2012 anunciaron una serie de presentaciones en vivo, inaugurando una segunda etapa en la historia de La Sociedad, la que se extendió por cuatro años.
Ha sido desde el campo de la investigación que José Pérez de Arce ha llegado a la composición e interpretación musical. Sus más interesantes proyectos al respecto están muy lejos de un ámbito docto o de lo que habitualmente se entiende por vanguardia. La gran pasión en su vida de investigador y musicólogo autodidacta ha sido conocer el mundo indígena y vernáculo, con trabajos pioneros en áreas como la música mapuche, los bailes chinos, y la instrumentación de tribus precolombinas. Además, Pérez de Arce desarrolla desde principios de década un señero trabajo de difusión del guitarrón chileno, el cual descubrió junto al cantor popular Santos Rubio y que guió su trabajo en el disco Nometomasencuenta, cruce entre esa tradición campesina y canciones del repertorio rock latinoamericano.
Pianista, compositor, arreglador, conductor de orquestas y productor discográfico, Francisco Aranda Reinoso es el ejemplar más joven entre los músicos que se iniciaron en conjuntos de la Nueva Ola y que luego se reconvirtieron en figuras autónomas como directores y productores. Es una camada de talentos en la pluma, la batuta y la gestión, que comienza en los años ’60 con gente como Juan Azúa, Toly Ramírez y Jorge Pedredros y deriva en Horacio Saavedra, Juan Salazar, Miguel Zabaleta y Pancho Aranda, nombre recurrente dentro del círculo del Festival de Viña del Mar y la industria televisiva de los años '80.
De breve existencia Órfica fue un proyecto puesto en marcha por el productor y cantante Jaime Muñoz y Regina Crisosto, una de las voces de MediaBanda, como núcleo principal. En su propuesta mezcló la electrónica con el hip-hop, el soul y el jazz, y su música quedó registrada en un sólido disco titulado Presente (2010), con piezas como "Delirio", "The womb", "Los pájaros", y una reobservación del standard "From this moment on". Si en sus primeros tiempos fue más bien un trabajo de laboratorio de bases electrónicas y tres voces (Muñoz, Crisosto y David Vásquez, de Esencia), finalmente se constituyó como dúo, con el apoyo de los músicos de jazz Edgardo Parraguez (teclados) y Cristián Orellana (bajo).