Los Tres

Los Tres son el gran símbolo musical de los años noventa en Chile, y su rearticulación, en el año 2006, los consolidó también como una sociedad clásica. Si bien su sonido se concibió y desarrolló como el de una banda de rock, con el tiempo expandió las fronteras del género, pues ha explorado también otras zonas —a veces, desconocidas o desvalorizadas— de la tradición musical. De la cueca a la balada, con algo de Nueva Ola y Nueva Canción Chilena, Los Tres han condensado en su discografía una mirada refinada sobre Chile y su pasado musical, con uno de los mejores sonidos logrados por una banda local desde los primeros ensayos criollos de rock.

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Años

Concepción, 1987 -
En receso entre 2001 y 2005

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Integrantes

Álvaro Henríquez, voz y guitarra (1987 – 2000 / 2005 – •)
Roberto Titae Lindl, bajo y contrabajo (1987 – 2000 / 2005 – •)
Francisco Molina, batería (1987 – 2000)
Ángel Parra Orrego, guitarra (1990 – 2000 / 2005 – 2013)
Pedro Greene, batería (1991)
Camilo Salinas, órgano y piano (1999 – 2000)
Manuel Basualto, batería (2005 – 2012)
Boris Ramírez, batería (2012 – •)
Sebastián Cabib, guitarra (2013 – •)

Marisol García

En Los Tres confluyeron inicialmente el talento de cuatro instrumentistas de excepcional preparación, todos los cuales han mantenido destacadas carreras musicales también por fuera de su compromiso con el grupo. En el año 2000, el grupo acordó y mantuvo una pausa de trabajo que se extendió por más de cinco años. Desde Hágalo usted mismo (2006) el grupo se mantiene como una agrupación estable, aunque con significativos cambios en su formación original.

Inicios en Concepción
Parte de la esencia de Los Tres la explica su carácter provinciano, en el sentido de saltarse las convenciones capitalinas de lo que hasta entonces se entendía por una carrera en la música. El grupo nació en Concepción, a partir de la amistad que unía desde la adolescencia a Álvaro Henríquez Petinelli (guitarra, voz), Roberto Titae Lindl Romero (bajo) y Francisco Molina Cornejo (batería); tres compañeros del colegio Charles de Gaulle. Su interés por la música fue siempre más profundo que el del promedio de jóvenes de su edad, y lo encauzaron desde muy temprano en bandas informales, como los Dick Stones (tambien con Gilles Marie, Rodolfo Lindl y Fernando Saavedra) y Los Escalímetros (con Henríquez, Titae y el baterista Andrés Valdovinos); inspiradas ambas en el rocanrol más temprano.

Hacia 1984, Henríquez y Lindl se reformularon bajo el nombre Los Ilegales, esta vez con Jorge Yogui Alvarado en la guitarra (futuro líder de Emociones Clandestinas). Tras ires y venires, la sociedad definitiva de los tres compañeros de colegio se afianzó cuando Lindl regresó de un año y medio de estudios musicales en Austria (donde llegó a trabajar con la Orquesta Sinfónica de Salzburgo y a formar su primer trío de jazz). Así, en marzo de 1987, Álvaro, Titae y Pancho se comprometieron a un trabajo profesional; y se bautizaron Los Tres, poco antes de un concierto en el gimnasio penquista Lord Cochrane.

Sus primeros pasos musicales en Santiago (debutaron en 1987, en el Centro Cultural Mapocho) fueron más bien un reconocimiento de terreno, pues los músicos no se concentraron sólo en la banda sino que también en encargos individuales. Roberto Lindl se integró un tiempo como contrabajista de la Orquesta Sinfónica Juvenil, y Álvaro Henríquez estrechó lazos con círculos de teatro (a través de los cuales llegó a participar del histórico montaje de Andrés Pérez para La Negra Ester). Uno de sus primeros encargos en conjunto fue el de musicalizar la obra Y Warhol (1988), de la compañía Teatro Provisorio, para la cual concibieron un set inspirado en lo que ese pintor pop había trabajado en Nueva York con los Velvet Underground.

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Foto:

El impulso definitivo para el trío vino con la incorporación del guitarrista Ángel Parra, un músico con una larga preparación instrumental (con estudios en París y California) y excepcionales vínculos creativos a través de su familia (es nieto de Violeta Parra; y su padre, hermana, y varios tíos y primos han destacado en la música), que hasta entonces había trabajado en el circuito jazz. «Sabíamos que había ene puntos de encuentro. El suyo es un estilo que habla por sí solo. Solos como el de “Un amor violento” son cosas que ya teníamos integradas, pero que el Ángel sabía hacer mejor», explicaron más tarde. Con un nuevo guitarrista a bordo, ya no había excusas para la intermitencia. Aunque el nombre ya no era matemáticamente certero, Los Tres se ajustaron a partir de entonces como un grupo de grandes objetivos.

Primeros discos
La cotización del rock chileno apuntaba entonces a la baja, y las pocas bandas en funcionamiento (Parkinson, Anachena, La Ley) lo hacían frente a grandes dificultades prácticas del medio. Los malos recuerdos del fin del llamado boom pop de los años ochenta hacían que ningún rockero local se atreviera a considerar la música como una profesión en serio. De hecho, el primer disco de Los Tres —presentado el 4 de septiembre de 1991, en el restaurante Le Trianon— tomó un tiempo largo en ser tomado en cuenta por los medios, y durante varios meses fueron los campus universitarios y uno que otro pub los únicos lugares en los que la banda podía mostrar su música.

Muchos de los temas de ese primer álbum eran composiciones trabajadas por los penquistas durante su adolescencia, y que ya afirmaban el eje creativo que predominaría en adelante: Henríquez y Lindl en los créditos de composición musical, y Álvaro como único letrista. La delicadeza en la fusión de rocanrol, jazz y pop contenida en ese disco no podía mantenerse como un secreto por demasiado tiempo más. Primero el comentario de boca en boca, y luego el apoyo sistemático de la naciente radio Rock & Pop —que ubicó antes que ninguna otra el tema “La primera vez” en su parrilla— fueron convirtiendo a Los Tres en un nombre popular. La difusión de “Somos tontos, no pesados”, “He barrido el sol” y, sobre todo, “Un amor violento” puso al grupo en el camino definitivo del éxito.

Pasaron de Alerce a Sony Music, y publicaron entonces su primer disco con presupuesto profesional. Para Se remata el siglo (1993) Los Tres contaron con un productor extranjero (el argentino Mario Breuer) y hasta un asesor de imagen. El lanzamiento del álbum, en la discoteque Oz, tuvo carácter de acontecimiento social. Más rudos que los de su debut —llegaron a citar a AC/DC como una de sus influencias de entonces—, los temas “No sabes qué desperdicio tengo en el alma” o “Feliz de perder” sonaban como los de ningún otro grupo entonces en el país. Aunque fue el disco que facilitó el paso de Los Tres a un estatus masivo, los integrantes de la banda dirían más tarde que nunca quedaron conformes con la producción de Breuer: «Se nos hizo muy raro trabajar con un tipo que pretendía lograr una media entre nosotros y La Ley».

Los Tres lograron cada vez mejores discos en la medida que fueron tomando el control completo de su música. La espada y la pared (1995) fue el resultado de un enfoque más seguro, en el cual la banda mostró un sonido emancipado al fin del de sus inspiradores. Aunque el disco contenía canciones que serían cumbres de su repertorio (“Déjate caer”, “Tirate”, “Te desheredo”), eligieron presentarlo con un tema ajeno, y no podrían haber ideado mejor estrategia. “Tu cariño se me va” era una vieja canción de Buddy Richard, que la banda volvió a grabar con énfasis rockero y con el propio autor (ausente hacía años de los medios) compartiendo micrófono con Henríquez. El experimento funcionó maravillosamente.

El single no salió de las parrillas radiales por varios meses, y ayudó a que Los Tres cruzaran desde su inicial seguimiento juvenil hacia el favoritismo de un público amplio. Además, instalaba de modo contundente su filosofía de trabajo musical como parte de una tradición que agitaba el presente sin dejar de mirar al pasado. La suya era una aproximación chilena al rock, que se atrevía a ubicar en un mismo lugar de reverencia a los Beatles, Buddy Richard, Buddy Holly, BB King, Violeta Parra y The Smiths.

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Foto: MTV

Las cuecas y MTV
El 14 de septiembre de 1995 Los Tres se convirtieron en el primer grupo chileno invitado a la fiesta desenchufada que desde hace unos años venía animando la cadena de videomúsica MTV-Latino. La banda viajó a Miami y grabó su participación con la colaboración de Cuti Aste y el guitarrista Antonio Restucci, combinando en ella un repertorio de grandes éxitos, un tema nuevo (“Traje desastre”) y tres títulos de tributo a Roberto Parra, quien había fallecido hacía unos meses y a cuya memoria estuvo dedicada la presentación.

El disco correspondiente al show (Los Tres Unplugged, 1996) se convirtió en un fenómeno de ventas que desafió cualquier teoría de mercadeo que hasta entonces se manejara en la industria musical local (ciento diez mil copias despachadas sólo ese año, incluso más que la antología doble Ni por la razón, ni por la fuerza, que por entonces publicaron Los Prisioneros).

Nadie podía prever que la canción más exitosa del año sería un viejo foxtrot, adaptado hacía décadas por Roberto Parra bajo el título “¿Quién es la que viene allí?”, y que Los Tres habían interpretado en Miami con insuperable gracia. Como muchas otras veces, de su éxito Henríquez dio en el clavo con una observación sintética: «La cantaron hasta los pacos». En febrero de ese año, el grupo había debutado en el Festival de Viña del Mar, rindiendo homenaje a su amistad escolar con uniformes del Charles de Gaulle sobre el escenario.

Es imposible cuantificar la influencia de Roberto Parra sobre Álvaro Henríquez, pero resulta innegable que muchas de las decisiones del joven músico estuvieron determinadas por la relación que ambos mantuvieron luego de conocerse en su trabajo para La Negra Ester. Para Los Tres, la cueca chilena pasó a ser un género mayor, el cual buscaron abordar de acuerdo a un enfoque moderno y respetuoso. De ahí nació la tradición de fiestas dieciocheras que el grupo inaguró en 1996 bajo el nombre “La Yein Fonda”, y que por primera vez unió a cuequeros, cumbiancheros y rockeros sobre un mismo escenario; introduciendo nombres como el de Rafael Rabanito Berríos, Pepe Fuentes, Ester Zamora y Rafael Traslaviña entre un público sin vínculo previo con la bohemia.

Del mismo modo cabe analizar su serie de presentaciones en la sala SCD de Santiago junto a Roberto Parra, en junio de 1994 (plasmadas más tarde en el disco Peineta) y las tres versiones del megaconcierto “Hecho en Chile”, que los unió por primera vez a Los Jaivas e Illapu (Estadio Nacional, 1997). Para entonces, ya no tenía sentido seguir analizando a Los Tres como un grupo puramente juvenil o rockero.

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Foto: Sony Music

Internacionalización
El de Los Tres Unplugged (1996) fue un éxito avasallador, que de algún modo terminó por incomodar al cuarteto. «Para cualquier grupo, yo creo que es descolocante llegar a ese nivel de exposición. Ese rollo de recuperadores de la cultura era… te levantabas en la mañana y como que te sentías cargando el peso», dijo más tarde Henríquez. Eso explicó en parte la profundidad de Fome (1998), un disco de fiera electricidad y versos incómodos sobre fama, muertes violentas y hastío (“Me arrendé” y “Toco fondo” eran dos títulos elocuentes).

Fue un trabajo registrado en la localidad de Woodstock, cerca de Nueva York, y a cuyo exigente sonido se le culpó de hacer caer las ventas del grupo. Más que recelado, Fome pareció ser un disco inicialmente incomprendido, y al que los fans fueron valorando con sucesivas pasadas. El álbum se publicó excepcionalmente en cuatro formatos: además de CD y cassette, un tiraje limitado de CDs de lujo y vinilos. Poco mas tarde, apareció una caja que integraba los cuatro primeros álbumes de estudio (con una versión remezclada de Se remata el siglo).

Los esfuerzos del grupo por reproducir su éxito en el mercado mexicano desgastaron poco a poco sus relaciones internas. La música de Los Tres no era el pop universal de La Ley, y su tipo de rock exigía más explicaciones, más entrevistas, más visitas a radios y más presentaciones televisivas de las que el grupo estaba dispuesto a hacer. En sucesivos viajes a partir del año 1995, Los Tres ofrecieron presentaciones en locales de capacidad moderada y uno que otro encuentro masivo (como la Feria del Libro de Guadalajara, en 1999). Si bien todos sus discos se publicaron en ese mercado, la banda nunca pareció completamente convencida con el precio a pagar por una fama continental, como la que por entonces perseguía La Ley: «Jamás nos mudaríamos a México. No se nos pasa por la cabeza darle filo a Chile porque sea un país muy chico», afirmaron. El grupo tuvo un asombroso reconocimiento posterior de ese país, cuando los exitosos Café Tacuba eligieron seis de sus canciones para publicar el único disco de homenaje en su discografía, Vale callampa (2002).

La despedida

Fue Álvaro Henríquez quien decidió la primera separación de Los Tres, acordada en conjunto y anunciada el 4 de abril del 2000 a través de un comunicado de prensa que prefirió hablar de un «receso indefinido». No había aparentes peleas ni crisis, sino la necesidad de sus integrantes por darse un tiempo lejos de la exigente dinámica que les había impuesto la creciente presión por resultados comerciales. «Lo merecemos. No ha habido año en que no hiciéramos algo importante. Ese desgaste se nota y hay que asumirlo», explicaron. Para presentar La sangre en el cuerpo habían elegido un single de poca fuerza (“No me falles”), y a la primera escucha se hizo evidente que se trataba de un disco demasiado delicado como para conquistar audiencias masivas. El álbum se había grabado en Nueva York, con participaciones especiales de Roberto Márquez (Illapu) y la mexicana Julieta Venegas. El cuidado puesto en las armonías y la precisión en los versos de Henríquez levantó un disco poderoso y, pese a los lamentos de hasta Los Jaivas por su decisión, una estupenda manera de cerrar el trabajo de la banda.

Los Tres organizaron una gira nacional de conciertos de despedida, que culminó el 19 de mayo en Concepción. Para entonces ya era parte estable del grupo el tecladista Camilo Salinas, quien le aportó una atractiva fuerza seudosicodélica a esas últimas presentaciones (y quien luego siguió a Henríquez a Pettinellis). Su decisión por registrar su historia en un libro junto al cronista argentino Enrique Symns probó ser una de sus decisiones más desafortunadas, y terminó con la banda desautorizando a quien ellos mismos habían elegido como colaborador. De todos modos, hacia fines del 2001 apareció Los Tres. La última canción para agitar un rato el comidillo nacional con revelaciones bastante más íntimas que las que necesitaban los fans.

El legado audiovisual fue el disco en vivo Freno de mano y el DVD Vermouth & Noche, con parte del registro de sus últimos conciertos. Para entonces, el país ya se había hecho la idea de que lo de «receso indefinido» tenía más que ver con una separación, y que a Los Tres habría que buscarlos en adelante en proyectos independientes entre sí. Porque continuó de algún modo con su línea rockera, el más llamativo fue Pettinellis, el grupo que Álvaro Henríquez mantuvo entre el 2001 y el 2004. Ángel Parra y Roberto Lindl profundizaron la interesante fusión de géneros populares de Ángel Parra Trío, mientras que Francisco Molina se apegó aún más al jazz a través, primero, de Los Titulares.

A excepción de este último (quien al poco tiempo partió a cursar estudios musicales a Boston, Estados Unidos) los músicos se fueron reuniendo informalmente en algunas presentaciones en vivo, si bien era Henríquez quien solía mantener el recuerdo fresco con la introducción de parte del repertorio de la banda en sus presentaciones como solista.

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Foto: Feria Music

La nostalgia fraguó en lo que en marzo del 2006 se anunció como una «reunión de Los Tres», que venía gestándose ya desde fines del 2005, aunque sin Francisco Molina (llegó en su reemplazo Manuel Basualto como «invitado estable»). Se confirmó entonces el inicio de la grabación de un nuevo álbum, con grabación en Nueva York, y nuevamente con Joe Blaney como productor.

Luego de la noticia de su reunión, Los Tres ofrecieron su primera presentación en vivo no en Chile, sino en el D.F. mexicano, cuando el 14 de mayo cerraron el festival Vive Latino en un concierto de repertorio antiguo que tuvo a dos integrantes de Café Tacuba como invitados. El esperado lanzamiento en Chile no vino sino hasta la primera semana de julio, cuando el grupo al fin presentó el álbum Hágalo usted mismo (2006) y ofreció los conciertos que confirmaron su real rearticulación, con dos fechas consecutivas en Arena Santiago ante no menos de quince mil espectadores en total. El grupo trabaja desde entonces de modo estable, entendiéndose que su lógica esencial admite también proyectos paralelos de sus integrantes. Como conjunto, destaca su involucramiento en 30 & Tr3s horas bar, el espectáculo de rock y danza que Los Tres presentaron durante el 2008 (y varias veces más tarde) junto al Ballet de Santiago. Coliumo, su disco de 2010, fue su particular homenaje a la zona más afectada por el terremoto de ese año, precisamente, la región de sus orígenes.

Nuevos integrantes
Junto al guitarrista Sebastián Cabib y el baterista Boris Ramírez el grupo ha estado trabajando en los últimos años, marcados por el trabajo en vivo, la continuación de La Yein Fonda en otros espacios y la preparación de un nuevo disco que ha tardado en salir más de lo anunciado. Por ahora, la novedad de estudio son los seis temas del EP Por acanga.

Natalino sale a recorrer Chile con nueva canción

El trío romántico abre su itinerario el 14 de diciembre con un concierto en Valdivia. Seguirán en Puerto Varas, Casablanca, Panquehue, Maullín, Curacaví, Quintero y Papudo, entre otras localidades. Con miras a su nuevo álbum, titulado Natalino vivo, el grupo liberó además la balada “No volveré a caer”, del autor curicano Lenny Zing.

El año de Jorge Peña Hen

A 45 años de su asesinato a manos de la Caravana de la Muerte, en La Serena se levantó un monumento que recuerda su pionera labor como educador.