Pedro Greene

Transversalmente a la sucesión de estilos y décadas de tránsito en la música popular chilena está un baterista como Pedro Greene. Un solista que fue desde la versión adolescente de los Blops hasta la madurez de La Marraqueta, engrosando en su bitácora una múltiple militancia en proyectos abiertos, con participación en ensambles experimentales europeos y activa presencia entre los músicos nacionales de la generación del toque de queda que subieron el volumen a la música de los ’70 y ’80.

Fechas

Santiago - 21 de noviembre de 1949

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Pedro Greene

Iñigo Díaz

Greene se convirtió en baterista por emergencia. Unos quinceañeros Blops necesitaban uno y dado que él era el más joven y que tanto Alejandro Greene como Julio Villalobos no iban a dejar sus guitarras eléctricas, en 1964 Pedro se pasó del piano clásico a la batería. Tocaría rock and roll ciento por ciento guiado por tipos como Ringo Starr o Charlie Watts. En 1967 Greene tenía su primer «cancheo» pagado, con una actuación del grupo en la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile.

Ese mismo año, el bajista peruano Enrique Luna lo invitó a las jams privadas en casa del joven pianista Matías Pizarro, donde conoció el jazz y a los jazzistas chilenos de avanzada: Sandro Salvati, Manuel Villarroel y el primer baterista que escuchó tocar bop: Patricio Villarroel. Un mundo tan novedoso como oculto, que lo conectó con la música del trompetista estadounidense Miles Davis y, sobre todo, con el baterista Tony Williams. Poco después se alineaba en el quinteto avant-garde de Manuel Villarroel, luego de la partida de su hermano Patricio a París.

Nuevas direcciones: Estados Unidos, Francia y Holanda
En 1970, Greene fue adiestrado en los rudimentos por el percusionista de la Orquesta Sinfónica, Guillermo Rifo. Luego se embarcaba a Boston para estudiar en Berklee como uno de los primeros chilenos en llegar a esa prestigiosa academia. Allí hizo amistad con el percusionista nigeriano Babatunde Olatunji, quien lo inició en los tambores tribales y étnicos que luego utilizaría como armas predilectas en su rol de conguero y percusionista «cocinero» (set de trastos y accesorios múltiples).

En 1972 comenzó una itinerancia por Francia y Holanda que lo llevó a integrar bandas de fusión europeas como el Dharma Quintet (liderado por Patricio Villarroel), Speed of Light (del altoísta Byron Pope) y la big band de free jazz Celestrial Communication Orchestra (del contrabajista Alan Silva). Días antes del Golpe de Estado, Greene arribaba de regreso al país, se integraba al pionero grupo Fusión. Ahí compartiría los espacios con Orlando Avendaño, el máximo modelo de la performance agresiva de un baterista bop.

Entonces inició una etapa de diversidad musical. En 1975 grabó para Los Sonny’s y lideró el sexteto jazz-rock Nuevas Direcciones, en 1978 se integró como percusionista al grupo pop bossanovero Impresiones (del pianista Mariano Casanova), en 1979 inició una colaboración de diez años con la nueva orquesta televisiva de Miguel Zabaleta y en 1981 convocó a músicos del jazz eléctrico para dar inicio al mítico grupo Cometa (con el guitarrista Edgardo Riquelme), en una época múltiple en cuanto a participaciones de proyectos de fusión. Pedro Greene fue un habitual solista en distintos escenarios y de este modo también colaboró en giras y sesiones con los grupos Quilín, Mantram y Fusión Latina.

Cometa tuvo vigencia hasta 1989, siempre con un Greene protagonista en el soporte rítmico. Esta experiencia lo conectó con su próximo socio, el bajista Pablo Lecaros. Junto a él participó del prototipo del Ángel Parra Trío en 1989 y en 1992 fundó La Marraqueta, el gran ensamble de fusión jazzística (entendida por ellos como «fusión criolla»), uno de los más perdurables proyectos de mestizaje entre la improvisación jazzística y la música de raíz. A deshoras, acompañó giras y apariciones solistas de Isabel Parra, Eduardo Gatti y Cecilia Echenique, entre otros.

Pedro Greene fue además doblemente activo en los ’90, como baterista reemplazante de Pancho Molina en Los Tres por toda una temporada y como percusionista adjunto en la segunda formación de Los Titulares. Estrenó en el Teatro Municipal sus ballets «Castalia»  (1992) y «Roppongui»  (1993, compuesto en Tokio), editó sus álbumes solistas Pebre (1995) y Cormorán (2001) y grabó para el dúo pop Icalma: La evidencia de que las mezclas musicales serían su norte. Sobrepasando las cuatro décadas de golpes de batería y elementos de percusión, Pedro Greene ha pasado a ser, si no un brillante instrumentista, un representante fundamental en el discurso de la música de fusión.

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