1960

60

Eugenio Moglia

Integrante de varios grupos de fundamental trabajo folclórico, el guitarrista Eugenio Moglia legó al cancionero chileno melodías enlanzadas a la poesía de composiciones como “Y con brotes de mi siembra”, “A ver si agarras confianza” y “Nadie le va a decir huacho”. Su estilo en la interpretación de guitarra y su habilidad para musicalizar versos ajenos fue de gran importancia para el trabajo asociado al llamado «folclor poético», y su técnica fue solicitada en grabaciones de Lucho Gatica, Ester Soré y Raúl Gardy, entre otros famosos intérpretes.

Alfonso Leng

Compositor casi autodidacta y odontólogo de fama internacional, Alfonso Leng llevó el postromanticismo a sus límites armónicos y con su poema sinfónico La Muerte de Alsino de 1920 inició una nueva etapa en la música chilena.

Elías Zamora

El "tío Elías", como se conoce cariñosamente al baterista de los grupos porteños La Isla de la Fantasía y Los Paleteados del Puerto, es uno de los pocos músicos que, con sólo tres platillos, un bombo, una caja y otra caja armónica de madera de fabricación propia, dan ritmo a cuecas, tonadas, valses peruanos, boleros, corridos, foxtrot y en general a los principales géneros de música popular del siglo XX.

Los Carr Twins

Un gracioso intento de traducción al inglés dejó a los mellizos Carlos y Juan Carrasco convertidos en los años sesenta en Los Carr Twins, el dúo más popular asociado al movimiento de la Nueva Ola en Chile, a cargo de grabaciones de gran difusión en la época, como "Vida mía", "Dedicado" y "Susana". Aunque era evidente la vocación de ambos hermanos por la canción romántica sencilla y juvenil, su repertorio guardaba el mérito de la autoría, pues Carlos compuso varios de los temas grabados por ambos primero para el sello Odeon (los créditos de esas grabaciones lo identifican como «Charles Carr»).

Fernando Lecaros Sánchez

Si las expresiones más fuertemente arraigadas a la música popular chilena en los años de oro de la música típica fueron siempre la tonada y la cueca, también existió una tercera variante, creada por el compositor Fernando Lecaros. Tuvo gran éxito en los años '40 y a través de ella su nombre fue recordado históricamente: la "mapuchina". Una denominación genérica para referirse a un tipo de canción urbana con una directa temática mapuche, de giros melódicos y rítmicos que evocaban la música ancestral de esta cultura originaria. La más conocida fue "A motu yanei", dedicada a Ester Soré en 1940 e interpretada luego por la estrella mexicana Pedro Vargas en 1942 y por la estrella chilena en Europa Rosita Serrano en 1948. Aunque también hubo otras mapuchinas famosas de su catálogo, como "Mi tierra es mi fortuna", "Huelén" y "Nahuelbuta", y otras canciones de inspiración indígena: la canción-slow "¡Ayún-ayún!" y la canción-bolero "Mapuche soy".

Sylvia Soublette

Compositora, cantante lírica y directora, Sylvia Soublette Asmussen fue también fundadora de elencos vocales como el Coro Femenino de Viña del Mar (1941), el Coro Masculino de la U. Católica de Valparaíso (1945) y el Coro de la U. Católica de Valparaíso (1945) y de agrupaciones como el Conjunto de Música Antigua de la Universidad Católica (1960). Se le considera un punto de partida para el movimiento que en los años '60 en Chile comenzó a investigar y abordar repertorios de la música antigua, vale decir la creación de diversos períodos: medieval, renacentista y barroco. En sus estudios en París fue alumna de los compositores Darius Milhaud y Olivier Messiaen. En Chile trabajó intensamente en la divulgación del repertorio monteverdiano.

Aparcoa

Aunque siempre estuvo a la sombra de Quilapayún e Inti-Illimani, el grupo Aparcoa logró en sus doce años de carrera, entre 1965 y 1977, situarse inmediatamente detrás de ambos gigantes de la Nueva Canción Chilena gracias a un estilo multiforme que lo paseó desde el folclor más purista en sus comienzos hasta avanzadas experimentaciones postreras que lamentablemente no fueron conocidas en Chile. Prueba de ello es su discografía. Iniciada en 1970 con un LP de neto tinte recopilador, dio un salto en 1971 con un segundo disco que recreó musicalmente el poema de Pablo Neruda Canto general para culminar en el LP Chile, con el cual se adelantó varios años en los giros estilísticos que recién a fines de la década del '70 Quilapayún e Inti-Illimani imprimirían en el exilio a sus derroteros musicales. El año 2007, focalizados en su trabajo musical con el repertorio de cuecas bravas, se reunieron algunos músicos, que con nuevos nombres hoy escriben una segunda época de Aparcoa.

Omar Nahuel

El pianista y líder Omar Nahuel no sólo representa la piedra fundacional de la generación modernista en el jazz chileno: también es una leyenda oculta de la música nacional. En en el breve lapso de diez años de vigencia, dejó instaladas las bases para la propagación de la escuela del jazz contemporáneo en sus más diversas formas, fueron los músicos de sus cuartetos los primeros en encabezar estos cambios.