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Pepe Hosiasson
Una de las personalidades más activas y múltiples de la historia del jazz chileno desde comienzos de la década de 1950 fue el pianista, gestor cultural y difusor Pepe Hosiasson. Su figura recorre las décadas transversalmente y abierta a todas las filosofías jazzísticas. En su cronología como músico aficionado no sólo aparece la fundación de conjuntos hot jazz históricos, sino además una fuerte presencia como productor de conciertos, discjockey radial y crítico en medios escritos (incluso la mítica revista Downbeat). Hosiasson fue en sí mismo un “punto de encuentro” del jazz.
Nella Camarda
La historia y el destino trágico de Jorge Peña Hen han quedado asociados para siempre a la vida de Nella Camarda, pero los alcances de su trayectoria exceden esos restrictivos límites. Su trabajo como pianista, profesora y gestora se extiende por ocho décadas de los siglos XX y XXI y la han llevado no solo a diversas ciudades de Chile, sino también a países como Venezuela y Andorra.
Carmen Barros
El personaje de Carmela y el seudónimo de Marianela son las dos señales más inmediatas para identificar a Carmen Barros, la actriz, cantante, dramaturga y directora de teatro reconocida por su papel protagónico en la primera versión de la célebre obra musical La pérgola de las flores (1960). Pero lejos de agotarse en ese hito, su historia se remonta a la radio, el disco y el cine chileno de los años '40 y avanza luego por el teatro, la comedia musical y la televisión en una trayectoria con cruces frecuentes y productivos entre el canto y la actuación. Cosmopolita, su carrera ha estado jalonada desde temprano por los viajes y llega hasta marcas tan recientes como la obra de teatro unipersonal Mi Marilyn Monroe (2010), tras más de seis décadas de vigencia en los escenarios. En 2019, a los 94 años de edad, fue distinguida por la SCD como Figura Fundamental de la Música Chilena, y falleció cuatro años después como una de las más queridas por el gran público.
Leni Alexander
Leni Alexander Pollak es la más importante compositora en Chile durante el siglo XX. Ese estatus se lo entrega la musicóloga Raquel Bustos Valderrama, especialista en estudios de género, en su libro La mujer compositora y su aporte al desarrollo musical chileno, donde observa el devenir, la vida y obra de Alexander dentro de un universo reducido de creación femenina. Nacida en 1924 en Breslavia (entonces parte de Alemania, actualmente en Polonia), huyó del régimen nazi en 1939. Se convirtió en ciudadana chilena en 1951 y como compositora se identidican una serie de obras tempranas a partir de 1949, canciones y piezas de cámara. Alumna de Fre Focke, Alexander se unió a las vanguardias de los años '50 y avanzó luego en esa línea, escribiendo obras de diversa consideración, música sinfónica como "Equinoccio" (1962), de cámara, cantatas, lieder, música incidental para teatro, ballet, cine y mimos. A ellas se suman sus reconocidas piezas radiofónicas donde amplió el uso de los medios y creó una serie de obras denominadas "teatro para escuchar" o hörspiel, donde ella desmantelaba por completo el formato del radioteatro. La más trascendental, dado que marcó el inicio del trabajo en esta línea, es "Par quoi? A quoi? Pour quoi?" (1971), para mezzosoprano, voces habladas de niños, ensamble instrumental y soporte electrónico, estrenada ese año en la Bienal de Zagreb.
Orquesta Los Peniques
Formada en 1953 por dos parejas de hermanos, los Durán y los Moya, la brillante Orquesta Los Peniques se inició directamente con una recordada temporada en el Hotel Carrera en 1955. Estaba dirigida por el pianista y arreglador argentino Tomás Di Santo y las líneas de vientos estuvieron a cargo de músicos muy jóvenes, algunos de ellos siendo menores de edad y aún en el colegio. Fue así como siguieron el ejemplo de la orquesta argentina Santa Anita, que se presentaba bajo el lema "Ritmo en el alma": la Orquesta Los Peniques siguió la misma lógica adquiriendo el slogan de "Ritmo y juventud" para sus presentaciones.
Clara Solovera
Autora de los populares versos ‘‘Ayúdeme usted, compadre / pa’ gritar un viva Chile’’, Clara Solovera es una de las principales creadoras de la música típica chilena. Suya es esta clásica ‘‘Chile lindo’’ (1948), canción que encabeza la lista de himnos costumbrista de las tonadas chilenas, además de ‘‘Mata de arrayán florido’’ (1948), ‘‘Manta de tres colores’’ (1956), ‘‘Álamo huacho’’ (1963), ‘‘Te juiste pa’ ronde’’, o ‘‘Huaso por donde me miren’’, parte del repertorio que hace de ella una de las más prolíficas fuentes para la tonada.
Raúl de Ramón
Aristócrata por naturaleza, terrateniente por excelencia, arquitecto de profesión, y esencialmente creador de una refinada música de raíz, de Ramón fue una de las más importantes y respetadas personalidades del círculo, un punto equidistante entre dos de las múltiples caras visibles del folclor: la música típica y el Neofolklore. Llegó a convertirse en uno de los mejores paisajistas sonoros chilenos, a través de su histórico grupo engendrado en el núcleo más íntimo de su familia: Los de Ramón.
Luis Alberto Martínez
Como «la voz más triste de Chile» fue calificado alguna vez en prensa el canto de Luis Alberto Martínez, intérprete activo durante más de siete décadas, sobre todo en presentaciones en vivo por escenarios de todo Chile. A la particular categoría contribuyó no sólo su registro efectivamente tembloroso y sentimental, sino también su repertorio, pilar orgulloso de lo que él admite sin complejos puede calificar como «canción cebolla». Durante su extensa trayectoria, el trabajo de este músico de crianza nortina se cruzó con el de célebres nombres del bolero y vals peruano más melodramático, como Ramón Aguilera, Palmenia Pizarro y el Trío Inspiración, pero además contribuyó a ese cauce con composiciones propias, factor no frecuente entre sus pares. En 2022 fue investido como Tesoro Humano Vivo por el Estado de Chile. Falleció a los 94 años en enero de 2026 como el último rey de la vieja ola del bolero, habiendo cantado hasta semanas antes frente a público en vivo.
Elena Waiss
Formada como pianista y clavecinista, Elena Waiss fue una de las primeras integrantes de la Orquesta Sinfónica de Chile y es parte de una familia de músicos que incluye a su marido, el violista Zoltan Fischer, y sus dos hijos: la pianista Edith Fischer y el cellista Edgar Fischer. Su mayor impacto, sin embargo, estuvo en el ámbito de la enseñanza: desde mediados del siglo XX y hasta su muerte, fue la principal impulsora de la Escuela Moderna de Música.
Silvia Infantas
Silvia Infantas es la última gran figura de la música folclórica típica que imperó en Chile por más de cuatro décadas y que, desde Los Cuatro Huasos en los años '30 hasta Los Huasos Quincheros desde los años '60 en adelante, se basa en la tonada como símbolo de chilenidad. Silvia Infantas y los Baqueanos y Silvia Infantas y los Cóndores fueron los grupos que ella encabezó en los '50 y '60, con hitos como el vals ‘‘La batelera’’ y la universal canción de Vicente Bianchi y Pablo Neruda ‘‘Tonadas de Manuel Rodríguez’’. Su voz se instaló en el imaginario colectivo y el gusto popular, al grabar prácticamente todo el repertorio de estándares del folclor para las masas. En 2016 recibió el Premio a la Música Nacional Presidente de la República, corolario de una vida que alcanzó los 101 años de edad.
Charo Cofré
La música para niños, por un lado, y el canto de raíz con contenido levantado por la Nueva Canción Chilena son las dos grandes puertas de entrada a Charo Cofré, aunque están también en su trabajo la calidez del folclor campesino y el coraje de la cantautoría en el exilio. Inspirada desde un inicio por Violeta Parra, y expuesta luego a las nuevas influencias que encontró en Europa, Charo Cofré firmó un cancionero reflexivo, a veces denunciante, apegado al paisaje chileno y a quienes lo habitamos.
Rolando Alarcón
Está entre los nombres importantes de la Nueva Canción Chilena, pese a que, en el caso de Rolando Alarcón, sus canciones han trascendido más que su biografía y figura. La popularidad de su obra está fuera de discusión: algunas de sus canciones incluso están en los libros de pedagogía Básica, con “Doña Javiera Carrera” o “Mi abuela bailó sirilla” empleadas como ejemplos de ritmos regionales en la formación escolar chilena. El suyo es un catálogo injustamente perdido, pues salvo en recopilaciones folclóricas —donde se recoge su trabajo con el conjunto Cuncumén en el comienzo de su carrera—, las grabaciones de Alarcón son hasta hoy difíciles de encontrar.
Los Chinganeros
Uno de los dos pilares esenciales de la sabiduría sobre la cueca urbana, al lado de Hernán Núñez Oyarce en Los Chileneros, es el que representa Fernando González Marabolí en Los Chinganeros. Longevo cultor y estudioso sin parangón de los orígenes y la historia de la cueca, además de matarife de profesión en su juventud, González Marabolí ha vertido esa tradición musical en Los Chinganeros, conjunto que en su historia ha reunido a cantores de cueca de viejo cuño, iniciados en canchas citadinas como las del matadero o la vega. Fernando González es además la fuente principal de una de las obras capitales de la bibiliografía sobre la cueca: Chilena o cueca tradicional (1994), del musicólogo Samuel Claro Valdés.
Osvaldo Díaz
Considerado dueño de una de las mejores voces de la canción popular en Chile, Osvaldo Díaz fue un cantante activo en la televisión de los años '70, pero su nombre tanbién está vinculado a otras escenas musicales, como la última época de la Nueva Ola, en la que se inició en 1968. Junto con su carrera como baladista en programas y festivales tuvo además un importante rol en el movimiento del Canto Nuevo, que lo mantuvo al margen de los medios oficiales. De esa trayectoria en la música quedan en la memoria canciones de diversas épocas, como "Ternura" (1968), "Los carasucias" (1976) y "Reflexiones" (1978) y las más recientes "Por favor no te vayas" y "No digas que no me amas" (1993). Avanzada la década de los '90 comenzó a retirarse. Falleció a comienzos de 2026, a los 76 años.