Blops

Surgida con los efervescentes años ’60, Blops fue una de las pocas bandas de la época que pudo trascender su inspiración anglosajona para dar paso a creaciones originales y de poderosa identidad propia. El resultado fue un rock inteligente, con una poesía y sonido que se mantienen frescos hasta hoy. Tras su disolución, en 1973 , sus tres discos constituyeron un patrimonio perdido hasta que el esfuerzo personal de sus integrantes permitió su reedición, en el año 2001. Fue ése un acto de justicia con un nombre fundamental del rock chileno. Su historia incluye dos fugaces intentos de reagrupamiento, un clásico de la envergadura de “Los momentos” y un impacto que, si bien nunca fue masivo, caló hondo en un sector del público y en la comunidad musical chilena.

Leer más

Años

Santiago, 1964 - 1973
Reagrupados en 1978 y 2001

Décadas

1960 |1970 |2000 |

Géneros

Integrantes

Julio Villalobos, voz y guitarra (1964 – 1972).
Alejandro Greene, guitarra (1964 – 1966).
Pedro Greene, batería (1964 – 1970 / 2001- 2003).
Andrés Orrego, voz (1966 – 1969).
Felipe Orrego, guitarra (1968 – 1969).
Juan Pablo Orrego, voz y bajo (1966 – 1974 / 1978 – 1981 / 2001 – 2003).
Eduardo Gatti, voz y guitarra (1969 – 1974 / 1978 – 1981 /2001 – 2003).
Juan Contreras, teclados y flauta traversa (1969 – 1973).
Sergio Bezard, batería (1969 – 1973).
Juan Carlos Villegas, teclados (1972 – 1973).
Carlos Fernández, guitarra y teclados (1974 / 2001 – 2003) .
Jaime Labarca, batería y percusión (1978 – 1981).
Andrés Pollak, teclados (2001 – 2002).

Jorge Leiva

Del colegio a una esencia hippie
La banda surgió en 1968, con una mezcla de estudiantes de los colegios Manuel de Salas y Alianza Francesa. El dato es importante, pues para entonces sólo los sectores más acomodados de Santiago eran los que podían mantenerse al día con las tendencias rockeras que tan fértilmente se estaban desarrollando en Europa y Estados Unidos.

blops01

Foto:

La familia Orrego fue protagonista de la prehistoria del conjunto, con un grupo formado en 1964 entre Juan Pablo Orrego en el bajo; su hermano Andrés en la voz; y dos de sus primos en la segunda guitarra y batería, respectivamente: Felipe Orrego y Pedro Greene. Todos ellos, junto al guitarrista Julio Villalobos, estructuraron un grupo que levantó sus primeros reperortorios con covers de bandas como The Doors, The Who y los Rolling Stones.

En el verano de 1969, el abuelo Orrego les compró a sus nietos un amplificador de precarios 12 watts, y les consiguió un cupo para actuar en una ramada de Isla Negra. Recién entonces adoptaron el nombre del grupo, inspirado en el sonido del golpe de una gota de agua contra el suelo. Ese mismo año se incorporaron Juan Contreras (teclado y flauta traversa) y Sergio Bezard (batería). En el verano de 1970, poco después de la salida de casi toda la familia Orrego (excepto Juan Pablo), llegó Eduardo Gatti, cuyo ingreso dejó sentadas las bases definitivas del quinteto.

A Gatti lo habían conocido el año anterior en un festival de la calle Pocuro, cuando era el guitarrista de los ya desaparecidos The Apparition. Recién llegado de un largo viaje a Europa, el guitarrista compartió el liderazgo con Villalobos, y fue clave en la decisión del grupo de comenzar a componer sus propias canciones. “Barroquita”, de Juan Pablo Orrego, fue el primer tema, con el cual la banda comenzó a escribir su propia historia y abandonó el inglés como idioma de su puesta en escena.

Música sin categorías
Sorprendentemente, fue el sello del Partido Comunista, Dicap, el único que aceptó editarles un disco, pese a las desconfianza ideológicas que despertaba su orientación más bien hippie, su abierta simpatía hacia la marihuana, y su falta de un mayor compromiso con el intenso proceso político de esos años.

Pero allanó las cosas su cercanía con Ángel Parra (quien estaba casado con una tía de Juan Pablo Orrego) y su amistad con Víctor Jara (con quien habían colaborado en su álbum El derecho de vivir en paz). La disquera les cedió algunos días de estudio, durante los cuales grabaron sus primeros nueve temas. Al final de esas sesiones, y casi accidentalmente, decidieron incluir una composición de Eduardo Gatti que apenas conocían: “Los momentos”. Cuando apareció Blops (1970) jamás imaginaron que sería precisamente esa canción su gran legado a la música popular chilena.

blops02

Fotos:

Al año siguiente, cuando la relación con Dicap ya se había quebrado, el sello Peña de los Parra registró su segundo disco, titulado también con el nombre del grupo pero conocido por el tema “Del volar de las palomas” (que canta la primera voz Angel Parra como invitado). Eran once canciones en las que se incorporaban algunas percusiones latinas, y en las que comenzaba a expresarse algo así como la filosofía de sus integrantes. Para entonces, parte del grupo vivía a la manera de una comunidad en un antiguo convento de La Reina (La Manchufela, lo llamaban), y participaban de las actividades del Instituto Arica, entidad pionera en Chile en impartir disciplinas orientales, como el tai-chi.

La banda se presentó en el Festival de Viña del Mar durante tres noches de 1971, pero fueron inclementemente abucheados por un público que asoció su nombre a la Unidad Popular y que, además, no comprendió sus códigos. Por ello, y tras la grabación del segundo álbum, la banda decidió que ya no haría más letras, que abandonarían los instrumentos acústicos y que de ahí en adelante se llamarían Parafina. Ellos mismos reconocen hoy que fue una reacción “inmadura”.

Sin embargo, como Parafina se presentaron, en febrero de 1973, en el concierto “Los Caminos que se Abren”, organizado en la Quinta Vergara con bandas como Los Jaivas, Congreso y los peruanos Polen. Cinco meses más tarde, un contacto informal les permitió acceder a catorce de horas de grabación en los estudios de la RCA-Argentina, a donde viajaron a plasmar el experimental sonido de Parafina junto a dos tecladistas. Al grupo se había incorporado para entonces Juan Carlos Villegas en reemplazo de Villalobos.

El disco terminó publicándose bajo su nombre original, Blops, y aunque tuvo un título homónimo suele conocerse por el dibujo de su portada:  La locomotora. El álbum fue editado a pocos días del golpe militar con 500 copias, y escribió un epílogo para una banda que no pudo sobrevivir al cierre de espacios que siguió a la llegada de los militares a La Moneda. La quema de sus masters y la persecución de artistas (basta con recordar el asesinato de su amigo Víctor Jara y el exilio de Ángel Parra) los obligaron a retirarse. “No había posibilidades de seguir”, confirma hoy Orrego, quien se mudó por unos meses a Isla Negra junto a Eduardo Gatti y Carlos Fernández, el ex baterista del grupo Embrujo. Lo que pensaron sería una larga estadía de trabajo musical terminó truncándose al año siguiente, con la partida de todos ellos al extranjero.

Hasta 1978 nada se supo de los Blops. Fue entonces que Orrego regresó a Chile y contactó a Gatti, a quien le propuso volver a grabar. Junto al percusionista Jaime Labarca registraron entonces un disco-single con una versión acústica para “Los momentos”. Fue una idea acertada, pues los Blops se ubicaron entonces en radios como nunca antes, y muchos vinieron recién a saber que los autores de esa melodía eran músicos chilenos. El impulso los llevo incluso a presentarse en Ecuador, México y Canadá.

blops03

Foto: Memoria Chilena

El reencuentro y la despedida
Sin embargo, Orrego decidió quedarse en este último país para concluír su maestría en Medio Ambiente (es hoy un reconocido ambientalista, gestor del Grupo de Acción por el Bío-Bío y Premio Nóbel Alternativo 1998), sellando así la muerte definitiva de la banda. Gatti inició en 1981 una destacada carrera de cantautor solista.

Los Blops se reencontraron en el año 2001, a propósito de la reedición por parte de BMG de sus tres discos en CD. Algunas actuaciones con el pianista Andrés Pollak, uno de los integrantes del grupo de jazz fusión La Marraqueta, un intenso ritmo de ensayos y el anuncio de un disco nuevo animaron la esperanza de algo estable, pero el trabajo no duró más allá de un año. Sin embargo, fue un reencuentro que permitió ubicar su nombre entre una nueva generación de aficionados al rock chileno, permitiendo cerrar así con dignidad la historia de una banda fundamental para comprender el desarrollo del género en nuestro país, como uno de los pioneros del rock de raíz en Chile, esa trilogía que presenta a Los Jaivas, Congreso y Blops.

Natalino sale a recorrer Chile con nueva canción

El trío romántico abre su itinerario el 14 de diciembre con un concierto en Valdivia. Seguirán en Puerto Varas, Casablanca, Panquehue, Maullín, Curacaví, Quintero y Papudo, entre otras localidades. Con miras a su nuevo álbum, titulado Natalino vivo, el grupo liberó además la balada “No volveré a caer”, del autor curicano Lenny Zing.

El año de Jorge Peña Hen

A 45 años de su asesinato a manos de la Caravana de la Muerte, en La Serena se levantó un monumento que recuerda su pionera labor como educador.