Los Jaivas

Por historia y por creación, se puede considerar a Los Jaivas como la banda chilena de rock más importante de todos los tiempos. Su vigencia los iguala cronológicamente a unos Rolling Stones activos desde 1963, pero sobre todo es la propuesta de un cruce entre ese rock esencial y la incorporación de elementos del folclor que marcó la jerarquía de la banda viñamarina desde comienzos de la década de 1970. Los Jaivas fueron los impulsores de una escuela musical que unió el lenguaje natural de las guitarras eléctricas con la mística de las raíces latinoamericanas, andinas y sureñas.

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Años

Viña del Mar, 1963 -

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Integrantes

Eduardo Gato Alquinta, voz, guitarra, flauta, bajo y percusión (1963 – 2003).
Mario Mutis, voz y bajo (1963 – 1975 / 1979 – 1985 / 1996 – •).
Claudio Parra, piano (1963 – •).
Eduardo Parra, teclados y percusión (1963 – 2009).
Gabriel Parra, batería y percusión (1963 – 1988).
Julio Anderson, bajo (1975).
Alberto Ledo, quena y zampoña (1975 – 1980).
Carlos Pájaro Canzani, bajo, guitarra (1975 – 1979 / 1985 – 1988).
Fernando Kraka Flores, bajo (1988 – 1995).
Minino García, batería (1989 – 1990).
Juanita Parra, batería (1990 – •).
Carlos Cabezas González, voz y charango (1998 – •).
Aurora Alquinta, voz (2003).
Ankatu Alquinta, guitarra (2003 – 2013).
Eloy Alquinta, saxo y flauta (2003 – 2004).
Juan Pablo Bosco, batería (2004 – 2005).
Francisco Bosco, saxo, flautas (2004 – •).
Alan Reale, guitarra (2013 – •)

Iñigo Díaz / Jorge Leiva

El gesto estético practicado por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, junto con Mario Mutis y el carismático Eduardo Gato Alquinta desde comienzos de los ’70, se transformó en el rasgo distintivo de la banda ciento por ciento chilena y que el mundo conoce como Los Jaivas. Esto es el estallido resultante de la fusión entre la tradición musical ancestral de Latinoamérica, las formas de la música docta y la electricidad de los instrumentos del rock. Hoy sus caminos musicales se siguen recorriendo, y aunque la muerte de dos integrantes los haya obligado a renovar los nombres del quinteto original, su huella es la misma que comenzaron en 1963.

La historia se inició a principios de ese año, cuando los adolescentes hermanos Parra, y sus compañeros de colegio y vecinos Mario Mutis y Eduardo Alquinta actuaban originalmente como orquesta de fondo en fiestas, bailes y kermesses escolares, Su repertorio era la moda de la época: Nueva Ola chilena, y boleros, rumbas, chachachá y bossa nova.

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Para cierto público, el nombre de la orquesta —High-Bass— obedecía a la espigada estaturas de los Parra versus la menuda impronta de Alquinta y Mutis. Para los músicos, simplemente, High-Bass sonaba muy chic, y los trajes brillantes junto a los peinados de misa de domingo fueron la fachada perfecta de esa etapa del quinteto viñamarino.

Eran los tiempos en que también alternaban escenarios con Los Masters (orquesta de la que pronto se fundaría Congreso) y cuando el influjo del rock and roll recién aparecía por Chile. Por eso, la banda vivió hasta 1968 esta prehistoria como orquesta de baile, hasta que al año siguiente, mientras trabajaban un verano en el club nocturno Las Bahamas, su vida se remeció para siempre.

Tres hechos fundamentales motivaron el cambio: El conocimiento del rock que comenzó con el Álbum Blanco de Los Beatles, el acercamiento de los músicos a la marihuana y la decisión de Gato Alquinta de viajar por Sudamérica “sin gastar un centavo”. Todo eso puso fin a la convencional orquesta High Bass y dejó sembrado el germen de lo que nacería poco después.

Nacen Los Jaivas
Al regreso de Gato, que recorrió hasta Colombia cumpliendo su promesa de no gastar dinero, el grupo se rearticuló con un propósito distinto al de ser meramente un conjunto de baile. Las influencias de Jimi Hendrix y el alejamiento, sobre todo de Gato –antes militante comunista-, de la polarizada política de entonces, los llevó a abrir un camino propio, inexistente en la escena musical chilena. El trabajo consistió en largas sesiones de ensayo y experimentación, los que fueron mostrados públicamente por primera vez durante un acto por de celebración de la reforma universitaria en la Universidad Católica de Valparaíso.

Aunque aún se llamaban High Bass, el quinteto apareció en el escenario sin uniformes ni corbatas de humita, y con los cabellos y las barbas largas, en una apariencia poco frecuente en los escenarios locales. Su propuesta musical deslumbró a pequeñas audiencias, que los convirtieron en un mini fenómeno, y que los tuvo durante un largo tiempo deambulando por escenarios de Viña del Mar y Santiago.

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Ese proceso de tocatas en vivo se correspondía con largas sesiones de improvisación que desarrollaban en su sala de ensayo. Entre 1969 y 1970, la banda creció con esta metodología. Así descubrió nuevos sonidos latinoamericanos, adquirió nuevos instrumentos y se comenzó a relacionar con otros músicos, como los que en Santiago formaban a los Blops. Es en ese tiempo cuando chilenizaron su nombre y, con una leve falta de ortografía, adoptaron la rúbrica por la muchos ya los conocían: Los Jaivas.

Recién el 2004, 25 años después, se pudieron conocer pasajes de esta etapa musical de los Jaivas. La edición del disco quíntuple La vorágine expuso categóricamente los propósitos originales y las reales dimensiones de su música, como la primera banda del rock experimental de nuestra historia. Improvisación libre y estructurada, rock avant-garde, música electroacústica, ruidismo y todo tipo de elementos “antinatura” dentro del rock and roll.

Pero, en su tiempo, este lenguaje de los Jaivas sólo fue visible para aquellos que los vieron en vivo o que accedieron a las 500 copias de El volantín, su primera grabación oficial, lanzada al mercado en septiembre de 1971. Registrado en los estudios de la RCA y editado en forma independiente, el álbum incluyó canciones de estructura más tradicional, como “Foto de Primera Comunión”, sin embargo contó con una escasa difusión. Muy pocos entendían a los Jaivas entonces y los medios de comunicación, salvo honrosas excepciones, solo se fijaban en su apariencia y en temas secundarios como su cercanía con las drogas o su mirada a las relaciones de pareja.

El volantín se convirtió en una pieza de colección, hasta el 2003, cuando fue reeditado por Sony Music. En su momento, fue el punto de partida de la tercera fase creativa de Los Jaivas. Después de la orquesta de baile y el ensamble de improvisación libre, se estructuró un nuevo lenguaje, que incluía las formas folclóricas tradicionales de América Latina (modernizadas por Violeta Parra) y la estructura e instrumentación de una banda de rock (descrita por la figura de Jimi Hendrix). La música de Los Jaivas pareciera nacer simbólicamente de una relación amorosa entre la folclorista chilena y el guitarrista afroamericano.

Todos juntos
Las presiones de los productores de discos, que pedían canciones en lugar de improvisaciones, y -sobre todo- la propia evolución musical del quinteto comenzaron ya en 1972 una historia musical que iría en camino de convertirse en leyenda. El sello RCA, nacionalizado por el gobierno de Allende como IRT (que dirigía el músico de Amerindios, Julio Numhauser), les ofreció grabar un disco sencillo. La canción escogida fue “Ayer caché” y para el lado B crearon un tema especial. “Todos juntos”, hoy considerada, por muchos, un segundo himno nacional chileno.

Concebido originalmente por Eduardo, y trabajado colectivamente según las modalidades jaivianas, el tema se convirtió de inmediato en un fenómeno popular, y fue la antesala de su segundo disco, llamado originalmente La ventana, que, con los años, ha tenido reiteradas reediciones con otros nombres y con alteraciones en su listado de temas.

Lanzado originalmente en enero de 1973, el álbum incluyó “Todos juntos” y “Ayer caché”, y además el otro gran clásico de la banda: ”Mira niñita”. La psicodélica cueca “La quebrá del Ají”, el tema grabado con parte de una orquesta sinfónica “Los caminos que se abren” y una especie de manifiesto indigenista, “Indio hermano”, fueron los otros ingredientes de este disco, que consagró definitivamente a la banda como un fenómeno musical.

El conjunto tenía entonces una actividad musical intensa, que se expresaba en sus giras y en la participación en festivales como en el sobredimensionado “Piedra Roja” (llamado “Woodstock chileno”, en octubre de 1970), en el internacional “Los Caminos que se abren” desarrollado en febrero de 1973 en la Quinta Vergara, y en el trabajo conjunto con el cineasta chileno Raúl Ruiz para las canciones de la película Palomita blanca (1973), que la censura luego mantuvo en silencio. De hecho, esta banda sonora, la primera realizada en Chile especialmente para un filme, sólo llegó a las disquerías en 1992.

El cruce a Argentina
El cierre de espacios que siguió al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile afectó directamente a la banda. Aunque ellos no tenían ninguna simpatía política, y no sufrieron a directa persecución como muchos músicos chilenos, el cierre de lugares para tocar y la represión que vivía parte de la ciudadanía dejó a Los Jaivas sin espacio para emprender sus vuelos.

Por ello, a los pocos días del Golpe, y siguiendo los planes que se habían trazado desde mucho antes, el conjunto partió en pleno a Argentina, cuando ese país estaba revolucionado musicalmente con el dúo Sui Generis, el debut de David Lebón y la edición de uno de los clásicos de Luis Alberto Spinetta, Artaud. Al poco tiempo de vida en Zárate, a orillas del tropical río Paraná donde se instalaron, Los Jaivas se unieron a esta vorágine artística, grabando Los sueños de América (1974) en colaboración con el cantautor brasileño Manduka.

La unificación entre el rock y el folclor quedó de manifiesto abiertamente en esa obra, al igual que en los siguientes trabajos Los Jaivas (disco conocido como El Indio, de 1975, con el bajista Julio Anderson en sustitución de Mutis) y Canción del sur (1977, con la participación de nuevos Jaivas, el argentino Alberto Ledo y el uruguayo Pájaro Canzani, tercer bajista eléctrico y reemplazante de Mutis y Anderson).

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Cuatro años en Argentina y temas como “Pregón para iluminarse” o “La conquistada” consiguieron que la banda chilena fuera respetada por su propuesta inédita hasta entonces, que un comienzo fue calificada un tanto despectivamente como folclor. Pero el espacio se ganó: La biografía de Los Jaivas aparece incluso en enciclopedias del rock argentino, y hasta hoy su sonido es un referente al otro lado de la cordillera. Hacia 1976, la consolidación de la banda se demostró en su traslado definitivo a Buenos Aires.

Pero el espíritu nómade de los músicos y su anhelo de vida en comunidad los sacó de Argentina en 1977, en una decisión que se precipitó por un hecho: la detención por casi tres meses que los militares argentinos sometieron a Eduardo Parra. Tras su golpe militar en marzo de 1976, un alcance de nombres llevó a una patrulla a tomar detenido y luego preso a Eduardo, quien fue sometido a torturas y estuvo varias semanas con un destino desconocido. Los detalles de esa etapa, un tema un tanto tabú para el grupo, aparecen narradas en la canción “Milonga Carcelaria”, editada el 2001 en el disco Arrebol.

Fue entonces cuando la banda terminó con las grabaciones del álbum Canción del sur, y partió a Europa, sin alcanzar a mezclar ese trabajo. Tres conciertos en el Teatro Coliseo y una intensa actividad para preparar el viaje (que además incluía a sus familias) precedieron a su partida, en la mañana del 11 de marzo de 1977. La llegada a Europa sería a fines de ese mes, cuando comenzaba otra etapa en la increíble vida de esa banda chilena.

París, Machu Picchu y Chile
El conjunto llegó al balneario de Biarritz, en la costa Atlántica al sur de Francia, a una casa (o más bien una mansión) facilitada por una acaudalada amiga de Alberto Ledo. De ahí se trasladaron todos juntos a una enorme casa en París, que si bien arrendaban, despertó por sus dimensiones no pocas suspicacias en la comunidad del exilio chileno, que incluso acusó a la banda de ser financiada por el gobierno militar.

Pero ese es un tema menor en el conjunto que comenzó paulatinamente a abrirse espacios en Europa. Primero en Holanda, donde Los Jaivas fueron acogidos con entusiasmo en los circuitos hippies, y luego en los países escandinavos, en Alemania, en Inglaterra y –en menor grado- en Francia, aunque allí llegaron a protagonizar conciertos a tablero vuelto en el mítico Olympia de París.

Terminaron las mezclas del disco Canción del sur, pero a comienzos de 1979 rompieron definitivamente con el sello EMI, ante la insistencia de la discográfica de hacer un repertorio más comercial, para lo cual incluso les asignó un productor y compositor, el holandés Eddie Owens. La respuesta del grupo a esa posible comercialización fue un no rotundo, lo que consolidó el independiente e intransable camino de la banda, cuyos buenos resultados confirmaban cada una de sus opciones.

Al poco tiempo, Mario Mutis regresó al conjunto y con la salida de Canzani, primero, y de Ledo después, el conjunto volvió a contar con su formación original. Una intensa actividad en vivo consolidó la alineación que en 1981 inició uno de sus proyectos más trascendentes: musicalizar parte del libro Canto general (1950), de Pablo Neruda. Alturas de Machu Picchu, un trabajo por encargo en el que -pese a no conocer la histórica ciudad andina- se convirtió en uno de los discos fundamentales de Los Jaivas.

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Con ese flamante trabajo, el conjunto regresó a Sudamérica en agosto de 1981. En Argentina realizaron una gira, que incluyó un masivo concierto en el Estadio de Obras Sanitarias. En Santiago llenaron tres veces el Teatro Caupolicán y remecieron la música local. En Perú, en las mismas ruinas de Machu Picchu, protagonizaron un especial televisivo conducido por Mario Vargas Llosa, donde –como unos Pink Floyd del tercer mundo- reinterpretaron íntegramente su musicalización de los versos de Neruda.

Al año siguiente regresaron a presentarse en vivo en Argentina y Chile, tras un paso por París, donde registraron una especie de disco compilatorio bautizado como Aconcagua. Eso más un deslumbrante trabajo realizado con canciones de Violeta Parra (que en 1984 editaron bajo el nombre Obras de Violeta Parra) Los Jaivas estuvieron en el Festival de Viña del Mar de 1983, estableciendo nuevos parámetros para la música local. Su paso por Chile dejó profundas huellas una generación de seguidores locales.

Una extensa gira por la Unión Soviética, un nuevo regreso a Chile -marcado por algunos desacuerdos con productoras- los llevaron a París, donde su suerte fue cambiando. A la salida de Mario Mutis en 1985 (quien fue reemplazado nuevamente por Pájaro Canzani), se sumó el hecho que la actividad descendió y Gabriel comenzó a trabajar en otras cosas. En 1988 regresaron a Chile, y realizaron un histórico concierto en el Estadio Santa Laura. Histórico porque, a 25 años de su fundación, la banda se mantenía saludable y vigente y porque sería el último de Gabriel Parra.

Menos de un mes después de ese concierto, el 15 de abril de 1988, el baterista de Los Jaivas murió en un accidente automovilístico en Perú. Su partida –masivamente acompañada en Chile- marcó un largo receso en el grupo, interrumpido con el disco de tributo a Gabriel, Si tú no estás de 1989, y por la sospecha que la historia de la banda había llegado a su fin.

Unos nuevos Jaivas
En 1995 el aparente receso de Los Jaivas llegó a su fin. La banda puso en la batería a la hija de Gabriel, Juanita Parra, y en el bajo a Fernando Kraka Flores para editar Hijos de la tierra, un disco que se conjugó con la floreciente escena musical chilena de esos años y que tuvo una importante acogida popular.

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En 1997, Mutis regresó nuevamente a la banda y un disco que revisitó su historia determinó una nueva etapa en el conjunto, que en sus filas tenía nuevamente a tres Parra, un Alquinta y un Mutis. La presencia de invitados como Los Tres, Illapu, Congreso, Eduardo Gatti, Isabel Parra, Florcita Motuda, además de ex músicos como Pájaro Canzani o Julio Anderson, se plasmaron en el disco El rencuentro, que fue seguido por un intenso calendario de actividades de la banda.

El remontaje de Alturas de Macchu Picchu, la grabación del disco Mamalluca (1999) en conjunto con Orquesta Sinfónica, la edición del álbum En el bar restaurante “Lo que nunca se supo” (2000), una versión jaivística de cuecas y tonadas chilenas algunas previamente grabadas por el conjunto antecedieron a Arrebol (2001), un disco de canciones originales. La edición el 2002 de una biografía oficial (Los caminos que se abren, escrita por el periodista Freddy Stock) era parte de las actividades con las que la banda quería celebrar sus 40 años de vida.

Pero la tragedia regresó a esta historia. Cuando todo marchaba con intensidad, con el grupo activo y su residencia dividida entre Chile y Francia, en enero de 2003, el conjunto sufrió la más grande pérdida, comparable a la de Gabriel Parra, o si no mayor: a los 56 años sorpresivamente murió por un problema cardíaco Eduardo Gato Alquinta, la cara visible de Los Jaivas.

Gato no sólo era su líder nominal sino que por su figura pasaba también la voz característica del grupo, la particular ejecución de guitarra eléctrica y una pluma inconfundible en la composición musical. El dolor se apoderó de nuevo del conjunto, y una vez más se dudó de su continuidad. Pero los sobrevivientes supieron refundar la banda.

Los hijos de Gato, integrantes de Huaika, Ankatu Alquinta en guitarra y Eloy Alquinta en vientos (quien falleció tras su padre, el 2004), fueron los primeros músicos en incorporarse a la agrupación. La primera voz fue asumida por su hermana Aurora, quien sin embargo abandonó el proyecto a los pocos meses. Tras un período de vacilaciones, este rol fue tomado por el charanguista Carlos Cabezas – un músico que hacía varios años era parte de Los Jaivas- y el bajista Mario Mutis.

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Foto: Carlos Müller

Francisco Bosco asumió los vientos, y así -como septeto- la banda retomó su historia. En abril del 2006 realizó un concierto en la isla de Pascua, lo que se convirtió en disco y DVD poco después. El 2009, por un tema de salud, abandonó los escenarios el fundador Eduardo Parra, que sigue regresando a eventos especiales, como fue el remontaje de Alturas de Macchu Picchu el año 2011 – a propósito de los cien años de descubrimiento de las ruinas- o las celebraciones de los 50 años, el 2013.

Ese mismo año, con algo de polémica,  salió del conjunto Ankatu Alquinta, quien fue reemplazado por el guitarrista Alan Reale, reafirmando la continuidad del conjunto, que hoy  sigue existiendo, como una leyenda transgeneracional y transtemporal dentro de la música en Chile, cuya continuidad no parece tener fecha de término.

Adiós a Orlando Salinas, el autor de “Como quisiera decirte”

Compositor y guitarrista, Orlando Salinas fue uno de los autores fundamentales de la música chilena. Varias canciones de Los Angeles Negros (“Como quisiera decirte, “Porque te quiero”. “No morirá jamás”, entre otras) son parte de su patrimonio. Generoso y alegre, falleció hoy. Este es su testimonio en el documental Angeles Negros (2008).

El segundo disco de Testa

Testa es Teresita Cabeza, ex cantante de Galatea. Su estilo lo define como “Música electrónica en español y formato canción”, y adelanta su segundo disco con el tema “Todo”, cuya base musical es el clásico “Cómprate un tambor”, de su abuelo Antonio Prieto.