Ángel Parra Orrego

Como integrante del árbol genealógico más trascendental en la música popular chilena, Ángel Parra, hijo de Ángel Cereceda Parra, estableció su vínculo definitivo con la música a través del jazz, alternando su paso también por los territorios del pop, el rock y la música de raíz folclórica. A partir de 1991 se convirtió en un referente de la guitarra eléctrica, como virtuoso y como parte del eje central entre los solistas de la historia de la música moderna. Sus únicos discos monográficos, sin embargo, fueron relecturas de la obra de su abuela Violeta Parra, a quien homenajeó en 2017, año de su centenario, con la revisión del fundamental cancionero contenido en el disco Las últimas composiciones (1966).

Fechas

Santiago - 22 de mayo de 1966

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Angel Parra hijo 2

Iñigo Díaz

Sus inicios en el escenario se remontan incluso a la época de preadolescencia. Durante el período de exilio que vivió en México, su padre ya lo invitaba a tocar la guitarra criolla en sus presentaciones. También probó en el Colegio Francisco de Miranda junto a su hermana Javiera Parra en la primera largada como músico semiautónomo, en el grupo Silueta, donde también aparecía un retornado a Chile Juan Antonio Chicoria Sánchez. Se había instruido además en el método de la guitarra clásica, aunque siempre tenía como músicos de cabecera a los guitarristas eléctricos John McLaughlin (en el jazz) y Eduardo Gato Alquinta (en el rock chileno).

A su regreso definitivo a Chile, tras formarse en la guitarra jazzística con Pierre Cullaz, un importante músico del hot jazz europeo, Parra se incorporó a la segunda formación del grupo jazz-rock Cometa, reemplazando en la guitarra a uno de sus modelos más fuertes, Edgardo Riquelme. Con este conjunto, Parra grabó el disco Cometa (1989) y dada su amistad con Álvaro Henríquez pronto se incorporó al grupo rock más importante de los ’90, Los Tres. Al interior de esta banda se transformó en el solista estrella, incorporando arreglos, riffs e ideas musicales muy jazzísticas a un repertorio casi exclusivo de la autoría de Henríquez.

Más allá de la estrella de rock
Con Los Tres, Parra grabó la totalidad de los discos que describieron el paisaje juvenil post-dictadura militar, imponiendo de paso su sello como avanzado solista de las seis cuerdas. No obstante el éxito, su carrera personal definitiva se dio a través del liderazgo de uno de los ensambles más importantes del jazz chileno de la época: el Ángel Parra Trío, siempre junto a su socio más cercano, el contrabajista de Los Tres, Roberto Titae Lindl.

Con este proyecto comenzó a evidenciar una tendencia mucho más marcada hacia guitarristas clave como Barney Kessel, Wes Montgomery y Joe Pass. Parra profundizó así en sus capacidades como compositor y en la interpretación colectiva y solística, grabando además una extensa serie de destacados álbumes (Ángel Parra Trío, 1992; Piscola standards, 1996; La hora feliz, 2002; y Vamos que se puede, 2003, entre otros). Sin contar los breves pasos por De Kiruza (de Pedro Foncea, para reemplazar a Mario Rojas) y Los Titulares (del baterista Pancho Molina, en la grabación de su debutante Los Titulares, 1998), estableció una sólida carrera como líder de bandas, mutando progresivamente desde el jazz-rock al bop y luego a la música popular latinoamericana. Angel Parra logró así la categoría de “celebridad”, poco usual entre las figuras nacionales del pop e inexistente entre los músicos de jazz.

Escribió música para televisión y cine con un sello muy reconocible en sus propuestas, entre las que también se cuenta una reunión cumbre junto a un cuarteto de solistas sobresalientes de la guitarra en una serie de conciertos de cámara: Antonio Restucci, Alberto Cumplido y Emilio García. Pero como músico único e indivisible Ángel Parra sólo se volcó a la línea de experimentación sobre la raíz folclórica. Con la asignatura pendiente de explorar la música de Violeta Parra, al promediar los ’90 grabó su primer álbum solista: Composiciones para guitarra de Violeta Parra (1995), donde trabajó sobre las vanguardistas “Anticuecas”.

A esa materia de estudio regresó quince años después, cuando el cineasta Andrés Wood inició el proyecto de una película sobre Violeta Parra, basada en el libro Violeta se fue a los cielos, de Ángel Parra padre, y donde Ángel Parra hijo ejecutó todos los cordófonos de la banda sonora, desde las guitarras campesinas y el guitarrón chileno, hasta el tiple y la mandolina. En ese mismo período, el guitarrista reactivó su lado jazzístico, iniciado con la primera trilogía de discos del grupo Ángel Parra Trío en los ’90, liderando en 2011 un nuevo sexteto, formado por algunos de los más importantes jazzistas de la escena contemporánea: Sebastián Jordán (trompeta), Agustín Moya (tenor), Lautaro Quevedo (piano), Eduardo Peña (contrabajo) y Andy Baeza (batería).

El inicio de una colaboración con Manuel García en 2013 —que más tarde se traduciría en el disco Retrato iluminado (2014), del cantautor ariqueño y en el que el guitarrista fue productor—, llegaría a ser determinante en la historia musical de un Ángel Parra ya encaminado a sus 50 años. Esa nueva creatividad cuestionó al músico y la vida que estaba llevando en la industria. En sus palabras, la experiencia con García desencadenó así su salida de Los Tres después de más de veinte años, que no estuvo exenta de conflictos con Álvaro Henríquez y Roberto Lindl. Este quiebre repercutió además en el futuro del Ángel Parra Trío, pues el guitarrista dejó de trabajar con Lindl y así optó por organizar un nuevo elenco junto a Andy Baeza (batería), Ariel Pino (piano eléctrico) y Roberto Trujillo (bajo).

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