Los Bunkers

Unidos inicialmente por su afición en común a la canción de molde beatle, los integrantes de Los Bunkers fueron mostrando con el tiempo otras aristas e inquietudes creativas, ampliando también sus planes y la ambición de su alcance. De Concepción a Santiago, y de ahí al DF mexicano, el quinteto mantuvo una misma formación durante quince años y en muy diversas circunstancias laborales y de vida. Durante ese período no encontraron competencia en Chile para un tipo de sonido que buscó dotar de referencias latinoamericanas el molde de rock de guitarras importado y aprendido por su aplicada melomanía. La potencia de su sonido en vivo y la disposición a un trabajo profesional de constante autoexigencia fueron dos de las marcas distintivas en su identidad como banda.

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Años

Concepción, 1999 - 2014

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Integrantes

Álvaro López, voz y guitarra (1999 – 2014).
Mauricio Durán, guitarra y voz (1999 – 2014).
Francisco Durán; guitarra, teclados y voz (1999 – 2014).
Gonzalo López, bajo (1999 – 2014).
Manuel Lagos, batería (1999).
Mauricio Basualto, batería (2000 – 2014).

Marisol García

Con su mudanza a México, en 2008, Los Bunkers se convirtió en el nombre chileno con mayor actividad en ese país durante casi seis años, hasta que en marzo de 2014 anunciaron un «receso indefinido» que los trajo de vuelta a Chile para gestiones de sus integrantes por separado. No hay novedades por ahora sobre nuevos proyectos conjuntos.

Rock junto al Biobío
Es otro de los grupos destacados surgidos en Concepción. Para cuando se asentaron en su formación definitiva, todos sus integrantes acumulaban experiencia en otras bandas, proyectos informales desarrollados durante la adolescencia, de entre los cuales destacó la alianza de Mauricio Durán y Mauricio Basualto en Los Biotles y, luego, Grass (tambien con Pedro Araneda, futuro Pettinellis). En los años ochenta, el baterista había formado parte de la recordada banda Los Cuatro Amigos del Doctor (en la que tambien militó Mauricio Melo, de Los Santos Dumont). Pero, como nunca en esos proyectos, la fundación de Los Bunkers tuvo para sus asociados una intención profesional.

Sus referencias estéticas eran, entonces, las de bandas históricas. Para su debut en vivo (julio de 1999, en la Universidad Federico Santa María), se vistieron como los Beatles; rompieron un bajo, como los Who, y cerraron con un cover de los Kinks. Junto al Biobío, eran tiempos de auge punk, con Machuca y Pegotes elevando la distorsión de locales como Cariño Malo y Medio Toro. Pero Los Bunkers tenían en mente algo aún más radical: «Por un lado, queríamos hacer algo distinto. Pero, por otro, sentíamos que estábamos agarrando la parte más agresiva del mod».

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Foto: Big Sur

Tan en serio hablaban, que en menos de un año sus integrantes ya se habían mudado a Santiago, organizado una serie de presentaciones, y autoeditado un minidisco con seis temas (Jamás). Para julio del 2000, la banda ya tenía organizado lo necesario para grabar un álbum, prueba de lo bien aceitada que siempre ha estado su mecánica de composición, basada casi siempre en las ideas de los hermanos Francisco y Mauricio Durán, dos jóvenes de influencia amplias, que pueden nombrar a The Jam, Otis Redding y Salvatore Adamo entre sus preferencias. Primero la grabación y luego el sello: los Bunkers autogestionaron su disco, comprometieron a Mauricio Melo (Los Santos Dumont) como productor, ubicaron en radios el tema “El detenido” (con una letra inspirada en Viviana Díaz, presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos) y recién entonces comenzaron a considerar ofertas de disqueras. Su fichaje con la etiqueta Big Sur les permitió remezclar y sacar a tiendas ese debut oficial: Los Bunkers (2001).

Por su condición de conciudadanos y gustos musicales en común, fue natural que la banda se asociara en diferentes oportunidades a Álvaro Henríquez. El músico se encargó de producir el segundo álbum del grupo, grabado cuando Los Bunkers ya habían pasado a ser un nombre prioritario de la multinacional Sony Music. Fue también el líder de Los Tres quien los invitó a participar en sucesivas apariciones de La Yein Fonda y, luego, de un disco tributo a Violeta Parra (Después de vivir un siglo, al cual la banda aportó una version de “Gracias a la vida”).

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Foto: Sony Music

Los Bunkers apuntaron a un trabajo de difusión amplia, que presentaron a través de conciertos por todo el país, con singles enérgicos y radiables. Pese a ello, sus canciones pocas veces se han distraído en versos livianos. El título más difundido de Canción de lejos (2002) fue “Miño”, un homenaje al militante comunista que en noviembre del 2001 se inmoló frente a La Moneda a modo de protesta por las víctimas de la asbestosis que rodeaban las fábricas de la industria Pizarreño. «Tu propia tristeza se incendió», cantaban ahí. «Como que le tenemos pánico a escribir malas letras», decían.

Su presencia en conciertos colectivos se hizo frecuente, e incluyó su participación en el festival de homenaje a Salvador Allende, en el Estadio Nacional (durante el cual tocaron un par de temas junto a Claudio Parra, de Los Jaivas), en septiembre del 2003; y luego en la presentación conjunta de Quilapayún e Inti-Illimani, en agosto del 2004 (estadio Víctor Jara). Al grupo le acomodaba ser parte de proyectos que excedieran el círculo puramente rockero. Dentro de tal filosofía debe también inscribirse su participación en tres bandas sonoras de películas de revisión social: los documentales Estadio Nacional y Actores secundarios, y la exitosa Machuca (a la cual aportaron el tema instrumental “Carrerón”).

Investigación en la raíz folclórica
Su interés por la Nueva Canción Chilena se plasmó de modo poderoso en La culpa, el disco que la banda publicó en el 2003 y que fue de inmediato alabado en varios comentarios de prensa. Eran canciones de crudeza rockera, pero moderadas por timbres de, por ejemplo, quenas y charangos. Los versos estaban a la altura del inquietante título, y se debatían entre el resentimiento amoroso de “No me hables de sufrir” y la queja amarga de “El festín de los demás”. A través de un disco profundo, Los Bunkers habían añadido otro eslabón a la cadena de tristeza que afirma nuestra música popular.

Su admiración por Violeta Parra es cosa sabida, pero el grupo la reafirmó en ese disco con una nueva versión para “La exiliada del sur” y, en mayo del 2004, con una serie de conciertos con versiones propias para sus canciones. Poco antes se habían presentado por primera vez en el Festival del Huaso de Olmué (lo repitieron en el verano del 2006), y entonces ya no hubo dudas sobre el vínculo profundo que el grupo pretendía forjar con la tradición. En esa misma línea puede considerarse su colaboración con el debut solista de Álvaro Henríquez, otro rockero penquista interesado en las raíces sonoras locales, y a quien apoyaron en las sesiones de grabación del disco Álvaro Henríquez, y luego en su presentación, en diciembre de 2004.

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Foto: El Mercurio

Crudo y eléctrico fue el sonido de Vida de perros, el álbum que Los Bunkers publicaron a fines del 2005, y que impuso rápidamente en radios los singles “Ven aquí” y “Llueve sobre la ciudad”. Acaso lo más sorprendente del disco fue el tenor de sus letras, por primera vez tan reveladoras de las emociones íntimas de los hermanos Durán. Según ellos, se trataba de canciones «de la etapa más mala del amor», y no había contraargumento posible ante letras como las de “Te vistes y te vas” o “Vida de perros”.

Los Bunkers en México
Vida de perros fue el primer disco internacional del grupo, con edición en Estados Unidos, Argentina, Uruguay y México gracias a convenios con las etiquetas Nacional y EMI-México. A la capital de este último país viajaron en mayo del 2006 para participar del festival Vive Latino y realizar su primera ronda de promoción extranjera. La invitación a ese festival se repitió al año siguiente pero entonces ya no tuvo sentido volverse de inmediato a Santiago: como ninguna otra banda rock activa en Chile, Los Bunkers podían sostener sin problemas largas giras por el mercado más competitivo de la música hispana.

El impulso se profundizó a mediados del 2008, cuando los músicos se instalaron con muebles y compañeras en Ciudad de México, justo a tiempo para promocionar su nuevo álbum, Barrio estación. Opacado por problemas legales que les impidieron distribuir el disco en la principal red de disquerías chilenas (Feria del Disco) y una posterior disputa con su manager, el grupo logró de todos modos dar a conocer el trabajo más ambicioso en arreglos hasta la fecha. Su foco principal de promoción para ese trabajo fue México, y allá fraguaron, a mediados de 2009, una alianza clave, cuando se oficializó su trabajo local con el manager de un grupo tan importante como grupo Café Tacuba, logro inédito para una banda local.

Su decisión de publicar un disco lleno de versiones para composiciones de Silvio Rodríguez fue sorprendente pero bienvenida. Música libre (2010) tuvo estupenda acogida en radios, donde se ubicaron sus lecturas para temas clásicos del fogateo ochentero como “Quién fuera”, “Ángel para un final” o “Al final de este viaje” (con la voz invitada de Manuel García, con quien los hermanos Durán colaborarían más tarde en el álbum Acuario, del cantautor). En 2011 el premio como Mejor Documental Nacional a Los Bunkers: un documental by Sónar en el festival IN-EDIT confirmó el interés masivo por el grupo, la lealtad de su audiencia y la ágil dinámica de sus proyectos.

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Foto:

En agosto de 2013, la presentación de La velocidad de la luz en el Movistar Arena de Santiago marcó un récord como el lanzamiento con más público en vivo para un disco chileno. Nuevos temas como “Bailando solo” y “Si estás hablando mal de mí” se convirtieron en hits radiales y llevaron al grupo por nuevos escenarios continentales y exigentes giras por Chile. Por eso, sorprendió su anuncio de querer entrar en un «receso indefinido», hecho público a fines de marzo de 2014.

Un show en el festival Vive Latino en México DF fue el último antes de su voluntaria pausa. Tras la separación, los dos bloques del grupo iniciaron proyectos pop y rock independientes. Los hermanos Mauricio y Francisco Durán colaboraron en discos de Los Santos Dumont y Los Ángeles Negros, y en 2017 regresaron con la banda Lanza Internacional, mientras que Álvaro y Gonzalo López, hicieron lo propio en 2015 con la formación de López.

Natalino sale a recorrer Chile con nueva canción

El trío romántico abre su itinerario el 14 de diciembre con un concierto en Valdivia. Seguirán en Puerto Varas, Casablanca, Panquehue, Maullín, Curacaví, Quintero y Papudo, entre otras localidades. Con miras a su nuevo álbum, titulado Natalino vivo, el grupo liberó además la balada “No volveré a caer”, del autor curicano Lenny Zing.

El año de Jorge Peña Hen

A 45 años de su asesinato a manos de la Caravana de la Muerte, en La Serena se levantó un monumento que recuerda su pionera labor como educador.