Álvaro Henríquez

La habilidad para llevar a buen puerto sus ideas musicales junto a las bandas Los Tres y Pettinellis ha sido sólo uno de los talentos de Álvaro Henríquez. En el poblado currículo profesional del músico de Concepción, acaso lo más sorprendente sea la rapidez con que ha gestionado los más diversos proyectos, solistas y colectivos. Además de editar más de una decena de álbumes junto a los grupos que ha fundado, Henríquez se ha involucrado en la producción de discos para otros músicos, la composición e interpretación de música para cine, y varios proyectos vinculados al folclor chileno. Durante los años 2004 y 2005 se ocupó, además, en una alabada carrera de cantautor solista, interrumpida con el sorpresivo anuncio de la rearticulación de Los Tres.

Fechas

Concepción - 18 de octubre de 1969

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Marisol García

Popular e influyente, la de Álvaro Henríquez ha sido una carrera de larga perspectiva, y que ha hecho un aporte excepcional al desarrollo musical chileno de los últimos treinta años, por su diversificación y productividad.

Primeras prácticas sureñas
El caudal creativo que Álvaro Henríquez ha demostrado desde su primera juventud sólo puede provenir de una vocación convencida, y la suya estaba clara desde la adolescencia. Como estudiante del colegio Charles de Gaulle, en Concepción, participó de los grupos Los Dick Stones y Los Escalímetros, cuando su interés por la música tenía su modelo en los Beatles y los primeros rocanroleros históricos (Chuck Berry, Buddy Holly). Años antes había seguido sin regularidad clases de guitarra clásica y voz, las cuales sólo sistematizó luego de conocer a Gilles Marie, un joven francés (hijo de uno de los profesores de su colegio) que lo introdujo en discos de blues y rock importados de Europa, y le enseñó el tipo de interpretación en guitarra que realmente le interesaba.

En el activo aunque amateur panorama musical penquista, Henríquez se convirtió en un atípico proyecto de rockstar; un músico sin mayor preparación que garantizaba autógrafos de valor futuro y al cual le agradaba que le llamaran «Lennon». Otra de sus bandas juveniles fue Los Ilegales, en la cual también figuraban Roberto Titae Lindl y el guitarrista Jorge Yogui Alvarado; este último, el futuro líder de Emociones Clandestinas, un grupo en el cual Henríquez llegó a participar muy brevemente como guitarrista.

Trabajos en teatro
Los sacrificios por su mudanza a Santiago a los 17 años (luego de sólo un semestre de estudios universitarios de música) serían, a la larga, anécdotas. Su principal motivación era desarrollar de un modo profesional la carrera del grupo Los Tres, formado en 1987 con sus amigos Titae Lindl y Francisco Molina. En la capital, Henríquez se ubicó rápidamente en un círculo de creadores vinculados al teatro, con los cuales comenzó a colaborar como musicalizador. Junto a Cuti Aste y la primera formación de Los Tres (aún sin Ángel Parra), participó como compositor y ejecutante del montaje Y Warhol (1988), para la compañía Teatro Provisorio. Más tarde, convenció a Willy Semler de montar Sabor a miel, de la inglesa Shelag Delaney, una de las dramaturgas favoritas de Morrissey, uno de sus muchos inspiradores. Alrededor de esa época se ocupó también en televisión, musicalizando en vivo el programa “Enrédese”.

Pero su cumbre de este primer período profesional fue su participación en el montaje de La Negra Ester, una de las empresas más significativas del arte chileno. Henríquez fue allí parte de La Regia Orquesta, la banda de música en vivo que se abocaba a la interpretación de mambos, tangos, cuecas choras y jazz guachaca, y que también integraban Cuti Aste y Jorge Lobos (existe un CD de su trabajo, bajo el título La Negra Ester). Su tiempo junto a la compañía Gran Circo Teatro resultó una experiencia artística invaluable que lo llevó a recorrer parte de Europa y Canadá, y conocer a creadores que resultarían claves para su trabajo posterior, ya fuese por su inspiración (el director Andrés Pérez y el folclorista Roberto Parra, sobre todo) o por la sociedad creativa y sentimental que establecería con la cantante Javiera Parra. Así, antes de cumplir veinte años, Henríquez ya había afirmado las principales directrices que explican sus intereses crativos posteriores.

Los Tres publicaron su primer disco en 1991, pero su labor se intensificó a partir de 1993, cuando firmaron con la multinacional Sony Music. No hay dudas de que el grupo constituía el principal proyecto profesional de Henríquez durante la década de los noventa, obligándolo a la agenda de una banda que pasó rápidamente a convertirse en la más importante del país, y que ensayó sucesivos planes promocionales en el extranjero hasta su primera separación (mayo del 2000). Pese a ello, el penquista encontró el tiempo para diversos encargos paralelos, de entre los cuales los más constantes resultaron ser los de producción artística.

Producción y bandas sonoras
El primer disco multinacional de Mauricio Redolés, ¿Quién mató a Gaete? (1996), inició a Henríquez como productor de trabajos ajenos. En los siguientes años se hizo también cargo del debut de Javiera y Los Imposibles (Corte en trámite, 1995; al cual también aportó la mayoría de las composiciones), el segundo disco de Los Bunkers (Canción de lejos, 2000), las grabaciones independientes de la joven cantautora Esperanza Restucci, un disco de cuecas de Ángel Parra (padre) (Brindis y cuecas caballas, 2000), una grabación de los Santos Dumont que nunca llegó a editarse (Maximum Rock&Pop, 2001), un disco de Primavera de Praga (Satélite, 2009) y el álbum con el que José Alfredo Pollo Fuentes celebró cuarenta años de carrera (para el cual, Henríquez también compuso varias canciones).

En su lista de producciones deben contarse también dos exportaciones a México: en 1998 supervisó la versión que la mexicana Julieta Venegas (entonces, su esposa) grabó para “El triste”, una de las canciones incluidas en un disco colectivo en tributo a José José; y, en el 2005, Lejos, el segundo disco solista de Joselo Rangel (Café Tacuba). Con este último músico se presentó algunas veces en vivo durante el primer semestre del 2005, incluyendo allí un teloneo a la leyenda soul James Brown, en la Quinta Vergara de Viña del Mar.

En cine, sus créditos se reparten en proyectos de diverso alcance, desde la cinta independiente Moizéfala, la desdichada (cuya banda sonora se publicó en un disco de 1993, Oh, yeah!, hoy descatalogado) hasta las populares El desquite (que trabajó junto a Carlos Cabezas) y Sexo con amor.

Sus conocimientos técnicos son autodidactas, pero han ido marcando con el tiempo un cierto sello sonoro. Como productor, Henríquez siente una especial predilección por los recursos análogos y la austeridad de las cuerdas, sin jamás renunciar a su formato preferido: la canción melódica. No es raro que pase de los controles al micrófono, y en casi todos sus encargos figura también como instrumentista. Acaso su producción más desafiante haya sido la que emprendió en el 2001 para un disco tributo a Violeta Parra que él mismo gestionó y produjo. Con versiones de Lucybell, Chancho en Piedra, Los Bunkers y Los Miserables, entre otros catorce nombres (incluyendo el de Pettinellis) se editó Después de vivir un siglo, un disco colectivo sin precedentes (más allá de los tributos particulares que en su momento le rindieron a Violeta Los Jaivas o Inti-Illimani) al cual Henríquez calificó como «más que un trabajo, una misión».

Su interés por Violeta Parra no puede analizarse como una inquietud aislada por las raíces chilenas. Henríquez fue el principal responsable de reubicar el nombre de Roberto Parra en el panorama musical de los años nvoenta («arrogancia sería compararme con Roberto Parra», dijo alguna vez), y logró un insospechado efecto cultural con su gestión en sucesivas peñas dieciocheras bautizadas como “La Yein Fonda”. Un mismo escenario abierto a cuequeros, cumbiancheros y rockeros era un concepto pionero de cuya invención Henríquez jamás se jacta, aunque es sin duda su gestión la que lo posibilitó.

El camino solista
El grupo Pettinellis ocupó a Álvaro Henríquez entre el otoño del 2001 y el verano del 2004. Dijo más tarde que «terminar con Pettinellis fue tener claro, al fin, que lo que yo quería hacer era mi música, sin nadie que me desconcentrara». El éxito del único disco de la banda es innegable, pero a Henríquez nunca lo absorbió lo suficiente como para dejar de interesarlo en trabajos paralelos. Uno de ellos fue Revolcón, un grupo sin pretensiones comerciales que fundó junto a dos integrantes de Surfin’ Caramba, y que presentó algunas veces en vivo un repertorio principalmente basado en las composiciones revivalistas de los estadounidenses Stray Cats.

De todos sus ocupaciones previas a su estreno como solista, la más sorprendente y mal llevada debe haber sido su incorporación como integrante de Los Prisioneros, durante algunos meses del 2003. El músico había forjado para entonces una amistad de varios años con Jorge González (colaboraron juntos en el disco Mi destino, del sanmiguelino), y llegó invitado al grupo para suplir en guitarra al despedido Claudio Narea. Su presentación ante los medios (en septiembre del 2003, en radio Rock&Pop) orquestó una de las pocas conferencias de prensa que merezca la pena, por la inolvidable y teatral ofuscación de González ante la insistencia periodística sobre las razones de la salida de Narea.

Lejos de las impertinencias, Los Prisioneros grabaron esa misma tarde su turno para el programa “Las raras tocatas nuevas”, que apareció luego en disco con la guitarra de Álvaro Henríquez identificada como una «participación especial». Fue el único registro del fugaz Prisioneros, quien se retiró del grupo sin mayores explicaciones, tras presentaciones en Santiago, Concepción y México; y un debut televisivo en “De pe a pa”. Del período de Henríquez junto a la más popular banda de los años ochenta quizás pueda destacarse la impronta de su guitarra en nuevas versiones para títulos como “En el cementerio”. El penquista demostró entonces haber logrado lo que los grandes guitarristas de rock: su estilo lleva ya una marca identificable incluso en las composiciones de otros.

Cualquier sospecha sobre la real capacidad de Henríquez para desarrollar una carrera solista sin los talentosos compañeros que lo habían acompañado en Los Tres y Pettinellis quedó disipada de modo contundente en su debut solista. Álvaro Henríquez (2004) fue un disco poderoso, en el que el cantautor afinó aquello que durante los años ha ido conformando todo un universo estético; mezcla de raíz chilena, próceres musicales estadounidenses (Johnny Cash y Brian Wilson eran dos nombres significativos para él a esas alturas), nostalgia en la autorreferencia, y acidez en su observación social. Las suyas son influencias excepcionalmente amplias para la media chilena, y van manifestándose en delicadezas armónicas a-lo-Beach Boys, cuecas poco convencionales (la de “Barco y naufragio” es totalmente eléctrica) e inquietantes versos de amor. Las doce canciones de ese álbum se grabaron junto a músicos de diversas procedencias, que incluyeron al cuequero Rodolfo Henríquez, el ex Pettinellis Pedro Araneda, intérpretes sinfónicos de cuerdas, e integrantes de Café Tacuba y Los Bunkers.

Durante el 2005, Henríquez entró a estudios para colaborar con proyectos ajenos, principalmente con el álbum Corazón loco, de José Alfredo Fuentes (que produjo, arregló y parcialmente compuso) y, más discretamente, con el disco de cueca urbana Los Tricolores con Daniel Muñoz. A fines de ese año, y en completo secreto, comenzó a trabajar con sus antiguos compañeros en Los Tres, Ángel Parra y Roberto Lindl. En marzo del 2006 se anunció que la banda se reunía como tal y que viajaría a Nueva York para grabar el sexto álbum de su carrera. Es el grupo el que concentra desde entonces el grueso de su ocupación profesional.

Leo Rey y el homenaje a la Nueva Ola

El astro de la cumbia romántica y ex voz de La Noche lanza su tercer disco solista con un concierto en el Teatro Coliseo. Su álbum Sigue el ritmo, de la Nueva Ola incluye canciones junto a José Alfredo Fuentes, Germán Casas y Patricio del Solar. Como adelanto, ya está circulando el videoclip de “Ojos de mala”.

Iván Delgado
(1965 – 2018)

A los 53 años falleció Iván Delgado, músico multinstrumentista, que fue parte de la Banda del Pequeño Vicio (1986 – 1991), una de las primeras formaciones de La Ley (1988) y el primer elenco de Saiko (1999 – 2001). Compositor y sesionista, es coautor de varias canciones de La Ley.