Emociones Clandestinas

La época más significativa en el dilatado trabajo de Emociones Clandestinas está vinculada a uno de los discos fundamentales del rock hecho en Chile. En Abajo la costanera (1987) el grupo de Concepción combinó códigos de lo mejor del pop y rock británico entonces en boga con reflexiones sobre la vida en las urbes chilenas bajo dictadura, afirmado todo con la actitud de un carismático cantante. La banda fue lanzada a una fama inesperada a través del single "El nuevo baile", un tema que ha llegado a ser incluso más conocido que ellos mismos.

Leer más

Años

Concepción, 1985 - 1989
Reunidos en 2001

Décadas

1980 |2000 |

Géneros

Emociones Clandestinas

Integrantes

Jorge Yogui Alvarado, voz y guitarra (1985 - •).
Carmen Gloria Narváez, voz y bajo (1985 - 1986).
Juan Carlos Vera, guitarra (1985 - 1988).
Rodrigo Figueroa, bajo (1985).
Jean Pierre Larousse, batería (1985).
Iván Molina, batería (1985 - 1989 / 2001 - 2002).
Alejandro Narváez, bajo (1986).
Pablo Lazcano, bajo (1986 - 1987).
Rodrigo Bazán, bajo (1987 - 1989).
Álvaro Henríquez, guitarra (1988).
Francisco Pollo Muñoz, guitarra (1989 - 1990 / 2001 - 2002).
Mauricio Melo, bajo (1989 / 2001 - 2002 /2016 - •).
Felipe Donoso, teclados (2001 - 2002).
Pepe Burdiles, percusión (2001 - 2002).
Francisco Espinoza, guitarra (2003 - 2004).
Boris Cea, bajo (2003 - 2004).
Marlon Romero Jr., batería (2003 - 2004).
Cristián Rebolledo, guitarra (2005 - ?).
Sergio González, bajo (2005 - ?).
Marcelo Filipi, batería (2005).
Sebastián Larrea, guitarra (2016 - •).
Joaquín Cárcamo, batería (2016 - •).

Marisol García

Cuna penquista
El éxito de Emociones Clandestinas sería el primero de una banda sureña a escala nacional, y posteriores músicos de Concepción, como Los Tres o Los Bunkers, siempre han reconocido su influencia. Ha sido un grupo de existencia sinuosa, de periódicas reuniones y disoluciones, y de casi incontables cambios de formación, que mantiene hoy sólo al cantante y guitarrista Jorge Yogui Alvarado como vínculo de continuidad con su período de éxito radial. Como sea, la historia de la música popular de su ciudad y de los años ochenta en Chile no puede esquivar su mención.

El antecedente de Emociones Clandestinas coincide con el que daría luego forma al exitoso grupo Los Tres. En Los Ilegales se unieron por un breve período Jorge Yogui Alvarado, Álvaro Henríquez y Roberto Titae Lindl (en la batería se alternaban Francisco Molina y Héctor da Costa), músicos penquistas interesados en el primer rocanrol y en los ecos ingleses posteriores a la explosión del punk. Pese a una diferencia de edad de diez años entre sí, Álvaro y Yogui habían desarrollado una relación cercana, basada en el interés del primero por la comentada colección de discos y cassettes que por entonces acumulaba Alvarado.

Una de las primeras presentaciones de Los Ilegales fue en octubre de 1984, teloneando la primera presentación de Los Prisioneros en Concepción, en un show en el Aula Magna de la Universidad Católica que se volvería legendario. Un repertorio que combinaba covers de rocanrol y ska con temas originales de Alvarado llenaron el turno del grupo, en una presentación recordada por su lamentable amplificación. Tan desastrosa resultó la experiencia que Yogui renunció de inmediato a la banda.

Decidido a trabajar de un modo profesional, el cantautor esperó el momento adecuado. Y supo que había llegado cuando recibió la invitación de Juan Carlos Vera y Jean-Pierre Larousse para sumarse a una banda que el propio Yogui quiso bautizar como Emociones Clandestinas. Alvarado concluía por entonces sus estudios de electrónica industrial y estaba dispuesto a ser el primer rockero famoso de Concepción.

Esas iniciales presentaciones tenían sin embargo en el micrófono a una mujer, Carmen Gloria Narváez, quien incluso se involucró en los primeros meses de grabación del álbum que más tarde comenzaron a grabar en Santiago. Por eso los primeros registros del grupo en audio y video muestran a una mujer en el micrófono. Pero fue justo durante ese proceso de trabajo en estudio que Narváez (y su hermano, Alejandro) decidieron su salida de la banda, dejando a Yogui como el legítimo vocalista.

Supieron que su esfuerzo estaba bien enrielado cuando los contactó Carlos Fonseca, el hombre que mejor podía manejar sus asuntos en Santiago. El entonces manager de Los Prisioneros había organizado en el velódromo del Estadio Nacional un «Festival de Nuevo Pop Chileno» en el cual se presentarían Los Prisioneros, Aparato Raro, Paraíso Perdido y Banda 69. Era un contexto quizás algo intimidante en el cual debutar en la capital, pero Emociones Clandestinas aceptó sumarse al cartel.

Hay decenas de anécdotas que contar sobre esa noche de diciembre de 1985, pero entre las más insólitas está lo que le sucedió a la banda de Concepción con su baterista, quien sufrió algo así como un ataque de pánico escénico apenas habían iniciado su turno. Justo cuando Emociones Clandestinas interpretaba "Cajitas rectangulares", Jean-Pierre Larousse cayó al suelo, y hubo que llevarlo de urgencia a un hospital. El músico no pudo reintegrarse más a la banda, y en su reemplazo fue que entró su baterista más duradero, Iván Molina.

Vendrían otros cambios en la formación. En 1988, se retiró el guitarrista y fundador Juan Carlos Vera y entró Álvaro Henríquez como temporal reemplazante. Con él fue que el grupo desarrolló una gira interregional que los llevó desde Valdivia hasta Santiago. Su concierto en el capitalino Garage Internacional de Matucana abrió un show de los héroes punk de ese momento, Fiskales Ad-Hok; pero lejos de poder mostrar su música, Emociones Clandestinas fue blanco de una lluvia de botellazos, escupos e insultos. Indignado, Henríquez se sacó la guitarra en la mitad del concierto y caminó fuera del escenario para nunca volver. El público esa noche se perdió atestiguar los primeros pasos de quien luego alcanzaría gloria continental junto a Los Tres.

Abajo en la costanera
Emociones Clandestinas ha sido señalado como el emblema de un momento creativo que acogió en Concepción los primeros pasos artísticos de varios músicos destacados luego en bandas profesionales de innegables vínculos con la tradición rockera inglesa. Eran los tiempos de Los Cuatro Amigos del Doctor, La Casa de los Sueños, Los Ángeles Subterráneos y las primeras tocatas de Los Santos Dumont y Los Tres. «Bandas de una estética abrumadora, nocturna; parte de una ciudad húmeda, llena de neblina», en palabras de Yogui. En ese contexto, la decisión de Emociones Clandestinas de mudarse a Santiago y profesionalizar su trabajo fue no sólo señera sino también muy atrevida. Una vez en la capital, Carlos Fonseca gestionó su contrato con EMI para su primer disco.

Emociones Clandestinas fue un grupo empeñado en la difusión en vivo de su música, que se aplicó en incesantes giras y conciertos y que encontró en Yogui un innegable carisma. Su álbum podría haber sido poco más que un soporte para ese atractivo escénico, pero Abajo en la costanera (1987) resultó ser mucho más que eso. El grupo combinó con cuidado las muchas influencias acumuladas en años de coleccionismo, ordenándolas de acuerdo a un impulso propio de sorprendente profundidad y un alcance que ha excedido con creces el de su tiempo. Muchos de los demos del disco se grabaron en la casa de Jorge González y, aunque no apareció en los créditos, es un hecho que Los Prisioneros aportaron coros a algunas canciones del álbum.

Con la cabeza puesta en The Clash y el corazón cerca de la original agudeza política que le habían aprendido a Los Prisioneros, Emociones Clandestinas hizo avanzar un poco más el desarrollo de una crítica social por sobre lo partidista y la épica del Canto Nuevo.

Desde "Te tengo atrapada" hasta "Cajitas rectangulares" —sin contar la oscura e inquietante "¿Es esto revolución?"—, las composiciones concentraban imaginativas metáforas para dramáticos diagnósticos sobre la alienación de la vida urbana. Es una sensación que se repite hasta el absurdo en "El nuevo baile", una de las canciones más difundidas de esa década en el país (llegaría casi veinte años más tarde incluso al comercial de un banco), y que describe una ciudad que articula los mismos pasos de baile en la calle, el metro y «la disco». Tenía que ver, según su autor, con «cómo Santiago te obligaba a vivir».

Pese a ese hit, Emociones Clandestinas mantenía a los ojos públicos un cierto carácter underground, y sus esfuerzos por publicar un segundo disco terminaron siendo inconducentes. Una serie de factores atentaron contra la grabación de un material que el grupo alcanzó a componer y armar en maquetas (Alvarado había incluso elegido un título: Beat!), pero que nadie se interesó en financiar. El país se ocupaba en los preparativos del plebiscito que sacó al fin a Augusto Pinochet de La Moneda, y las radios comenzaban a limpiar sus parrillas del buen y mal pop que había alimentado durante un tiempo el fenómeno del boom.

Años más tarde, Alvarado diría: «Fuimos terribles de desubicados; querer sacar un disco entre el Sí y el No era una locura. Chocamos con un montón de muros. Lo intentamos todo, pero nos achacamos y lo dejamos hasta ahí». El material quedó guardado y ha resurgido parcialmente en conciertos y en su registro de diciembre del 2001 para el programa "Raras tocatas nuevas", de radio Rock&Pop (con Julián Peña como invitado): Ésta es radio Clandestina!!!

En cuanto al grupo, cerró su vida útil el 29 de diciembre de 1989 en el Estadio Municipal de Mulchén (con un concierto publicitado como «La última emoción de la década», y que hasta incluyó globos gigantes conseguidos por Yogui). Al poco tiempo, Iván Molina ya era parte de Los Santos Dumont, mientras Francisco Muñoz se ocupaba en el grupo punk Machuca.

Tributo y reunión
El afecto hacia Emociones Clandestinas fue un sentimiento constante tras su disolución, sobre todo en su ciudad natal. Tanto así, que cuatro nuevas bandas penquistas (Anaztazia, Chupilca, Lovecr4ft y Pegotes) organizaron los días 24 y 25 de abril de 1998 un «tributo» al cual fue invitada la última formación del grupo (Alvarado, Muñoz, Bazán y Molina) para reunirse e interpretar viejos temas.

La idea prendió de inmediato y terminó entusiasmando incluso a músicos de Santiago. Así, hasta el local Cariño Malo llegaron en la primera noche Álvaro Henríquez, Carlos Cabezas, Titae Lindl, Jorge González y Miguel Tapia, en lo que la prensa de la época destacó como una «cumbre rockera». «Me acuerdo que Jorge González dijo una frase que no se me olvidó nunca: "Es increíble que todos nos juntemos y no porque se haya muerto alguien"», contó luego un orgulloso Yogui.

La historia del grupo se convierte desde entonces en un trayecto confuso, que incluye sucesivas reuniones y separaciones, y tocatas esporádicas que sólo mantienen a Alvarado como integrante fijo. Lo más seguro de pesquisar son los conciertos que la formación de Alvarado, Molina, Muñoz y Bazán realizaron durante 2001, principalmente en Concepción y Santiago. Sin embargo, se trató de una reunión que nunca llegó a concretar sus planes de edición ni proyección a más largo plazo. La banda alcanzó a grabar un single ("Cocaína / Nos siguen matando") que apenas se difundió.

Desde el año 2003, Alvarado viene anunciando la edición de un nuevo disco, para el cual incluso ha registrado algunas canciones, como "De pepepé a papapá" (sobre la banalidad televisiva chilena) y "Si el amor". Sin embargo, no hay aún luces ciertas sobre su edición. Para Alvarado, más que el trabajo constante, lo que debe cuidarse es «que se mantenga el espíritu de Emociones Clandestinas; ese sonido espontáneo, garagero, gutural». A estas alturas, es sólo él quien hoy puede velar por su preservación.

Desde la primera separación de su banda, Alvarado ha animado una serie de grupos de corta vida, principalmente de base electrónica. Se incluyen entre ellos Cuadrante Cuatro (a principios de los años noventa, junto a Pollo Muñoz) y Electric Voodoo (entre 2004 y 2005, con el tenorista Maxi Alarcón y el pianista César Ibacache). También a principios de 2005 presentó en vivo parte del material de Cosmophonic, música trabajada de modo solista e inspirada en imágenes obtenidas por el Observatorio Europeo Austral.

2012 fue un año importante, debido a una serie de recitales de celebración por los veinticinco años de su único disco —en los que participaron varios de los integrantes «clásicos», incluyendo a Carmen Gloria Narváez— y también por el estreno del documental Mi nuevo estilo de baile, de Pablo Berthelon, con una detallada historia de la banda.

Las canciones del mes en que Chile cambió

Canciones, la mayoría originales, discos y beats electrónicos han grabado los músicos chilenos desde el 18 de octubre. Inspirados en el caceroleo, en la respuesta represiva y en las demandas que la gente ha expresado en calles y cabildos. Aquí, MusicaPopular.cl retrata la música del primer mes del Chile que cambió. (Foto: Daniel Miranda)

Mon Laferte protesta por Chile

Luciendo la pañoleta verde del movimiento feminista, la cantante fue reconocida como el Mejor Álbum de Música Alternativa, por Norma, y se manifestó contra la represión en Chile. Al recibir galardón, leyó una décima de Fabiola González, La Chinganera.