Pop
Diversa por definición, la música pop apela sobre todo a un vínculo con el oyente, por sobre un tipo de sonido o un estilo. Pop como abreviatura de "popular", esta música tiene como pocas un objetivo, el de generar identificación con la audiencia por medio de ritmos contagiosos, melodías recordables y composiciones de duración ajustada a los estándares de difusión de medios como la radio y la TV y, sobre todo, a los requerimientos de una industria que necesita vender canciones a ese gran público. Como tal, se puede dar con eficacia en los más diversos campos. La Nueva Ola de los años '60 es una de las primeras manifestaciones generacionales de música pop chilena, y desde entonces han continuado en esa senda baladistas y cantantes popularizados por la televisión así como diversos músicos y productores que han aplicado los sonidos del rock o las bases electrónicas a esta música.
Macarena Muñoz es Jayu, una cantautora pop y folk antofagastina que a los 19 años alcanzó su primera figuración mediática cuando fichó en el último elenco de artistas del Sello Azul antes de cerrar su proyecto de producción discográfica con nombres propios (Aticoy, La Bandita del Domingo, Planeta No, Taconeras y Marco Andreu). Su estreno bajo ese alero fue a través del disco Eternidad (2015).
Una aproximación desprejuiciada al pop y la electrónica ha definido la trayectoria de Chicarica, una de las muchas bandas nacidas a mediados de la década de 2010 en Santiago. Sus integrantes, además, se han caracterizado por desarrollar proyectos en paralelo y colaborar con otros grupos y solistas.
A veces Almeyda de la Riddim, a veces Almeyda Queen o a veces simplemente Almeyda, la sanmiguelina Javiera Opazo aparece como una figura de la música, el canto y la danza desde un contexto callejero. Toda la imaginería a su alrededor está teñida de espacios periféricos, la cultura del grafiti y los bailes urbanos populares. Y desde su posición de autora de textos y compositora de canciones en la música urbana, su mirada sobrepasa ampliamente las temáticas del dinero, el sexo y el empoderamiento para acceder a un espacio donde ella habla de justicia social, dignidad, conciencia de clase, medioambiente y feminismo. Todo ello está expuesto en Voz que sana (2022), su álbum debut.
Tras su triunfo en el masivo concurso "Pepsi al Máximo" de 2009, la cantante pop Josefa Serrano debuto en la música con el disco Vainilla, que fue el premio a ese primer lugar, y que de paso la instaló entre una nueva partida de aspirantes a "ídolos adolescentes", que luego subrayó con su disco Vainilla (2010), y posteriores apariciones en TV. Sin instrucción formal en canto, inspirada en figuras como Joss Stone y Jessie J., y con el nombre artístico de Jo en sus presentaciones, Josefa Serrano inició su carrera participando en el mismo "Pepsi al Máximo" de 2008. Sólo un año después ganaría el certamen con la canción "Besos de miel". En 2010 lanzó su debutante Vainilla y en 2011 apareció en la teleserie de Mega “Decibel 110”, cuyo personaje además era cantante. Josefa Serrano integró una generación de jóvenes nacidos a fines de los '80 e inicios de los '90, y que además aparecieron en la música justo detrás de figuras como Denise Rosenthal y Kel Calderón: Cami Carlevarino, Constanza Despouy o Vanessa Aguilera, quienes hicieron un tipo de canción pop de autora.
Productor, músico y compositor, Hugo Beiza fue un nombre vinculado de lleno en el movimiento de la Nueva Ola, y que protagonizó parte de la época de esplendor de la industria discográfica chilena. Su prematura muerte, a los 26 años de edad, truncó una carrera de enorme prolifidad y talento. Se inscriben en su catálogo autoral éxitos popularizados por Los Red Juniors, como "Al pasar esa edad" y "A tu recuerdo" (ambos, en coautoría con Jorge Pedreros), Alan y sus Bates ("Recuerdos de verano"), Los Bric-a-Brac ("Nunca jamás") y Carlos Contreras ("Dime Dios"). También se cuentan composiciones suyas para Luz Eliana, Luis Dimas, Gloria Simonetti y Pedro Messone.
Encontraron su Cabeza es un proyecto pop de bordes lo-fi y de experimentación sonora que llevan adelante los músicos y poetas Sebastián Astorga y Nicolás Letelier, quienes en conjunto habían tenido experiencia de diversos proyectos y bandas de punk, psicodelia y baja fidelidad: desde Niñobien y Puta Marlon hasta Ya se Fueron. El dúo sostiene una música principalmente a partir de las guitarras y los teclados, con bases programadas e instrumentos de viento añadidos. En una rápida producción desde que comenzaron a investigar la música desde el dúo, Astorga y Letelier han publicado álbumes donde reproducen ese tipo de pop tan propio, como el homónimo Encontraron su Cabeza (2018) y 2 (2020).
El difundido trabajo de Cristián Stambuk en la banda pop Glup! fue sólo una etapa de su actividad musical, más tarde sobre todo vinculada a la producción y composición para otros proyectos; y, desde fines del 2009, también a cargo de una faceta de cantautor solista. Su dupla con Cristián Heyne, en el dúo Packman, permitió la conceptualización y desarrollo de los tríos vocales Supernova y Stereo 3 (ambos compartidos en las tareas de composición y producción), así como del grupo Gufi. El éxito comercial de ambos proyectos le aseguró futuros encargos que no se han detenido hasta hoy, en los que Stambuk ejerce a la manera de un conceptualizador general de sonido y, a veces, imagen. Desde el año 2007 el chileno realiza este trabajo a tiempo completo desde Norteamérica, primero en México y luego en Los Ángeles (EE.UU.).
Luciano González Astorga integra una amplia camada de bajistas orientados al jazz fusión, que han desarrollado un sonido contemporáneo y le han proporcionado protagonismo al instrumento desde la posición de solista y de líder de bandas, una línea sostenida en el tiempo por Christian Gálvez como primera referencia. Entre ellos se encuentran nombres de la generación de 2010 como Stefano Rojas, Matías Martinoli, Felo Bustamante, Samy Maluenda, Pedro Olivares. González protagoniza su música desde el bajo eléctrico de seis cuerdas, con un enfoque que le permite incorporar aspectos armónicos y melódicos del piano, la guitarra clásica y el saxofón, en paralelo a las funciones tradicionales del contrabajo y el bajo eléctrico de cuatro cuerdas.
Cantante, autora, instrumentista y educadora de pedagogía Waldorf, desde ese ángulo Antonia Schmidt ha sostenido su propuesta creativa de una música para niños que supera el mero enfoque didáctico tradicional. En sus palabras, la suya es una "música para sentir". Desde esa perspectiva, ha compuesto canciones con temáticas sobre meditación y medioambiente, además de recopilación de cuentos, mitos y leyendas de Chile y Latinoamérica que presentó en sucesivos trabajos. En esa discografía destaca Música para la Tierra (2014), el álbum que la puso de lleno en el circuito de la música infantil.
Los Prisioneros son por largueza la banda más representativa en la historia del rock chileno. La austeridad de una música sin pretensiones virtuosas, y letras llenas de aguda observación social fueron la banda sonora del desencanto juvenil en plena dictadura de Augusto Pinochet, y hoy mantienen esa vigencia que define a los clásicos. Canciones como "La voz de los '80", "El baile de los que sobran", "Tren al sur" o "Sexo" se elevaron como himnos asistémicos, revolucionarios y contestatarios. Diversas crisis internas los llevaron a tener dos epocas y varios quiebres, hasta su final, el año 2006. Pero hoy, con la banda disuelta hace mucho, sus canciones siguen sonando en casi todas las generaciones del público chileno.
Penthouse fue una banda chilena con nombre y sonido inglés que recogió distintas influencias de las islas británicas, y las pasó por un filtro melancólico. Formado a fines del 2003, el grupo de amigos convertido en banda se presentó por primera vez en un festival de la santiaguina Universidad Tecnológica Vicente Pérez Rosales cerrado por Congreso, en el que Penthouse quedó seleccionado entre los ocho finalistas. Grabaron un primer álbum, Penthouse (2005), con la producción de Alejandro Gómez y Ricardo Contesse, ambos de Alamedas, pero el disco nunca tuvo una edición formal, hasta que el grupo juntó esas canciones con otras nuevas y presentó su debut oficial, Todos contra todos. A la larga, el registro quedó como su única publicación.
Karen Rodenas es una cantante y profesora de voces. Integra la generación de solistas de mediados de los años 2000, que comenzaron en el repertorio tradicional del swing pero luego estallaron en distintos espacios musicales, entre ellas los nombres de Natacha Montory, Camila Meza, Nicole Bunout y Javiera Tagle. Rodenas se convirtió en una estudiosa solista de la música improvisada y la fusión en sus diversas formas, encabezando proyectos de jazz propios o como parte de conjuntos. Su único disco es Karen Rodenas Cuarteto (2013).
Si bien la matriz de su música se ha sostenido en la creación y los experimentos con teclados y computadores realizados por el ex músico de Christianes Juan Carlos Oyarzún, la fisonomía de Souvlaki terminó por completarse con el color vocal de la cantante Carolina Mora. Iniciado entonces como proyecto solista en 2005, Souvlaki tomó su nombre de uno de los discos fundamentales del shoegaze británico —Souvlaki (1993), del grupo Slowdive—, y un año después ya se había configurado como un dúo. La propuesta musical se ha proyectado desde la llamada electrónica "de dormitorio", en combinación con aspectos del folk, del ambient y del ruido declarado. Souvlaki ha compartido espacios con solistas como Nutria y El Sueño de la Casa Propia, y de paso se anotaron como número de telón de la banda francesa Nouvelle Vague en su visita a Chile en 2007. Han aparecido en discos compilatorios internacionales, mientras sus autoediciones consideran una recopilación de material diverso, tanto de piezas sin letra como de canciones propiamente tales. Sus dos discos son Uno. Instrumentales 2005-2009 (2012) y Dos. Canciones 2006-2009 (2013).
Un pop colorido, aunque también con predominancia de las tonalidades grises en sus melodías, describe la música de Rosario Gatica, una cantautora que puso su nombre entre la oleada de mujeres autoras de la década de 2020, como Fran Quintero, María Simón, Olivia García, Camila Bañados, Idea Blanco y Cata Teuber, entre otras. Con miras a una participación en un concurso de composición femenina, llegada desde Villarrica, en 2021 escribió "La vida nos premia". Ello le permitió abrirse al campo de la autoría y producción de canciones, aunque poco después su encuentro con el cantautor pop Diego Peralta sería determinante. Juntos dieron forma a un repertorio que Rosario Gatica venía desarrollando desde una mirada reflexiva al amor sin resolver, centrada ahora en la estética del indie pop, el pop de sintetizadores y con la utilización de ciertos elementos rockeros en la música. "Pop nostálgico" fue el epígrafe con que ella describió ese cuerpo de canciones de intención radial ("La luz del sol", "Latir", "Un día a la vez", "El sur me llama", "Atrapados"), románticas y al mismo tiempo melancólicas, reunidas en ese disco debut producido por Peralta: Fondo (2024).
El capitalino colegio San Ignacio fue, en 1965, cuna de Los Trapos, una de las primeras bandas en Chile en manejar códigos de rock y glam, si bien nunca logró hacer coincidir su a veces atrevido trabajo con las más conservadoras preferencias del gran público. Como a muchos otros conjuntos de esa época, los ocupó por años la interpretación de covers (con lecturas para éxitos de Led Zeppelin, Grand Funk y Jimi Hendrix), hasta que la natural inquietud creativa llevó a sus miembros componer canciones propias. Sólo cuatro discos-single quedan como grabaciones para conocer hoy su trabajo, que algunos destacan por haber lanzado a la exposición pública al cantautor pop Eduardo Valenzuela.
Ruch fue presentado en 2006 como un nuevo proyecto «de los cerebros de La Ley», pues tras su conceptualización de guitarras eléctricas, profuso maquillaje y caracterizaciones estuvieron Rodrigo Coti Aboitz y Alejandro Sanfuentes, respectivos ex tecladista y manager de ese grupo pop. El grupo fue originalmente un cuarteto, pero al poco andar derivó en un dúo, y no pudo sostener demasiado tiempo ese quiebre. La banda legó un único disco, aunque varias de sus integrantes siguieron vinculadas luego de otro modo a la música.
Existen nombres inconfundibles en la música popular chilena, pero el de Flor Motuda es excepcional incluso entre los músicos de más firme identidad artística. Suele definirse a su trabajo como extravagante o experimental, pero acaso su principal valor esté en cómo ha ofrecido una propuesta de reflexión social por completo novedosa; aguda como pocas en su descripción de lo más pedestre de nuestra convivencia.
Pablo Chill-E es uno de los más callejeros y relevantes nombres del trap chileno. A los 15 años comenzó a grabar canciones que llegaron a oídos del sello español La Vendición, del músico Yung Beef, y en menos de tres años ya había lanzado decenas de singles, mixtapes y videoclips que fueron difundidos por internet y a través de su intensa actividad en los escenarios. Sus canciones hablan de lo distintivo del trap ya desde sus orígenes en la estadounidense Atlanta de los años '90: delincuencia, sexo, drogas y lujos. “Este es un talento, pero yo lo ocupo para ganar dinero”, dijo en 2017 en el sitio web Pousta. “Cuando me meto en las mañanas a Instagram y veo a los negros así, en mansiones, en Ferrari: esa es mi motivación”. Pero también sus canciones hablan de corrupción en la política, de la falta de oportunidades en la sociedad, del valor de la amistad y del particular país en que le tocó vivir y en donde nace el trap local.
Luego de pasar por colaboraciones e identidades como las de Chiporro, Andxpress y su actuación como integrante fundador de los estacionales Upa, el músico Sebastián Piga se unió a la cantante Guadalupe Becker en Calor Polar, el dúo que ambos iniciaron en 2007 y con el que tocaron por primera vez en vivo al año siguiente. El gusto de ella por la música pop y el manejo de él además como productor son los polos que dan forma al sonido pop de bases electrónicas del grupo, grabado en canciones como la propia "Calor polar", "Vuelta atrás" y en su primer disco, Mezclas azules (2010).
Cantautor, multi-instrumentista, productor musical y viajante sin destino definido, Max Zegers es cultor de un pop mestizo de ciertas proximidades a Pedropiedra o a Fernando Milagros, que se nutre de diversos sonidos recogidos en lugares de América Latina que ha recorrido, aires y ritmos de las raíces folclóricas, y desde luego de una poesía trovadoresca obtenida del linaje al que pertenece, dado que es hijo de Julio Zegers. Como nombre propio, Max Zegers ha publicado los discos Día uno (2013) y Pueblos (2018), capítulos que exponen su experiencias en ruta.