Cuti Aste

Electrónica, pop, sonidos precolombinos, música incidental, rock y jazz. Casi no hay género musical que Guillermo Cuti Aste no haya trabajado en algún momento, animando una carrera que destaca como una de las más versátiles de las últimas décadas en Chile. Ejecutante de diversos instrumentos, el penquista es también compositor y arreglador, y ha llevado su música a teatro, cine y televisión. En el año 2009 presentó su primer álbum solista, Estatuas de sal.

Cuti Aste

Marisol García

Multiinstrumentista y multicolaborador, puede asociarse el trabajo de Cuti Aste al de las bandas de las que ha formado parte: entre otras, Javiera y Los Imposibles, Los Mismos y Electrodomésticos. Pero el músico ha animado también de modo solista una gran cantidad de proyectos, en múltiples plataformas, y es miembro fundador de un grupo único de investigación musical, La Chimuchina. Fue invitado de numerosos conciertos del grupo Los Tres, integró un trío de teatro, música y humor (Hermanos Martínez), y hasta ejerció de animador televisivo para un programa que en 2012 lo llevó a viajar por África y América («Pasos de cumbia»). Tal como se escribió una vez en el diario La Nación, más que enumerar sus colaboraciones, «sería más fácil acordarse de los grupos de los que Cuti Aste NO ha formado parte».

Desde el teatro
Nacido y criado en Concepción, Aste formó durante su etapa escolar la banda rock Los Presidiarios . En 1985 se mudó a Santiago para sistematizar su interés por la música a través de estudios formales en la Universidad de Chile. En paralelo fue acercándose a grupos de teatro, hasta afianzar una relación de trabajo con el director Horacio Videla, entonces a cargo de la compañía Teatro Provisorio. Para ella musicalizó la obra Y Warhol (1988), a la que invitó a participar a la primera formación de Los Tres, cuando ese grupo recién se instalaba en Santiago.

Al año siguiente, Aste fue elegido para dirigir la música del montaje de Andrés Pérez para La negra Ester, de Roberto Parra, y convocó como colaborador a Álvaro Henríquez. También junto a Jorge Lobos, fueron así parte de la formación clásica de La Regia Orquesta, la banda encargada de musicalizar en vivo con boleros, tangos y «jazz guachaca» una obra que marcó un hito en el arte popular chileno, y que los llevó a itinerar por Europa y Canadá (existe un CD de su trabajo, bajo el título La negra Ester). Aste —quien, para entonces, ya había abandonado los estudios formales de Música en la U. de Chile–, tuvo en la experiencia una formación invaluable. «Desde entonces estoy en una pirámide inversa. Es muy difícil lograr cosas que tengan ese nivel de diversidad y compromiso», contó más tarde.

Precisamente en La negra Ester fue que afianzó lazos de amistad tanto con Henríquez como con Javiera Parra, con quienes luego se asoció en otros importantes proyectos. Aste participó como acordeonista invitado de numerosos conciertos de Los Tres (y también del primer disco de esa banda, Los Tres), y llegó durante un período a convertirse en una suerte de integrante no oficial del grupo. En 1995 acompañó al cuarteto a Miami y registró con ellos su exitosa participación en el espacio «Unplugged», de MTV. Con Javiera y Los Imposibles, en tanto, se asoció como instrumentista y compositor desde la fundación del grupo y hasta poco después de la publicación de su disco La suerte (1998).

Para entonces, Aste ya era un músico de apretada agenda, con un sinfín de encargos y proyectos tan diversos como la producción del primer disco de La Rue Morge (1997), la musicalización de varios microfilmes para TVN (entre ellos, La chica del Crilón y El niño que enloqueció de amor) y el trabajo de investigación etnomusical junto a La Chimuchina, un conjunto fundado en 1993 con el novedoso objetivo de componer música contemporánea con instrumentos americanos prehispánicos.

Detrás del teclado
Poco a poco Aste comenzó a familiarizarse con las posibilidades de los sintetizadores y secuenciadores, y logró dar curso a sus descubrimientos en el grupo Los Mismos, al cual se unió hacia fines de 1999. Cuando el trío (también con Gabriel Vigliensoni y Silvio Paredes) comenzó a apoyar algunas presentaciones del cantautor Carlos Cabezas, surgió de un modo natural la idea de reeditar a los Electrodomésticos, el grupo que estos dos últimos músicos habían tenido durante los años ochenta. Así, los nuevos Electrodomésticos debutaron como quinteto hacia fines del 2002, y dos años más tarde ya tenían en tiendas un nuevo disco, La nueva canción chilena (en cuyos créditos Aste figura en teclados y coros).

El penquista era para entonces integrante simultáneo de tres bandas, y como si eso no fuera suficiente había fundado junto a Jose Martínez y la actriz Claudia Celedón el trío de teatro, música y humor Hermanos Martínez Internacional (el cual tuvo aplaudidas presentaciones para obras de sátira social, como Grito y plata). Mostrando una excepcional capacidad de trabajo, también fue suya en esos años la música de, entre otras películas, El Leyton (2002) y B-Happy (2003); así como la producción musical de Nometomesencuenta (2004), un experimento dirigido por José Pérez de Arce en el uso del guitarrón chileno. Entre tanto encargo, el penquista tuvo también un rato de exposición internacional cuando apareció brevemente tocando acordeón en un pasaje del exitoso filme Diarios de motocicleta (2004), para cuya banda sonora aportó, además, la tradicional «Chipi chipi» (con voz de María Esther Zamora).

«Nunca he firmado con ningún sello ni con un canal de televisión. Soy un eterno cesante», ha dicho Cuti Aste sobre su condición de permanente gestor de proyectos de rentabilidad no garantizada. Sus colaboraciones son incontables, e incluyen trabajos recientes también junto a los músicos Barraco Parra, Camilo Salinas y Los Pata ‘e Cumbia, entre otros. Como si fuese poco, dos discos autorales lo han ocupado hasta ahora: Estatuas de sal (2009) y Ven a ver (2014), pero incluso allí ha buscado trabajar en colectivo. También dentro de esa lógica de redes y colaboraciones debe insertarse su valioso aporte a la animación completa y parcial investigación de la serie televisiva «Pasos de cumbia», producción binacional que en 2012 se largó a investigar los orígenes de la cumbia por Nigeria, Camerún, Colombia, México, Perú, Argentina y Chile.

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