La Chimuchina

Como «un mix entre investigación e interpretación musical» definen su trabajo los integrantes de La Chimuchina, un grupo de existencia intermitente que ha realizado una labor única en la difusión de instrumentos y formas musicales precolombinas. Su génesis estuvo vinculada a la investigación arqueológica, y en su formación han compartido espacio profesionales venidos de áreas de investigación como la antropología, el diseño, la etnomusicología y la música popular (por la experiencia al respecto de Cuti Aste, el único músico profesional en su formación).

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Años

Santiago, 1993 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

La Chimuchina

Integrantes

José Pérez de Arce (1993 – •)
Claudio Mercado (1993 – •)
Víctor Rondón
Norman Vilches
Guillermo Cuti Aste
Christian Pino (2007 – •)
Marcos Pérez de Arce
Rodolfo Medina (2007 – •)
Pedro Pérez
Nicolás Pérez de Arce
Francisca Gili (2007 – •).

Marisol García

Con gracia, sus integrantes han dicho que forman un grupo que «toca una vez al año… pero a veces». Efectivamente, su trabajo es espaciado, y mantiene un ritmo de publicaciones por completo alejado de los estándares de la lógica promocional. Hacia el año 2007, el grupo cambió su nombre a Pichimuchina, marcando así la llegada de nuevos integrantes, aunque manteniendo su orientación original.

Pura improvisación
La génesis de La Chimuchina estuvo en una exposición de instrumentos indígenas que el investigador José Pérez de Arce montó en 1982 en el Museo de Arte Precolombino. La idea era acercar a los visitantes a los sonidos de esos misteriosos objetos vinculados a las culturas originarias de América, y por ello se convocó a un grupo de músicos a los que De Arce les dio una instrucción simple: «Tómenlos e improvisen algo». Nunca se planteó el trabajo como el de un grupo en cuanto tal.

Once años más tarde, cuando ya era investigador de planta de ese museo, Pérez de Arce conoció al antropólogo Claudio Mercado. Juntos decidieron rearmar la experiencia de grupo y convocar a más interesados. La formación de La Chimuchina desde entonces ha incluido, además de los dos integrantes ya mencionados, a Víctor Rondón, Norman Vilches y Cuti Aste.

Su primera publicación fue una edición doble de disco y libro aparecida en 1998 bajo editorial LOM y con el título de una de las exposiciones montadas por De Arce: «Música en la piedra». Más tarde, el disco Sonchapu (1999) trabajó más estructuradamente ideas aprendidas de siglos de música andina, incluyendo sorprendentes técnicas vocales (canto multifónico, nasal o «de garganta abierta») y una armonización de timbres que no distingue líneas solistas. El uso originario de estos instrumentos tuvo objetivos muchas veces místicos, y en La Chimuchina persiste la convicción de que la música puede producir estados diferentes de conciencia.

Muchos de los conciertos del grupo se presentan con nombres ingeniosos, como «La Chimuchina va a Chan Chan» o «Aguitakecorre». Algunos de ellos han integrado grabaciones de voces kawésqar y yámanas. El interés que desde los años ochenta mantiene José Pérez de Arce por el guitarrón chileno se ha integrado naturalmente a algunos de los conciertos, lo cual habla de un desprejuicio casi total, bien ilustrado por el desfile de jarros, silbatos, antaras, flautas dobles, sonajas y tambores que pueden pasar por el escenario.

En 2007, ingresaron al grupo seis nuevos integrantes, lo que motivó el cambio de nombre —temporalmente— a Pichumichina. Nueve años más tarde, el trabajo en un nuevo disco probó la continuidad del grupo. En un concierto de preparación para esa grabación (noviembre de 2016), se incorporó por primera vez a su sonido réplicas de flautas de piedra combarbalita fabricadas por uno de los miembros del grupo (Rodolfo Medina), a partir de las evidencias arqueológicas del Norte Chico y el valle de Aconcagua. Mapocho (2017) fue la coronación de ese proceso. El disco muestra el sudo de decenas de instrumentos para la creación de atmósferas «que invitan a un viaje sonoro inspirado en el Río Mapocho, su cauce y su historia».