Rock
Con más de cinco décadas de vida cumplidas a escala mundial y con la guitarra eléctrica como su arma predilecta de sonido, el rock es casi igual de antiguo desde su primera adopción en Chile a mediados de los años '50, y ha descrito una de las evoluciones más múltiples de la música popular local. Imitado al comienzo, chilenizado en parte por la Nueva Ola, transformado en himno nacional para el Mundial de 1962, puesto al día por jóvenes airados a fines de los '60, revolucionado por toda una nueva generación hippie y telúrica a comienzos de los '70, aguerrido bajo la dictadura, agitado por la new wave a mediados de los '80 y abierto hacia formas como el punk, el metal, el reggae o el pop, la música rock se ha multiplicado en un sinnúmero de nombres y tendencias desde los años '90 hasta la actualidad.
Raúl Lobito López es saxofonista de la generación pionera en la fusión del jazz, el rock y la música latinoamericana, que empezó a despuntar en los años '70 y '80. Fue integrante de dos agrupaciones consulares en las vanguardias de la época: Quilín (1979) y Alsur (1986). En su época posterior en Coquimbo, López abrazó las influencias nortinas, las geografías física y humana, así como los ritmos y danzas folclóricas de un vasto territorio en las puertas del desierto y el altiplano. Desde esa posición y en mezcla con lo jazzístico, a los 70 años escribió sus primeras composiciones y publicó su ópera prima; Sudamerijazz (2022).
Las artes plásticas y visuales fueron la formación académica de Silvio Paredes y en varios sentidos su trabajo en el campo de la música se ha situado en la búsqueda por aplicar algunos de los conceptos allí aprendidos a piezas sonoras, bandas y discos. El bajo eléctrico y el stick han sido los principales instrumentos de trabajo para uno de los fundadores del grupo Electrodomésticos, que también integró agrupaciones pop de distinta época, como Primeros Auxilios en los '80 y Los Mismos en los '90 y 2000, del que también fue fundador, compositor y conceptualizador. Como nombre propio ha desarrollado una búsqueda, también ramificada hacia la electrónica experimental, la electrónica de ambientes, el pop y la performance.
Precozmente se inició Betania López en el predominantemente masculino círculo nacional de reggae y ska. Años de residencia en Texas y Florida la acercaron a la música caribeña y afroamericana, y ése fue el cauce que decidió buscar en su trabajo como cantante. Su música combina elementos de reggae, ska, rocksteady y hip-hop, y ha ido incorporando con el tiempo un foco de creciente inquietud social, conectada a las lucha de su tiempo, como lo demuestran los singles post-estallido social "Santa capucha" y "Censura".
La más popular e internacional banda de reggae chilena nació en La Pincoya en 1987, pero debió esperar una década para convertirse en un fenómeno de la música chilena y alcanzar una considerable difusión en Chile y el extranjero. Su alternancia entre la ortodoxia del género, las citas a la cantautoría consciente y el pop de baladas (la más famosa, "Armonía de amor") ha sido en diferentes momentos una fórmula inteligente para su continuidad y difusión. Durante siete años, el grupo tuvo como vocalista a Quique Neira, y consiguió que su salida, en 2003, no disolviera al grupo. La banda mantiene hasta hoy un ritmo continuo de presentaciones; muchas de ellas, en el extranjero. Sus cambios de integrantes son una constante en un grupo que se entiende mejor como un colectivo de género que como una banda de identidad autoral inalterable.
A pesar de ser conocido masivamente como un músico de populares orquestas televisivas desde los años '80, la historia artística de Carlos Corales lo enviste con un título muchísimo más contundente que estas simples membresías. Corales es una de las llaves maestras en la instauración de la estética y la música psicodélica, el blues y el rock and roll en Chile desde fines de los '60, a través de su liderazgo del grupo Aguaturbia.
Nacidos en Concepción, y con un sonido que acusa fuertes influencias del blues y el rockabilly, Julius Popper nació el 2005 con el liderazgo del carismático Alejandro Venegas. Su nombre se inspira en un personaje de comienzos de siglo, que participó en la infame conquista de la Patagonia, y que ellos extrajeron del libro El corazón a contraluz, de Patricio Manns. La banda, que incluye teclados y bronces, comenzó presentándose en circuitos universitarios. La edición de un disco el año 2009 les ha permitido ampliar sus presentaciones a Santiago y otras ciudades, y contar con su significativo grupo de seguidores.
Han definido su música como pop bizarro, pop retorcido o música coneja. Pero las clasificaciones están de más para Mostro, el engendro que dos hermanos oriundos de Los Andes, Carlos y Jaime Reinoso, alimentan desde 2000 con una dieta de baterías, guitarras, teclados y otros aparatos en sorprendentes temas instrumentales. Durante su irrupción, el proyecto fue parte de una escena de música experimental independiente que aunó un espíritu común entre los músicos de la época, junto con agrupaciones como Uñas Negras, Umbría en Kalafate, Carroña, Congelador y Familea Miranda, entre otras.
Popular colectivo rockero que tuvo su primera difusión a partir de las gubernamentales Escuelas de Rock en la primera década de los 2000. Su estilo lo han definido como “rock mestizo”, y conjuga punk, reggae, ska y sonidos étnicos, además de un poderoso trabajo en vivo. La fórmula ha tenido un inusitado eco internacional, y ha estado decenas de veces en escenarios de Europa (y también en México). Keko Yoma se ha definido desde su origen como una banda en vivo (“la banda es una fiesta”), de enfoque muchas veces humorístico, y vistosas presentaciones, con elementos teatrales.
Iconoclastas, apurados por la urgencia, y responsables de un peculiar trabajo escénico y de letras, Supersordo consiguió en los años '90 un estatus de culto dentro de la escena de punk chileno (pese a que sus integrantes nunca estuvieron completamente cómodos dentro de esa clasificación y que, a la larga, han quedado inscritos en un sonido más cercano al post-hardcore). Su trabajo se desarrolló totalmente al margen de los medios de comunicación y grandes sellos discográficos, legando tres cassettes de inquietante ruido y hermético sarcasmo. La historia de Supersordo es valiosa como testimonio de trabajo independiente, y concentra a algunos de los músicos más activos de la escena de rock extremo y propositivo hecho en el país cuando la autogestión aún no era la norma.
Formado por uno de los integrantes del grupo Yupisatam, Inflamable fue un grupo de vida breve, una sola publicación y una apuesta de rock experimental que consiguió atención a mediados de los 2000. Nació como un proyecto para un ramo electivo de Ingeniería, y aunque su trabajo podría haberse quedado apenas en el encargo académico, la publicación del EP Inflamable (2006) demostró mayor ambición (el grupo jamás puso a la venta el disco, sino que lo regaló en tocatas o lo dejó para descarga en internet). Años después de la separación del grupo, Carlos Vargas debutaría como solista bajo el seudónimo Corderolobo.
Pop de tradición guitarrera y letras nostálgicas es el que ha cultivado La Belle Epoque, una banda nacida en Talca, que ha mostrado sus canciones en diferentes escenarios del circuito de música independiente de Santiago.
Agrupar las influencias del hip-hop y el funk sobre la columna del rock caracterizó la propuesta musical de Weiza, uno de los grupos que a partir de la cruza entre rap y metal buscó hacia inicios de la década de los 2000 mezclas con otros sonidos, como los del soul y ritmos latinos, según se oye en Buscando metas (2005), su disco debut. Su historia larga con algunos integrantes aún en su período escolar, y avanza por toda la primera década del siglo XXI. Colaboraciones con músicos como la banda 2X y el rapero Seo2 fueron hitos de esa primera etapa. La banda tuvo varios años de receso, hasta que en 2019 anunció nuevos shows, aprovechando una visita a Chile del Rudi Meibergen, hace años ocupado en Los Ángeles, California, como compositor de música para cine y televisión.
Con un espíritu a lo menos punk en lo performático, Asia Menor apareció en la escena del rock chileno de la pospandemia con un álbum rompedor como Enola Gay (2023), que al año siguiente le redituó el premio Pulsar en la categoría Nuevo Artista. Fue la consolidación de un proyecto impulsado desde Temuco cinco años antes y con propósitos totalmente dispares a los de una banda de rock como tal. Cuando los músicos se reunieron, no tenían un plan de llegar a grabar un disco con sus canciones. Ni siquiera tocar en directo, aunque esa realidad fue cambiando sobre la marcha tras el período de taller en que cuajaron un rock de varios bordes: el aspecto punk, desde luego, pero también otras direcciones musicales hacia la experimentación y la matemática del ritmo. Las canciones de ese álbum debut plantearon temas sobre la vida en una desesperanza, la ansiedad, el estrés y las frustraciones de una generación frente a ese paisaje.
Compositora y vocalista de Los Ex, y antes de Barracos, Colombina Parra tuvo el año 2011 un repentino debut solista, mucho más cercano al folk que a los códigos rockeros que distinguieron sus otros proyectos musicales. El disco Flores como gatos fue el primer paso de ese camino que entonces recorrió como nombre propio, y que quedó expuesto en una serie de trabajos con sonido y temáticas íntimas y sinceras.
En el Festival de Viña del Mar de 1985 actuó el discreto grupo suizo Krokus, hecho que marcó el punto de partida de Chronos, banda que pasó de la mera copia a los temas propios, y que fue el debut de Alfredo Lewin, único rostro chileno en el canal MTV Latino y actual director del proyecto mediático Rockaxis. José Inhen y Claudio Martínez, ex integrantes de embriones de Turbo, encabezaron Chronos, cuyo segundo baterista, Eduardo Topelberg consolidó su formación con un duro sonido y los llevó a ganar un concurso televisivo de rock.
Con un decidido carácter comercial, el grupo Los Larks fue la primera expresión local de vocación masiva inspirada en el movimiento beat que cautivaba al mundo a mediados de los años '60. Pese a su breve trayectoria —de algunos singles y dos LP—, el cuarteto no pasó en absoluto inadvertido gracias a su intachable ejecución musical, pero sobre todo por su curiosa caracterización visual del fenómeno colérico. Su repertorio entonces se basó en versiones de grandes éxitos internacionales de grupos como The Mamas and The Papas, Dave Clark Five, The Monkees y, por supuesto, The Beatles.
Por intereses y vínculos familiares no fue sorpresivo que Javiera Cereceda Parra se decidiera a una carrera profesional en la música. Partiendo por su abuela, la universal Violeta Parra, su árbol genealógico sostiene ramas artísticas destacadísimas, que incluyen a su padre, el cantautor Ángel Parra; sus tías Isabel y Colombina; sus tíos-abuelos Roberto, Eduardo y Nicanor; y su hermano Ángel. Pese a ello, la cantante ha logrado fortalecer con los años una voz propia, de asumida vocación pop gracias a su trabajo en bandas (la más importante, Javiera y Los Imposibles) y diversas colaboraciones musicales hasta hoy.
El intento por ser fieles a la raíz más sucia del blues mantuvo unidos por casi diez años a Los Revoltosos (identificados inicialmente como Revoltosos Guzmanes Swing). Los hermanos Klein y Jando Guzmán armaron la banda apenas se concretó, en el verano de 1996, su salida de Los Peores de Chile, y la desarmaron cuando ese grupo con Pogo en voz decidió rearticularse. Su trayecto fue un fiel y permanente homenaje al blues eléctrico que fascina a los dos hermanos desde su adolescencia.
El trabajo junto a La Ley ha difundido el trabajo de Mauricio Clavería por todo el continente, pero el baterista acumula en su currículo otras aventuras musicales de más discreta proyección, y supo orientarse en una interesante continuación musical en los años de pausa del trabajo de esa banda, entre 2005 y 2014, que incluyó la colaboración con bandas mexicanas como Los Concorde y Fobia. Instalado en México como sede de residencia y trabajo durante las últimas dos décadas, el baterista mantiene lazos permanentes con la comunidad musical chilena, lo cual explica la noticia de su incorporación a la banda Saiko, anunciada a mediados de 2019.
Tras varios años como compositor y cantante del grupo de San Bernardo Triburbana, Pancho Miranda inició un proyecto solista a fines de la década de los 2000. Como con su proyecto anterior, apostó por un lenguaje propio entre el rock y la música de raíz latinoamericana y sus canciones autorales se centraron en temáticas de contenido sociopolítico.