Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Patricio Chico es un guitarrista situado en el cruce entre el swing y el pop. Como lo hicieron otros solistas como el pianista César Ibacache o el tenorista Marcelo Moncada, aprovechó muy bien la residencia del músico y profesor Roberto Lecaros en Temuco desde 1997. Fue cuando el joven guitarrista se inició en el lenguaje jazzístico, a esa altura ya interesado en solistas de fusión como George Benson, Pat Metheny, Lee Ritenour y el argentino Luis Salinas. Chico realizó algunas colaboraciones con el bajista Jorge Campos, el baterista Pedro Greene y el compositor Leonardo Álvarez, además de musicalizar cortometrajes. En 2003 formó la banda Smooth Machine, con la que participó del circuito naciente del jazz temuquense, el paso lógico y previo a la edición de su primer álbum, Navijazz (2005), orientado directamente hacia el sonido smooth jazz.
En el triángulo de nuevos guitarristas de jazz que despuntaron al finalizar la década de 1980, aparecen Ángel Parra y Pedro Rodríguez, y en un vértice menos visible también se encuentra Álvaro Bello como otro de esos solistas que se abrieron paso hacia el jazz de la transición. Pero el músico chileno hizo su carrera largamente en París, ciudad en la que se radicó desde 1991 y desde la que logró no solo sus mejores momentos como sideman y en el liderazgo de sus propios proyectos jazzísticos, que incluían acordeón francés, sino también como compositor de música para escena y para imagen.
La Big Guns es la orquesta de swing formada por el compositor, arreglador y director estadounidense Carl Hammond, quien arribó a Chile en 2008 para trabajar como académico residente en el Instituto Projazz. Hammond inspiró a músicos jóvenes a tocar jazz en bloques y tras un período de trabajo como académico, en 2012 finalmente llevó a una agrupación su creatividad como orquestador. Formada por alumnos y exalumnos de Projazz, la Big Guns se unió al panorama de orquestas formadas desde universidades y escuelas, como la Réko Big Band (de la Universidad Católica) o el Ensamble Latinomoderno (de la Escuela Moderna). Ha trabajado además con cantantes como Rodrigo González, Natalia Ramírez y Magdalena Mendoza en la puesta en escena de canciones orquetadas de Ray Charles, Nancy Wilson, Buddy Greco, Rosemary Clooney y Joe Williams entre otras figuras.
Como Felipe Chacón, Rodrigo Galarce y Pablo Menares en tres tiempos previos, el de Alonso Durán fue un contrabajo de apoyo para una numerosa serie de músicos de fusión, pop y sobre todo de jazz, a partir de la segunda mitad de la década de 2000. Trabajó además como compositor y arreglador post-bop de manera intermitente, aunque lo que lo distinguió fue su metódica operativa, dinámica de enlaces y facilidad para acomodarse a distintos repertorios y formatos de banda variables.
Sebastián Castro fue uno de los más importantes y visibles músicos de jazz de la generación que arribó al circuito en la primera mitad de los años '10, con una militancia múltiple como sideman demandado por jazzistas mayores, como un nombre que vino a renovar la comunidad de pianistas y también como compositor con enfoque y narrativa propia. Sebastián Castro fue uno de los músicos que más profundamente desarrolló el lenguaje del piano trío, en una saga de álbumes con esa formación medular, a partir de agrupaciones muy diversas que organizó tanto en Europa como en Chile.
Desde el jazz y la música popular orquestada hasta la industria de la Nueva Ola y una prehistoria del rock local son instancias en las que dejó su huella Arturo Ravello, uno de los más importantes contrabajistas chilenos. Activo desde comienzos de los años '50, justo a tiempo para asistir a esos cambios musicales y generacionales, Ravello se inició en Santiago, se estableció en Arica a fines de los años '60 y fue un músico de orquestas, auditorios de radio, estudios de grabación y giras, acorde con el perfil del instrumentista popular surgido en una época de la que fue uno de los últimos exponentes hasta su muerte en 2011, a los 84 años.
Egresado de la Conchalí Big Band, Sergio González ha sido uno de los bateristas de jazz de la segunda mitad de la década de 2000. Luego pasó al Insituto Projazz donde fue formado por Andy Baeza, entre otros maestros. Como sideman integró el quinteto del guitarrista Cristóbal Gómez (2006) y el trío del pianista Pancho Aranda (2007).
Guitarrista de jazz y fusión, Miguel Jiménez es un ejemplar de la generación que vivió la transición musical durante la década de 1990. Más centrado en la enseñanza que en la creación autoral, fue un nombre sin demasiada visibilidad durante gran parte de la década de los 2000, aunque ello no le impidió de incursionar en distintos proyectos de jazz latinoamericano, jazz fusión, jazz manouche y jazz contemporáneo, como el que en 2017 desembocó en su primer disco como líder, Espiral.
Tenorista y sopranista pitrufquenino, Marcelo Moncada desarrolló su historia en el jazz de manera decisiva durante sus largos años como saxofonista en la ciudad belga de Amberes. Ahí llegó en 2002 para estudiar saxofón y luego formar sus propias bandas con músicos europeos. En ese desarrollo de extensiva evolución, Moncada comenzó en una línea musical próxima a Joe Lovano implementando tríos pianoless dentro del jazz contemporáneo, pero con el tiempo accedió a una narrativa propia cada vez más inmersa en el concepto del universo, el espacio y el tiempo, a través de diversos conjuntos de jazz avant-garde como su Space Quartet y tríos como Orbit, donde incorporó el uso de la electrónica. A ello, Moncada sumaría un proyecto estrictamente unipersonal denominado Travel Sax, con el que recorrió innumerables países junto a su saxofón eléctrico y dispositivos para tocar en solitario.
Ha sido una excepción en el jazz mundial, y ciertamente en el jazz local, el liderazgo de los contrabajistas, músicos hechos y formateados para el apoyo de un solista o como parte de una sección de ritmo. Salvo grabaciones como las de René Sandoval, Marco Reyes y Daniel Navarrete, el contrabajo permaneció por décadas en el plano secundario. Por eso la aparición de Rodrigo Álvarez desde Concepción señala también una vía de acceso a estas variantes. Álvarez publicó Creciente (2010) junto a otros músicos de esa ciudad sureña, y más tarde, con Concepción (2015), consolidó una faceta como compositor de jazz. Luego, Álvarez alcanzaría también la composición para música de cámara contemporánea, con obras para piano, cuarteto de cuerdas o clarinete solo.
Entre la contundencia arrolladora de un tenorista como Cristián Mendoza y la aguda profundidad musical de otro como Agustín Moya, está Maximiliano Alarcón, conocido en el circuito con diminutivos "bop" como Max o Maxi, su marca indeleble. Versátil solista del saxofón tenor, su punto de vista musical lo ha incorporado indistintamente a las escenas del jazz contemporáneo y a las de la música popular de raíces negras, con intervenciones en proyectos de soul, funk y hip-hop.
Skuas fue el proyecto de música avant-garde que reunió en París a los músicos que una década antes habían generado la primera experiencia de free jazz en Santiago de Chile: los hermanos Manuel Villarroel (n. 1944) y Patricio Villarroel (n. 1947), y Matías Pizarro (n. 1949). El nombre fue obtenido de un ave que habita en zonas remotas y en ultramar —en la Antártica chilena y las Islas Kerguelen—, y durante diez años de acción en Europa, amplió el rango y el concepto tanto de composición como de improvisación de sus integrantes.
Cyberjazz fue el primer proyecto de acid jazz en Chile. Liderado desde 1998 por el saxofonista Ignacio González y el guitarrista e ingeniero de grabación Dani Lencina, tuvo a la sobresaliente cantante de jazz Rossana Saavedra como frontwoman y una sección rítmica de jazz eléctrico con Pablo Vergara (teclados), Christian Gálvez (bajo) e Iván Lorenzo (batería), jóvenes y activos músicos que frecuentaban entonces Club de Jazz de Ñuñoa.
La coquimbana Natalia Corvetto es parte de una extensa línea de cultoras de una música moderna, una generación de cantantes que tiene a la penquista Susana Lépez, la temuquense Giovanna Arce, la chillaneja Cecilia Gutiérrez o la capitalina Miloska Valero, entre otras damas. Su propuesta se fundamenta en los ritmos de la música popular latinoamericana, el bolero y la bossa nova como columnas centrales, y desde allí da muestras de transformaciones que la han conducido hacia el jazz, el pop, el soul y la fusión. Su primer disco es Vuelo (2017).
La compañía de músicos que se reunieron en 1970 alrededor del pianista, crítico, gestor, disc-jockey y aficionado al jazz Pepe Hosiasson fue un muestrario de repertorio de las tradiciones jazzísticas sobre las que todos estos solistas aprendieron como asiduos participantes del Club de Jazz de Santiago. En 1953 Hosiasson había liderado su primer grupo, los Mapocho Stompers, siendo un joven de 22 años como cultor de la música de Nueva Orleáns, aunque con Swing and Company hizo un pequeño viraje al swing.
Gabriel Paillao, también reconocido en sus círculos como Gabo Paillao y en ocasiones con el pseudónimo de Knom en su proyecto personal de hip-hop, es pianista de jazz, compositor, productor, gestor cultural y activista. Pero sobre es el impulsor de una agrupación tan rompedora como La Brígida Orquesta, proyecto con el que ha obtenido dos premios Pulsar. Formado como niño músico en la Conchalí Big Band, se vinculó con las escenas de la música en la periferia, principalmente en la cultura del hip-hop. En ese alcance tocó el piano en Cómo Asesinar a Felipes y ha sido colaborador de una serie de nombres de las músicas independientes de raíz negra, desde el saxofonista de jazz Franz Mesko a la cantante de soul Celeste Shaw, pasando por los raperos Hordatoj y Portavoz, el grupo hip-hop Movimiento Original y Ana Tijoux, con quien ha salido de gira internacional. Su música como autor aparece en la serie discográfica Ayekafe (2021), que ponía en relieve la creación de los músicos de linajes mapuches.
Como integrante del árbol genealógico más trascendental en la música popular chilena, Ángel Parra, hijo de Ángel Cereceda Parra, estableció su vínculo definitivo con la música a través del jazz, alternando su paso también por los territorios del pop, el rock y la música de raíz folclórica. A partir de 1991 se convirtió en un referente de la guitarra eléctrica, como virtuoso y como parte del eje central entre los solistas de la historia de la música moderna. Sus únicos discos monográficos, sin embargo, fueron relecturas de la obra de su abuela Violeta Parra, a quien homenajeó en 2017, año de su centenario, con la revisión del fundamental cancionero contenido en el disco Las últimas composiciones (1966).
Trompetista formado en la modalidad clásica en la Universidad de Chile, que fue evolucionando hacia la improvisación y el jazz conforme se involucró la escena de estos músicos a partir de 2009. Alejandro Pino se inició como músico joven tocando entre 2001 y 2007 en el Orfeón Juvenil de Cañete, donde nació y creció, hasta que se trasladó a Santiago para estudiar. Fue alumno del pianista Martin Joseph en sus talleres de música improvisada y luego se integró a su septeto Pacific Ensemble, que grabó el disco Roundabout (2015). Además ha sido sideman de los guitarristas Diego Farías, Tomás Gubbins y Nicolás Reyes, integró el octeto del baritonista Pablo Jara y como músico del Ensamble Quintessence grabó el disco Décimo (2015). En una ruta de colaboraciones y cruces, Pino tomó posición de colíder en una secuencia de trabajos iniciado en 2016 con Atmósfera, y en 2019 con Estratósfera, dúos junto al pianista y cercano colaborador Valentino Baos. Luego continuó con discos como Desde el centro (2021) y Camino - origen (2025), junto al guitarrista Sebastián Pan. En 2026, Alejandro Pino editó La nueva semilla, su primer álbum como líder de un cuarteto al que presentó como Semijazz y donde él incorporaba a la música de jazz contemporáneo elementos procedentes el rock, de la música popular chilena, la música docta e incluso de la música urbana.
Trío formado por el guitarrista Gabriel Feller, el bajista Rodrigo Ríos y el baterista Julio Denis, que asumieron cada uno una identidad en el nombre de este proyecto nacido en 2004 y que realizó una mezcla entre jazz, rock, funk, electrónica y música imporvisada. En una breve historia dejó una grabación y puso a sus tres integrantes hacia diversas escenas musicales.
Ramona Estrella es el nombre que en 2019 adquirió la cantante, guitarrista y compositora Bernardita Fiorentino para una etapa nueva en su música tras un largo período como exponente del jazz vocal. Se inició antes de cumplir los 20 años en una escena vinculada al swing y paulatinamente fue accediendo a nuevos espacios, cada vez más arriesgados y experimentales hasta desembocar en un proyecto pop que llevó adelante entre Santiago y Melbourne, Australia. El disco que abrió ese camino para ella fue Despacia I: dolor (2020).