Pablo Garrido

La figura de Pablo Garrido, compositor académico, violinista, director de orquesta e investigador del folclor, aparece en el “año cero” de la cronología del jazz chileno. Es el pionero, el prócer y un “patrono” de este gpenero aprendido, uno de los más antiguos en nuestro país. No sólo fue Garrido el primer músico en asumirlo como estilo en sus obras, además se transformó históricamente en su principal difusor, a través de escritos (la traducción al español de Jazz hot, del francés Hughes Panassié), magistrales charlas y el patrocinio a decenas de músicos durante las décadas de 1920 y 1930.

Fechas

Valparaíso - 26 de marzo de 1905
Santiago - 14 de septiembre de 1982

Décadas

1920 |1930 |1940 |1950 |1960 |1970 |

Géneros

Grupos

Pablo Garrido

Iñigo Díaz

Miembro de una familia porteña de artistas e intelectuales, tuvo sus primeros estudios musicales a la temprana edad de cuatro años. Primero el piano, pero tras perder una pierna en un accidente, pronto se pasó al instrumento que lo representaría para siempre: el violín. Siendo muy joven se integró a la orquesta de música popular que dirigía su hermano apenas tres años mayor, Juan Santiago Garrido. Fue una época abierta para un Pablo muy sensibilizado además por la certeza de su homosexualidad, quien pudo balancear el amor por la música docta a través de sus estudios de composición, y el magnetismo que le generaba la aparentemente inacabable fuente de inspiración que de la música popular. Aún no cumplía los 20 años cuando estrenó su primera obra (“Tonada”, 1923) y ofreció su primera charla.

Los viajes y las big bands
Ese mismo año fue el punto de partida en su carrera como músico. Una escalada que estaría igualmente abierta a la creación como a la difusión. A su catálogo definitivo de obras se suman unas 500 conferencias a través de 35 países y dos mil artículos de crítica musical publicados en medios masivos y revistas universitarias, incluso fuera de Chile. Para 1924, ya llevaba dos años visitando el segundo piso del establecimiento porteño llamado Baños del Parque. Era un salón de baile donde llegaban los marinos norteamericanos, con instrumentos musicales y discos de jazz, y donde también acudían los músicos populares chilenos. Garrido reclutó a algunos de ellos para formar su primera Royal Orchestra, elenco con el que pudo dar curso a sus motivaciones musicales en este campo.

Cuando se presentó liderando esta agrupación en un concierto en el Salón Victor en Valparaíso y luego en una temporada de actuaciones en la porteña confitería Colón, Garrido despuntaba como el joven director de big bands que inauguró las sonoridades jazzísticas en nuestro país. La Royal Orchestra era una versión chilena de las brillantes big bands americanas (aunque sólo tuviera unos ocho músicos en sus inicios), muy emparentada con la línea de la banda de Paul Whiteman.

Impulsado por un poderoso afán de conocimiento, se embarcó en un viaje de estudios que lo sacó del país entre 1926 y 1932. En esos años viajó por América Latina y Europa, y tuvo la posibilidad de ver actuar a figuras como Paul Whiteman, George Gershwin y Duke Ellington, tres de los más importantes compositores del jazz clásico. Conmovido con la experiencia, regresó a Chile para reagrupar sus orquestas.

En 1934 se instaló en el capitalino y lujoso local Lido (alternando hasta 1938 sus actuaciones en la boite Tabarís), para dirigir un quinteto en el cual actuaba como violinista y donde tuvo a dos de los saxofonistas más importantes de la época: José Sein y Jorge Martínez. Desde 1934 dirigió también la orquesta del Casino de Viña del Mar, incorporando más instrumentos de viento a las secciones, de la misma manera en que operaban las grandes y más famosas bandas del swing. Entre estos hombres aparecieron Samuel Contreras (trompeta), Eugenio González (piano), Augusto Brown (guitarra) y Carlos Salas (violín), su más trascendental discípulo. Con estos dos últimos músicos formó en 1935, el Trío Los Dodos, banda que tuvo como escenario principal el estudio de Radio Chilena.

Sus obras doctas estaban ya inmersas en el influjo del jazz. Las más conocidas son “Jazz window”, pieza para piano y saxo alto (la primera obra escrita en Chile para este instrumento de viento), y “Black fire”. Ambas, piezas de cámara donde el swing por tímido que fuera brotaba por todos lados. “Black fire” fue escrita para el violinista Carlos Salas, quien era por entonces uno de los más expresivos músicos de jazz del circuito, adiestrado en esta línea, por Pablo Garrido al interior de la Royal Orchestra. Paralelamente Garrido comenzó la publicación de crónicas que describían el devenir del jazz chileno (“Recuento integral del jazz en Chile”), una serie de entrevistas con sus pares (los directores de big bands Bernardo Lacasia, Lorenzo D’Acosta o el uruguayo Buddy Day), así como también organizó magníficos encuentros conocidos como “jazz sinfónico”. En esta serie de conciertos estrenó el clásico de Gershwin “Rhapsody in blue” (1935) y su propia “Rapsodia chilena para piano y orquesta” (1937).

Una de sus últimas conexiones con el jazz se produjo al finalizar los años ’30, cuando apareció como uno de los hombres que creyeron en el proyecto de los nuevos y muy jóvenes jazzistas que pretendían abrir un espacio para practicar un jazz que se diferenciara del que desarrollaban las grandes orquestas de la época (los músicos del grupo The Chicagoans). Ese impulso llegaría a convertirse, unos cuatro años más tarde, en el primer emplazamiento del Club de Jazz de Santiago. Pero todos estos antecedentes en torno a Pablo Garrido se cierran abruptamente al comenzar los años ’40, cuando se alejó del jazz para siempre aduciendo molestia por la desvirtualización masiva de esta música.

Los estudios de la cueca
Entonces se volcó a su labor como compositor e investigador del folclor chileno, transformándose en una de las personalidades más significativas en la incorporación de esta música a la academia. De hecho, Pablo Garrido llegó a ser considerado un depurador del carácter autóctono del folclor.

En 1943 lideró la Caravana de la Música Chilena, un proyecto itinerante con que recorrió el sur de Chile y Argentina hasta llegar a Buenos Aires. A la cabeza de una pequeña agrupación consular, Garrido actuaba además como violinista, junto a Luis Aguirre Pinto, y con músicos como Pedro Mesías (piano), Luis Silva (cello y guitarra) y la cantante Carmen del Río. Garrido ofrecía música criolla, mapuche y pascuense y luego obras de compositores doctos también vinculados a la música popular, como Pedro Humberto Allende.

Relanzó su proyecto personal de giras de estudio. Primero, en el período 1948-52 (donde se radicó en Nueva York), luego en 1958-60 (donde recorrió toda Sudamérica y Centroamérica) y finalmente en 1965-66 (con un largo paso por Europa). En todos estos viajes dictó conferencias sobre música de raíz folclórica chilena.

Si Garrido no logró un reconocimiento a su obra como músico docto —como sí ocurrió en el mundo del jazz chileno y del folclor— fue básicamente por las significativas discrepancias que tuvo por largos años con Domingo Santa Cruz Wilson, representante de la institucionalidad de la música docta chilena a través del Conservatorio de la Universidad de Chile. Sus obras no son del todo conocidas. Sí lo fueron sus estudios sobre la cueca.

Por eso quienes más lo recuerdan con el máximo respeto fueron siempre los folcloristas, incluso más que los jazzistas (Margot Loyola grabaría en 1972 sus canciones “En el fondo del río” y “Para qué llorar”). En 1941 Garrido había realizado un documento sobre la fiesta de La Tirana y en 1943 publicó su libro Biografía de la cueca, material que pasó a ser un clásico del género. Entonces ya planteaba la tésis de la presencia africana en la música más emblemática de nuestro país. Aun cuando esta idea fuera expuesta por Garrido muy solitariamente entre el mundo científico. Décadas después aparecieron estudios que lo respaldaron.

El Historial de la cueca (1979) fue el volumen cúlmine del estudio total sobre la danza nacional. Su origen puede detectarse décadas antes, a través de todos aquellos largos viajes que realizó por el interior en busca de respuestas, tal como también ocurrió con la propia Margot Loyola desde el punto de vista de la interpretación musical. Garrido lo hizo desde la musicología. Tres años después fallecería en condiciones de vida muy pobres, respetado por los folcloristas primero, por los jazzistas después y por los músicos doctos al final.

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