1990
Un único disco le bastó a Christianes para quedar inscrito entre lo más interesante que sucedió con el rock chileno de los años noventa. Poco amigos de la exposición, cobijados en un sonido riguroso y profundo, sus integrantes no lograron acomodarse del todo a la inesperada fama que les trajo el single "Mírame sólo una vez". El suyo fue un cruce inusual entre los mundos alternativo y masivo que entonces sostenían la dinámica musical en Chile, y permitió entre otras cosas dar a conocer el trabajo de Cristián Heyne, quien luego destacaría como cotizado músico y productor.
Cada vez que el más reconocible cantante de Inti-Illimani, José Seves, entona el homenaje a Víctor Jara que es "Canto de las estrellas", se escuchan los versos de Moisés Chaparro. Es la composición con que este autor ha trascendido hacia el gran público en su rol de compositor, con la base que le dan sus completos oficios de cantor, poeta popular y payador, su faceta más frecuente.
En su versión política y de tendencia anarquista, el punk de los años 2000 en Chile tiene a uno de sus principales nombres en Malgobierno, banda recurrente en el circuito subterráneo de Santiago. Nacido en 1996 en un barrio al sur de la capital, el grupo ha editado dos discos con el apoyo del sello Masapunk, del cual son parte del núcleo fundador. Sonido hardcore y letras que hablan de política contingente (e informada) y de historia chilena distinguen a esta banda como una de las más serias en la escena local.
Luego de las muchas sociedades musicales que ocuparon al músico Miguel Conejeros desde los años ochenta, Fiat600 ha resultado ser su proyecto más duradero y de amplio alcance. La autogestión de esta persistente propuesta electrónica es la marca musical más profunda de un músico vinculado en su temprana juventud al punk-rock local, y que también mantuvo en paralelo al dúo Bipolar, pero que hoy se asienta cómodamente a solas entre máquinas.
Compositor y nombre clave para la tradición popular chilena de los años '60, Eduardo Carrasco fue el pilar de Quilapayún desde sus inicios y hasta bien entrados los años '80, lo que significó acompañar su trabajo incluso en las turbulencias propias del exilio. Fundó el conjunto junto a su hermano Julio y el cantautor Julio Numhauser cuando aún era estudiante de Filosofía del Pedagógico de la Universidad de Chile. De ahí en adelante, Carrasco se convirtió casi en un símbolo del carácter disciplinado, creativo, generoso e investigativo que distinguió a Quilapayún, sin contar, por cierto, el de su férrea militancia comunista. Abandonó el conjunto entre 1988 y 2003, y en ese período su trabajo musical público fue más eventual que regular.
René Sandoval es el más europeo de los contrabajistas chilenos de jazz. La profundidad de su sonido y la aproximación al bop así lo acreditan. Porque ni Roberto Titae Lindl (durante su etapa jazzística, con estudios en la austríaca Salzburgo), ni Nelson Arriagada (en la alemana Hannover) llegaron al punto más alto de sus capacidades estando en Europa. El traslado de su residencia a Suecia en 1986 transformó a René Sandoval en un músico ciento por ciento construido fuera de Chile.
El reconocido actor de teatro, cine y televisión desde mediados de los ’80 acredita un pasado primeramente musical que debió suspender durante un largo período debido a su actividad actoral. Bastián Bodenhofer proviene de una familia de músicos liderada por su madre, la compositora contemporánea chileno-alemana Leni Alexander (1924-2005) y continúa luego con sus hermanos mayores, la pianista clásica Beatrice (n. 1943) y el ecléctico compositor Andreas (n. 1945).
Tiro de Gracia fue el primer grupo que emigró desde la escena marginal del hip-hop chileno para transformarse en un referente masivo, capaz de llamar la atención incluso de un público habituado al pop. Éxitos suyos como "El juego verdadero", "Melaza" y "Viaje sin rumbo" le mostraron a la audiencia una adherente propuesta de rap en castellano de impecable producción; y a la industria, un nuevo segmento comercial que explotar, dando pie a la contratación a gran escala de bandas como Makiza, Rezonancia y Frecuencia Rebelde; ninguna de las cuales llegó a equiparar su fenómeno. Su álbum Ser hümano!! (1997) es una de las indiscutidas cumbres en la historia local del género, además de una publicación elocuente de las más interesantes tendencias de cambio durante los años '90 en Chile.
Saxofonista tenor norteamericano que inscribió su nombre entre los nuevos y muy destacados solistas de la década de 2000. Un caso poco usual dado que Pérez, aún siendo extranjero y con estudios en su país, desarrolló prácticamente la totalidad de su carrera como músico profesional en Chile. En el corto período que actuó como jazzista, Pérez se convirtió en un connotado y respetado solista, y su sorpresiva salida del circuito de alguna manera mermó la categoría que estaba tomando el jazz de esa nueva época. En 2004 publicó su único disco, una mirada impresionista a la ciudad que lo había recibido: Santiago stories.
Horacio Salinas es uno de los compositores más relevantes en la música popular contemporánea chilena, durante la era post Violeta Parra y Víctor Jara. El histórico director musical de Inti-Illimani y muy claramente la máxima fuente creativa de este conjunto capital de la Nueva Canción Chilena, entregó más de 80 piezas a su catálogo y fue parte del elenco desde la fundación en la ex Universidad Técnica en 1967, con apenas 16 años. Por desaveniencias musicales y personales Salinas dejó el grupo en 2001. Luego se convirtió en el director de Inti-Illimani Histórico.
Antonio Toño Restucci es uno de los compositores y solistas más relevantes en la historia de la música de fusión en Chile. Guitarrista y sobre todo mandolinista, generó un lenguaje musical que terminó ramificándose en la música chilena contemporáne, en distintos espacios y tiempos, consolidando una posición aparentemente secundaria como nombre propio, pero central como una entidad musical desde la década de 1980, cuando la idea de fusión pasó de ser una vanguardia a una escuela musical. Antonio Restucci ha sido un músico influyente y respetado, a partir de esa propuesta de mixturas musicales desde sus cuerdas, acústicas, que toman elementos del folclor latinoamericano, la música flamenca, la música docta y el jazz fusión.
En 1997 una fracción del conjunto Acuarela dejó para siempre este proyecto con el objetivo de desarrollar sus propias ideas en torno a la música infantil. Un año después nació Agualuna, septeto electroacústico integrado por compositoras, cantautoras, multi-instrumentistas y profesoras de música, quienes dieron un importante paso estético al integrar en sus creaciones una serie de elementos de la música popular históricamente vedados para los niños.
Considerado el primer conjunto chileno jazz-rock establecido, según advierte el musicólogo e investigador Álvaro Menanteau, Quilín escribió una historia paralela a la oficial dentro de la música popular en nuestro país. Con más de 25 años de vigencia, jamás obtuvo el reconocimiento de un medio que en definitiva la transformó en una banda de culto por excelencia. Un proyecto único, que nunca se encasilló ni en los circuitos del rock ni en los del jazz, lo que generó a sus músicos todo tipo de contratiempos en los antiguos festivales del rock periférico y en los programas habituales de jazz, dado que en ninguno de ambos frentes, Quilín fue plenamente reconocido como pares.
Surgido en una de las comunas más pobres de Santiago, el grupo Legua York (también presentado como Leguayork) es uno de los referentes chilenos de un hip-hop político y combativo, y uno de los primeros en conjugar la carga ideológica de movimientos como la Nueva Canción Chilena con el registro de la cultura de calle. Cultores de un perfil opuesto al de bandas súperventas como Tiro de Gracia o Makiza, Legua York se nutrieron de las raíces de la música negra para musicalizar sus rimas marcadas por la denuncia y la crítica social, las que han sido ampliamente difundidas por medios de la izquierda política.
Uno de los trabajos más importantes y reconocidos de Guillermo Willy Bascuñán ha sido el que desarrolló durante los años sesenta junto al conjunto vocal Los Cuatro Cuartos (sobre todo, por su labor en el disco Al séptimo de línea). En sociedad con Pedro Messone y Luis Chino Urquidi, el cantautor le dio ahí forma a parte de lo mejor de la corriente conocida como Neofolklore, que volvió a hacer atractiva la raíz chilena y sudamericana, de acuerdo a un trabajo vocal y de arreglos nunca antes realizado en el país. Pero el músico ha destacado también en experiencia junto a otros grupos, como solista y —sobre todo— como autor para canciones popularizadas por otros. Su aporte al respecto incluye títulos clásicos de la canción chilena, como "El solitario", "Cuando rompa el alba", "El ovejero", "Los viejos estandartes" y "Voy pa' Mendoza".
Los patios y salas del antiguo Pedagógico en Santiago fueron el lugar de origen de Newen, definido como un conjunto femenino de música latinoamericana e integrado por estudiantes de pedagogía (inicialmente, bajo dirección de Carola Contreras). El conjunto ya completa tres décadas de vida, ocupadas con grabaciones, giras y presentaciones constantes, siempre con mujeres como integrantes. Su discografía muestra la evolución desde la recreación de ritmos tradicionales (festejo, vals peruano, bolero, huayno, zamba, saya-huaylas) con composiciones propias.
Roberto Lecaros Venegas es el primer jazzista de un clan de músicos que tiene varias generaciones. Es una figura carismática, creativa y compleja en su esencia, nombre fundamental en la cronología del jazz chileno desde el inicio de la década de 1960, que tuvo seguidores acérrimos y grandes detractores durante toda su carrera. Violinista, cornetista, tubista, contrabajista y pianista, se desempeñó en el jazz sin prejuicios como nombre activos tanto en los ambientes tradicionalistas como en las escenas modernistas. Pero en su historial aparece la labor de profesor como la actividad con que más alcanzó, enseñando los misterios de esta música a distintas generaciones, ya desde los años '80. En 2014 se convirtió en el primer jazzista en recibir el título de Figura Fundamental de la Música Chilena, que concede la SCD. El pequeño multifacético del jazz chileno.
"Soy payador rancagüino" es la definición que firma Leonel Sánchez Moya, escrita en el verso octosílabo propio de la décima. Aunque nacido en 1961 en la localidad de la Punta de Codegua, hoy llamada la Punta de Mostazal, este payador con nombre de futbolista, campesino y cerrajero de profesión, se estableció en Rancagua en 1971. Es junto a César Castillo, El Tranca; y Luis Carreño Campos, entre otros, uno de los nombres frecuentes en el canto popular acunados en la Sexta Región.
Los cercanos a los círculos santiaguinos de hip-hop saben bien que Gastón Gabarró merece muchos más créditos que sólo los de ser un ex integrante de Makiza. Cenzi fue también pilar del dúo Némesis, y ha asesorado —como productor, compositor o programador— decenas de discos realizados en Chile desde los años noventa; incluyendo trabajos de Tiro de Gracia, ZicutaEjecuta, Las Corrosivas y el colectivo Demosapiens, entre otros. Es, además, fundador de la etiqueta independiente Aguasónica. Pese a una vida repartida entre Chile y Canadá, y las varias asociaciones que han dirigido su trayectoria, el suyo es un trayecto musical que no ha tenido interrupciones.
Una trayectoria larga y diversa ha convertido a Mario Rojas en una fuente valiosa de consulta sobre música popular de origen urbano y, en especial, sobre la cueca, un género que este compositor, productor, guitarrista y cantor ha ayudado a difundir de un modo valiosísimo a través de un popular sitio web (CuecaChilena.cl), un programa televisivo para el extranjero, un libro escrito a la manera de una crónica personal (El que sae, sae) y el único documental que alcanzó a registrar a la formación original del grupo Los Chileneros.