Fiskales Ad-Hok

Uno de los escasos grupos chilenos que desde los márgenes de la industria ha tendido puentes entre décadas ha sido Fiskales Ad-Hok. Muchas bandas punk surgidas en medio del interesante momento creativo que motivó la resistencia a la dictadura fueron quedando en el camino o se vieron agotadas una vez que Chile entró en la transición democrática. Pero Fiskales Ad-Hok ha ido encontrando con los años nuevos blancos de denuncia, ampliando su grito hasta asegurarse de que a nadie le sea fácil evadirlo.

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Años

Santiago, 1987 -

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Integrantes

Álvaro España, voz (1987 – •)
Rubén Roli Urzúa, bajo (1987 – 2016)
Pogo, guitarra (1987-1991)
Cyril, guitarra (1987)
Lagarto, batería (1987)
Víbora (Marcelo Larralde), guitarra (1991-2002)
Micky Cumplido, batería (1991-1997)
Guardabosques (Álvaro Rozas), guitarra (1996 – ?)
Rodrigo Memo Barahona, batería (1997 – •)
Mecha de Clavo (Juan Pablo Arredondo), guitarra (2004 – ?).
Jaime Alarcón, guitarra
Álvaro Salazar, guitarra

Marisol García

A lo largo de la extensa carrera del grupo ha latido en sus discos un mismo pulso que ha convertido a sus canciones en dardos veloces contra autoridades, promesas vacías y, a veces, hasta contra ellos mismos. Su sistema de trabajo autogestionado ha resultado de gran influencia para varias bandas formadas a la luz de su ejemplo, y demuestra que incluso un grupo de punks chilenos está capacitado para manejar su propia empresa (el sello C.F.A.), organizar giras a Europa, y agitar los escenarios locales sin más ayuda que la de sus fans. «Antifascistas, antisexistas y a favor de la autogestión», según propia definición, Fiskales Ad-Hok es, además, un grupo de características únicas en la historia de nuestro rock, con vaivenes en su historia y formaciones pero un trabajo activo hasta la fecha.

Pioneros punks de Santiago
Su biografía estuvo inicialmente vinculada a la del llamado underground santiaguino de los años ochenta. El grupo debutó en uno de esos encuentros de rockeros, pintores, actores y bailarines que el entonces activo director teatral Vicente Ruiz se encargaba de organizar pese a la supervisión militar. Los Fiskales se presentaron por primera vez en vivo durante una Bienal Underground, montada en el desaparecido Trolley como tributo a Cristián Sáez Jara, pintor y punkie que alcanzó a brillar bajo el nombre de TV Star en un grupo de vida breve: Dadá. Había sido él quien le propuso a Álvaro España bautizar a su nuevo grupo como Fiskales Ad-Hok, y así satirizar a uno de los personajes más reconocibles de la institucionalidad de la época, el fiscal Fernando Torres Silva.

Tras el paso fugaz de los Pinochet Boys, no existía entonces en Santiago un círculo que pudiera identificarse como parte de un movimiento punk, si bien se destacaban la furia a golpes eléctricos o el nihilismo de bandas como Los Jorobados, Zapatilla Rota o Índice de Desempleo. Los Fiskales Ad-Hok debieron, por eso, fundirse en un principio con las bandas de thrash que hacia mediados de los años ochenta se tomaban cada fin de semana recintos como el gimnasio Manuel Plaza. La resistencia a Pinochet se encauzaba aún sobre todo en peñas y las canciones del llamado Canto Nuevo, sin que nadie hasta Los Prisioneros consiguiera despercudirla.

Tal como el trío de San Miguel, los Fiskales se propusieron sacudir la estolidez juvenil ante el rock, arriesgando algunas veces hasta su integridad física en la cruzada. Testigos recuerdan su presentación en un acto artístico organizado durante la toma de los estudiantes de la Universidad de Chile que pedían la salida del desginado rector José Luis Federici. Según el libro La era ochentera, Álvaro España enfrentó a los orgullosos activistas con la actitud de quien no sentía mayor respeto por la academia: «¡Párense, hippies culeados! ¡Paren la raja, huevones!», les gritó poco antes de bajarse, decepcionado, del improvisado escenario.

¿Respondía su música a lo que entonces el mundo entendía por punk-rock? Sin internet ni televisión por cable, el acceso de Chile a la información musical extranjera era peor que atrasado, y mal podía exigírsele códigos formales a un país que a principios de los años ochenta todavía no se daba por enterado de la explosión de los Sex Pistols ni los Clash en Inglaterra. Pese a ello, la esencia espiritual básica del punk la tenían los Fiskales a plenitud. Era un grupo de músicos amateurs, dispuestos al «hazlo tú mismo» casi como único argumento existencial. Además, su aspecto seguía las pautas de delgadez, negro y raros peinados nuevos como traje oficial del descontento.

Primeras grabaciones
«Nadie sabía tocar nada. Tampoco teníamos instrumentos», recuerda Roli en La era ochentera. «Eran las puras ganas, y unos pocos ensayos que habíamos hecho construyendo una batería con tambores de cartón». El bajista venía saliendo de un período de militancia en las Juventudes Comunistas, y buscó en su banda otro modo de agitar socialmente al Chile bajo dictadura. Según Álvaro, «nuestra idea era hacer extremismo musical; hacer una banda para putear a los milicos». Además de la precariedad técnica, sus conciertos comenzaron a distinguirse como una experiencia de intensidad casi física, que ninguna otra banda chilena era capaz de motivar. Fue común que muchos de sus recitales quedaran inconclusos para evitar problemas mayores.

Los Fiskales miraron a lo lejos el llamado boom del pop chileno, y luego vieron cómo esas mismas bandas caían una a una. Quizás la principal cercanía ideológica se daba, en su caso, con Los Prisioneros; pero los Fiskales jamás pensaron en sí mismos como un grupo apto para las radios ni la televisión. Su primera emisión radial se dio dentro del programa “Melodías subterráneas”, de Rolando Ramos: «Apestan los burgueses», cantaban en ese primer demo mostrado al país.

Su debut discográfico no se concretó sino hasta 1993, cuando bajo etiqueta Batuta Records apareció Fiskales Ad-Hok, un disco difundido sobre todo por las canciones “Borracho” y el cover “Pa pa pa”. El año anterior, el cuarteto había abrazado un sueño personal al abrir el concierto de la fundacional banda neoyorquina Ramones en Chile. La furia contenida en ese primer álbum no dejaba dudas sobre su vocación antisistema. En la canción “El cóndor”, Álvaro España disparaba: «Esto no es una canción, es un insulto radical / cómo quisiéramos mear en un casco militar / también podríamos quemar una bandera de Renovación Nacional / y ver tirado en un basural uno que otro puto general…». En “Libertad vigilada” lo que salía era una advertencia: «No seas policía ni seas capellán / Escucha: no te metas en lo mío».

Gestión del sello C.F.A.
La única experiencia del grupo con la distribución disquera formal se dio en 1995, cuando aceptaron un contrato con Culebra, un subsello de la multinacional BMG que entonces pretendía encauzar la música de bandas locales poco amables con el mercado (Entreklles y Los Peores de Chile, por ejemplo). Bajo ese trato apareció Traga! (1995), el disco que incluye uno de sus mejores temas, “No estar aquí”. Eran malos tiempos para la industria completa, y bandas y sellos volvían lentamente a los puestos antagónicos en los que habían partido. El acuerdo de la banda con la etiqueta no duró demasiado. El paso de Fiskales por BMG les dejó algunas lecciones, pero sobre todo la convicción inclaudicable de que la gran escala no se ajustaba a sus pretensiones.

Es desde entonces que el grupo gestiona todos sus discos y giras de modo independiente. En 1997 formaron el sello C.F.A. (Corporación Fonográfica Autónoma), con el fin de dar curso tanto a sus publicaciones como a las de otras bandas chilenas. Su primera edición fue Uno, un compilado de bandas afines; y luego vinieron cassettes y CDs de grupos como Supersordo, Vadca, Hielo Negro y Yajaira. El primer disco suyo para la etiqueta fue Fiesta (1998), un trabajo que generó un estimulante interés —su cover para “Resistiré”, del Dúo Dinámico, llegó incluso a radios— y con cuyas ventas pudieron financiar parcialmente un viaje a Europa.

A través de contactos dejados en Alemania por LaFloripondio, el grupo viajó en mayo del año 2002 a Hamburgo para embarcarse en presentaciones por ocho países a lo largo de dos meses. «Fue una experiencia espectacular: por su cultura, por su gente, por lo que hicimos, por todo», dijeron a su regreso. Sin embargo, la salida también los dejó con una baja. Enamorado de una europea, Víbora decidió dejar la banda e instalarse en el extranjero.

Los viajes han resultado importantes para el grupo, también por un asunto de información y activismo. En Fiskales la disciplina independiente ha ido de la mano con la firmeza para asumir su trabajo como parte de una inquietud social. «Políticos de cuneta», los llamó alguna vez el diario La Nación. Si bien el enemigo por combatir tuvo en sus inicios el rostro omnipresente de Augusto Pinochet, también bajo democracia los Fiskales Ad-Hok mantuvieron la lucidez necesaria para denunciar cada una de las deudas de la Concertación. La liberación de los presos políticos (para quienes tocaron en vivo en 1999, en plena Cárcel de Alta Seguridad), la defensa de los grupos indígenas afectados por megaproyectos energéticos, y las reivindicaciones mapuches han sido algunas de sus causas públicas. El grupo participó en sucesivas versiones del Festival de Resistencia Mapuche organizado en Santiago, y también de un masivo concierto de protesta por la senaturía vitalicia del ex dictador, en marzo de 1998 (junto a Santo Barrio, BBs Paranoicos y Los Morton).

Pausa de trabajo y Malditos
Para sorpresa de sus seguidores, los Fiskales Ad-Hok anunciaron a principios del año 2003 una pausa de trabajo que no quisieron aclarar cuánto duraría. Estaban cansados y, en palabras de Roli, «ya no había pino en el asunto». Sin embargo, en menos de doce meses ya estaban juntos de nuevo, organizando con entusiasmo una segunda gira de conciertos por Europa (concretada a principios del 2004, durante dos meses, y con más de treinta fechas).

Ese regreso a los escenarios coincidió con el brillo inesperado que tuvo un documental sobre su trabajo. La génesis de Malditos, la historia de los Fiskales Ad-Hok fue atípica. El realizador Pablo Insunza llegaba recién de un tiempo en España y quería plasmar audiovisualmente el movimiento de jóvenes punk de los suburbios de Santiago. Optó al final por centralizar todo en los Fiskales, pero se encontró con los recelos de los músicos, que no querían colaborar con un proyecto financiado por el Estado (a través del Fondart) y que se limitaron a responder algunas preguntas en cámara. Así lo contó Roli después: «La verdad, a todos nos daba terror. Yo pensaba,  esto no tiene pies ni cabeza. ¿Qué van a contar? ¿Que nuestra historia ha sido dura? ¿Pero para qué banda en Chile no lo ha sido?». El foco del filme terminó sobre todo en la historia de amistad y perseverancia de sus integrantes. La producción combinó las entrevistas al grupo y a varios de sus cercanos, más las de algunos compañeros de generación renombrados (como Jorge González y el escritor Francisco Casas) y atractivas filmaciones de sus shows. Insunza jamás pensó que el filme pudiera estar más de un par de semanas en los cines, pero éste terminó quedándose una larga temporada en salas, y ganó premios en el Festival de Cine de Valparaíso (Mejor Edición Documental y Mejor Investigación Periodística 2004), el Festival Internacional de Documentales de Santiago (Premio Especial del Jurado 2004) y el Festival IN-EDIT (Mejor Documental Nacional).

Hacia fines de ese año apareció la primera antología de la carrera del grupo, con veintiún títulos que reúnen nuevas grabaciones o versiones en vivo para temas ya conocidos. Resultó un buen compendio de la línea unitaria que, en tan disímiles circunstancias, Fiskales Ad-Hok ha logrado alimentar desde su formación. Quizás sean ellos los primeros en sorprenderse por cuánto ha durado ese primer impulso urgente.

A fines del 2005, el grupo viajó a Buenos Aires para participar del Festival Iberoamericano Anti-Bush, también con los españoles Reincidentes y los argentinos Attaque 77. Su regreso los ocupó en la preparación de un nuevo disco, editado a mediados del 2007 bajo el título Lindo momento frente al caos. Con versos alusivos a la protesta escolar secundaria, la crisis medioambiental y el vacío de la politiquería, la revista Rolling Stone definió el álbum como «una especie de noticiario punk-rock».

La celebración de los veinticinco años del grupo fue materia de un gran concierto en el Teatro Caupolicán, al cual se sumaron el 10 de octubre de 2011 diez bandas (entre ellas, Doble Fuerza, La Floripondio, Curasbún, Chico Trujillo, Los Insurgentes y Machuca). El registro de esa jornada, editado más tarde en vivo y en DVD, no es el de un grupo asentado en sus años de oficio, sino el de una propuesta de rock aún urgente, furioso y vivísimo.

Pese al anuncio, en 2016, de su separación definitiva, los Fiskales siguen siendo una banda activa, con los planes de una formación con agenda estable.

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