Balada

Enamoramiento, encuentro, ruptura y despecho, las sucesivas fases de la relación de pareja, sostienen la temática esencial de esa canción llamada balada. Su intérprete, conocido como baladista, apuesta a una empatía cuya identificación masiva determinará su éxito o fracaso. Por eso en la balada son importantes la redundancia y el impacto melódico de un coro que se adhiera con facilidad al oído. Hacia los años ‘60 se desprendió de ramas urbanas como el bolero o el tango apostando a una categórica difusión radial y presencia en las listas de venta. En esa primera época utilizó el sonido de secciones de cuerdas en sus arreglos y más tarde cedió a las facilidades de los sintetizadores y guitarras. La balada exime a sus intérpretes de una obligación autoral, dejando la composición en manos de expertos mientras que del baladista se esperan otros atributos: que tenga una imagen recordable pues se trata de una estrella moderna de la canción, una capacidad vocal a la altura de los estribillos de ambición épica y una identidad pública que se acomode a los estereotipos del eterno enamorado. La expresión “balada romántica”, como se ve, es una redundancia.

Mapa musical

Diapasón Porteño

No son muchas las agrupaciones chilenas con la tradición de un instrumento —y no la de un repertorio— como brújula de trabajo, y Diapasón Porteño destaca por esa excepcionalidad y por la libertad con que la asumen. Así, sus grabaciones y colaboraciones abarcan el trabajo con tonadas, tango, boleros y cuecas. El extendido oficio musical de sus integrantes ha ganado la confianza de intérpretes tan reconocidos como Ángel Parra, Cecilia Echenique y Max Berrú, a quienes han secundado en la grabación de discos. Su objetivo ha sido, dicen sus integrantes, ejercer como «un eslabón entre los antiguos cultores de la guitarra popular chilena y latinoamericana, y las nuevas generaciones».

Rebeca Diva

El canto lírico y el repertorio popular son las dos vías que ha seguido en su carrera la chillaneja Rebeca Diva, intérprete nacida en la provincia del Ñuble. Profesora y cantante, con registro de soprano, ha combinado sus vocaciones de educadora y comunicadora con la música, en presentaciones en vivo y en discos. En Somos (1992) canta a dúo junto al legendario Arturo Gatica, a quien la cantante se unió en matrimonio y que hizo con ella la última grabación de su carrera. Su repertorio en vivo y en disco ha alternado la obra de autores chilenos, composiciones originales por encargo y boleros latinoamericanos tradicionales.

Patricia Frías

Su nombre se asocia de inmediato al mapa de la balada chilena con mayor difusión en la segunda mitad de los años '80, aquél de televisión y grandes festivales. Pero es un territorio más extenso que ése el que Patricia Frías ha recorrido durante su trayectoria, tanto como intérprete de voz distintiva como también compositora de canciones de intensidad sentimental empáticas con la audiencia, las que hemos conocido en su voz o en la de otro/as cantantes.

Camila Méndez

Tempranas eliminaciones en concursos televisivos de talentos de canto marcaron los primeros pasos de Camila Méndez en la música. Pero sí logró luego una figuración mucho más concluyente al obtener la Gaviota en la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar de 2005 con la canción de Isabel Parra “Cuecas al sol”, que luego triunfaría en 2009, durante la versión de los 50 años de estos certámenes.

Daniel Guerrero

En 1986 y mientras era todavía un estudiante de secundaria, Daniel Guerrero conoció a Pablo Castro en el colegio San Agustín, de Ñuñoa. Juntos formaron el dúo La Sociedad, proyecto con el que lograron considerable éxito en Chile y en algunos otros países, gracias a una renovada fórmula de pop romántico. Ha sido ése el molde que más le ha servido a Guerrero en su carrera solista, a partir de la disolución del dúo, en el año 2001. Tres discos produjo en ese tiempo solista, cuando además convirtió en un reputado productor y compositor.

Fresia Soto

Fresia Soto fue uno de los nombres fundamentales de la Nueva Ola. Hizo covers en inglés de éxitos del rock and roll, como era usual en la Nueva Ola, y luego grabó canciones en diversos estilos juveniles, entre los que algunos se convirtieron en éxitos, como su versión de “El martillo” o “Corazón de melón”. Ganó el Festival de Viña, actuó en una película, y a comienzos de los '70 tomó la audaz opción de probar como bailarina revistas en los espectáculos de la compañía Bim Bam Bum. Avanzada esa década, y ante la falta de escenarios  y trabajo para la músicos que sobrevino tras el golpe militar, se fue a Estados Unidos, donde trabajó en otros oficios. A la música, en todo caso, solo tuvo regresos muy esporádicos.

Luis 'Chino' Urquidi

Pese a nunca haber recibido instrucción formal como músico, Luis Chino Urquidi se hizo cargo de al menos dos de los más exitosos proyectos de canción popular desarrollados en Chile a partir de los años sesenta. Como fundador de Los Cuatro Cuartos y Los Bric-a-Brac, Urquidi destacó como un talentoso arreglador y pianista, hábil en la armonización de voces y en la elección de un repertorio que fue a la vez masivo y propositivo. Su aporte fue fundamental para el desarrollo de música a nivel popular capaz de ser, también, rigurosa en las armonías. Su inicial interés por el jazz derivó con los años en su investigación del folclor y el pop. Sus socios artísticos incluyeron a gente como Pedro Messone, Las Cuatro Brujas y Los Hermanos Zabaleta.

Mario Guerrero

Desde los mejores tiempos de Luis Jara como figura romántica que no estallaba en popularidad un baladista tan demandado por el gran público. A Mario Guerrero le bastaron sólo meses de exposición ante las cámaras para demostrar que su calidad vocal y magnetismo como figura pop podían superar el contexto de alta competitividad en que estaba inmerso en el concurso televisivo “Rojo, fama contrafama”. Aún después del período de mayor presencia de ese programa, Guerrero continuó con una sostenida carrera discográfica de la mano de la masividad.

Vito Rodríguez

Víctor Rodríguez es un cantante que va y viene desde la balada tradicional y la denominada "canción cebolla". De ambas escuelas recoge elementos que imprime en sus creaciones e interpretaciones. Nacido en Vallenar, ya durante la preadolescencia comenzó a escribir sus primeras canciones. Se inició en la música como Víctor, nombre con el que en 2011 publicó el álbum El amor simplemente, con producción y arreglos de René Calderón. Más tarde, como Vito Rodríguez, este publicó el álbum Generaciones, donde realizó dúos junto a voces de diversas épocas, como el astro Luis Alberto Martínez, además de Jorge Rigó, Cristóbal, Pancho Puelma, Alexis Venegas y Bastián Herrera. Este trabajo llegó a estar nominado a los premio Pulsar en 2019.

Alejandra Ramírez

Una canción en el estilo pop-soul titulada “No me pidas amor”, con la que participó en la preselección del Festival de Viña del Mar de 2003, fue la primera experiencia solista de Alejandra Ramírez, una de las más versátiles voces en secciones corales de artistas pop, orquestas de televisión y sesiones de estudio. Eso hasta que en 2011 grabó la canción "De punta a punta" para la teleserie juvenil "Vampiras" y luego inició la producción de un primer disco propio, junto al baterista Carlos Figueroa Salazar, el mismo músico que había escrito “No me pidas amor” diez años antes.

Pachi y Pablo

Este dúo de vida breve y sólo un disco en su trayectoria alcanzó en los años de la Unidad Popular gran difusión televisiva y radial, gracias a un par de temas de inspiración pop y una reconocida influencia de grupos como Carpenters. Lo formaron dos estudiantes de la Universidad de Chile, Sonia Paz Soto-Aguilar (entonces estudiante de Teatro) y Pablo Rossetti (de Música), ambos con experiencia en grupos escolares (Pablo incluso había alcanzado a grabar algunos temas en singles) y la coincidencia de haber pasado parte de su crianza en Europa por el trabajo de sus padres.

Osvaldo Jeldres

Llegó a tener inscritas más de doscientas composiciones, varias de ellas éxitos nacionales sobre todo en los años '60 y '70 y una de las cuales alcanzó una circulación global y postmoderna. Osvaldo Jeldres es el autor y compositor de canciones como "Si me miran a los ojos", "Llorando en el andén", "Pero más vale el amor" y la reconocible "El rey y yo", cuya versión original fue grabada por Los Ángeles Negros y ganó celebridad extra cuando el trío neoyorquino de hip-hop Beastie Boys sampleó parte de la canción en 1998.

Luciano Hutinel

Son relatos urbanos en forma de canciones melodramáticas las que el autor, pintor y abogado Luciano Hutinel ha escrito y también ha interpretado en un circuito de música independiente en la ciudad de Viña del Mar y el puerto de Valparaíso. Fue en su primera adultez, recién a los 33 años, cuando Hutinel salió del trabajo oficial como abogado y se abocó ciento por ciento a la creación de pinturas y de canciones que luego editó en su primer disco solista, Hoteles olvidados (2007).

Loretto Canales

Loretto Canales es una de las más técnicas y poderosas voces de la década de 2000, categoría que quedó expuesta mucho antes de editar su debut, Loretto (2012). Fue en el lapso que va de 2002 a 2009, cuando apareció como corista en diversos proyectos: desde el pop latino y la balada romántica hasta la música tropical, pero sobre todo a partir de su llegada a una nueva partida de artistas de soul y R&B, con un caudal vocal propio de alto alcance y potencia.

Lua de Morais

La cantante y autora chileno-brasileña Lua de Morais llegó al país con 19 años en 1999, pero su figura y voz se hicieron conocidas como concursante de “Rojo internacional” en 2005, la primera competencia de “Rojo, fama contrafama” que incluyó a solistas extranjeros (el cubano Sandier Ante, la venezolana Simoney Romero o el ganador de esa versión Orlando Oliva). Lua de Morais no obtuvo mayor figuración en ese apartado aunque así pudo comenzar una carrera en TV y luego publicar en Chile discos en los que reduciría finalmente su nombre artístico al de Lua.

Ivonne Jaña

Iniciada a mediados de los años '90 en un circuito de pubs y locales capitalinos, poco a poco la voz de Ivonne Jaña fue tomando cuerpo y poderío hasta convertirse en una intérprete de repertorios variados de pop, soul, R&B, balada y blues, e incluso dando un paso más allá en la aproximación del cancionero standard del swing, que ella llevó a puerto durante la década de los 2000. Así, se integró a la abundante escena de voces femeninas en el crossover musical de incios del siglo, con nombres como Consuelo Schuster, Nicole Bunout, Karen Rodenas, Andrea D'Arriarán, Thais Marie y Natacha Montory, entre otras cantantes.

Gianina Ramos

La tez pálida, vestimentas negras, maquillajes expresivos y técnicas de canto lírico transformaron a Gianina Ramos (luego rebautizada como Gianina D'Angelo) en una excepción a la norma impuesta en el programa “Rojo, fama contrafama”. La temuquense sorprendió al público con una mezcla impensada: Según Gianina Ramos, el espíritu de la balada melódica, los fondos operáticos y el dramatismo del rock gótico podían convivir en una misma canción. Más adelante, como mezzosoprano, ella continuó una ruta en otros circuitos de la música, vinculada a la lírica, el crossover de repertorios y la musicoterapia.

Neven Ilic

Cantante, compositor, autor y productor, y con una vida musical activa en Miami, Neven Ilic se instaló en la nueva escena de la música chilena a mediados de los años '10. Escribió canciones para Denise Rosenthal ("I wanna give my heart") y Kel Calderón ("Walk away"), y sus créditos han aparecido también en trabajos del astro español David Bisbal, con la canción "Fiebre". Hijo de un conocido dirigente deportivo del mismo nombre, Ilic operó en cierto underground capitalino antes de estrenarse como solista del pop y la balada con el disco Export (2014), donde mostró su primera pluma como autor y una voz hecha directamente para el género romántico latino. En 2018, ya con una residencia en Estados Unidos, regresó con el disco Punto de fuga, donde incursionó en los sonidos urbanos de la época y la influencia del reguetón y sus ritmos, representada principalmente por la canción "Déjame amarte". Es fundador del sello Haux Records.

Almendra

Sólo hasta 1998 esta cantante melódica mantuvo su nombre de Gisella Valenzuela en los escenarios de Curicó. Después de ganar ese año un festival de la canción en Curepto, tomó el pseudónimo de Almendra para dar pasos determinantes en los estudios de grabación, en las orquestas populares y en los micrófonos de apoyo de grandes nombres de la balada y el pop, incluido el venezolano José Luis Rodríguez. Esa ruta desembocó diez años después en su primer disco solista, De música y alma (2009).

Fran Sfeir

Mucho más conocida por el público en su rol de actriz de televisión durante la década de 2010, Francisca Sfeir se inició como cantante en diversos ámbitos, con una carrera que la llevó a presentarse una década antes en escenarios de distinta consideración, hoteles, pubs, malls o matrimonios. Sfeir fue además integrante de bandas amateurs de rock y pop, e incluso tuvo en 2006 y 2010 proyectos discográficos que no fructificaron. Mientras desarrollaba una carrera en la industria televisiva, se enfocó al canto romántico y la balada latina, que obtuvo finalmente réditos. Su primer disco es Fran Sfeir (2015), que incluye canciones románticas como "A dónde va el amor", "Déjalo así" y "El mar". Sin abandonar la industria del entretenimiento y el espectáculo, su regreso a la música tuvo un cambio de giro respecto de la intérprete de baladas como marcó ese estreno discográfico y ya en su segundo álbum, Primeriza (2020), ella cantó piezas infantiles con el enfoque de la crianza de una madre.