Pop
Diversa por definición, la música pop apela sobre todo a un vínculo con el oyente, por sobre un tipo de sonido o un estilo. Pop como abreviatura de "popular", esta música tiene como pocas un objetivo, el de generar identificación con la audiencia por medio de ritmos contagiosos, melodías recordables y composiciones de duración ajustada a los estándares de difusión de medios como la radio y la TV y, sobre todo, a los requerimientos de una industria que necesita vender canciones a ese gran público. Como tal, se puede dar con eficacia en los más diversos campos. La Nueva Ola de los años '60 es una de las primeras manifestaciones generacionales de música pop chilena, y desde entonces han continuado en esa senda baladistas y cantantes popularizados por la televisión así como diversos músicos y productores que han aplicado los sonidos del rock o las bases electrónicas a esta música.
Un pop romántico con el adjetivo adicional de existencialista conduce la música de Marineros, dúo femenino que comenzó a capturar el interés de un público nuevo, aquel que estaba muy próximo a Javiera Mena, en el inicio de los años '10. Formado por la cantante Constanza Espina y la guitarrista Soledad Puentes, Marineros se instaló con autoridad en los circuitos de la música independiente con el disco O Marineros (2015), producido por Cristián Heyne, no obstante la rúbrica de un período de intensa actividad en escenarios que consolidó al dúo entre sus seguidores.
Bajista de rock y funk, contrabajista de jazz y profesor de música de larga data, Miguel Ángel Pérez es uno de los solistas de la generación de los '90, integrante y puntal de diversas agrupaciones de la época que marcaron la escena: el jazz rock de La Red, el blues rock de La Banda del Capitán Corneta y el hard rock de Mandrácula. Además de trabajar en los inicios del músico pop Jano Soto y con la cantante y profesora de voces Gloria Pérez, y además de formar a bajistas de sucesivas generaciones en los años 2000 y 2010, Pérez pasó paulatinamente al contrabajo para integrar el trío de jazz del pianista Américo Olivari, junto al baterista Andy Baeza, tocar como ente autónomo y acompañar a una serie de cantantes e intérpretes de standards.
Con un decidido carácter comercial, el grupo Los Larks fue la primera expresión local de vocación masiva inspirada en el movimiento beat que cautivaba al mundo a mediados de los años '60. Pese a su breve trayectoria —de algunos singles y dos LP—, el cuarteto no pasó en absoluto inadvertido gracias a su intachable ejecución musical, pero sobre todo por su curiosa caracterización visual del fenómeno colérico. Su repertorio entonces se basó en versiones de grandes éxitos internacionales de grupos como The Mamas and The Papas, Dave Clark Five, The Monkees y, por supuesto, The Beatles.
Inicialmente llamado Reptilian Beats, el proyecto de Reptila apareció en escena hacia 2018 con una propuesta musical puesta en marcha por la cantante Andrea Zárate y la percusionista y baterista Maite Rojas, y una idea acerca de la música, el sonido, el ritmo y la imagen escénica dispuestas en iguales proporciones. Reptila recoge distintas fuentes de sonido, los tambores orgánicos africanos y afrolatinos, los beats sintéticos de la electrónica y un sentido del pop sin fronteras ni etiquetas. El resultado ha sido una música situada en el espacio del world beat, con libertad de pensamiento y acción. Repitla logró una importante presencia en este sentido durante su actuación en el Festival Womad de 2022, que le dio visibilidad entre las músicas del mundo, y una posterior gira de conciertos en Europa. Andrea Zárate era la cantante del grupo multicultural LaSmala de Valparaíso, mientras que Rojas ha sido colaboradora de Javiera Mena, entre otros nombres. Más adelante el proyecto incorporó a la tecladista Dominga Corral, que también había tenido un paso por el folclor como acordeonista, por ejemplo en un dúo con Belencha Mena. Entre sus colaboraciones aparecen grabaciones junto a Michéle Espinoza (Mamma Soul), Fran Riquelme (Newen Afrobeat), Juanito Ayala, Sarazul y Paulopulus.
No tuvieron una relación musical directa con los grupos que a comienzos de los años '70 fusionaban las influencias del rock con los instrumentos acústicos del folclor, pero Frutos del País pertenece a la generación que en tal momento hizo un cambio de guardia para esta música en Chile. Por genealogía, fueron la continuación de bandas de la década previa, como Los Picapiedras y los Beat 4. Sus dos discos, Frutos del País (1972) y el más inadvertido Y volar... y volar (1974) describieron una trayectoria breve pero inmortalizada por uno de los auténticos y más reconocibles himnos de la historia del rock en Chile: la balada "Sin ti", caracterizada por el órgano Hammond del tecladista Hugo Raymond y por la letra evocadora del cantante Reinaldo Rhino González.
En medio de la moda del britpop, Vonerick levantó sus primeros acordes. Un único álbum (Eterno milagro, en 2003) y dos minidiscos (los EPs Selva y Quiero tener un amplificador con las perillas de una cocina), fueron el balance de su trayectoria. «El disco tiene canciones más rápidas, pegajosas a la primera. Lo que hemos creado después está más ligado al intimismo y la nostalgia», explicaron sobre su sonido. Después de recorrer varios locales santiaguinos, hicieron promoción en medios mexicanos como Rocksónico, pero Vonerick terminó por diluirse poco más tarde, sin plasmar más de esos nuevos sonidos nostálgicos.
Tuvieron que pasar muchas bandas, seudónimos y proyectos para que Pablo Ilabaca se presentara al fin musicalmente con su nombre propio. Antes de ese «debut» solista propiamente tal (en 2021, con el disco Canciones para conversar con la muerte), publicó discos como Jaco Sánchez, se hizo conocido como K-V-Zón (guitarrista fundador de Chancho en Piedra, e integrante hasta el 2018), asumió voces de muñecos junto a 31 Minutos, y trabajó un interesante pop-rock junto a otros conocidos músicos en Pillanes. Los giros parecen drásticos, pero han mantenido la identidad de Ilabaca como autor: desprejuiciada, curiosa y cómodo en las colaboraciones con talentos de similar calado.
Con una propuesta de canción pop de profunda definición, Francisco Victoria se situó como una de las figuras más reconocibles de la música independiente de fines de la década de 2010, posterior al predominio de músicos como Javiera Mena, Gepe o Álex Anwandter. Desde entonces lo ha distinguido un trabajo cargado de sensibilidad y dramatismo, con marcado compromiso por la melodía, el ritmo bailable y la tradición de la música de la radio, junto con su labor en la producción de artistas como Princesa Alba y Benjamín Walker, entre otros.
Pianista, tecladista y organista, Raúl Morales ha tenido participación en importantes proyectos de los '90, sobre todo con su presencia en el sonido vintage que el Ángel Parra Trío recogió a partir de 1998, después de su trilogía de discos estrictamente focalizada en el jazz straight ahead. Morales, también conocido como Súper Raúl, debido a la contundencia en el sonido Hammond, realizó grabaciones con Los Tres y con Santos Dumont en ese mismo período. En paralelo, mientras permanecía como miembro del trío de Ángel Parra, Roberto Lindl y Moncho Pérez, colideró con estos dos últimos otro conjunto de jazz que se presentó con el nombre de Súper Titae Moncho, y que recogió repertorio de swing, bop y soul. En sus múltiples intervenciones, Morales ha sido sidemen de músicos como Parquímetro Briceño y Cristián Cuturrufo, ha liderado sus propios tríos de jazz, e incluso ha dado conciertos de piano clásico en temporadas de música de cámara.
Un pop propositivo, cuidado tanto en sus grabaciones como en su puesta en escena, ha sido el de Adrianigual, un nombre que desde 2004 ha identificado tanto a conformaciones de dúo y trío como al seudónimo artístico de su líder, Diego Adrián. A lo largo de su historia, su propuesta de integración de referentes, impronta melancólica y apoyo en los instrumentos eléctricos los ha acercado a bandas como Tío Lucho, Compiuters y Teleradio Donoso. De hecho, el entonces vocalista de este último grupo, se entusiasmó lo suficiente con su trabajo inicial como para invitarlos a grabar su primer disco a su propia casa. Entre nuevas asociaciones de duración limitada (entre ellas, con Gonzalo Vargas, hoy activo en la música desde Suecia bajo el seudónimo Talisto), Adrián se mantiene activo hasta hoy en la publicación de singles.
Los Ángeles Negros fueron los creadores de uno de los pocos sonidos auténticamente originales que han surgido en Chile. La fórmula de la música romántica con instrumentos de rock constituye hoy día una ecuación universal del género, pero hasta 1968, cuando este grupo nació en un pueblo al sur del país, el formato existía muy excepcionalmente. Los cantantes románticos, por lo general, tocaban acompañados de guitarras acústicas –al estilo de Los Panchos– o con orquestas –en la tradición popularizada por Agustín Lara y otros grandes nombres. Germaín de la Fuente y su conjunto –con alineación de guitarra, bajo, batería y teclado- consolidaron y masificaron esa nueva fusión, que hasta hoy es el soporte más común de la música romántica de todo el continente.
Como una auténtica primera dama del soul en Chile, Ema Pinto ha sido una figura central en el canto y la música de raíces negras, que ha llevado adelante desde 1999 junto a Matahari, a su vez el grupo principal en el pop-soul local. Ema Pinto tuvo un paso previo por la Ludwig Band en los '90, otro de los cultores del llamado "funky ñuñoíno" tras el regreso de la democracia al país. En 1996 coprotagonizó con Pancho Rojas una recordada versión de enfoque pop de La pérgola de las flores, con música del compositor Francisco Flores del Campo, dirigida por Andrés Pérez.
El cuarteto de rock instrumental Los Masters fue una de las muchas orquestas que animaron las veladas bailables porteñas en los años '60, al igual que otras como Los Blue Splendor, la primera formación de Los Mac's y The High Bass. Y así como esta última iba a originar a Los Jaivas, Los Masters estaban llamados a dar origen a Congreso, un estatus que por sí solo sitúa a la banda juvenil de los hermanos González en la historia de la música popular chilena.
Una multitud de nueve músicos premunidos de guitarras, bajo y batería, pero también de trompeta, cello, violín y teclados es la exclusiva formación con que Les Ondes Martenot se inició en 2004 como una pequeña orquesta para tocar pop ingenuo y melodioso. Equivalente local de grupos afines como Camera Obscura y Belle & Sebastian –ambos a su vez con una cuna afín en Glasgow, Escocia–, el grupo tomó el nombre del precursor instrumento electrónico creado en 1917 por Maurice Martenot y con todas esas fuentes dispuso en su disco debut, Les Ondes Martenot (2004), una serie de canciones luminosas y optimistas con las que ganaron el concurso de nuevos grupos del sitio Super 45 y abrieron el festival de música independiente Pulso en junio del mismo año.
Como afuerina en el sentido más profundo dada su calidad de sureña llegada de golpe a la capital, Leonora Tonini Cáceres se abrió paso en el ambiente de la música urbana siempre en una constante transformación. Con una propuesta de varios bordes, que recoge elementos del rap de sus orígenes, el trap que se impuso en su tiempo, el pop y la electrónica, ella apareció a lo menos con dos alteregos musicales y rumbos casi opuestos: como Kuina mostró una música desbordante en ritmo, sonido y ruido, descrita en el EP Konejo di plata (2022), y como Leonora Laffont presentó una música más accesible a la escucha, poética y sensible.
Conocida inicialmente como “la princesa mexicana”, Carolina Molina se consagró en definitiva como «La Rancherita», título que le quitó de las manos a la propia María José Quintanilla, con quien compartió espacios de música mexicana en la tercera generación del programa de talentos “Rojo, fama contrafama”. Sus espectáculos en vivo en discoteques, restoranes y parrilladas populares y su permanente presencia en pantallas de televisión la convirtieron en una de las favoritas entre el público masivo del pop. A quince años de su estreno discográfico, y ya instalada en México, la cantante practicaba un giro musical que la ubicó como exponente de la música latina urbana, con aproximaciones a los ritmos del reguetón, la bachata, la cumbia y la kizomba, en un nuevo perfil como cantante.
En un desdoblamiento entre la flauta traversa y el saxofón, sus instrumentos esenciales como intérprete, además del canto, Ema Morales ha sido una figura en la música popular desde distintos ángulos: por un lado sesionista y por otro solista, pero además con distintos rumbos musicales, que la sitúan tanto en el neosoul y la canción pop como en ciertos acercamientos a la música urbana. Junto al productor Cuatrobeats trabajó en sus primeras canciones, en el EP Agua (2022) y el LP Ema (2024). Ese mismo año marcó otro hito en su trayectoria solista como artista de apertura del concierto de Tom Jones en el Movistar Arena.
Baladista, compositor y autor, Pablo Castro es uno de los nombres que renovaron la canción romántica en los años '90, al formar junto a Daniel Guerrero el dúo de balada pop La Sociedad, que tuvo su primera edad durante esa década, consechando gran popularidad entre el público. Castro también fue además un protagónico actor en la producción de artistas en este campo, como Johanna Rezzio, Santos Chávez, Buddy Richard, Douglas y Luis Jara, entre otros. A través de la Editorial Warner Chappel, ha puestos sus canciones en discos de muchos nombres latinos: Los hondureños Banda Blanca, los mexicanos Cuisillos o Los Tigres del Norte, con quienes tiene varias canciones. El año 2003 tuvo una incursión solista con el disco Pablo Castro, cuyos sencillos "Solamente" y "Demasiado dolor" alcanzaron una significativa difusión. Desde entonces su oficio de compositor es el principal de la ex mitad de La Sociedad.
La popularidad de Paolo Salvatore viajó permanentemente entre España y Chile, y lo mantuvo como figura de la canción romántica en mercados cruzados y con un éxito considerable y de larga duración. Hits suyos como “La ladrona”, “La playa está vacía”, “El tomavista” y “El bikini amarillo” son emblemas del tipo de melodía adherente y sencilla que adopta los tópicos de las vacaciones junto al mar y se acomoda en el subgénero de «canción del verano», del cual Salvatore fue muchas veces soberano.