Pop
Diversa por definición, la música pop apela sobre todo a un vínculo con el oyente, por sobre un tipo de sonido o un estilo. Pop como abreviatura de "popular", esta música tiene como pocas un objetivo, el de generar identificación con la audiencia por medio de ritmos contagiosos, melodías recordables y composiciones de duración ajustada a los estándares de difusión de medios como la radio y la TV y, sobre todo, a los requerimientos de una industria que necesita vender canciones a ese gran público. Como tal, se puede dar con eficacia en los más diversos campos. La Nueva Ola de los años '60 es una de las primeras manifestaciones generacionales de música pop chilena, y desde entonces han continuado en esa senda baladistas y cantantes popularizados por la televisión así como diversos músicos y productores que han aplicado los sonidos del rock o las bases electrónicas a esta música.
Proveniente de una familia vinculada a la música docta, el Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, la cantante Ana María Meza abrió la paleta cromática para profundizar en algunas variantes de la música popular más allá de los territorios del canto lírico. Se transformó en una importante intérprete de jazz clásico y pop-jazz y de paso en una de las más activas maestras de voces, como lo había hecho previamente la legendaria Inés Délano.
Una cara eléctrica y una cara acústica puede adoptar Círculo Polar, el proyecto bajo cuyo nombre se camuflan las canciones que ha editado como solista la compositora y cantante Vicky Cordero. Luego de tocar con grupos y solistas como La Reina Morsa, Slowkiss, Primavera de Praga y Matías Cena, a mediados de 2015 dio a conocer el EP Atemporal, con cuatro canciones construidas con melancolía pop, arreglos vocales y pasajes de electricidad. Un año más tarde reveló su otra dimensión con el EP Como un patio lleno de flores, basado solo en el canto y la guitarra acústica. Con una grabadora a cassette, registró en baja fidelidad otras cuatro canciones, incluyendo una versión de “Canción para ir al desierto”, de Matías Cena. Ambos formatos tenían también su réplica en vivo: aunque a veces Vicky Cordero se presentaba sola y con guitarra acústica, también lo hacía con una banda por la que pasaron miembros de bandas como Fando y Pirámides.
Considerada la primera orquesta de afrobeat chilena, Newen Afrobeat se formó en torno al compositor y cantante Nicolás Urbina (quien había integrado además el grupo Abya Yala), y desarrolló una música inspirada en el nigeriano Fela Kuti, precursor y punto de partida de esta corriente que desde los años '70 definió parte de una nueva música afro. Junto con la instalación de un discurso orquestal sostenido en los metales, las percusiones y el bajo eléctrico, las cantantes de Newen Afrobeat realizaron una investigación profunda sobre la escala pentatónica menor, presente en las músicas africanas, aquella que conduce la armonía vocal. En ese espacio contó con la cantante Francisca Riquelme como voz, rostro y figura escénica principal.
El grupo Oliva pertenece a una escena de música independiente y autogestionada que despuntó en tiempos de las movilizaciones estudiantiles, las nuevas olas feministas y el estallido social de 2019. Surgido desde el Instituto de Música de la U. Católica, se configuró como un ensamble de amplias dimensiones y sonoridades, que expuso una música situada en el pop pero con tejidos complejos, incorporando influencias del rock progresivo, el folk, el jazz y la música clásica en sus canciones. La obra de su primera época quedó marcada por la influencia que ejerció en sus compositores una música proveniente desde muy atrás en el tiempo: desde los spinettianos Almendra e Invisible, hasta grupos fundamentales en la contracultura chilena como Congreso y Fulano. En un breve tramo, Oliva publicó sus primeros trabajos, Alcaraván, (2022) y Resbalando lento (2023), con formaciones de ampliadas, especialmente el octeto, con el que dejaba a la vista aquel sofisticado trabajo de composición, escritura de textos y empaste instrumental-coral. El grupo entró en suspensión una vez que sus músicos pasaron a desarrollar siguientes proyectos, como los compositores académicos Nicolás Ahumada, que llegó a ser compositor residente de la Orquesta de Cámara de Valdivia, y Florencia Novoa, quien había sido cantante de MediaBanda y por ese triempo inició estudios fuera de Chile.
Como Cuchufleta Punk y Cuchufleta (a secas) trabajó durante su historia esta banda liderada por el compositor Gregorio Fontén un sonido peculiar, inspirado en el rock, la improvisación y la raíz folclórica. Tres ex integrantes de Chupilca del Diablo –Gregorio Fontén, el trompetista Hernán Fontaine y el baterista Joaquín Subercaseaux– se integraron a la creación de un repertorio de canciones libres, sin convencionalismos, con un evidente e intencional descuido. Esos experimentos a puertas cerradas no tardaron en ordenarse en los discos Cuchufleta Punk (2004) y Lencería fina (2005). Para su tercera publicación, el grupo tuvo la asesoría en producción de Eduardo Lira (de Elso Tumbay) y la participación de Eduardo Parra, tecladista histórico de Los Jaivas.
«Suena a Conce», coinciden sus coterráneos al describir el sonido que el cantautor penquista Mauricio Javier Toloza conduce bajo el nombre de Cantáreman. Desde 2008, sus canciones de raíz folk y letras urbanas han encapsulado el imaginario del suburbio sureño, rutinario y melancólico. Junto a sus álbumes caseros y singles de exportación, el músico se convirtió en uno de los artistas de culto de la generación post terremoto en la capital del Biobío.
Pese a nunca haber recibido instrucción formal como músico, Luis Chino Urquidi se hizo cargo de al menos dos de los más exitosos proyectos de canción popular desarrollados en Chile a partir de los años sesenta. Como fundador de Los Cuatro Cuartos y Los Bric-a-Brac, Urquidi destacó como un talentoso arreglador y pianista, hábil en la armonización de voces y en la elección de un repertorio que fue a la vez masivo y propositivo. Su aporte fue fundamental para el desarrollo de música a nivel popular capaz de ser, también, rigurosa en las armonías. Su inicial interés por el jazz derivó con los años en su investigación del folclor y el pop. Sus socios artísticos incluyeron a gente como Pedro Messone, Las Cuatro Brujas y Los Hermanos Zabaleta.
Dibujos animados primero, músicos reales después, a pocos años del nuevo siglo los Difuntos Correa se convirtieron en una banda de gran difusión en Chile. Habían partido escudados tras la imagen de un conjunto musical de caricaturas, pero no tardaron en pasar a una dinámica más profesional, que a lo largo de su historia acumuló cuatro LP y éxitos radiales como "Pasaje en avión", "Black dancing", "Arrepentido" y "Mujer azul", siempre en los códigos del rock, el ska, los ritmos latinos, y los guiños a la historia musical chilena. Su intensa actividad en vivo los llevó incluso al Festival de Viña del Mar y varias Cumbres del Rock Chileno, y su grabación más difundida hasta hoy es el cover de "El tiempo en las bastillas", el clásico de Fernando Ubiergo que la banda incorporó a la primera temporada de la popular serie televisiva "Los 80". Algunos de sus antiguos integrantes trabajan hoy en la banda Los Gatos Fantasma.
Integrantes y exintegrantes de agrupaciones y bandas como Ensamble Escondido y Astrolabio conforman desde 2019 Salas F.C., conjunto centrado en la construcción de canciones bien sostenidas en sí mismas, de recursos austeros pero energía melódica firme. El nombre del conjunto es una doble cita a los vínculos familiares al interior del grupo y al entusiasmo futbolero compartido por los integrantes. Territorio virgen (2022) fue su primer álbum, continuado más tarde con nuevas grabaciones, shows y colaboraciones.
Cuatro músicos que en diferentes momentos fueron integrantes estables del grupo La Ley se reunieron a fines de 2016 decididos a continuar con un trabajo de composición, grabación y conciertos, en otras circunstancias y con otro nombre. Su unión estuvo sobre todo impulsada por el súbito quiebre que tuvo La Ley ese año, una banda en la cual se mantenían activos Mauricio Clavería y Pedro Frugone hasta que —según la versión de ambos— el cantante Beto Cuevas anunció unilateralmente la separación. Ambos músicos convocaron entonces a sus ex compañeros Luciano Rojas y Rodrigo Coti Aboitiz (activos también ellos en Saiko y The Plugin, respectivamente), y a Ignacio Redard como cantante. Nació así Díacero con la intención de una veta creativa nueva, afirmada con un disco propiamente tal en 2019, aunque interrumpida por diferentes razones al poco andar.
Parte de la escena que empujó hacia una creciente y contundente transformación del pop chileno en la década de 2000, Fakuta es la identidad musical de Pamela Sepúlveda. Cantante y compositora que en 2011 debutó como solista con el disco Al vuelo, ganó atención en los circuitos de ese pop construido desde varias bases, la tradición de los teclados, el valor de la producción y sobre todo la vocación por la melodía y el coro. Una cuidada puesta en escena, y el apoyo visual y sonoro de coristas (The Laura Palmers), Fakuta se instaló en esa escena como figura del entonces naciente movimiento pop. En 2014 presentó Tormenta solar, con canciones más bailables, y un trabajo en vivo que se prolongó por dos años, pero que fue mermando en la medida que la cantante comenzó a trabajar en su profesión de arquitecta.
Cultora de diversas formas de canción melódica e intérprete de jazz, Geraldine Thenoux tuvo sus primeras apariciones como parte de elencos de gypsy jazz como Golosa La Orquesta o el grupo Panchito Hot Club, que celebraba al maestro chileno de la guitarra manouche, Panchito Cabrera. En paralelo, la cantante ha desarrollado una propuesta de jazz vocal propia, liderando conjuntos sin batería con los que reproduce repertorios de standards americanos, clásicos de la chanson e ineludibles de la bossa nova.
Como una auténtica primera dama del soul en Chile, Ema Pinto ha sido una figura central en el canto y la música de raíces negras, que ha llevado adelante desde 1999 junto a Matahari, a su vez el grupo principal en el pop-soul local. Ema Pinto tuvo un paso previo por la Ludwig Band en los '90, otro de los cultores del llamado "funky ñuñoíno" tras el regreso de la democracia al país. En 1996 coprotagonizó con Pancho Rojas una recordada versión de enfoque pop de La pérgola de las flores, con música del compositor Francisco Flores del Campo, dirigida por Andrés Pérez.
Es un largo silencio el que dejó pasar Evelyn Fuentes entre la primera vez que se hizo oír a gran escala como parte del grupo Christianes y el momento en que volvió a sacar la voz por cuenta propia. Fueron catorce años, medidos al menos entre el único disco de ese grupo y su aparición como solista, en vivo y con su primer disco, Sin culpa (2009). Ese regreso le ha permitido situarse con naturalidad entre una siguiente generación de diversas cantantes chilenas, a cuyo oficio se ha sumado de modo intermitente, entre publicaciones y shows esporádicos.
Músico, productor y profesor, Jorge del Campo es un nombre recurrente en otros proyectos musicales, varios de ellos vinculados al hip-hop y al soul, aunque también al pop masivo de mejor factura. Ex integrante de grupos como CHC y Tropiflaite, desde 2012 su trabajo estable junto a las bandas de PedroPiedra y Jorge González, lo destacaron en un ritmo constante de presentaciones. Entre ellas, sin embargo, Jorge del Campo consiguió defender discos solistas propios, caracterizados por un cruce particular entre canción romántica, groove, ritmos latinos y pulso soul.
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María Sonora fue un grupo de carrera parcialmente frustrada (su primer disco tardó más de treinta años en publicarse), pero que resultó pionero en la integración de ritmos caribeños con códigos hip-hop y electrónicos; y, como tal, es recordado como una asociación virtuosa para el Chile de los años de transición democrática. De manera intermitente, ocupó a los hermanos María José y Tan Levine, dos músicos de sobra destacados previamente en bandas como Upa, Pinochet Boys y Electrodomésticos —entre otras—, y vinculados hasta hoy a proyectos artísticos independientes.
Como Felipe Chacón, Rodrigo Galarce y Pablo Menares en tres tiempos previos, el de Alonso Durán fue un contrabajo de apoyo para una numerosa serie de músicos de fusión, pop y sobre todo de jazz, a partir de la segunda mitad de la década de 2000. Trabajó además como compositor y arreglador post-bop de manera intermitente, aunque lo que lo distinguió fue su metódica operativa, dinámica de enlaces y facilidad para acomodarse a distintos repertorios y formatos de banda variables.
Desde mediados de la década de 2010, Polimá Westcoast llamó la atención como una de las figuras más reconocibles entre la oleada de cantantes asociados al trap y otros géneros afines. Además de publicar sus canciones en numerosos EP y sencillos, se ha desplegado en una alianza con múltiples colaboraciones con pares chilenos y extranjeros. Tras varios hitos de popularidad registrados en 2021, amplió sus sonidos al reguetón y finalizó 2022 convertido en uno de los principales nombres chilenos del género urbano chileno, con una creciente repercusión internacional.