Jazz

Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.

Héctor 'Parquímetro' Briceño

El apodo se lo dio un amigo humorista que advirtió en él su habilidad de desdoblamiento estilístico y capacidad de convertir la música en un trabajo hora-hombre: «Vo' ganai más que un parquímetro», le dijo Carlos Helo en 1980. Desde entonces el pseudónimo de Parquímetro se ha hecho tan popular como el rostro de este trombonista, habitual de orquestas televisivas, pero también respetado en agrupaciones de jazz, salsa y swing, y a quien pocos conocen por su nombre real: Héctor Briceño. Su inesperada muerte en mayo de 2019, debido a un infarto, vino a remecer a la música popular chilena, a sus contemporáneos de orquestas y a sus seguidores, que lo consideraron entonces "el padre de las secciones de bronces de Chile".

Mapocho Orquesta

Solistas de las segunda y tercera generaciones de músicos que fueron formados inicialmente en la Conchalí Big Band integraron desde 2014 este proyecto orquestal comandado por el saxofonista tenor Andrés Pérez, que más adelante en la historia sería sustituido en la dirección por el tormbonista Alfredo Tauber. Conocido en sus primeros momentos como la "Conchalí histórica", la nueva big band tomó pronto el nombre de Mapocho Orquesta, inspirado en el barrio fronterizo del centro de Santiago donde instaló su cuartel general de ensayos. Pero de esa primera propuesta creativa, el conjunto dio un paso más allá al internarse en la música educacional, con la que generaron un proyecto social de impacto. Resultado de sus itinerancias, su relato y su propuesta de jazz para audiencias infantiles es el álbum El imaginario, ruidoso y resonante mundo de Fortunato y Mapocho Orquesta (2022).

El Bueno, el Malo y el Feller

Trío formado por el guitarrista Gabriel Feller, el bajista Rodrigo Ríos y el baterista Julio Denis, que asumieron cada uno una identidad en el nombre de este proyecto nacido en 2004 y que realizó una mezcla entre jazz, rock, funk, electrónica y música imporvisada. En una breve historia dejó una grabación y puso a sus tres integrantes hacia diversas escenas musicales.

Martin Joseph

Cuando en un entorno no del todo preparado como el chileno, en 1969 los pianistas Manuel Villarroel y Matías Pizarro orientaban sus sensibilidades hacia el aparentemente hostil free jazz, en la ciudad de Londres otro pianista se abría paso en los mismos ámbitos. Martin Joseph tiene nombre y pasaporte británico, pero su irrupción en la música chilena fue de un impacto tal que ya ha sido incorporado a la cronología de nuestra música contemporánea.

Fusión

La experiencia del grupo Fusión, considerado históricamente el primer proyecto chileno de jazz eléctrico, según acredita el musicólogo Álvaro Menanteau en su libro Historia del jazz en Chile (2003), fue el resultado de largas sesiones de audición, intercambio de influencias, conversaciones y jam sessions realizadas por los nuevos músicos vinculados al jazz de fines de los '60. En rigor fue un ensayo espontáneo tras el contacto que en 1967 tomaron el bajista Enrique Luna (n. 1946) y el pianista Matías Pizarro (n. 1949) y que generó una convocatoria masiva de solistas para desembocar en el único álbum que esta banda llegó a editar, a través del sello Alba: Top soul (1975).

Swing and Company

La compañía de músicos que se reunieron en 1970 alrededor del pianista, crítico, gestor, disc-jockey y aficionado al jazz Pepe Hosiasson fue un muestrario de repertorio de las tradiciones jazzísticas sobre las que todos estos solistas aprendieron como asiduos participantes del Club de Jazz de Santiago. En 1953 Hosiasson había liderado su primer grupo, los Mapocho Stompers, siendo un joven de 22 años como cultor de la música de Nueva Orleáns, aunque con Swing and Company hizo un pequeño viraje al swing.

Daniel Gazmuri

Como intérprete del bajo tenor de cinco cuerdas, Daniel Gazmuri ha observado las raíces de la música latinoamericana desde los formatos y las herramientas del jazz en una fusión personal, sureña desde su sentido más arraigado, posible de apreciar en su primer álbum, Camino (2020). Allí lideró un cuarteto con los hermanos jazzistas Mauricio Rodríguez (guitarra) y Daniel Rodríguez (batería), además de la cantante Javiera Abufhele.

Eduardo Peña

Tres nuevos nombres del bajo eléctrico en torno al jazz-funk estallaron a mediados de los 2000: entre Jaime Ferrada (en Alüzinati) y Roberto Trujillo (en LaMonArt), el único que se pasó al contrabajo de manera determinante fue Eduardo Peña, conocido en los círculos jazzísticos como Crespo. Un músico solvente e inquieto que se abrió paso en la escena con una pulsante propulsión de líneas de soporte, composiciones personales y un inédito liderazgo de agrupaciones entre una partida de emergentes contrabajistas de esa década: Alonso Durán, Nelson Vera, Sebastián Gómez, Pablo Vidal o Milton Russell, son algunos de sus contemporáneos.

Vicente Atria

Con una vida musical y creativa en Nueva York, Vicente Atria había permanecido oculto casi por completo para el público chileno, salvo cuando realizó una visita al país tras una década en esa ciudad, pero sobre todo comenzó a tener más visibilidad entre los audiencias de la música experimental con su desafiante disco The vex collection (2021), realizado junto al contrabajista estadounidense Mat Muntz. Baterista y compositor, Atria se ha sumergido en una exploración no solo desde la composición y la improvisación sino también del sonido como materialidad e incluso desde las lecturas que lo han acompañado en distintos momentos.

Orión Lion

Orión Lion es el nombre de batalla de Orión Morales, pianista, compositor, arreglador, líder de conjuntos, combos y ensambles y joven director de big bands, cuya música se movió principalmente por los lenguajes del latin jazz. Fue un activo gestor cultural e impulsor del festival Jazz por la Paz desde 2016, cita que trajo a Chile a figuras internacionales del jazz latino, además de académico adjunto en la bostoniana Berklee. Como nombre propio, también llegó a presentarse con su quinteto en el Festival de Jazz de Providencia en 2012.

Claudia Acuña

La artista del jazz chileno con mayor presencia a nivel internacional logró algo que ninguno de sus pares en el género pudo alcanzar: el fichaje en una de las casas discográficas claves del jazz mundial, el sello Verve. Claudia Acuña se incorporó a su catálogo de artistas al finalizar los '90 como una de las voces de mayor proyección en el recambio generacional del jazz. Alcanzó así una categoría inédita para nuestros músicos –siempre relegados al último confín de Latinoamérica– y que la acercó a figuras más mediáticas como Diana Krall y Norah Jones.

Rodrigo Espinoza

Rodrigo Espinoza ha sido uno de los contrabajistas más fuertes y activos del jazz contemporáneo desde la segunda mitad de los años 2000, cuando inició su serie de militancias junto al trío del pianista Moncho Romero. Su sonido voluminoso y profundo apareció en una decena de discos de jazz, y al mismo tiempo Espinoza amplió las fronteras musicales integrando el conjunto de música latinoamericana de Natalia Contesse, lo que le significó una presencia musical frente a nuevos públicos. En una panorámica de habituales contrabajistas acompañantes, Espinoza se estrenó como compositor y líder en 2018 con el disco Siete flores negras.

Cristián Orellana

Contrabajista egresado de la Conchalí Big Band, ha integrado agrupaciones jóvenes durante los últimos años 2000 como los quintetos post-bop y avant-garde de los saxofonistas Cristián Gallardo y Diego Manuschevich, el cuarteto del guitarrista Diego Farías, además de la formación de octeto de 2007 y 2008 de Los Ogros del Swing.

Santiago Hot Club

La escena del jazz tradicional chileno tuvo como longevos conjuntos a la Retaguardia Jazz Band (1958), gran representante de la escuela clásica de Nueva Orleans, y a los Santiago Stompers (1965), referente del dixieland de Chicago. Pero faltaba una tercera agrupación en aparecer a mediados de los '80, nuevamente desde las motivaciones de músicos aficionados, que irían sobre el jazz gitano francés y la figura del inmortal guitarrista Django Reinhardt: los Santiago Hot Club. Sería la plataforma para la consolidación definitiva de uno de los más brillantes músicos del jazz chileno: el guitarrista Panchito Cabrera, una verdadera "reencarnación" del propio Reinhardt.

Alejandro 'Álex' García

Toda una vida de ritmos hecha fuera de Chile vivió el baterista y percusionista Alejandro García, desde que sus padres fueron exiliados por el gobierno militar. Terminó por construirse como músico, compositor y cultor del jazz latino y la fusión latinoamericana primero en La Habana, donde aprendió el rudimento y el lenguaje percutidos, y luego en Nueva York, megápolis donde consolidó su carrera a la cabeza del ensamble latin Afromantra.

Esteban Sumar

Esteban Sumar es un guitarrista y compositor de jazz contemporáneo y de avanzada. Desde que llegó a Santiago proveniente de Boston en 2003, tomó posición en este espacio en una escena que estaba comenzando a delinearse a través de nuevos lenguajes y propuestas. Su obra tuvo una importante carga de música contemporánea, avant-garde e influencia del rock de grupos como Radiohead. Y su mirada a la guitarra lo acercó a aspectos de lo "pianístico", en términos de utilización de los recursos. Pero junto con la experiencia jazzística, Sumar también alcanzó otros espacios de la música, componiendo para ensambles de cámara, además de dirigir orquestas de música popular, producir discos, investigar la música mediterránea y desarrollar como solista el sonido del blues rock.

José Pérez Vargas

Principalmente bajista eléctrico de jazz fusión y compositor, José Pérez Vargas ha desarrollado una historia musical lejos de los circuitos chilenos desde que en 2004 se trasladó desde Valparaíso a Buenos Aires para estudiar. En el puerto había sido alumno de figuras del jazz fusión de los años '80 como el guitarrista Eduardo Orestes y el baterista Boris Gavilán. Con ciertas influencias iniciales en el rock, Pérez Vargas fue derivando paulatinamente hacia el jazz eléctrico, tomando el lenguaje de la improvisación, las sonoridades de la fusión y la interacción entre los componentes de los ensambles que formó, primero como sideman y luego en la demostración de un liderazgo que lo llevó a publicar el álbum Kosen-rufu (2022). Allí mostró su primer material propio, escrito para quinteto o sexteto de jazz contemporáneo y fusión. En paralelo, su bitácora musical lo sitúa en diversos proyectos, con nuevos estudios y apariciones en conciertos y giras en Brasil, Suiza, Austria, Italia y Francia, además de integrar el quinteto de baterista italiano Ramiro Ventimiglia.

Carla Romero

La historia del jazz de Concepción ha estado ligada a un pequeño clan de renombrados músicos: los Romero. Detrás del baterista de la vieja escuela Ramón Romero, y de los pianistas modernos Moncho y Marlon Romero, apareció una nueva exponente del jazz penquista: Carla Romero, estupenda pianista bop que desdobló sus funciones también al canto siguiendo la línea de una de sus mayores referencias, Diana Krall.

Gustavo San Martín

Los cruces territoriales de la percusión describen a Gustavo San Martín en tres frentes, a través de los cuales asume tradiciones rítmicas como baterista. Ha explorado la cueca urbana, las raíces de la cumbia y sus transformaciones y desde luego el jazz contemporáneo, género que lo situó finalmente como nombre propio y líder de quintetos con el disco En casa de árbol (2018). En ese campo su propuesta incursiona en los puntos de encuentro entre la improvisación jazzística natural y el amplio universo del folclor chileno.