Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
La Hebra fue un ensamble protagonista en la evolución de la música latinoamericana hecha en Chile en los años '80, que permeada por varias influencias musicales se entendió como fusión, una corriente vanguardista en su época. Formalmente no editó discos, aunque una grabación realizada por el grupo terminó siendo el primer álbum de Antonio Restucci, integrante del conjunto, y que se publicó en 1992 con el nombre de Hilando fino. Existen algunas copias de ese mismo registro con el nombre de La Hebra. Con todo, La Hebra fue esa plataforma de proyección para el propio Restucci, una figura ineludible en la fusión chilena.
La mezcla de la raíz latinoamericana con los códigos del jazz y el rock anima a la banda Fusión Judá desde el año 2000. Sonidos de todo el continente han influenciado a este grupo originario de la capitalina comuna de San Joaquín, el cual mantiene su misma formación fundacional, y una activa agenda de presentaciones en locales nocturnos de Santiago y en festivales comunales.
Paz Quintana es el rostro y la voz de Tizana, la banda de fusión que ella formó a mediados de los 2000 en la Escuela Moderna de Música, junto a Natalia Contesse. Desde esa plataforma, la compositora y cantante desarrolló un amplio trabajo durante su primera etapa creativa en Chile, que entonces completó dos discos además de la activa participación en circuito en vivo vinculado a la fusión latina, el pop y la nueva cumbia. Tizana, sin embargo, recorrió un camino distinto al de su propuesta solista, en el que Paz Quintana ha marcado su posición como compositora, productora, cantautora y colaboradora de otros músicos del medio.
Según apunta la historia de la música popular en Chile, el primer bajista eléctrico del jazz nacional fue este legendario músico peruano. Enrique Luna antes que Jorge Toscano Vidal, Ernesto Holman o Pablo Lecaros. Luna marcó la orientación con su particular operativa improvisacional sobre las cuatro cuerdas y, sobre todo, como pivote de un grupo de jazzistas modernos desde fines de los '60.
Reconocida periodista, conductora de televisión y locutora radial desde la década de 1990, Tati Penna inició su historia musical como integrante del grupo Abril cuando tenía 18 años. Era estudiante de Periodismo y llamó la atención por su poderosa voz de contralto. Fue solista de una formación que se hizo parte de los circuitos del Canto Nuevo con un repertorio de raíz latinoamericana, grabó un cassette y compitió en la competencia folclóricoa del Festival de Viña del Mar de 1982, con la "La semilla", de Pato Valdivia. Luego de la separación del grupo, inició una carrera propia como cantante que mantuvo intermitentemente, durante el tiempo en que se convirtió en conductora de televisión.
Abogado de profesión, Claudio González ha mantenido en paralelo una vida como guitarrista y compositor en los círculos musicales de Concepción, su ciudad natal, y de Santiago, donde se radicó luego para ejercer su trabajo formal. González se aproximó a la estética del jazz rock en sus primeros tiempos. Luego fue alumno del guitarrista Jorge Díaz y más tarde organizó un sexteto de jazz fusión con un enfoque latinoamericano, bien representado en su álbum Púrpura (2017), donde comparte protagonismo con el también guitarrista, profesor y productor del disco Emilio García. Allí, González reúne sidemen como Sebastián Jordán (trompeta), Lautaro Quevedo (piano), Nelson Arriagada (contrabajo) y Nelson Oliva (batería).
Concepción 14 es un ensamble camerístico reunido alrededor del pianista, acordeonista, compositor y educador penquista Pablo Lara Donaire, un músico que ha sido tanto profesor de piano clásico como investigador y músico interesado en los folclores del Biobío. Esa misma dualidad musical se instaló entonces en Concepción 14, proyecto que tomó su nombre de la ciudad de donde provienen los integrantes del conjunto y su año de creación: 2014. En su primera época publicó los discos Concepción 14 (2015) y Orogénesis (2017), dos muestras del encuentro entre música académica, raíz folclórica, músicas del mundo y jazz contemporáneo.
Un rin con nombre y ritmo chilotes pero compuesto en el entorno citadino de Santiago es un reflejo fiel y un punto de partida para la música de Mariela González. "Rin del jardín" es una de las primeras melodías de esta autora y cantante iniciada en el Canto Nuevo, de los '70, a partir de los cuales ha sostenido un repertorio registrado décadas más tarde en su disco En privado (2002), además de algunas canciones de Congreso que cuentan con su coautoría. Radicada en Francia desde 2005, continúa allí su trabajo entre el canto y la fusión latinoamericana.
"Pop andino" o simplemente "fusión", son las etiquetas con las que se autodefinen Los Sayas, la agrupación liderada por Danny Rodríguez, que nació a fines de los años 80 – con el nombre de Los Yanacochas (los intérpretes de "Camino a Socoroma", ganador del Festival de Viña de 1988) - y que ha desarrollado una carrera , aunque intermitente, que ya completa tres discos y varias participaciones exitosas en Festivales.
La población La Legua, de la capitalina comuna de San Joaquín, vio nacer a este grupo de música latinoamericana, identificado en sus palabras con «la rumba y el son» y de formación cambiante aunque siempre numerosa. Iniciados con los instrumentos del grupo Kusimarka, en 2000 participaron en el Te Deum ecuménico de la Catedral de Santiago, y un año después presentaron su primer gran trabajo, la cantata Jesús de niño a Hombre (2001).
Estas siete mujeres destacan en la escena penquista por cultivar el folclor afrolatino, con aires de bullerengue y otros ritmos tradicionales de Colombia. Su puesta en escena muestra diversas percusiones y ricas armonías vocales. Flor de Guayaba adapta parte de la tradición de aquel país a su entorno, evidenciando los enlaces tanto sociales como culturales con la invisibilizada raíz afro en Chile.
Karen Rodenas es una cantante y profesora de voces. Integra la generación de solistas de mediados de los años 2000, que comenzaron en el repertorio tradicional del swing pero luego estallaron en distintos espacios musicales, entre ellas los nombres de Natacha Montory, Camila Meza, Nicole Bunout y Javiera Tagle. Rodenas se convirtió en una estudiosa solista de la música improvisada y la fusión en sus diversas formas, encabezando proyectos de jazz propios o como parte de conjuntos. Su único disco es Karen Rodenas Cuarteto (2013).
El jazz eléctrico y el uso de ritmos latinoamericanos han sido dos vías musicales del grupo Motete, liderado en Copiapó por el saxofonista y flautista serenense Sergio Olivares. Su propuesta de un jazz fusión de carácter nortino quedó de manifiesto en discos como Tributo a Atacama (1999) y Evolución (2003), y así Motete apareció en un panorama que tuvo como antecesores a Alsur (1986), Apus Jazz Bank (1991) y La Marraqueta (1992).
Parte de una generación de cantautoras que retoman la inspiración en la tierra, las raíces y los folclores chilenos, donde figuran Giovanna Arce, Amapola Puz, Florencia Gallardo, Tamara Quijada, Daniela Millaleo o Nacha Haase, Carla Casas-Cordero se estrenó como voz y nombre propio en el disco El río de la vida (2017), resultado de sus primeros ensayos de creación de canciones y de sus viajes por Guatemala, Honduras y México. Viñamarina de nacimiento y fonoaudióloga de profesión, también realizó estudios de guitarra clásica en el Conservatorio de la U. Católica de Valparaíso, aunque terminó próxima al folclor y la música popular, con influencias que van desde Violeta Parra a Mazapán. A su conocimiento de esas guitarras clásica y folclórica, Casas-Cordero sumó la creación de material propio y así comenzó a escribir canciones que tuvieron, en su consideración, "la intención de sanar". Esa primera carpeta fue denominada "Canciones medicina".
La creación de una música propia a partir del aprendizaje del folclor es el camino emprendido por Natalia Contesse para instalarse entre las voces de la canción chilena actual. Después de sondear en las raíces musicales latinoamericanas y del mundo durante años y con diversos grupos previos, ha grabado como solista los discos Puñado de tierra (2011) y Corra la voz (2013), poblados de canciones con influencias de la cueca, la tonada y la décima entre otras tradiciones, y ha cantado en escenarios de Argentina, España, Francia, Inglaterra e Italia. La cantante aglutina además a diversos artistas vinculados al folclor en la Escuela Creativa de Artes, Folclor y Oficios, escenario que desde 2009 dirige en la comuna santiaguina de La Reina.
La vida musical del cantautor Javier Labbé es rica y sincrética, tal cual su música y su poesía, fiel reflejo de los diversos espacios donde aprendió este arte que se cultiva entre vivencias comunes. Una colección inmensa de vinilos y altas torres de casetes y CDs de los más variados ritmos y estilos; la guitarra y la voz de su padre, el piano de su abuela y tardes de estudio frente a ese instrumento fueron los primeros indicios de una fuerte afición musical que se despertaría con todo el ímpetu de la adolescencia.
Bajista de rock, jazz y fusión, Felipe Catrilef tuvo su primera experiencia musical determinante cuando el célebre bajista eléctrico Christian Gálvez, entonces profesor en la universidad, lo invitó a integrarse su quinteto de jazz rock que grabó el disco Cinético (2010). Catrilef integra una tríada de solistas del bajo activo que recorrieron la fusión al finalizar la década de los 2010 a través de discografías propias, junto a Matías Martinoli y Luciano González.
Un itinerario que va desde el rock hippie setentero al jazz fusión académico los años 2000 ha marcado el avance de Vladimir Groppas. Es el guitarrista eléctrico a quien se le acredita el estudio inicial sobre la técnica de la guitarra clásica aplicada al rock y cuyo nombre fue conocido como integrante del grupo de rock pesado Mandrácula en los ’90, aunque su historia y punto más alto creativo se detecta en el liderazgo del grupo-escuela La Red a partir de 1987.
Conocido principalmente por su historia en Illapu, Luis Enrique Galdames Sandoval es un autor, compositor, multi-instrumentista y educador, a la vez que un viajero musical con muchos destinos situados en la llamada América Morena. Su música está permeada por ritmos, aires y colores latinoamericanos, poesía y canto, una propuesta que ha llegado incluso fuera de los límites de Illapu y ha ubicado a Kike Galdames como un nombre en la música de fusión latinoamericana.
Para hablar del grupo de artistas reconocibles dentro de lo que alguna vez se conoció como «novísima canción chilena», el nombre de Alexis Venegas es ineludible. Activo en conexión con un público nostálgico de canciones acústicas, con parciales reminiscencias a la ética y al sonido de movimientos como la Nueva Trova Cubana y la Nueva Canción Chilena, aunque también de bien dispuesto cruce al pop. Y si se trata de autodefiniciones, Alexis Venegas prefiere un sustantivo sencillo: «cancionista».