Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Como parte de la avanzada de la nueva fusión de ritmos, estilos y colores musicales latinoamericanos, el ensamble acústico Santa Mentira tomó forma en torno al compositor Rodrigo Santa María, su principal motor creativo. No por nada el juego de palabras entre Santa Mentira y Santa María sería también parte de su imaginería. Desde sus canciones y piezas instrumentales el grupo grabó el disco Santa Mentira, que sólo fue editado en 2006.
Autora y cantora, cultora de la guitarra traspuesta, intérprete del cuatro venezolano, ocasional guitarronera y también profesora de música, Miloska Valero, muchas veces presentada solo como Miloska, forma parte de una generación de cantautoras que toman los insumos del folclor profundo para transformarlo en una música esencialmente mestiza, urbana y contemporánea. Su paso por las Escuelas de Rock viene a dar cuenta de esas transformaciones naturales. Valero se estrenó con el disco Amasijo (2013), mientras que su participación en importantes álbumes conmemorativos del centenario de Violeta Parra en 2017 le dieron mayor visibilidad, hasta que sus proyectos de investigación de ritmos y danzas latinoamericanas la llevó más adelante a publicar dos álbumes titulados Latinidad.
Alejandro Escobar es un exponente de las vanguardias musicales vinculadas al jazz-rock y la fusión desde la década de 1970, y parte de una escena de músicos jóvenes con amplia cultura convulsionada y deprimida por el inicio de la dictadura. Con todo, se abrió paso entre esa nebulosa organizando bandas en el underground de la época y entre ellas fue el grupo Quilín el más representantivo en esa historia. En lo personal, para él esa historia se delinea con las influencias de la guitarra clásica, la musicología, el coleccionismo, la divulgación, el rock progresivo, el rock canterburiano, el jazz fusión y las músicas de raíz folclórica.
De la mano del joven compositor y vibrafonista Guillermo Rifo, el grupo Aquila llegó a ser reconocido en la historia como el primer proyecto sustantivo en el encuentro del jazz con la música popular y la música docta. Como un legítimo e híbrido ensamble de cámara, Aquila encontró su protagonismo en una variante de estilo y punto de vista creativo que no sólo sobrevivió largamente en la música chilena sino que se convirtió en una de las ramas más fuertes desde los últimos 30 años: la fusión.
El dúo Sankara nació como apéndice musical del ensamble Merkén, uno de los más visibles resultados del Taller de Música Latinoamericana que dictó el músico y académico Claudio Acevedo en la Universidad de Chile. Formado por la charanguista Fernanda Mosqueda y el guitarrista Felipe Valdés, Sankara tuvo un enfoque sobre la música de raíz latinoamericana desde un puente entre los mundos de tradición escrita docta y la tradición oral popular. Tanto Mosqueda como Valdés han sido, además, impulsores del encuentro de charanguistas llamado "De charango y otras hierbas".
Un rin con nombre y ritmo chilotes pero compuesto en el entorno citadino de Santiago es un reflejo fiel y un punto de partida para la música de Mariela González. "Rin del jardín" es una de las primeras melodías de esta autora y cantante iniciada en el Canto Nuevo, de los '70, a partir de los cuales ha sostenido un repertorio registrado décadas más tarde en su disco En privado (2002), además de algunas canciones de Congreso que cuentan con su coautoría. Radicada en Francia desde 2005, continúa allí su trabajo entre el canto y la fusión latinoamericana.
Como concertista clásico, Mauricio Valdebenito ha orientado su propuesta hacia los repertorios latinoamericanos y chilenos para guitarra, grabando una serie de discos y explorando además la frontera entre la música escrita y la oralidad. Es un músico altamente dotado, perteneciente a esa generación pródiga de guitarristas chilenos que ganó espacios y créditos en los '90, luego de que Luis Orlandini obtuviera en 1989 el histórico concurso de la Radio ARD en Munich: Romilio Orellana (n. 1970), Wladimir Carrasco (n. 1972), José Antonio Escobar (n. 1973) y Carlos Pérez (n. 1976), entre otros.
Clarinetista en su origen, luego saxofonista alto y en ocasiones sopranista, Luz Cuadros ha transitado por distintos derroteros musicales, primero como sidewoman y sesionista de proyectos de fusión, música latinoamericana, pop y cumbia, hasta estrenar un perfil como líder y compositora de una música de enfoque moderno que atraviesa los territorios del jazz, las fusiones y la música docta contemporánea. Su primer trabajo en esta línea es Desestructura (2017), donde ella escribió obras para noneto.
Rodrigo Vásquez es un especialista en percusión de ritmos afrolatinos, latin jazz y fusión. Formado en el Conservatorio de Música Universidad Federal de Bahía, Brasil, país donde vivió veinte años, aprendió también la disciplina cubana de los tambores batá y ha desarrollado en Brasil y Chile una amplia carrera como percusionista en vivo, músico de grabaciones, director musical y profesor.
Josefina Echenique fue la voz principal del grupo Cántaro, formado en la Facultad de Artes de la U. de Chile como resultado del Taller de Música Latinoamericana que impulsó allí el compositor, guitarrista y académico Claudio Acevedo. El ensamble representó el punto de partida para una renovación más de la música docta en su cruce con la música de raíz folclórica, y fue también semillero de compositores que tomaron peso durante los años 2000 y caminos musicales independientes en los 2010: Marcelo Vergara, Diana Rojas, Sebastián Seves, Mario Hurtado y la propia Josefina Echenique, con un proyecto solista tras su regreso de París, en 2014.
Quitrú es el grupo familiar del fagotista de la Orquesta Sinfónica de Chile Nelson Vinot, que junto a su esposa -la profesora de música María Soledad Opazo-, sus hijos y un cuñado, se constituyeron como grupo desde el año 2006, luego de trabajar informalmente durante un tiempo. El cruce de la música de raíz latinoamericana con elementos del jazz y de la música docta es el eje de su trabajo, que se ha plasmado en dos discos, y en un trabajo regular en vivo, incluso fuera de Chile. La dirección y la mayoría de las canciones son de Vinot, quien tomó el nombre de un seudónimo que le decían desde niño.
Compositora, autora, cantante, acordeonista, pianista y jaranera, Camila Vaccaro es parte de una comunidad de músicos de librepensamiento creativo, formados en la Universidad de Chile, aunque con proximidad a la música popular y acción fuera de la academia, que además han elaborado diversas formas de fusión contemporánea. En su caso, desde la deconstrucción del folclor, junto con una poesía tajante que derivó en discos-manifiesto como La bruja y Drama dramática, que le otorgó un Premio Pulsar en 2024. Ambos trabajos marcaron su primera época como solista tras su paso por el grupo de cámara Merkén.
Matato'a —que en lengua Rapa Nui significa «la mirada del guerrero»— es un grupo de música y danza de Isla de Pascua que desde 1996 fusiona los instrumentos y composiciones tradicionales del folclor de Rapa Nui con la música polinésica, latinoamericana, el reggae y rock. Es el grupo que grabó "E nua e koro", la canción principal de la teleserie "Iorana" (1997), de TVN, que fue el punto de partida de una carrera que han extendido por cinco discos y varias actuaciones internacionales.
Una herencia aprendida, por su raíz en la Nueva Canción Chilena, y adquirida, por la presencia de Sebastián Seves, sobrino de uno de los integrantes históricos de Inti-Illimani (José Seves), se combinan en La Comarca, parte de los conjuntos de nueva música de fusión chilena aparecidos desde fines de los años ’90. Debutaron con el disco La Comarca (2002), y luego algunos de sus integrantes derivaron a la formación del grupo Cántaro, además de trabajar junto a la autora y compositora Elizabeth Morris.
Vivir y haberse educado musicalmente en Santiago de Chile no le impidió a La Mano Ajena proponer un sonido influenciado por raíces tan distantes geográficamente como los sonidos tradicionales de los Balcanes y del pueblo gitano. La música klezmer y romá figuran así como fuentes importantes en la nutrición de este conjunto que trabajó con constancia durante más de quince años, y que legó cuatro álbumes y shows de energía inolvidable para quienes los atestiguaron.
Con estudios de Teatro y de Composición, ambos en la U. Católica, Camila Soria y Silvio Rozzi, comenzaron a cantar juntos desde 2012, el año en que fueron padres. Rozzi, multinstrumentista, había participado en varios proyectos antes de tomar ese camino musical de folclor junto a Soria. Guiados más que nada por una intuición y las músicas que ambos escucharon en su niñez, emprendieron un viaje por el interior argentino que se extendió por varios meses. Esa experiencia les permitió conocer un amplio repertorio folclórico, inspiración para las canciones que desembocaron en el disco En el borde de la noche (2019), con el Camila y Silvio obtuvieron el premio Pulsar de 2020 en la categoría Música de raíz.
Dibujos animados primero, músicos reales después, los Difuntos Correa son un grupo que partió escudado tras la imagen de un conjunto musical de caricaturas y que, a partir de 2003, en dos años se transformó en una de las bandas más populares de su época. Con cuatro discos y éxitos radiales como "Pasaje en avión", "Black dancing", "Arrepentido" y "Mujer azul", se situaron en la primera década de los 2000 como uno de los grupos chilenos de mayor actividad en giras y conciertos, incluyendo el Festival de Viña del Mar y varias Cumbres del Rock Chileno. La salida del cantante el año 2012, y el regreso de la formación original, se plasmó en un cuarto disco el 2013, siempre en los códigos del rock, el ska, los ritmos latinos, y los guiños a la historia musical chilena.
Mundos musicales paralelos se unieron en un momento en la historia de Daniella Rivera, violinista de formación clásica y prolongada trayectoria en orquestas chilenas, pero también integrante de elencos escénicos y de teatro, además de cantautora como nombre propio. Su primer trabajo como solista, sin embargo, apareció ya avanzada esa historia musical, como resultado de esas diversas rutas que ella recorrió. Canciones de la huerta (2023) fue una obra de estéticas libres y mestizas, que puso su nombre en un espacio de cantautoría contemporánea y que llegó a ser nominado al Premio Pulsar en la categoría Mejor nuevo artista.
Ensamble electroacústico formado en la Universidad de Talca, que trabajó un tipo de música de fusión con elementos del folclor latinoamericano y del rock progresivo y de vanguardia. Kaluhaya (2014) figura como su único disco, definido por el propio grupo como «la hibridación de timbres, ritmos, gustos, colores y textos que van formando una trama que nos hace sentir lo telúrico y lo etéreo en un mismo vuelo».