Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Conocido principalmente por su rol en el conjunto de fusión de raíz Los del Maipo, Alfonso Ureta Munizaga mantiene una identidad musical vinculada con el territorio de Pirque, también conocido como la cuna del guitarrón chileno. Su crianza en esos lares campesinos y la fuerte presencia del canto a lo poeta allí lo llevaron a conocer de cerca la mística del guitarrón, las múltiples entonaciones locales y de otras partes de la Zona Central, además de conocer a los maestros pircanos y a realizar sus propias investigaciones, tanto fonográficas como historiográficas y metodológicas.
Jorge Bravo ha sido uno de los más importantes solistas del flamenco chileno fuera de nuestras fronteras, tal y como ha ocurrido con otros nombres en esta modalidad guitarrística, como Carlos Pacheco Torres (en Córdoba) Claudio Villanueva (en Madrid) y Andrés Hernández (en Sevilla). Instalado en Londres desde 2005, Bravo se ha desdoblado desde el flamenco al jazz gitano y a la música sudamericana sumando credenciales en distintos frentes, tanto como instrumentista como profesor.
Hija del fundador de Quilapayún, Eduardo Carrasco, Manuela Carrasco debutó el año 2010 con el disco Contando estrellas, con canciones que van de la trova latinoamericana a los aires y nuevos ritmos del reguetón, mezclando letras originales de su padre con música del compositor Quirino Ríos, y que contó con la colaboración de importantes músicos locales.
La cantante de Sol y Medianoche es mucho más que la voz característica de ese grupo, con el que se hizo conocida en el circuito rockero a comienzos de la década de los años ochenta. Antes y después de integrar la banda, María Soledad Domínguez —más conocida como Sol Domínguez— ha tenido una trayectoria como cantante y solista que mantiene en paralelo a su trabajo grupal.
Sebastián Tato Seves es un nombre que aparece en varias historias de la música chilena. En primer lugar, es sobrino José Seves, de Inti Illimani, y es parte de dos grupos que, desde los años '90, contribuyeron a cimentar una nueva escena de música latinoamericana: La Comarca y Cántaro. Justamente con ellos se fue a Francia a mediados de los años 2000, y allá fue parte del colectivo La Bizikleta. A su regreso estuvo en la Orquesta Popular -proyecto donde tocaban ritmos latinoamericanos con letras contingentes- y debutó como solista, con el disco Tormenta 'e cuecas el año 2012. El 2017 resumió parte de su historia en un segundo disco, donde mostró nuevamente su sólido oficio de compositor, y se paseó por los distintos estilos de su carrera. Desde la trova al folclor latinoamericano, acercándose incluso a la balada.
La cantautora, guitarrista y profesora de música Romina Núñez fue parte del florecimiento que el folclor experimentó en los primeros años del milenio, con una abundante y generación de cultores, folcloristas, intérpretes e investigadores que reimpulsaron el género desde distintos ángulos. A partir de experiencias en la cueca urbana fusionada de Las Torcazas y de la cueca campesina con el dúo Las Comaires, y hasta su propio proyecto de cantautoría, Romina Núñez fue una de las mujeres solistas que marcaron presencia: desde Fabiola González a Leslie Becerra, desde Natalia Contesse a Carola López y desde Andrea Andreu a Claudia Belencha Mena.
Guitarrista, compositor, académico e innovador en la enseñanza del flamenco, Carlos Pacheco Torres tiene credenciales suficientes como para figurar entre los músicos que más lejos ha llegado en su campo. Nacido en Temuco y criado en Gorbea, desde 1989 viene escribiendo una historia musical del todo desconocida. Ese año llegó Córdoba, una de las ciudades de Andalucía donde el flamenco es patrimonio puro, y allí ha llegado a ser investido por los propios gitanos y flamencos como «maestro». Junto a Carlos Ledermann en Chile, Carlos Pacheco Torres es el otro gran nombre entre los docentes de la guitarra flamenca.
Ensamble de fusión contemporánea formado y dirigido por el guitarrista Daniel Román e integrado por músicos provenientes de distintas tradiciones, desde la música docta de cámara y el jazz moderno, hasta la música popular y el folclor chileno. Sus búsquedas los sitúan en una amplia escuela de cultores de la fusión sobre las raíces latinoamericanas desde un ámbito tanto académico como de expresión popular. Con las sonoridades de saxofones soprano y barítono, bajo eléctrico, batería, guitarra y cuatro, han explorado estos territorios, incluyendo en su trabajo eminentemente instrumental una serie de canciones con textos de carácter crítico y reflexivo sobre el acontecer político. Sus álbumes son Pequeños gestos de rebeldía (2014) y Atar y desatar (2017). Con este último trabajo, en 2018 el ensamble obtuvo el Premio Pulsar en la categoría Jazz y Fusión.
Si Horacio Salinas ha sido el director histórico de Inti-Illimani, si Jorge Coulon ha sido su mejor vocero y José Seves ha tenido la voz más poderosa del conjunto, entonces Horacio Durán ha sido el rostro más característico de este fundamental conjunto chileno. Integrante del grupo desde sus inicios, Durán es el hombre identificado con el charango en la alineación de Inti-Illimani, así como el más carismático y cercano al borde caribeño que el conjunto ha desarrollado a lo largo de su carrera. Reconocible además por el pelo cano que lo caracteriza desde el regreso del conjunto a Chile tras el exilio, el músico ha desarrollado un trabajo propio en paralelo al grupo. De este modo integró el conjunto chileno-italiano Trencito de los Andes, con el que grabó el disco Escarcha y sol (2000), y es también parte como solista de la comunidad de charanguistas chilenos y como tal figura en los discos colectivos Charango: autores chilenos (2001) y Charango: autores chilenos, vol. 2 (2016).
Formado en su origen por jóvenes estudiantes de la U. Católica de Valparaíso, Ajayu se consolidó como ensamble acústico de fusiones diversas, que tomó su nombre de la imaginería del mundo aymara: Ajayu es "alma" o "espíritu", voz que vincula su propuesta con una sonoridad "cercana a lo inmaterial, a lo imaginable y a lo que es difícil de situar en un lugar", según describen sus integrantes. En una formación de septeto, o bien sexteto, Ajayu avanzó en ese camino, incoporando primeramente instrumentos de ese mundo andino, como la quena y el sikus, además de sonidos de una tradición clásica europa, como el chelo, el clarinete y la flauta traversa. Ello lo situó en una línea extendida de propuestas musicales de ensambles surgidos en los años '90, como Transiente en Valparaíso y Entrama en Santiago.
Francesca Ancarola es una figura de la música popular de fin de siglo, que toma elementos de la tradición latinoamericana y las fusiona con músicas de sus tiempos. Si bien comenzó su carrera en 1984 con un premio como intérprete en el Festival Canciones de la Joven Música Chilena, organizado por la revista La Bicicleta y el Café del Cerro (ejes del Canto Nuevo), Ancarola forma parte de la oleada que renovó el género a fines de la década siguiente, reconocible durante esos tiempos bajo el concepto de "novísima canción chilena". Las coordenadas que agrupan a esta generación son básicamente tres: raíz folclórica, textos poéticos de crítica social, y música que desde la academia inician una transformación de esa misma raíz con una mirada contemporánea.
Andrés Márquez fue uno de los integrantes históricos de Illapu, y una de sus voces principales, hasta 1997, cuando se retiró para ser candidato a diputado por el Partido por la Democracia. Su derrota electoral, sin embargo, no lo llevó de regreso al grupo, y emprendió una historia solista traducida en un disco para Alerce. Su carrera artística se ha alternado con su trabajo político, encauzado un tiempo como concejal por Cerro Navia. Andrés Márquez es uno de los hermanos Márquez Bugueño que han conformado el eje histórico de Illapu, y estuvo en el conjunto desde 1975, acompañándolos durante todo su exilio y su período de mayor popularidad, en los años 90. Como una de las voces principales del conjunto, también fue clave a la hora de la composición, en un oficio que demostró en su álbum solista La vida es más.
La cumbia "La culebra" ha sido el motor principal de la orquesta La Culebrera, que expone un amplio y vibrante repertorio de cumbias colombianas en su colorida, dinámica y escénica propuesta de cantos y danzas, con lo que ellos denominan "el veneno tropicaliente" de esta música. Con un nítido espíritu de carnaval afrolatino, su música incluye otros ritmos del Caribe, no siempre asimilados entre el público del sur de América, como el bullerengue, el festejo y la samba. La prensa colombiana llegó a calificarlos entre las 20 mejores agrupaciones de cumbia del circuito. Su primer disco es Todos vamos a morir... (2014).
Reconocida periodista, conductora de televisión y locutora radial desde la década de 1990, Tati Penna inició su historia musical como integrante del grupo Abril cuando tenía 18 años. Era estudiante de Periodismo y llamó la atención por su poderosa voz de contralto. Fue solista de una formación que se hizo parte de los circuitos del Canto Nuevo con un repertorio de raíz latinoamericana, grabó un cassette y compitió en la competencia folclóricoa del Festival de Viña del Mar de 1982, con la "La semilla", de Pato Valdivia. Luego de la separación del grupo, inició una carrera propia como cantante que mantuvo intermitentemente, durante el tiempo en que se convirtió en conductora de televisión.
Una pregunta lanzada entre líneas apareció junto con la música del ensamble binacional Araukania Kuintet: ¿hasta dónde puede llegar la intervención de la raíz folclórica? Los músicos chilenos y cubanos que organizaron este conjunto en 2000 se salieron de toda norma estilística al momento de recuperar la obra de las dos figuras históricas en la música popular chilena de raíz folclórica: Violeta Parra y Víctor Jara. Desde la plataforma de la música de fusión y el mestizaje reconstruyeron y reinterpretaron libremente parte de sus creaciones.
El soul latino y la balada R&B fueron las primeras vías de expresión de la cantante, compositora y profesora de música serenense María Illanes, vinculada entonces a un frente de voces cultoras de esta raíz negra del pop, como Carito Plaza, Martina Lecaros, K-réena y Celeste Shaw, intérpretes capitalinas que nutrieron esa nueva escena. Aunque su evolución musical, una vez que se mudó a España, tomó elementos de la canción acústica folk que le dio categoría de cantautora.
Con el nombre musical de Somi Tax, un juego de palabras de lo que en rigor debería ser Tomi Sax, el saxofonista Tomás Corvalán propuso un cruce inusual entre el huayno frente al lenguaje jazzístico, desarrollando lo que él denominó "saxofón andino". Intérprete de diversos aerófonos del Altiplano y al mismo tiempo la gama completa de los saxofones, flauta traversa y clarinete, Somi Tax fue parte de la escena del jazz contemporáneo desde la década de 2010 con su fusión de mundos, expuesta en el disco Huaynitos del cerro (2023).
Quizás por haber vivido su infancia y juventud en países tan distintos y distantes como Chile, Japón, Italia y Brasil, Vasconcellos creó un tipo de canción que ha buscado el arraigo en sonidos originarios, especialmente de América Latina, de donde son también sus orígenes sanguíneos. Su fórmula finalmente dio con canciones alegres, festivas y con explícita conciencia social y cultural. Desde su salida del grupo Congreso, en 1983, el músico se desarrolla de modo solista, y con altas cumbres de popularidad en esa área. Su influencia en toda una generación de músicos, la masividad de sus canciones y su intensa y poderosa actividad en vivo lo convierten en una figura vigente y fundamental de la música de fusión desarrollada en nuestro país.
Más que solo un conjunto de música infantil, Volantín es una agrupación creativa multidisciplinaria que pone foco en la inclusión de los niños y su diversidad dentro de la sociedad, utilizando distintos dispositivos para la creación de un repertorio mano a mano con su público, por lo general perteneciente a la primera infancia. Volantín se nutre de los lenguajes del canto, la música, el teatro, la danza y el lenguaje de señas en partes similares, con una propuesta que se define como "un viaje por los paisajes culturales y sonoros de Chile y América Latina". Fue parte central en la puesta en marcha de la asociación gremial Crin Chile en la década de 2000, que reunió a creadores y trabajadores de la música para niños. En 2019 participó en el Encuentro de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña, realizado en Guatemala, y a lo largo de sus primeros diez años de historia publicó los álbumes que marcaron ese camino: Voy a cantarte un cuento (2014), con canciones basadas en cuentos tradicionales, Bello barrio (2018), la historia de un cité capitalino, y La plaza de los sueños (2024), con canciones sobre los derechos de los niños, que los músicos construyeron a partir de experiencias obtenidas en talleres.
Integrante de una cuarta generación de nombres en el grupo MediaBanda, al que arribó como bajista en 2015 y grabó en los álbumes Bombas en el aire y Maquinarias, Felipe Martínez Guidicelli ha aparecido en diversos frentes musicales. Solista, compositor e improvisador, desde sus primeros tiempos en la década de 2010 se desplazó en ambientes de las músicas creativas, desarrollando varios lenguajes: desde la música de cámara y la fusión latinoamericana hasta la música experimental y la música para escena. Su primer trabajo, sin embargo, se desenvolvió en el campo de la improvisación, con el relato concatenado de los dos volúmenes de Ritos cortidianos, que se publicaron en 2022 y 2023, respectivamente.