Entrama

La música instrumental de la llamada fusión latinoamericana tuvo a Entrama como su gran estandarte desde la segunda mitad de los años ’90. Un ensamble mixto sobre el que se manifestó un colectivo de diestros intérpretes y al mismo tiempo modernos compositores con un rasgo muy distintivo: provenían en igual proporción desde la academia docta como de la peña folclórica.

Leer más

Años

Santiago, 1997 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Entrama

Integrantes

Pedro Suau, flauta traversa, quena, zampoña, tarka y dirección (1997 – •).
Juan Antonio Sánchez, guitarra (1997 – 2000).
Manuel Meriño, guitarra (1997 – 2000).
Pedro Melo, acordeón, bajo, teclados y flauta traversa (1997 – •).
Rodrigo Peje Durán, cello (1997 – •).
Ítalo Pedrotti, charango (1997 – 2006).
Carlos Basilio, percusión (1997 – •).
Daniel Delgado, guitarras, percusión y acordeón (1998 – •).
Marcelo Arenas, batería (2000 – •).
Guillermo Correa, guitarra y mandolina (2001 – •).
Sebastián Iglesias, bajo (2001 – •).

Iñigo Díaz

Entrama siguió así una línea estética cuyo origen se apunta en las exploraciones instrumentales de Violeta ParraVíctor Jara durante los ’60, el folclor con guitarras eléctricas de Los Jaivas y Congreso en los ’70, y la apertura hacia nuevas músicas de grupos como Huara y La Hebra en los ’80. En su primera década de vida, con tres discos editados, la música de Entrama fue descrita como un telar sonoro de gran colorido y múltiples texturas.

Los músicos que se reunieron en esta primera convocatoria en 1997 pertenecían en su mayoría a la generación tardía del Canto Nuevo. Pero no estaban alineados con la trova directamente, puesto que tenían estudios formales en sus instrumentos y no escribían letras de canciones. Juan Antonio Sánchez (n. 1965) era guitarrista clásico y colaboraba de manera estrecha con el mandolinista Antonio Restucci. El charanguista Ítalo Pedrotti (n. 1966) y el quenista Pedro Suau (n. 1966) tocaban en grupos de música andina y tropical (Opus Salsa), mientras que el bajista Pedro Melo (n. 1969) alineaba en la banda de Joe Vasconcellos y el guitarrista Manuel Meriño (n. 1972) lo hacía con Alberto Plaza. A ellos se sumó el cellista Rodrigo Peje Durán (n. 1963), de la Orquesta Sinfónica de Concepción, y el percusionista Carlos Basilio (n. 1965), recién llegado de la ciudad alemana de Colonia e integrante de Ortiga. Los fundamentos estéticos ya habían sido planteados para el nuevo proyecto llamado Entrama, que en apenas unos meses desde su fundación llegaba a un primer álbum: Entrama (1998).

Entre el público de un concierto en la Sala Elefante de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile figuraba el compositor Subhira, quien dirigía el sello Mundovivo y quien detectó en este novedoso ensamble música de gran belleza y proyección. En 1998 Entrama grabó para Mundovivo algunas de sus composiciones más reconocidas, junto al guitarrista Daniel Delgado (n. 1964): “Angelito” o “Al encuentro”. Eran parte de una obra que hasta entonces se mantenía en una olla a presión y que en los ensayos de la Sala Fech terminó por desbordarse naturalmente.

Se iniciaba entonces la etapa de mayor diversidad estilística para Entrama, con música de guitarras latinoamericanas, aerófonos andinos, cuerdas de cámara, tambores regionales y folclor modernizado. Ese año llegó a ser elegido por la junta previa al Altazor como el mejor grupo jazz fusión, “doblegando” a La Marraqueta y sorprendiendo a los propios músicos, que jamás se consideraron jazzistas.

Hacia la orquesta simbólica
En 1999, Entrama musicalizó el documental sobre el pintor surrealista chileno Roberto Matta, Un siglo demente. Se iba a convertir en el álbum Entramamatta. Jamás vio la luz, pero de esas series salió la pieza “Escrito en papel verde”. En 2000, los guitarristas Sánchez y Meriño dejaron el grupo, el primero para radicarse en Madrid y el segundo para integrarse a Inti-Illimani (del que llegaría a ser el joven director musical tras la partida de Horacio Salinas). Con la inclusión de una batería (Marcelo Arenas, proveniente del grupo rockero Triciclo), Entrama adquiría un peso distinto como grupo de fusión. La nueva versión del conjunto grabó Centro (2001), en honor al espacio reducido donde surgió el material: una pieza de ensayo en Teatinos y Compañía, en pleno centro capitalino.

Para entonces el espíritu del grupo entendía que la música de raíz folclórica no tenía por qué ser simple en sus formas. Los integrantes de Entrama querían componer una música “muy chilena”, con muchos colores y armonizaciones complejas. Una música que fuera impresionista y a la vez expresionista. Y así se presentaron en 2003 en la Universidad de Concepción, junto a la Orquesta Sinfónica penquista, para reordenar sus composiciones en lenguaje de las filas de violines, violas, cellos y contrabajos.

Un concierto multitudinario al aire libre que fue la génesis del siguiente proyecto de Entrama: grabar música con orquesta y grupo. El álbum se llamó Simbólico (2005) y respondió al carácter de la agrupación que los acompañó, pues ante la imposibilidad de convocar a la mismísima Orquesta Sinfónica organizaron lo que llamaron la Orquesta Simbólica, con solistas escogidos de la Filarmónica y la propia Sinfónica. Después de ese álbum Entrama alcanzó la adultez definitiva como planteamiento musical. Sus obras llegaron a ser estudiadas en conservatorios Europa y utilizadas como musicalización de diversos programas televisivos. Se iniciaba la nueva edad para un grupo proyectable en el tiempo y para la música de fusión chilena.

Natalia Contesse conversa con Gastón Soublette y presenta su nueva canción

El eminente investigador y profesor dialogará con la cantante en el estreno de “Pájaro malverde”, este miércoles 22 de noviembre a las 19.00 horas en la Sala América de la Biblioteca Nacional.

Distinguen a Quilapayún, Jorge Yáñez y Luis Merino

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes anunció a los ganadores del Premio a la Música Nacional Presidente de la República 2017, en las categorías de música popular, folclórica y docta.