Electrónica
Desde los experimentos en laboratorios de sonido por compositores venidos de la academia en los años '50 hasta la extendida escena de DJs y músicos que trabajan en diversas vertientes en nuestros días, la música electrónica ha sido uno de los campos más múltiples de las últimas décadas. Alojada primero en los círculos doctos pasó a la música popular con el empleo de los primeros sintetizadores análogos aplicados a la música pop y rock en los años '70, y luego ha viajado a través de los grupos "tecno" o "tecnopop" de los '80, las precursoras fiestas con DJs de fines de esa década y un horizonte de músicos y productores que desde los años '90 en adelante han multiplicado sus posibilidades. Entre la música más bailable y la más experimental, la electrónica se ha visto reforzada con el inicio de los sellos en Internet o netlabels que desde 2003 se han identificado sobre todo con esta música.
No es que la entrada a sus conciertos o el disco cuesten nuevenoventa, sino que el dúo formado por Ana Norambuena y Pablo Muñoz lleva ese nombre, tan familiar para los buscadores de ofertas. Como son sólo dos, se van intercambiando los instrumentos: teclado, sintetizador, guitarra, bajo, batería programada. Es la voz de Ana la que prende un puñado de lúgubres y grises canciones sobre la vida en Santiago bien delineadas por el pop, aunque con algo de herencia pospunk.
El uso extensivo del sampler, el gusto permanente por las melodías y una sutil lectura social son claves a través de las cuales se puede escuchar la música que el productor porteño José Manuel Cerda desarrolló durante cerca de una década bajo el alias El Sueño de la Casa Propia, que luego cambió por Bruxista.
Productora y DJ, Carla Valentina Becerra Rangel es Carla Valenti, una exponente de la electrónica chilena de pista durante la década de 2010. Su música se desarrolla en los ámbitos del house y el club dance, y expone nítidos elementos de las culturas afrolatinas y altiplánicas, presentes en composiciones como las que se incluyen en su disco EP Sentir (2016). Ha tocado en festivales como Mysteryland Chile, y también en República Dominicana y Brasil, en cuya ciudad de Sao Paulo se radicó durante un tiempo. Es una de las fundadoras del sello La Chimba Discos, que propuso un encuentro entre la electrónica masiva de baile y las músicas folclóricas andinas y latinoamericanas. Algunas de sus remezclas más difundidas son "Piel morena", de la cantautora boliviana de música folclórica y de protesta Zulma Yugar, y "Arena modernísima", de la iquiqueña Tomasa del Real. Temas de Carla Valenti también han aparecido en discos compilatorios de 2016 de electrónica independiente, en Brasil, México y Polonia, como Hystereofônica vol. 1, donde se incluyó "Soneto da separação"; Global barrio vol. 1, donde aparece "Nostalgia", y Basy tropikalne, con "Gitana".
Al menos dos etapas marcan claramente la historia de Los Mismos. El modo en el que el grupo trabajó a mediados de la década de los noventa, difieren de sus circunstancias desde el año 2000 en adelante. La sociedad se planteó inicialmente como el proyecto que mantendría ocupados a dos ex integrantes de Electrodomésticos, Silvio Paredes y Ernesto Medina. Sin embargo, la banda pasó más tarde a ser un trío entre Paredes y dos músicos con larga experiencia en el ámbito pop, Gabriel Vigliensoni y el multifacético Cuti Aste. Estos cambios formales no alteraron la esencia de Los Mismos, que fue la de trabajar música electrónica con un inequívoco sello autoral, dispuesta a acoger a un público curioso y sin una preparación teórica previa.
Poco más de un año después de la primera disolución de Los Prisioneros, el baterista Miguel Tapia regresó a un estudio de grabación. La incondicional confianza de un sello multinacional le daba ánimo para desarrollar lo que desde hacía un tiempo venía diseñando con Cecilia Aguayo, la tecladista que había acompañado la última gira del grupo sanmiguelino: un grupo tecno-pop anclado en la tradición de la música chilena. Le llamaron Jardín Secreto, y pudieron avivarlo por un total de cinco años y dos discos. Sin embargo, la escasa repercusión radial del grupo, que nunca quiso ser considerado de elite, terminó por dirigir a sus integrantes en proyectos individuales.
Juan Pablo Hernández Smith entró a corta edad al mundo del espectáculo y tuvo espacio desde su infancia en televisión y escenarios. Su padre, Marcelo, ya era conocido como baladista y luego agitador infantil en "Cachureos". Precisamente en este espacio fue que Juan Pablo grabó por primera vez su voz, aunque su impulso ya sería una decisión adulta, desde 2004, con un sonido más distintivo, asociado a las bases electrónicas y al pop. “Soy oscuro, no hago un pop light —le aclaró una vez al diario La Tercera—. Y aunque no sé si voy a ser cantante toda la vida, mientras lo sea, quiero ser el mejor. Pero tranquilo, no me desespero”.
Violinista de formación clásica y compositor de músicas de distintas estéticas y formatos, Francisco Moreira Herrera se identifica con una escena de música mapuche urbana que tomó cuerpo a fines de la década de 2010 y que tuvo una primera visibilidad en los discos colectivos Ayekafe (2021). Es reconocido con el nombre de Vñvm, voz mapudungún que significa "pájaro", también escrito como VÑVM o Üñüm, según distintos grafemarios. En 2023 obtuvo el premio Pulsar en la categoría Música para Audiovisuales por el disco Inatugen (2022).
Paula Schopf, más conocida como Chica Paula en el plano musical y en el familiar, es una de las integrantes de la legión electrónica chilena en el extranjero. En su caso es además una cuestión de genes: hermana del músico y productor Dandy Jack (Martín Schopf) y del DJ Adrián (Adrián Schopf), ha desarrollado su propia carrera como discjockey y productora entre Chile y Alemania.
Como muchos en su gremio, los DJs, productores y músicos electrónicos Ricardo Villalobos y Lucien Nicolet han elegido varios seudónimos para ir publicando los diversos discos, remezclas y singles que pueblan sus respectivas discografías. Sense Club es uno más de esos nombres, uno que en la práctica identifica las ediciones y presentaciones en vivo que ambos vienen desarrollando desde 1998, poco después de conocerse en Santiago de Chile.
Conocido como un quinto elemento del grupo Cómo Asesinar a Felipes, Carlos Meza se inició a fines de los '90 en el tornamesismo, aunque ya antes, a sus 19 años, había comenzado a aparecer en ciertos círculos musicales como DJ. Su creatividad se expandió entonces desde la artesanía de la construcción musical a una arquitectura organizada, dentro de esa misma escena del hip-hop de fin de siglo, de modo que Meza atravesaría todo ese período como DJ Spacio, un tramo de dos décadas que tuvo como desenlace su primer álbum monográfico: Cinema tornamesa (2020), un homenaje a esas prácticas musicales.
Compositor con trabajos en vivo y en estudio para múltiples búsquedas sonoras, Sebastián Vergara desarrolla una obra de diverso enfoque, piezas orquestales y camerísticas, además de trabajos en la electrónica de ambientes y secuencias, música para medios y propuestas de tipo experimental. En sus palabras, su trabajo musical busca "explorar la experiencia de escucha y producción de obra; trabajando la tensión entre el movimiento y lo estático, la contención y la liberación expresiva. También la visualidad y una narrativa implícita". Además de diversos encargos para imagen y arreglos para otros nombres en la música, Vergara se ocupa como docente. Tiene estudios de pregrado y posgrado en el área de la composición, los arreglos musicales, la estética y la filosofía.
En paralelo a su trabajo junto a Los Jaivas, hacia el año 2010 el guitarrista Ankatu Alquinta comenzó a trabajar en varios proyectos vinculados al jazz. Todos ellos, al final, derivaron en Chilatin Beats, camino de fusión electrónica y sonidos latinoamericanos que, hacia el comienzo del año 2011, se consolidó con la sociedad del músico electrónico Dorian Chávez, DJ de dilatada trayectoria.
Una aproximación desprejuiciada al pop y la electrónica ha definido la trayectoria de Chicarica, una de las muchas bandas nacidas a mediados de la década de 2010 en Santiago. Sus integrantes, además, se han caracterizado por desarrollar proyectos en paralelo y colaborar con otros grupos y solistas.
Ingeniero civil, Alejandro Zahler ha incursionado en la música desde plataformas vinculadas a las tecnologías. Con estudios de Composición en la U. Católica, bajo la mirada de Alejandro Guarello, y más tarde en colaboración con el músico Adolfo Flores, integrante de la histórica Orquesta de Cámara de Chile de los años '60, llegó a componer obras desde el computador en una mirada actual de la música de cámara, a través de elementos de la electrónica y el sonido puro.
Una pregunta esencial sitúa al dúo de música electrónica en el campo de la experimentación: ¿la existencia es mono o es estéreo?. También conocido por la abreviatura MoE?, Mono o Estéreo? comenzó a aparecer en el circuito de la música independiente en 2016, con sus performances de percusiones y ritmos reales u "orgánicos", a través de la batería de Loreto Ríos, quien contaba con estudios de percusión clásica en el Instituto de Música de la U. Católica, y la serie de sonidos de máquinas, teclados y guitarras, a cargo de José Toro, músico vinculado a las artes visuales. Este último, como productor, había comenzado a procesar el repertorio desde una década antes hasta finalizar el trabajo en laboratorio en 2015. En busca de un sonido que accede a territorios más rítmicos de la electrónica, junto con el rock, la sicodelia y la influencia de la música latina, un año después de reunirse como dúo, Toro y Ríos lanzaron su estreno discográfico, Clics (2017), del cual se desprende el single "Iguales distintos".
Como ensamble de música actual, denominada así para referirse a ciertas corrientes de la creación en el siglo XXI, Xatarra ha bordeado líneas de música y sonido distintas, considerado en su narración instrumentos provenientes de la música clásica o sinfónica, como el cello y el fagot, y dispositivos de la música electrónica de ritmos y de ambientes, aparatos de muestreo y sintetizadores mayoritariamente. La música es resultado de este encuentro y Xatarra —voz que juega simbólicamente con la idea de la "chatarra"— se ha impuesto como uno de los proyectos centrales de la comunidad del sello 11:11. Entre sus integrantes que cuentan con proyectos solistas están la cellista y compositora Isidora O'Ryan y el compositor y productor Andrés Abarzúa. Después de intermitentes apariciones desde que comenzaron a hacer investigación sobre la música improvisada y la producción hacia 2015, Xatarra publicó el disco Cuadros (2023). Antes, habían elaborado trabajos próximos a la instalación lumínica (con el artista Sergio Mora Díaz) y la danza contemporánea (con el colectivo La Vitrina), además de establecer vínculos con nombres como Foex, Bruxista y Nico Rosenberg.
Cantante pop, DJ y productora, Thais es el pseudónimo musical de Marcela Castro, quien integró el grupo Saiko entre 2007 y 2009, cuando llegó para sustituir la partida de Denisse Malebrán y grabar el único disco de la banda con su voz, Volar (2007). Además ha sido parte del proyecto electrónico Leche, del productor Leandro Muñoz, entre 2005 y 2011. Desde 2012 ha colaborado con el Ángel Parra Trío y su segunda reinvención a la música pop, pero en lo sustantivo ella terminó instalada en un circuito de la electrónica bailable como DJ residente en distintos espacios alrededor del mundo.
Luego de las muchas sociedades musicales que ocuparon al músico Miguel Conejeros desde los años ochenta, Fiat600 ha resultado ser su proyecto más duradero y de amplio alcance. La autogestión de esta persistente propuesta electrónica es la marca musical más profunda de un músico vinculado en su temprana juventud al punk-rock local, y que también mantuvo en paralelo al dúo Bipolar, pero que hoy se asienta cómodamente a solas entre máquinas.
El nombre de Ottavio Berbakow es conocido en el circuito underground desde mediados de los años '90 como uno de los primeros exponentes nacionales en editar discos de música electrónica junto a LEM, su dúo con Oscar Burotto (Sembe), además de por su trabajo de divulgación, como panelista del programa "Perdidos en el espacio" de Radio Universidad de Chile y como redactor en la revista especializada Música marginal. Pero fue durante una estada en Italia en 1999 que Berbakow adoptó el nombre de Esqueleto para desarrollar su proyecto en solitario.
Marciano nació como la derivación de un proyecto electrónico previo que ocupó a Sergio Lagos y Rodrigo Castro (antes en Tec Machine) bajo el nombre Musikalibre. De las largas improvisaciones semisicodélicas que inspiraban a ese proyecto, Marciano marcó a partir de 1998 un giro hacia algo más acotado y de anclaje firme en el espectáculo en vivo.