Jardín Secreto

Poco más de un año después de la primera disolución de Los Prisioneros, el baterista Miguel Tapia regresó a un estudio de grabación. La incondicional confianza de un sello multinacional le daba ánimo para desarrollar lo que desde hacía un tiempo venía diseñando con Cecilia Aguayo, la tecladista que había acompañado la última gira del grupo sanmiguelino: un grupo tecno-pop anclado en la tradición de la música chilena. Le llamaron Jardín Secreto, y pudieron avivarlo por un total de cinco años y dos discos. Sin embargo, la escasa repercusión radial del grupo, que nunca quiso ser considerado de elite, terminó por dirigir a sus integrantes en proyectos individuales.

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Años

Santiago, 1993 - 1998

Décadas

1990 |

Géneros

Jardín Secreto

Integrantes

Miguel Tapia, secuencias y voz (1993 – 1998).
Cecilia Aguayo, secuencias y voz (1993 – 1998).
Fernando Fuentes, batería (1993 – 1994).
Alejandro Vásquez, saxo (1993 – 1994).
Robert Rodríguez (1993 – 1998).
Antonio Monasterio (1997 – 1998).

Jorge Leiva

Currículo de sus integrantes
Mientras estudiaba Medicina (carrera de la que se tituló y en la que hoy sigue ejerciendo) Cecilia Aguayo participó en grupos de danza independiente. Sus contactos con el productor artístico Vicente Ruiz la llevaron a ser parte del grupo de perfomance Cleopatras, una peculiar apuesta femenina de música y expresión escénica que el tiempo ha dejado como gran símbolo del underground chileno bajo dictadura. En las Cleopatras militaron también la actriz Patricia Rivadeneira, la bailarina Tahía Gómez y la diseñadora Jacqueline Fresard (esta última, primera esposa de Jorge González). Junto a ellas, Aguayo se ejercitó por primera vez como tecladista, lo cual le permitió asumir sin complicaciones la invitación de Jorge González para integrarse a Los Prisioneros en 1991.

Allí forjó una más estrecha amistad con Miguel Tapia. Y fue ella quien, tras la disolución del grupo, le propuso un trabajo conjunto. “Lo presioné bastante”, reconoció tiempo después, pero logró convencerlo. Así, entre diciembre de 1992 y abril de 1993, se fueron a trabajar a una casa en Los Molles con equipos (algunos prestados por Jorge González) que les permitieron grabar los primeros demos de lo que querían fuese un dúo de tecno-pop.

Alternándose en la voz e incorporando algunos elementos electrónicos, el grupo se reforzó con el ex Banda 69 Robert Rodríguez, en guitarra; el baterista Fernando Fuentes y el saxofonista Alejandro Vásquez. Nació así Jardín Secreto, un grupo que generó lógicas expectativas dado el currículo de sus integrantes, pero al que Warner Music le impuso un primer productor inesperado: el baladista Juan Carlos Duque.

Dos álbumes
El disco Jardín Secreto apareció en 1993, y lanzó a radios el single “Un lugar”. Pero no hubo la atención esperada, y, para peor, Tapia debió enfrentar preguntas incesantes sobre su antigua banda. Esto produjo una crisis interna que dejó al grupo en pausa por un tiempo.

“Fue muy precipitado ese disco”, reconoció más tarde Aguayo, quien en 1997 se animó a volver a estudio junto a Tapia para un álbum en cuyo sonido pudieran tener mayor control. El baterista había recién cerrado el proyecto de la edición compilatoria póstuma Ni por la razón ni por la fuerza (1996), y confiaba en haber espantado al fin con ello “el fantasma de Los Prisioneros“. Además, Jardín Secreto era ahora una banda independiente.

Los Prisioneros fue algo tan grande, que dejó una sombra. Y recién ahora nos relajamos totalmente. O sea, yo creo que no sólo nosotros: también la gente y el medio ven que Los Prisioneros es otra historia, que está en el pasado y que ahora somos todos nuevos haciendo otra cosa en otro  momento”, le explicó Tapia al sitio Chilerock.

El resultado de este intento fue El sonido de existir (1997), un trabajo en el que participaron como invitados Jorge González y Dandy Jack, y en el que el grupo consideró pertinente incluir una versión para “El albertío”, el famoso tema de Violeta Parra (en un cruce entre electrónica y folclor que muchos años más tarde continuarían bandas como Marciano). Al estilo general del álbum le llamaron “romantic-tecno”.

Tampoco consiguieron gran difusión (el single elegido fue “Contigo y las flores”), pero lograron acogida en la naciente escena electrónica santiaguina. El nacimiento del primer hijo de Cecilia Aguayo y la reunión de Tapia con González en el proyecto Los Dioses congeló definitivamente la vida de Jardín Secreto. Hoy Cecilia Aguayo ejerce la medicina, mientras que Tapia concluye una etapa de asociaciones que incluyeron a los reunidos Prisioneros y el dúo Razón Humanitaria (con Argenis Brito).

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