Canto y trova
Poemas y canciones de amor, de humor o de política fueron parte del oficio del trovador histórico, personaje nacido ya en épocas medievales y que mil años después regresó a la música popular con el mismo sentido. Su figura renació en los años '60, cuando en América Latina y Europa surgieron autores cuyas canciones –interpretadas con la sola compañía de una guitarra- hablaban de sentimientos personales y temas sociales. Canto y trova son formas modernas de expresión del trovador, quien a falta de despliegue instrumental centra el poder de su música en las letras y en su virtuosismo como ejecutante de esa pequeña orquesta de seis cuerdas. Desde Francia a Estados Unidos y desde Cuba a Chile, los cantautores reaparecieron en la década de los grandes cambios. En nuestro país se activó en el marco de la Nueva Canción Chilena y luego siguió con el movimiento joven del Canto Nuevo, pero su oficio es ahora tan genérico que ha superado todas las etiquetas.
Compositor y productor que comenzó su carrera profesional a en 2014, con el disco Al sur, luego de un largo camino en bandas y festivales escolares. Hijo de Pablo Herrera, heredó de su padre su afición a la guitarra y desde ahí ha trazado su camino musical cercano a la trova y la canción romántica. Con estudios universitarios de Sonido, desde el 2012 comenzó a trabajar en producción musical. Ha colaborado con figuras del pop de su generación como Denise Rosenthal, y su participación en un reality televisivo a mediados de 2014 le dio una especial difusión para su primer sencillo, "Felicidad", que sirvió de adelanto para ese estreno discográfico. Un lenguaje de fusión es la base de su sonido.
Cantora popular, intérprete y folclorista son oficios que se unen en Catalina Rojas, una artista que ha conjugado las raíces campesinas con escenarios urbanos desde los años '70 a la fecha. Ha trabajado junto a recopiladores del folclor como Gabriela Pizarro y Patricia Chavarría, y fue la más próxima colaboradora de Roberto Parra, con quien se casó y junto al cual se dedicó a cantar en calles y mercados durante los duros primeros años de dictadura militar. Con cuatro discos grabados a contar de 1986 y canciones como el vals "Puerto esperanza", de su hermano Dióscoro Rojas, la cantante actúa además al frente del grupo La Filarmónica de la Cueca y en actividades y escenarios como las fondas y cumbres guachacas cada año.
Varios países han escuchado la voz y la guitarra de Clarita Parra, una cantautora e intérprete vinculada a la música desde la genética familiar, pues, como hija de Eduardo Lalo Parra, es parte de la segunda generación de parientes activos en la música. Ocupada primero en la recreación de repertorio ajeno, con el tiempo la autora fue desarrollando un cancionero propio, en parte cronístico y en parte folclórico. Su repertorio abarca sobre todo cueca, trova y fusión latinoamericana, y se cruza en varios momentos con el de su padre, con quien llegó a grabar varios discos. En 2024, Clarita Parra recibió el Premio a la Música Presidente de la República, distinguida en el ámbito de la música de raíz folclórica.
New-age y folk son dos etiquetas que no incomodan a Paula Monsalve para ubicar el lugar de su música, si bien en la difusión de su trabajo esta cantante y autora con largos períodos de residencia en el extranjero ha buscado permitirse el cruce con cauces diversos y amplios, también personales. Su motivo es, en sus palabras, «la música de tu tierra, de tu gente, la música que crece dentro tuyo: ésa es tu música propia». Madrid y Fairmount (Indiana, Estados Unidos) han sido hasta ahora las capitales para su trabajo, anclado desde un inicio a la matriz latinoamericana.
Una de las voces más irónicas e incisivas surgidas en el contexto de la Nueva Canción Chilena fue la de Gonzalo Grondona, el Payo. Nacido en Playa Ancha y fogueado al calor de las transformaciones sociales de los años '60, Grondona se convirtió tempranamente en una figura ineludible para hablar del movimiento artístico del puerto, gracias a canciones llenas de humor, solidaridad y sutil denuncia, muchas de las cuales han resultado de una vigencia imbatible.
Gonzalo Eduardo Sorich Guerra es un trovador urbano nacido en los albores de la vuelta a la Democracia, que ha recogido la tradición del canto popular instaurado por las principales figuras de la Nueva Canción Chilena, como Víctor Jara, aunque también ha coincidido con las músicas posteriores representadas en la trova cubana de Silvio Rodríguez o la canción catalana de Joan Manuel Serrat. Con experiencia como diácono en el colegio San Esteban, Sorich se dio a conocer en escenarios de diversos festivales escolares. Su primera canción significativa fue "Dando vueltas", pieza que le abrió el camino a la cantuatoría. Tiene publicados los discos Ojos de artista (2011) y Despegar (2015), y fue destacado en Cumbre de los Cantores Sitmuch de 2015 por "Quédate a ver la luz del alba".
Raúl Acevedo es el nombre de uno de los muchos obreros que tuvo en los años setenta y ochenta el movimiento del llamado Canto Nuevo, heredero de la Nueva Canción Chilena con las herramientas de la trova y la oposición a la dictadura. Encarna la figura del cantante con guitarra iniciado en los escenarios universitarios, fogueado por decisión propia en los espacios más populares de canto de barrio y resistencia, y que ha prolongado hasta la actualidad su trabajo según los dictámenes de la autodefinición que él prefiere, la de «cantor popular». O, en sus palabras, «la articulación de música y poesía en función de una identidad».
Probablemente la expresión más importante y representativa del movimiento de Canto Nuevo, desarrollado en Chile durante la década de los '80, fueron los valdivianos Schwenke & Nilo, un dúo que mantuvieron por más de treinta años los músicos Nelson Shwenke y Marcelo Nilo. Inspirados en la tradición de la canción social, en las inquietudes en torno a las relaciones humanas y en apego a la naturaleza del sur de Chile, muchas de sus canciones fueron clásicos de los circuitos más activos de oposición al régimen de Pinochet. El proyecto nunca detuvo su trabajo, incluso tras la muerte de Nelson Schwenke en 2012.
La simpleza que rodea las canciones no es más que un espejismo frente a una música de peso, anchura, profundidad y sensibilidad como la de Anís (María Belén Azócar). La cantautora viñamarina llegó a integrarse a una escena de folk pop alrededor de nombres referenciales del sello Uva Robot, cuando de pronto ella se encontró en la capital viendo a solistas como Niña Tormenta y Diego Lorenzini en el escenario. Esa experiencia la impulsó en 2019 a componer y depurar sus propio material, un tipo de canción desprovista, acústica y acompañada por pequeños elementos sonoros que definió esa época inicial para Anís. Más adelante, en 2025 dio sus primeros pasos a nivel fonográfico con el EP Esto tiene un final, producido por el propio Lorenzini. Fue parte de ese largo proceso marcado por la pandemia como telón de fondo y por la intensa exploración musical y escritura de canciones acerca del tránsito hacia la vida adulta junto con las encrucijadas respecto de la identidad, la vulnerabilidad y el amor. Además, por esos tiempos de estudiante universitaria, Anís descubrió la fotografía análoga y se relacionó con las artes visuales y el video arte. Un ejemplo de ese lado suyo como artista visual fue el videoclip para su canción "Santiago (duerme al fin)", desarrollado con la técnica de revelado fotográfico con luz solar llamada cianotipia y que en este caso puntual el relato fue construido a través de más de 1.300 fotogramas.
Tata Barahona es cantautor, profesor de música, lutier e integrante del grupo de música medieval Calenda Maia. Sus orígenes se encuentran en los circuitos estudiantiles, que luego se fueron ampliando a los escenarios de la trova en un camino creativo marcado por cantautores como Eduardo Gatti y Alexis Venegas. Tras su disco debut en 1993, mantuvo una década de silencio, y en los años 2000 grabó artesanalmente dos nuevos títulos, pero el año 2011 dio un paso decisivo y presentó su primer disco de estudio, Fotografías. El trabajo fue el inicio de una trilogía, con la que ha puesto canciones en radios (como "La mexicana", "Te vas de mí" o "Luz de rabia") y redes sociales y que lo han llevado por todo Chile, convirtiéndolo en un nombre fundamental de la trova en la segunda década del 2000.
En la generación de cantautores chilenos que comenzó a destacar desde el año 2000 en adelante, Manuel García se ha ubicado como uno de los más importantes, gracias a una propuesta que ha hecho dialogar trova y rock, a una poética identificable, y a un persistente ritmo de trabajo —en Chile y en el extranjero—, constante tanto en presentaciones en vivo como en grabaciones. Integrante fundador del grupo Mecánica Popular, el cantante y guitarrista ariqueño fue desarrollando en paralelo a esa banda proyectos solistas que se encauzaron de modo definitivo a fines de 2005, cuando publicó su primer álbum como cantautor, Pánico. Desde entonces, su disposición a enriquecer su cancionero en sonidos y contenidos lo ha encaminado en ascenso, cruzando además su trabajo con el de colaboradores y socios relevantes, como Ángel Parra Cereceda, Ángel Parra Orrego, Mon Laferte y Los Bunkers. Su música ha figurado, además, en otras de teatro, películas y documentales nacionales; además de haber sido reconocida por premios relevantes (Premio Nacional de la Música 2008, entre muchos). La suya ha sido una trayectoria de vocación clara —«a los ocho años comencé a sentir los primeros latidos del trovador», ha dicho— y cuyo desarrollo resulta ineludible en el análisis de la canción chilena en la era digital.
Vinculado a la orden jesuita desde su juventud y ordenado sacerdote en 2007, Cristóbal Fones SJ se mueve entre una vida religiosa y su intensa actividad de creación musical. No solo ha publicado una serie de discos de cantautoría tradicional con temáticas pastorales, desde que su historia comenzó con Te contemplo en el mundo (1996), sino que también ha recorrido otros caminos en la composición, bien representados en Küme mongen (2017), un disco de piezas instrumentales que se mueve por la música étnica, de fusión y new age.
La forma musical que fue adoptando la carrera solista de Claudio Guzmán se hizo con el tiempo casi incompatible con los recuerdos de su tiempo de guitarrista, compositor y vocalista de Q.E.P., una de las bandas que alimentó el llamado boom pop ocurrido en Chile durante los años ochenta. A diferencia de las canciones bailables de ese cuarteto, los discos de Guzmán como cantautor mostraron composiciones vinculadas a su época y sensibilidad generacional, según la norma de la trova.
Aunque dio sus primeros pasos en el contexto del Canto Nuevo en los años '80, la música de Felo trasciende por mucho esa etiqueta. El uso de códigos de humor en sus canciones, en la misma línea que el uruguayo Leo Maslíah, lo convirtió desde entonces en un músico diferente y avanzados los 90 y sobre todo a comienzos de la década de los 2000, su trabajo saltó a los medios masivos. Fuiel a su estilo, tuvo un exitoso paso por el Festival de Viña del Mar en el 2005. Actualmente se mantiene activo, con presentaciones regulares a lo largo de todo Chile en pequeños escenarios, que es el formato - como ha reconocido - que más cómodo le resulta.
Cantora de La Araucanía, nacida, criada y con una vida adulta en Collipulli, tras un paso por la capital, experiencia que la llevó a escribir la canción "No me vuelvo pa Santiago". Su música intuitiva, lejos de los rigores académicos y un canto libre sin depuraciones formales, se ha inspirado en la defensa de las causas mapuches y presenta un borde aguerrido de la canción de protesta ante las desigualdades sociales de su tiempo. Además se conecta en la naturaleza sureña y la "mapu", voz mapudungún para referirse a la tierra. Una de sus canciones más resonantes es "La conquistada de América".
Natalia Vásquez es Mora Lucay, cantautora porteña que comenzó a aparecer a mediados de los 2010 en un proyecto pop reunido primero como dúo y luego como cuarteto en Valparaíso que se dio a conocer con ese nombre. Su música ha articulado distintas influencias y vertientes, desde una aproximación a la trova latinoamericana hasta la saya y la cumbia en un aspecto más festivo. La mezcla fue definida en sus primeros tiempos como "dramatic pachanga", debido a sus canciones de corte dramático pero al mismo tiempo bailables y coloridas.
La canción de autor y la fusión latinoamericana son ámbitos en los cuales ha desarrollado su trabajo Sebastián Arancibia, nombre joven asociado a la música de raíz, que en su primer disco tuvo colaboraciones de músicos relevantes de la escena local, como Paz Mera, Ema Pinto y Andrés Pérez, entre otros. Era todavía un estudiante de enseñanza Media cuando contactó, a través de MySpace, a Magdalena Matthey, quien luego se convirtió en una suerte de mentora para su carrera musical. Fue ella quien lo indujo a hacer estudios de música en la escuela Projazz y quien lo presentó en su primer concierto, en el bar La Barcaza de avenida Santa Isabel, en Santiago. En adelante, cultivó un repertorio que fue registrado en un primer disco titulado VerdeSelva y canela, publicado gracias a un proyecto de financiamiento colectivo. Ese álbum, que fue presentado en mayo de 2015 en la Sala Master, contenía canciones inspiradas por la raíz latinoamericana, con timbres acústicos, delicados arreglos y letras reflexivas. El bar Thelonius, el Teatro Projazz, la Casa de la Cultura de La Cisterna y La Tienda Nacional son espacios que han acogido actuaciones de Sebastián Arancibia, quien ha combinado su carrera con el trabajo con compañías de teatro y su labor como profesor.
Uno de los autores y compositores más destacados en la historia de la trova en Chile es Manuel Huerta, cantor y guitarrista formado en los años ’80, con un catálogo de discos iniciado en 1986 que fue prosperando a lo largo de su carrera, a ritmo estable y sin interrupciones en todas sus épocas. Un canto comprometido y sensible es parte de su sello como autor, junto a un carácter musical que si bien tiene a la guitarra acústica como instrumento de cabecera se toma las libertades necesarias para incursionar en sonidos latinoamericanos más diversos e incluso en vetas de rock y funk en su sonido, y patentar así una identidad propia y variada.
Cantante, autora, instrumentista y educadora de pedagogía Waldorf, desde ese ángulo Antonia Schmidt ha sostenido su propuesta creativa de una música para niños que supera el mero enfoque didáctico tradicional. En sus palabras, la suya es una "música para sentir". Desde esa perspectiva, ha compuesto canciones con temáticas sobre meditación y medioambiente, además de recopilación de cuentos, mitos y leyendas de Chile y Latinoamérica que presentó en sucesivos trabajos. En esa discografía destaca Música para la Tierra (2014), el álbum que la puso de lleno en el circuito de la música infantil.
El canto puro y despojado y la guitarra como única compañía son dos columnas sobre las que se sostiene la música de Amapola Cortés, cantautora chilena con una trayectoria iniciada en las escenas de la música independiente en Ciudad de México y que desde allí ha tenido un posterior eco en Chile. Sus canciones crean paisajes visuales y poéticos, y en ellas se pueden reconocer las raíces folk de la música acústica junto con una proximidad al sadcore. Es un imaginario propio de nostalgia, introspección, melancolía y profundidad, en el que ella va en busca de la belleza depositada en la tristeza.