Canto y trova
Poemas y canciones de amor, de humor o de política fueron parte del oficio del trovador histórico, personaje nacido ya en épocas medievales y que mil años después regresó a la música popular con el mismo sentido. Su figura renació en los años '60, cuando en América Latina y Europa surgieron autores cuyas canciones –interpretadas con la sola compañía de una guitarra- hablaban de sentimientos personales y temas sociales. Canto y trova son formas modernas de expresión del trovador, quien a falta de despliegue instrumental centra el poder de su música en las letras y en su virtuosismo como ejecutante de esa pequeña orquesta de seis cuerdas. Desde Francia a Estados Unidos y desde Cuba a Chile, los cantautores reaparecieron en la década de los grandes cambios. En nuestro país se activó en el marco de la Nueva Canción Chilena y luego siguió con el movimiento joven del Canto Nuevo, pero su oficio es ahora tan genérico que ha superado todas las etiquetas.
Intérprete por definición, Isabel Aldunate es una de las cantantes más versátiles de su generación. Iniciada a fines de los años ’70, ha combinado expresiones como la poesía y el canto comprometido con géneros como el musical y la canción ligera, tanto en sus discos Yo te nombro, Libertad (1984) y Prontuario (1987) como en obras escénicas recientes entre “Valparaíso vals” (2006) y “Gabriela apasionada” (2007), y ha sido además una exponente significativa del trabajo de compositores chilenos como Desiderio Arenas y Joakín Bello entre otros. Ha puesto su registro vocal de soprano al servicio de un repertorio de autores y compositores mayores como Violeta Parra y Patricio Manns y de creadores de su generación, entre los que se cuentan Eduardo Yáñez, Osvaldo Torres, Luis Alberto Pato Valdivia y Desiderio Chere Arenas.
Veró es el proyecto solista de Verónica Quezada, cantautora folk de la Quinta Región que ha desarrollado una propuesta acústica a partir del ukelele, luego expandido a un trabajo mayor con músicos de acompañamiento, alrededor de una voz poderosa. Nacida en Villa Alemana, también ha establecido sus espacios de trabajo en Quilpué, y entre sus colaboraciones figura una aparición en el disco debut de Daniela Serey, Ilusión (2018). Su primera publicación solista es el EP Rey planta (2016).
«Suena a Conce», coinciden sus coterráneos al describir el sonido que el cantautor penquista Mauricio Javier Toloza conduce bajo el nombre de Cantáreman. Desde 2008, sus canciones de raíz folk y letras urbanas han encapsulado el imaginario del suburbio sureño, rutinario y melancólico. Junto a sus álbumes caseros y singles de exportación, el músico se convirtió en uno de los artistas de culto de la generación post terremoto en la capital del Biobío.
Jazmín Gómez Garibotti tomó el nombre de Jazmín para instalarse en la escena de cantautoría femenina consolidada durante la década de 2010. Lo hizo con la contundente y arrojada “Canción que duele”, pieza que encabezó su disco debut Hecho a mano (2012) y definió un estilo frente a la canción basada en la guitarra acústica. Sin embargo en el transcurso de la década Jazmín iría mutando progresivamente al pop, enfoque que quedó representado después con el disco Antes de dormir (2020).
Una canción ambientada en el capitalino barrio Bellavista de comienzos de los '80 es la nítida postal con que empieza a sonar la historia de Rudy Wiedmaier, un autor y cantante que se inició como trovador de canciones acústicas y que derivó desde el Canto Nuevo hacia el rock, el soul y la adaptación musical de poetas chilenos.
Gonzalo Eduardo Sorich Guerra es un trovador urbano nacido en los albores de la vuelta a la Democracia, que ha recogido la tradición del canto popular instaurado por las principales figuras de la Nueva Canción Chilena, como Víctor Jara, aunque también ha coincidido con las músicas posteriores representadas en la trova cubana de Silvio Rodríguez o la canción catalana de Joan Manuel Serrat. Con experiencia como diácono en el colegio San Esteban, Sorich se dio a conocer en escenarios de diversos festivales escolares. Su primera canción significativa fue "Dando vueltas", pieza que le abrió el camino a la cantuatoría. Tiene publicados los discos Ojos de artista (2011) y Despegar (2015), y fue destacado en Cumbre de los Cantores Sitmuch de 2015 por "Quédate a ver la luz del alba".
Desde la tradición trovadoresca de la poesía y la guitarra sola, Francisco Pancho Domínguez transitó hacia una música que expone diversos resultados, amplios sonidos y aproximaciones incluso a la canción pop. Dos discos EP y un largaduración marcaron su recorrido por la década de 2010, un pródigo período creativo en que Domínguez expuso una música influenciada por grandes nombres de América Latina, desde Silvio Rodríguez a Spinetta y Drexler, e incluso los chilenos Manuel García y Nano Stern, cantores folk de dos generaciones.
Como músico nacido en el archipiélago de Calbuco y con una vida posterior en Ancud, Eduardo Soto aparece como un cantautor de muy fuerte y profunda raigambre territorial, en una poética de paisajes y vivencias insulares que palpita también en sus canciones trovadorescas a guitarra y canto, como en el primero de sus discos, Eduardo Soto (2010). Con todo, tras una serie de viajes que lo llevaron por Sudamérica y Estados Unidos, Soto experimentó un evolución sonora que lo acercó a la canción pop, por entonces ya rodeado de bandas mayores de apoyo y el uso de la guitarra folk con cuerdas metálicas. Su experiencia musical se manifestó finalmente en esa saga de discos autorales que marcaron una primera época en su historia: Indómito (2012), el EP Desaprender (2014) y El sueño de los coihues (2022). Entre sus cruces de canto y trova, Soto ha compartido escenario con cantautores y cantautoras como Alonso Núñez, Pablo Morales, Tamara Quijada, Gabilú, Kennya Comesaña e incluso una figura del pop como Daniela Aleuy.
Del grupo de cantautores que comenzó a destacar en Chile a partir del año 2000, Nano Stern ha sido una de los más poderosos y de más amplio alcance. Su estilo se distingue en parte por su asombroso oficio sobre la guitarra, así como su libertad vocacional para plantearse desde un inicio como un músico itinerante y de apuesta global. Aunque a los ojos masivos Stern constituye un firme músico solista, sus primeros trabajos estuvieron asociados a los grupos Matorral y Mecánica Popular, incluso como músico adolescente. Sin embargo, fue su posterior partida a Europa a los 19 años de edad la que fortaleció un camino trazado por él mismo. Desde entonces ha publicado sus discos con presencia incesante en festivales de jazz, folk y fusión en los puntos más inesperados del planeta y ha conseguido un estatus entre los cantores chilenos más importantes en el inicio del siglo.
Renata Espoz es Resostenido, un nombre musical simbolizado en el acorde de Re sostenido, fonéticamente relacionado con su nombre y simbólicamente expresado en la idea de "un paso más allá". Cantautora de la generación joven de fines de los años 2000 (Natalia Molina, Vilú, Florencia Lira, Francisca Meza, Javiera Barreau, Rocío Peña, EyMacarena), su creación fusiona la canción folk pop con ritmos, aires e inspiraciones de la música latinoamericana de raíz. Gran parte de su vida musical ha transcurrido desde Sao Paulo, donde conoció la riqueza de la música brasileña y donde ha multiplicado sus colaboraciones, alternadas con visitas a Chile. Resultado de esa experiencia es el álbum Nada é acaso, nada es casualidad (2016), parte de una serie de grabaciones de mediana y breve extensión donde ella escribe y canta acerca de la libertad, el amor, los viajes y distintas temáticas sociales. Además es profesora de música y entre sus trabajos en este campo aparecen proyectos como la compañía brasileña de música infantil CaMbaLhota MuSicaL y sus propuestas de música para la primera infancia.
A sus 19 años, Pablo Herrera abrió con su primer disco la historia de uno de los solistas chilenos exitosos de la música local. Rubricado primero como trovador o cantautor, se movió en escenarios alternativos hasta comienzos de los años noventa, cuando por propia opción decidió acercarse a la balada y desvió su rumbo hacia nuevas audiencias y alcances. "Alto al fuego", "Entre dos paredes", "Tú eres mía" y "Amor, amor", son algunas de sus canciones ancladas en la memoria colectiva local de las últimas décadas.
Desde un sur tormentoso y húmedo como el Biobío, en 2014 apareció Martina Montaldo, guitarra en mano y un puñado de bellas canciones tristes e intimistas que entonces comenzó a presentar en los ambientes de la música independiente y cierta tendencia lo-fi con su seudónimo de Martina Lluvias. En un primer período, la cantautora redujo ese proceso creativo y esa estética musical al uso de una voz no entrenada aunque auténtica y la guitarra folk. Más adelante expandió su sonido a través de una banda eléctrica, dadas las necesidades musicales de su cancionero, que ahora la encaminaron hacia un pop de mayor luz, aunque igualmente íntimo. Sus primeros trabajos son los discos EP Las canciones (2014) y Miedo a la oscuridad (2017), editados por el sello Cazador. Una década después de esos inicios, ella recuperó su nombre de Martina Montaldo para continuar una nueva etapa musical como cantautora. Uno de los hitos en ese período fue su participación en la apertura del concierto de la española Christina Rosenvinge en el Teatro Oriente.
La temuquense Marcela Parra es cantautora, pero al mismo tiempo poeta y doctora en Artes Visuales, lo que le ha permitido ampliar su creatividad desde que inició una carrera como solista, cantando en un serie de pequeños escenarios de Valparaíso hacia 2005. Sus canciones pop y folk mezclan la raíz del folclor sureño con la música celta, la música portuguesa y la poesía propia, en un encuentro que quedó expuesto desde su primer disco, Astronautas en la playa (2015). Con el tiempo su creación pasó a utilizar las herramientas digitales, sintetizadores modulares y otros medios para establecer una cantautoría desde la electrónica.
Daniel Jesús Díaz es Ramírez Neira, compositor y autor de canciones con guitarra, con una influencia de la tierra sureña, la poesía y la literatura. De hecho su trabajo como cantautor comenzó en 2010 luego de un infructuoso proyecto de banda de rock que iría a homenajear entonces a Juan Rulfo, uno de sus padres literarios. Ramírez Neira nació en el seno de una familia campesina y minera de Lota. Su primer disco es Útero (2011), del que se desprende su canción "Con la soga al cuello", pieza que fue antologada en el disco Absenta musical, vol. 2: cantautores (2011), álbum que presentó a una nueva partida de solistas, cantores y trovadores de la década de 2010.
Compositor, intérprete e investigador, Osvaldo Torres fue uno de los miembros fundadores de Illapu, a quienes acompañó por siete años, y luego ha desarrollado su trabajo musical solista principalmente en Francia, aunque siempre fiel a la identidad cultural de su lugar de origen. Ha dedicado la vida a la poesía, la música y el estudio de la historia, tradiciones y vida de la cultura nortina de Chile. Su discografía combina trabajos solistas y colaboraciones (Horacio Durán, Claudio Pájaro Araya, Quilapayún, entre otros), y ha trabajado además con los conjuntos Quilmay y Karumanta.
Las primeras creaciones de Tomás del Real superaron los límites de la trova latinoamericana sanguínea para introducirse en el territorio del folk europeo, con influencias celtas y balcánicas. Esa fusión de dos tradiciones quedó registrada en Tomando forma (2014), el primer disco del cantautor, que lanzó a los veinte años tras la experiencia de un viaje de seis meses solo junto a su guitarra por ciudades de Bélgica, Escocia, Bulgaria y Eslovenia. A lo largo de su historia, Del Real ha transitado un camino de encuentros entre esas vertienes musicales de su tierra y las pertenecientes a las músicas del Viejo Mundo, hasta llegar al dúo folk Don’t Chase the Lizard, que en 2022 formó junto a la violinista, cantante y compositora estonia Lee Taul.
La simpleza que rodea las canciones no es más que un espejismo frente a una música de peso, anchura, profundidad y sensibilidad como la de Anís (María Belén Azócar). La cantautora viñamarina llegó a integrarse a una escena de folk pop alrededor de nombres referenciales del sello Uva Robot, cuando de pronto ella se encontró en la capital viendo a solistas como Niña Tormenta y Diego Lorenzini en el escenario. Esa experiencia la impulsó en 2019 a componer y depurar sus propio material, un tipo de canción desprovista, acústica y acompañada por pequeños elementos sonoros que definió esa época inicial para Anís. Más adelante, en 2025 dio sus primeros pasos a nivel fonográfico con el EP Esto tiene un final, producido por el propio Lorenzini. Fue parte de ese largo proceso marcado por la pandemia como telón de fondo y por la intensa exploración musical y escritura de canciones acerca del tránsito hacia la vida adulta junto con las encrucijadas respecto de la identidad, la vulnerabilidad y el amor. Además, por esos tiempos de estudiante universitaria, Anís descubrió la fotografía análoga y se relacionó con las artes visuales y el video arte. Un ejemplo de ese lado suyo como artista visual fue el videoclip para su canción "Santiago (duerme al fin)", desarrollado con la técnica de revelado fotográfico con luz solar llamada cianotipia y que en este caso puntual el relato fue construido a través de más de 1.300 fotogramas.
La gestión, la recopilación y la cantautoría sostienen el trabajo musical de Carola Guttmann, creadora nacida en Santiago pero con fuerte vínculo con la tradición de Chiloé. Para cuando publicó Escrito en el agua, su primer álbum, una curiosidad musical de excepción la había llevado ya por una labor autodidacta de búsqueda e investigación profunda, y aplicada en decisiones que habían incidido fuertemente en su vida y su trabajo. Define ella: «El canto revitaliza la memoria que corre en la música y, al crear, renueva los mensajes para estos tiempos».
Tiare Galaz adoptó el nombre de Niña Tormenta paulatinamente. Primero como un apodo íntimo, luego como un perfil en redes sociales y finalmente como su nombre artístico. Letras sencillas, protagonismo del ukelele, tenues percusiones y una voz suave pero firme caracterizan su cancionero, salpicado por constantes colaboraciones con otros músicos. A esa labor ha sumado, en distintas etapas, una rol como gestora cultural en el sello Uva Robot y en la agencia Capitán Cobalto.
Cantautor romántico y en cierta medida continuador de la línea que han marcado solistas como Pablo Herrera, Alexis Venegas o Marco Andreu, que mezclan la trova con la balada. Con un pasado como integrante de conjuntos de música andina, estudios preliminares de guitarra clásica y luego de composición, Rodrigo Maureira es, además, profesor de música. Se inició en la cantautoría con una primera serie de melodías que llevó al disco Memoria viva (2012). Más tarde tomaría el cancionero de Víctor Jara para una observación propia en Deja la vida volar (2013), con el que llegó a ser nominado al premio Altazor de 2014 en la categoría Álbum urbano.