Eduardo Peralta

Desde el canto estudiantil de mediados de los ’70, Eduardo Peralta ha sido uno de los hombres de mayor presencia en la genealogía de cantores y autores chilenos. Compositor, cantante y en especial avezado guitarrista, se inició en 1977 en el movimiento del Canto Nuevo, germinado en peñas y facultades, con canciones como “Golodrina chilota” y “El hombre es una flecha”, y mantuvo una carrera activa sobre al menos tres vertientes: sus propias composiciones, su trabajo como payador y sus cuantiosas adaptaciones para canciones del trovador francés Georges Brassens. Además de sus discos, ha grabado con cantantes como Cecilia Echenique, Clarita Parra y los payadores Pedro Yáñez, Manuel Sánchez y Moisés Chaparro.

Fechas

Santiago - 23 de diciembre de 1958

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Eduardo Peralta

Verónica San Juan

Barba, guitarra y golondrina chilota
El estudiante Eduardo Peralta tenía dicienueve años cuando en 1977 emprendió dos vocaciones paralelas, entre sus estudios de periodismo en la Universidad Católica de Chile y su oficio de autor y cantante. La primera sólo iba a durar dos años, hasta 1979. La segunda, ejercitada en esos primeros años en facultades, sindicatos, peñas y parroquias, sería la definitiva.

Parte activa del movimiento musical de resistencia a la dictadura que dio forma al llamado Canto Nuevo, Peralta cantó en la pionera generación de peñas de la época, y a mayor escala fue también parte de los conciertos del programa radial “Nuestro canto” en el Teatro Cariola, los Encuentros de Juventud y Canto de la capitalina Parroquia Universitaria y los festivales de la Agrupación Cultural Universitaria en el Teatro Caupolicán.

Allí compartó junto a una generación de cantantes como Nano Acevedo, Patricio Liberona, Eduardo Gatti y Hugo Moraga entre muchos otros. Un Eduardo Peralta que respondía a todas las señas del cantautor artesa de la época, flaco, barbón y con guitarra, mostró en esos lugares canciones tempranas como “Sólo quiero caminar”, “Pequeña opinión personal”, “Navidad”, “El joven titiritero”, “Golondrina chilota” y “El hombre es una flecha”, años antes de pensar en grabar un disco.

Peralta dejó la universidad a fines de 1979 y viajó por primera vez a Europa, invitado a lugares como el Festival de Poesía de Rotterdam (Holanda), el Festival de la Canción de Berlín (Alemania), la Casa de los Jóvenes en Ginebra (Suiza) y la parisina Casa de la Cultura de Bobigny (Francia), donde cantó con Osvaldo Gitano Rodríguez. El viaje fortaleció su convicción por la trova y le permitió conocer el trabajo de Georges Brassens (1921-1981), una de las grandes figuras de la canción francesa, de quien incorporaría numerosas traducciones a su repertorio.

Santiago, vals de invierno
El cantautor volvió a Chile a fines de 1980, y a su regreso empezó a grabar. Su primer disco, Eduardo Peralta (1983), fue realizado junto a un equipo de músicos con Edgardo Riquelme (guitarra), Pancho Aranda (teclados), Pablo Lecaros (bajo) y Jaime de Aguirre en la producción musical, que otorgaron arreglos inéditos y elaborados a las canciones que había tocado por años con guitarra sola.

En esa vieja cassette del ’83 se oyen los manifiestos de “El hombre es una flecha” y “Canción de amor contigo y con todos” y los retratos de “Señorita Sonrisa” y “Navidad (a esconder la realidad)”, y en todos ellos se adivina una intención de tomar postura, aunque más no fuera con la metáfora de mencionar la palabra “libertad” en “La golondrina chilota”. Pero así mismo están la introspección de “No sé lo que me pasa”, la melancolía de “Ay París”, los arreglos juguetones de “La orquesta del pueblo” y “Tú eres un monstruo”, además de una primera adaptación de Brassens con “La guerra del 14”.

Tres años más tarde apareció Eduardo Peralta, volumen dos (1986), con similares proporciones. La melancolía urbana cambia de París a Santiago en “Santiago vals de invierno” y sus postales del restaurant Venecia en el barrio Bellavista. El juego se traslada del monstruo amigable a “Mis zapatos”. El retrato pasa de la Señorita Sonrisa a la complicidad con “Juan González”, el peatón anónimo que no entiende lo que vale. El manifiesto reaparece en una canción de vieja data acerca de la TV en “Pequeña opinión personal”. Hay una “Elegía a Armando Rubio” dedicada al poeta.

La picardía al modo de Brassens se oye en una “Historia melancólica y monótona de los machos”, junto a una adaptación del trovador medieval gallego Pero da Ponte. Y ya a la altura de su tercer disco, Eduardo Peralta canta a Brassens (1990), el chileno está en condiciones de consagrar un repertorio completo a su mentor. De él toma canciones originales para convertirlas en meritorias traducciones y adaptaciones al español de la picaresca “Le gorille” (“El gorila”), los retratos conmovedores de “Brave Margot” (“La buena Margot”) y “La Jeanne” (“Juana”); la taciturna “Le fossoyeur” (“El enterrador”) y las deslenguadas “Le temps ne fait rien a l’affaire” (“La edad no tiene que ver”) y “Le pornographe” (“El pornógrafo”), todas con Jorge Campos como fiel contrabajista.

Treinta años, cien canciones
También en los años ’80 Eduardo Peralta encuentra una veta escondida: la de payador. Con Pedro Yáñez estrena el espectáculo “2 locos con 6 cuerdas” que a partir de entonces se presenta en vivo con frecuencia hasta la actualidad. Y pronto un nuevo disco viene a mantener su repertorio de trovador.

De hecho se llama Trova libre (1999), y contiente un promedio mayor de canciones de amor como “A modo de sugerencia”, “Soneto a Nathalie”, “Antigua historia de amor” y “Llegaste desde lejos”. Pero están combinadas con el humor de “Canción a tu ex-marido”, la crítica social en “El jaguar”, “Manual para ser feliz” y “Trovador apostador” y los manifiestos en “Los tres caballeros” y “Declaración definitiva”, una canción de amor por la libertad. Lo inédito es el borde íntimo en “Este niño Vicente” y “María Belén y yo”, dos canciones dedicadas por el autor a sus hijos.

Apenas un año después Peralta grabó en vivo junto a Cecilia Echenique el disco Hoy como ayer, en un concierto realizado en 2000 en la Sala SCD del barrio santiaguino de Bellavista. Ahí vuelve sobre canciones como “Ay París”, “Santiago vals de invierno” y otras como “El gato del gato” y composiciones de Desiderio Arenas o Dióscoro Rojas, aunque recién fue editado en 2005. Y a partir de los años ’90 el cantante también ha puesto música a versos de poetas chilenos como Juvencio Valle, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Gonzalo Rojas, Armando Rubio, Teresa Calderón, Óscar Hahn y Clemente Riedemann.

En Brassens no termina el interés de Peralta más allá de las fronteras. También ha escrito adaptaciones de poemas de trovadores medievales, en especial gallego-portugueses, como el citado Pero da Ponte, Joam de Lobeira, Martín Códax y Joam García de Guilhade. Y así mismo ha tocado, según su registro, en cincuenta ciudades de más de veinte países, incluidas Calgary, Edmonton, Toronto, Ottawa, Montreal, Quebec y otras en Canadá (1984), en Lima, Perú, con León Gieco, Silvio Rodríguez y Mercedes Sosa (1986) y en Milwaukee y Iowa, EE.UU. (1988). Uruguay, Argentina, Cuba, Puerto Rico y Colombia son países que ha visitado desde los años ’90 en adelante, y a Francia ha vuelto en 1996, 1999 y 2000.

Fue luego de una gira por ese continente en 2001 que, el 7 de julio de 2004, el músico chileno recibió la orden de Caballero de las Artes y las Letras de manos del embajador de Francia. Y poco más tarde, el 2 de diciembre y esta vez en París, fue premiado con el Grand Prix Sacem, otorgado por la sociedad autoral francesa, al mismo tiempo que los músicos Francis Lai y Georges Moustaki. Y junto a los premios, también es tiempo de antologías. A quince años de Cantología (1993), su primer libro con canciones, traducciones de Brassens y payas, Eduardo Peralta editó 100 canciones a fines de 2007, un nuevo libro de antología con canciones y fotografías, justo después de cumplir sus primeros treinta años de carrera.

Mario Rojas muestra su EP Perro imaginario

A diez años de su disco anterior,  Mario Rojas muestra canciones nuevas en el EP Perro imaginario, que define como “fusión entre diferentes géneros”. Fundador de De Kiruza, riguroso y fundamental estudioso de la cueca urbana y dirigente  gremial, Rojas debutó como solista en 1992. 25 años después continúa su historia. Este sábado 21 se presenta en la Sala Egaña de la SCD

El segundo disco de Testa

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