1980
Luego de la primera separación de Santiago del Nuevo Extremo, a mediados de los años ochenta, el cantautor Luis Le-Bert comenzó un trabajo individual que se ha mantenido ininterrumpido hasta hoy. Su estilo autoral y su sistema de promoción ha respondido durante este tiempo a una irrestricta autonomía, manteniéndolo como una voz creíble y digna de atención, aunque marginal a la difusión masiva. El tránsito desde la trova hacia la cueca en subjetiva lectura es uno de los senderos por los que darle coherencia a su inquietud musical solista, autodefinida por él como «canción de vanguardia».
Pocos músicos chilenos pueden jactarse de haber pasado por más bandas durante los años ochenta que Sebastián Levine. Pinochet Boys, Electrodomésticos y Supersordo fueron algunos de los nombres que ocuparon a Levine durante algo así como una década, antes de que decidiera una partida del país que, con intermitencias, ya se extiende por más de dos décadas. La búsqueda de una vida creativa y nómade marca la biografía de este percusionista chileno, en los créditos de numerosos discos.
Cuantiosas cuecas alegóricas a Valparaíso, su lugar definitivo en el mundo, fueron escritas por Ramón Huaso Alvarado Veloso, un hombre nacido en Coronel, minero del carbón de Lota, donde comenzó a boxear y a ganarse el apelativo de Puño Mortífero. La historia cuenta que ese mismo poderío exhibido en jornadas pugilísticas en el Caupolicán de Santiago llamó la atención de un oficial de la Armada que le ofreció un trabajo administrativo en simultáneo a boxear para la institución. Había conocido la cueca de niño, viendo a su madre cantora, nacida en el siglo XIX, y ya instalado el Valparaíso en la década de 1950 se unió al universo de canto que más tarde sería denominado como la Bohemia Tradicional de Valparaíso. Siempre vestido de traje, sombrero y pañuelo, actuó con frecuencia en lugares como el bar Liberty, el Nunca se Supo y más adelante en La Isla de la Fantasía y el bar Hollywood. Si bien Huaso Alvarado también fue cultor de otras músicas de esa misma bohemia porteña, como el vals, el bolero, el tango, e incluso el foxtrot y la ranchera, fue la cueca la inspiración creativa más importante. El disco Cantando y contando mi vida en cueca (2018) fue el primer y último intento de llevar al registro la oralidad de las cuecas orilleras de Alvarado, entre las que figuran "El Nunca se Supo", "Mercado Cardonal", "Se nos fue el cantor del puerto", dedicada al astro Jorge Farías, "Los buenos jugadores", "Arriba mi Wanderito" y "Cueca Viña del Mar". Huaso Alvarado, del cerro Rodelillo, murió en 2023 a la edad de 97 años.
El uso metafórico de una planta agreste como símbolo de rebeldía explica el nombre de uno de los mejores grupos aportado por el Canto Nuevo a la música chilena. Ortiga nació bajo dictadura pero con la inspiración trascendente de la Nueva Canción Chilena, y debió trabajar bajo circunstancias históricas adversas un lenguaje musical plagado de simbolismos, sutilezas y omisiones que muchas veces fueron incluso más explícitas que aquello que entonces no se permitía decirse. Su condición de «puente» entre ambos movimientos es evidente en las citas de su discografía, pero es también dato biográfico: el conjunto tuvo su raíz en los talleres del Quilapayún formados en 1971 para desparramar simultáneamente por todo Chile el canto social de la Unidad Popular. Aunque su largada en Santiago generó justificada atención, e hitos musicales, su decisión de emigrar a Europa, en 1983, afianza la mayor parte de su historia fuera de nuestras fronteras.
"Cambia, todo cambia" ha sido el gran aporte solista de Julio Numhauser al cancionero popular chileno, pero su trabajo musical ofrece vertientes más amplias y diversas que las de la pura cantautoría. Junto a los hermanos Julio y Eduardo Carrasco, Numhauser fue uno de los tres fundadores del grupo Quilapayún, y alcanzó a estar con ellos hasta su primer álbum, en 1967. Fue él quien buscó el nombre del conjunto y estableció el contacto con su primer director artístico, el cantautor Ángel Parra. Luego de su partida, comenzó una larga historia musical con diversos conjuntos en los que siempre fue el compositor principal. Destaca entre ellos sobre todo el dúo Amerindios, uno de los nombres más frescos del movimiento de Nueva Canción Chilena.
La música para niños, por un lado, y el canto de raíz con contenido levantado por la Nueva Canción Chilena son las dos grandes puertas de entrada a Charo Cofré, aunque están también en su trabajo la calidez del folclor campesino y el coraje de la cantautoría en el exilio. Inspirada desde un inicio por Violeta Parra, y expuesta luego a las nuevas influencias que encontró en Europa, Charo Cofré firmó un cancionero reflexivo, a veces denunciante, apegado al paisaje chileno y a quienes lo habitamos.
Premio Nacional de Arte en 1996, el compositor y pianista Carlos Botto obtuvo diversas distinciones en los festivales de música chilena, y dedicó de paso una parte importante de su vida a la enseñanza, teniendo entre sus alumnos al concertista Alfredo Perl.
Conocido principalmente como integrante del grupo de jazz fusión La Marraqueta, Andrés Pollak es pianista, compositor y productor en diversos campos de la música, aunque desde la posición creativa con aquel conjunto que confundó en 1992 ha dejado sus señales en la autoría de una música de marcada sofisticación. Sin álbumes solista pero con un catálogo amplio de composiciones para piano y para el ensamble, Pollak es además uno de los músicos que primero tuvo experiencia de formación en Berklee. En esa historia aparecen también distintos momentos como pianista y tecladista de grupos tan disímiles como Los Trapos en los '70, Cometa en los '80 y la reunión de los Blops en los 2000.
La línea cronológica de un bolero hecho en Chile largamente suspendido tras el época de oro de la industria discográfica y la radiofonía, se retomó a la manera solística cuando la joven cantante Carmen Prieto Monreal apareció en abril de 1990 en el Café del Cerro junto a un pequeño ensamble guitarras y percusiones cubanas. A través de su voz morena se replanteaba la fuerza poética y musical de aquellas canciones desagarradoras.
Las investigaciones del musicólogo Álvaro Menanteau confirman a Sandro Salvati como el primer saxofonista moderno del jazz nacional (una permanente alternativa al altoísta Patricio Ramírez). Su historia como solista está estrechamente vinculada a todas las corrientes de vanguardia jazzística surgidas en Chile desde que a fines de los '50 comenzara el histórico enfrentamiento entre músicos de tendencias tradicionalistas y progresistas.
Pianista, compositora y profesora, Estela Cabezas es la creadora del innovador método de enseñanza musical denominado "Música en Colores", un instrumento pedagógico que logró convertir las abstracciones de la teoría fundamental de la música a esquemas concretos, pensado para niños de entre tres y seis años. "Música en Colores" se desarrolló y definió como metodología a lo largo de toda la década de 1960 y aunque desconocido a nivel institucional, ha sido utilizada hasta nuestros días como el legado de Estela Cabezas.
Cantora chilota de la localidad de Puchaurán, en Dalcahue, Maruja Navarro Barría carga consigo el legado de canto y de repertorio tradicional de danzas reunido por su abuelo, el fundamental Gerónimo Barría (1919-2001), uno de los nombres más importantes en el folclor del archipiélago. Ese testimonio se encuentra a la vista en el disco Folclor de vertiente (2021), que es el capítulo final de una larga historia de clan, al interior de una familia arraigada con las raíces chilotas en distintos niveles, y donde la música no es solo música sino parte de la vida en el universo isleño. Maruja Navarro cantó por años junto a miembros de su familia, además del conjunto folclórico Senda Chilota y otros nombres que contribuyeron a impulsar una nueva edad para la música de Chiloé, como David Cárdenas, perteneciente a otro clan de músicos chilotes, y la cantautora Caro Guttmann, con quien Maruja realizó la investigación y posterior disco Mejicanas en Chiloé (2008).
De Kiruza fue un grupo pionero en la introducción de ritmos negros (afrocaribeños, principalmente) en Chile, y una de las bandas más innovadoras que pasaron por la escena de música local durante los años '80. En plena dictadura desarrollaron una fusión que bebía del funk y el soul, sonidos apenas cultivados hasta entonces en Chile, y que ellos combinaron con elementos latinoamericanos y temáticas tercermundistas, creando un cóctel único en este lado del mundo, y que resultaría de gran influencia para posteriores grupos de hip-hop, funk y afines. Con períodos de interrupción en su trabajo conjunto, la banda se mantiene activa hoy, viva como referencia y también taller creativo y de eléctrica puesta en escena, con una agenda en vivo en marcha y el anuncio de nuevas grabaciones.
El lugar común de designar a Mazapán como un conjunto de música infantil no es sólo un lugar común, sino una imprecisión. Mazapán es un grupo que ha explorado la música antigua, el pop, el folclor, el rock y hasta se ha internado en el método de la composición contemporánea para armar una de las discografías más ricas de la música para las infancias. Formado entre 1979 y 1980 por siete estudiantes de diversas disciplinas musicales, el grupo también fue la cuna de la carrera como solista de Cecilia Echenique y tiene inscrito en la memoria colectiva de generaciones el recuerdo de canciones inconfundibles como "La vaquita loca" (1980) y "Una cuncuna" (1981). Junto con Zapallo y Acuarela, Mazapán forma la tríada de conjuntos pioneros en la música para niños, y en 2024 recibió el Premio a la Música Presidente de la República junto con el reconocimiento de Figura Fundamental de la Música Chilena, de la SCD.
Raúl Acevedo es el nombre de uno de los muchos obreros que tuvo en los años setenta y ochenta el movimiento del llamado Canto Nuevo, heredero de la Nueva Canción Chilena con las herramientas de la trova y la oposición a la dictadura. Encarna la figura del cantante con guitarra iniciado en los escenarios universitarios, fogueado por decisión propia en los espacios más populares de canto de barrio y resistencia, y que ha prolongado hasta la actualidad su trabajo según los dictámenes de la autodefinición que él prefiere, la de «cantor popular». O, en sus palabras, «la articulación de música y poesía en función de una identidad».
En la genealogía del ballet folclórico en Chile, Antumapu comparte el origen universitario de otros importantes elencos, y consigue distinguirse además por la persistencia de su trabajo a lo largo de casi medio siglo. El Ballet Folklórico Antumapu, palabra que en mapudungun significa «tierra del sol», se formó en 1971 al alero de la entonces llamada Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad de Chile, está integrado por bailarines y músicos, y se define como un grupo basado en elementos del folclor para crear y proyectar una obra artística. Para el año 2019, definían su trayectoria con cifras relevantes: la creación de diez obras, más de 2500 presentaciones en Chile, y más de 29 giras por América y Europa, con un promedio de 60 actuaciones por año. Más allá del trabajo escénico, también ha extendido su trabajo a composición y grabación de discos.
La Sonora Palacios es el nombre fundacional de la cumbia chilena. El conjunto se inspiró en el formato instrumental cubano de la sonora, pero con el ritmo colombiano de la cumbia que en los '60 se extendía por América Latina. En 1964 editaron un single con dos canciones: “El caminante”, de origen argentino, y “La mafafa”, del autor cubano Julio Gutiérrez. Desde entonces nunca dejaron de grabar discos, presentarse en vivo y sonar en radios. “Los domingos”, “Un año más”, “El galeón español”, y muchísimas otras son clásicos y números imperdibles de toda fiesta en Chile, en sus versiones originales o en interpretaciones que han realizado centenares de grupos profesionales y aficionados. En 1982, con la partida de varios músicos incluido el cantante Tommy Rey, desde la Sonora Palacios se inició La Sonora de Tommy Rey, otra historia referencial en la música tropical chilena. Pero el grupo original, bajo el liderazgo de su trompetista y fundador, Marti Palacios, y su hijo Marti, timbalero desde 1979, ha recorrido los tiempos sin detenciones. Completa una discografía de más de 30 títulos, con un show que ha presentado permanentemente en grandes y pequeños escenarios en Chile y en el extranjero.
El librepensamiento de un percusionista como Juan Coderch hizo posible que mundos tan históricamente “opuestos” como la música desde la academia y la música desde la calle pudieran conectarse en ciertos instantes. Coderch no sólo revolucionó la mentalidad y las capacidades técnicas de un percusionista sinfónico, sino que igualmente fue un ejemplo de versatilidad estilística, uno de los más agudos y respetados percusionistas de la música popular chilena desde los años '80.
Cantora, percusionista y bailarina, Rita Teresa Núñez Medina es una figura femenina en diversos planos de la cueca brava. Hija de Nano Núñez, recibió la oralidad de primerísima fuente, participando en los ambientes cuequeros con los viejos héroes, Eduardo Mesías, Luis Araneda, Raúl Lizama, Manolo Santis, Mario Catalán, Rafael Andrade, Rafael Cubillos o Jorge Montiel, bailando cueca y grabando discos con pandero hexagonal o "tormento de pecho". En 2024, a sus 73 años, publicó su primer disco: Arriba la chilena.
Ligado desde siempre a la raíz tradicional chilena, el nombre del compositor y folclorista Richard Rojas ha estado presente desde los años de expansión de los primeros conjuntos de proyección folclórica, en la década de 1950, hasta su participación en certámenes como el histórico Festival de la Nueva Canción Chilena (1969) o la competencia folclórica del Festival de Viña (1981). Como parte de los grupos Lonquimay y Lonqui , que en rigor fueron extensiones de su trabajo personal, tiene varias huellas fundamentales en la canción chilena. "Linda la minga", "La resfalosa del pan" y "La chilenera" son tres canciones inmortales que dejó en el cancionero chileno.