Enrique Luna

Según apunta la historia de la música popular en Chile, el primer bajista eléctrico del jazz nacional fue este legendario músico peruano. Enrique Luna antes que Jorge Toscano Vidal, Ernesto Holman o Pablo Lecaros. Luna marcó la orientación con su particular operativa improvisacional sobre las cuatro cuerdas y, sobre todo, como pivote de un grupo de jazzistas modernos desde fines de los ’60.

Fechas

Lima (Perú) - 08 de abril de 1946

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Enrique Luna

Iñigo Díaz

Hijo de un diplomático peruano, llegó a Santiago en 1965 después de una larga estadía en Nueva York. En la capital mundial del jazz fue testigo presencial de una época explosiva para el jazz moderno, con el surgimiento de los grandes nombres del hard bop, la consolidación de los Jazz Messengers y los mejores años de John Coltrane en el avant-garde. No es gratuito que a su llegada a Chile Luna hubiera traído las novedades del jazz de primera fuente.

De inmediato comenzó a vincularse con los exponentes del modernismo en el género, recalando lógicamente en el club de Omar Nahuel. Como ya tenía algunos estudios de contrabajo clásico, se inició “parchando” esporádicamente a Boris Castillo en las últimas formaciones del Nahuel Jazz Quartet. Para entonces, Miles Davis estaba electrificando sus bandas. Luna seguía atentamente el tránsito hacia el bajo eléctrico que el contrabajista Dave Holland experimentaba junto a Davis.

Gran fusión: la declaración de principios
Tras regresar de un período de estudios musicales en la famosa escuela bostoniana de Berklee, en 1971 inició sus primeros proyectos en el jazz eléctrico. Junto a uno de sus más cercanos colaboradores en Chile —el avanzado pianista Matías Pizarro—, organizó las versiones originales del grupo Fusión. A partir de esta banda se consolidaría un nuevo lenguaje musical descrito por la improvisación jazzística sobre soportes instrumentales pertenecientes al rock.

Fusión fue una institución dentro del jazz de los ’70, pues convocó a una camada de músicos modernos que, tocando en este proyecto, subieron algunos peldaños creativos acorde con los tiempos. Entre ellos están los saxofonistas Sandro Salvati y David Estánovich, el teclista Mario Lecaros, el guitarrista Lautaro Rosas, los bateristas Orlando Avendaño y Pedro Greene o el percusionista Santiago Salas. En adelante, Luna se convertiría en un músico nómade, arribando al país en sistemáticas ocasiones, siempre con nueva música en el portafolios. En los ’70 trabajó también con el grupo Almandina, para iniciar posteriormente la dirección de sus propios ensambles jazzísticos en Lima (Perujazz, Matiz o Jazz 4).

Su historia vinculada a Chile permaneció vigente también durante los ’80 con la puesta a punto de dos bandas: Latina (1986) y Coda (1987). La primera de ellas estaba orientada al jazz fusión de bases latinoamericanas (con músicos como Domingo Vial o Emilio García), mientras la segunda apuntaba directamente al hard bop acústico, con la convocatoria de los más reconocidos jazzistas de la época (Daniel Lencina, Marcos Aldana, Mariano Casanova y Alejandro Espinosa).

Luego Luna trabajaba con Antonio Restucci en la producción de su disco debut, Hilando fino (1992), y finalmente convocaba a músicos peruanos, bolivianos, argentinos y chilenos (como el saxofonista Juan Pereira) para su Alianza de Jazz Andina. El “sueño bolivariano” de Luna en el jazz.

Trilogía de Nueva York: mujeres sacan la voz

Desde la gran ciudad de la música, el año arranca con publicaciones de nuevo material. Tras una década de silencio, la cantante Claudia Acuña presentó Turning pages, editado por su propio sello, mientras que la gran saxofonista Melissa Aldana lidera un quinteto en Visions, y la guitarrista Camila Meza adelanta Ambar, junto a una pequeña orquesta.

Paloma Mami, siempre un poco más

Las audiencias de la música pop se inclinan hoy por el streaming y según reportes allí la estrella del trap pasó a ser el fenómeno nacional más resonante de Spotify.