Rafael Traslaviña

Delineado desde los años de esplendor de la radio, la orquesta, la boite y la industria discográfica propias del siglo veinte, la figura del músico de oficio capaz de valerse en los diversos géneros populares de la época en Chile tiene una expresión exacta en Rafael Traslaviña. Con más de seis décadas dedicadas a la música, este pianista tocó y grabó en discos de jazz, cueca, tango y otros ritmos bailables, y a su muerte ocurrida en 2011 dejó como herencia una estatura bien ganada entre los principales instrumentistas de esa era en la música popular.

Fechas

Año de nacimiento: 1921
Santiago - 15 de junio de 2011

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Grupos

David Ponce

Autodidacta de formación, Rafael Traslaviña aprendió a tocar piano por oído. Se inició actuando en casas de remolienda del barrio santiaguino de avenida Matta, según consigna el musicólogo Álvaro Menanteau en su libro «Historia del jazz en Chile» (2003), y él mismo recordaba haber trabajado en sedes del entretenimiento nocturno y bohemio capitalino de su tiempo como la boite Nuria o la quinta de recreo El Rosedal, entre otras.

Su nombre está escrito entre los precursores chilenos de lo que se llamó «hot jazz». Vinculado a los músicos del inicial Club de Jazz de Santiago, Traslaviña fue pianista en las grabaciones fundacionales que entre 1944 y 1945 hizo el primer conjunto reconocido de ese género que grabó en Chile, Los Ases Chilenos del Jazz, junto a nombres como los del trompetista Luis Huaso Aránguiz, el trombonista Ángel Valdés, el contrabajista Iván Cazabón y el baterista Lucho Córdova. Traslaviña sustituyó al maestro Hernán Prado en la segunda formación de estas estrellas del hot jazz, en 1945.

En la cueca iba a ser partícipe de páginas igualmente gloriosas. Traslaviña es el pianista que se escucha en La cueca brava (1968), segundo LP de Los Chileneros, el histórico conjunto que llevó a la industria del disco el sonido auténtico de la chilena o cueca tradicional como se cantó por más de un siglo en los barrios citadinos. Ahí compartió sesiones con los acordeonistas Rafael Berríos, Rabanito y Hernán Bahamondes y el guitarrista Juan Espínola, según los créditos. Además compartió el estudio con otros sesionistas de categoría, como el histórico guitarrista Humberto Campos, en el disco El clásico de las cuecas (1970), del cantor Rubén Salgado Tornero, Tumbaíto.

Piano y boite, el cóctel Traslaviña
El mejor registro de su oficio de pianista de ritmos bailables está prensado en su LP Disco boite, editado en 1965 de acuerdo con la información de etiqueta del sello RCA Victor, y acreditado a Rafael Traslaviña y su conjunto, con llamados como «Embriáguese en esta boite con tragos musicales» y «Se permite el baile a todas las edades» inscritos en su contraportada.

El disco es una colección que incluye casi tantas canciones como ritmos para bailar, y que contiene los foxtrots «Me estoy poniendo sentimental» y «Luces del puerto», los tangos «Mocosita» y «Tango del mar», los twists «Amo a París» y «Lolita», el slow «No me arrepiento de nada», el cha cha chá «La vida color de rosa», el merengue «Pianito merengue», el pasodoble «El sombrero», la guaracha «No me importa ná» y el samba «Mi pianito».

Ese vinilo posibilitó en parte un lazo con músicos de una nueva generación que, ya a fines del siglo, descubrieron el sonido y el ambiente de esa escuela bohemia chilena, en particular el Ángel Parra Trío y el músico Álvaro Henríquez, quien en los últimos años convocó a Traslaviña junto a otros contemporáneos como el aludido contrabajista Iván Cazabón y los músicos y cantores Pepe Fuentes, María Esther Zamora y Hernán Núñez Oyarce a diversas versiones de la fonda dieciochera La Yein Fonda.

Fue con la producción del mismo Álvaro Henríquez que Traslaviña y Cazabón volvieron a grabar en la época, como músicos del disco Brindis y cuecas caballas (2000), de Ángel Parra, como un registro postrero. Afectado por el mal de Alzheimer durante sus últimos años, Rafael Traslaviña murió en Santiago el 15 de junio de 2011 y se llevó consigo una de las memorias más vividas y nutridas de toda una generación dorada de músicos populares chilenos.

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