1970
En mucho menos de lo duró que su larga estada en Chile, el cantautor bahiano Zeca Barreto terminó por incorporarse a la historia moderna de la música popular chilena como un punto de encuentro y proyección de una nueva música, la popular brasileña, desconocida en sus múltiples frentes. Junto a otras figuras como Joe Vasconcellos (fusión latinoamericana), Marinho Boffa (jazz) y Célio Oliveira (samba), Barreto ayudó a establecer un público emergente y una nueva comunidad de cultores.
La historia del grupo Aymara cruza los períodos de Nueva Canción Chilena y Canto Nuevo, aunque es en este último movimiento donde se encuentra su mayor identificación y más prolífico trabajo.
La imagen de Horacio Saavedra detrás de un teclado y frente a una orquesta está impresa en la memoria de varias generaciones de chilenos. Desde 1970 fue el principal director de orquesta de la televisión chilena, los tiempos de esplendor de este medio, donde permaneció hasta avanzados los años 2000. En ese rol acompañó a músicos de Chile y el mundo en espacios de gran producción, como los programas estelares o el Festival de Viña del Mar, aunque también en espacios de emisión diaria, como el recordado "Festival de la una", de TVN. Forjado como músico de estudio y de acompañamiento en los '60, grabando con decenas de artistas de la Nueva Ola, se retiró de la televisión en 2009, pero continuó en su oficio en la dirección y los arreglos musicales.
Lolo Peña es un personaje pionero en la farándula televisiva, y probablemente el primero en pasar desde esa vereda al oficio musical. Rostro del popular programa juvenil de los años 70, Música Libre, interpretó un pequeño hit en 1972, "Mini Lola", que sonó en radios e ingresó en rankings. En lo sucesivo, su carrera musical se hizo sobre todo fuera de Chile y muchas veces se vio superada por sus actividades de promotor, productor y personaje televisivo. Recién el año 2013 debutó discográficamente en Chile, demostrando que, aunque nadie lo identifique como un músico, Lolo Peña también tiene una carrera como cantante.
Uno de los conjuntos que más trabajó por la divulgación de la música altiplánica en el marco de la Nueva Canción Chilena fueron los Curacas. Nacidos como Los de la Peña para apoyar las presentaciones en vivo de Ángel Parra, el conjunto creció en una discografía propia de profundo valor para el conocimiento masivo de la raíz sonora nortina. El grueso de su repertorio lo constituían canciones tradicionales, además de versiones de autores como Violeta Parra. Desde el último disco de su primera formación, en 1977, el grupo ha tenido reuniones esporádicas con algunos integrantes fundadores, y vive una suerte de nueva etapa desde que en 2007 ordenaran una nueva agenda de presentaciones así como la grabación de un álbum.
Probablemente sea la agrupación chilena con mayor rotación de integrantes en su historia: cincuenta y cuatro. También, la de más de más altas ventas de un disco sencillo: 600 mil, según cifras reportadas por Camilo Fernández, productor musical que en 1962 publicó en el sello Demon "El rock del Mundial". Lo que es seguro es que Los Ramblers, banda capitalina surgida en los albores de la Nueva Ola, es la más original y genuina de entre una generación que, en su gran mayoría, se limitó a imitar modelos extranjeros. El citado hit mundialista, y canciones como "Prende una mechita" y "Eres exquisita" son el más reconocible legado del grupo, el cual continúa hasta hoy animando veladas puntuales, capitalizando un recuerdo que ya supera el medio siglo de vida.
Una canción de amor atípica para los estándares populares —adulta, de cuidados arreglos instrumentales, muchas veces dramática— es la forma por la que se ha encauzado la voz poderosa de Gloria Simonetti, incluso desde su temprana juventud. La cantante se convirtió en la intérprete femenina chilena más exitosa de la generación surgida después del Neofolklore, y desde sus inicios en los años sesenta ha persistido casi sin interrupciones en su aplicación a la música.
El apellido que denota este saxofonista en su identificación habla de una pertenencia a uno de nuestros clanes jazzísticos. Pero la historia de Marcos Aldana no sólo lo consigna como el eslabón entre dos generaciones de los solistas Aldana —con su padre Enrique Aldana y su hija Melissa Aldana—, sino que además lo señala como el único saxofonista de su generación activo en el jazz straight ahead durante el largo apagón cultural. Fue, además, el gran formador de los nuevos saxofonistas del jazz contemporáneo.
Los Centrinos pertenecen a la primera generación de músicos de cueca brava que grabaron discos en Chile. Por cercanía y doble militancia de sus integrantes están emparentados con conjuntos clásicos, como Los Chinganeros y Los Chileneros. Legaron un único LP —Buenas cuecas centrinas (1971)— pero se presentaron hasta 1974 en distintos lugares de Santiago. Su legado es referencia para conocer una interpretación fiel a los orígenes históricos del género.
Masquenunca fue otro de los breves intentos musicales del inquieto guitarrista Sergio del Río luego de la separación de Los Jockers. Fue una sociedad que duró apenas un semestre, entre un interesante contingente de instrumentistas dispuesto a interpretar rock de tipo sinfónico en español (con referencias como Vanilla Fudge y Jethro Tull), y en el que también se ocuparon dos ex miembros de Escombros (Lito Betino y Michel Boisier) y el joven organista Carlos Eduardo de los Reyes, quien hasta venía figurando en la prensa como un niño prodigio del piano clásico. El conjunto trabajó canciones propias interpretadas en español, pero no legó grabaciones, y realizó una única actuación en vivo, en el Teatro Oriente de Santiago. Tras el fin del proyecto, Sergio del Río priorizaría su participación en la primera formación de Tumulto.
Combo Xingú fue un grupo de músicos de estudio activo durante los primeros años '70 e integrado por estudiantes egresados del Conservatorio Nacional de Música. Comandada por el director orquestal Sergio Arellano, la alineación incluía a ex integrantes de la orquesta tropical Beat Combo, y con ella el grupo dio forma a un repertorio único entre el fragor del repertorio de la Nueva Canción Chilena y la formación popular y orquestal de sus integrantes.
La historia de Quasars ha pasado al olvido a pesar de su carácter iniciático dentro de una experimentación musical con las tecnologías análogas. Fue formado en 1974 por los hermanos Claudio (n. 1955) y José Fernando Recabarren (1956-2020) y en la cronología de la música chilena aparece como registro de un temprano intento de utilización de los teclados y la electrónica.
La Nueva Canción Chilena tuvo muchas voces solistas destacadas, y la de Osvaldo Gitano Rodríguez se distingue por al menos dos características. Primero, legó a la canción popular chilena un himno imperecedero, independiente incluso de la época que lo vio nacer, como ha sucedido con su "Valparaíso". Pero además el cantautor, poeta y dibujante porteño buscó documentar el momento y los ambientes que protagonizaba, con libros y textos valiosos para comprender mejor el ambiente artístico de su época, escritos durante su exilio en Europa. En ese continente Rodríguez profundizó su interés por la literatura (llegó a publicar dos poemarios, un libro de cuentos y la novela El día que me quieras) y mantuvo estudios universitarios, razón por la que su carrera discográfica es muy breve, con sólo dos discos originales: Tiempo de vivir (1972) y Los pájaros sin mar (1976), más un tercero en vivo editado en 1989 por el sello Alerce.
Aunque por años una elenco de cantoras de rodeo, Las Morenitas lograron presencia y fama como uno de los conjuntos más tradicionales alrededor de la música típica chilena. En su historia alternaron presentaciones en locales nocturnos y auditorios radiales pero también fiestas costumbristas y celebraciones campesinas. Nacidas en Ñuñoa, Isabel Chabelita Fuentes se unió a su vecina Laura Yentzen, y poco después a Petty Salinas para formar el primer trío de Las Morenitas. Sobrepasando las seis décadas de vida musical en 2014, el conjunto femenino fue el más longevo en la era del llamado folclor de masas, con un trabajo regular en escenarios y grabación de discos.
Autora de tonadas y cuecas, pero sobre todo de villancicos que quedaron en la historia, como “Corre caballito corre” (1959), grabada y popularizada por Los Huasos Quincheros, “Canción de cuna en Belén” (1959), “Jesús, María y José” (1960) y “Alegre aclarar” (1962), Alicia Correa Álvarez fue una de las figuras más significativas en la difusión de la canción colchagüina. Si bien no es una cantora campesina, ni recopiladora, ni proyectora folclórica, sino parte de una familia terrateniente, desde sus tempranos años se vinculó con el folclor popular, los relatos, cuentos y las canciones. Desde allí escribió su propio cancionero, y después de setenta años, ese cuantioso legado llegó a integrar el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional. Parte de sus contribuciones más importantes a la música de raíz, fue la incorporación de un contrapunto vocal que no pertenece al folclor sino de una tradición occidental proveniente de la música europea. De esta manera, la segunda voz pasa a ser tan importante como la primera, sobrepasando así su sola función en una tercera paralela, como ocurre naturalmente en el folclor centrino.
Nelly Sanders pudo haber sido una estrella de la canción como ocurrió con los nombres más significativos de la Nueva Ola. Pero ella simplemente fue la última de las grandes lady crooners de la música popular, una de las más completas y capaces, más allá de la figuración masiva entre el gran público, de la grabación de discos y del beneplácito medial. Alcanzaría de todas formas la categoría de "figura pop", con algo que en las figuras pop siempre escaseó: la ductibilidad. Si la canción era bolero, tango, swing o bossa nova, detrás estaría la voz pastosa, afinada y melódica de Nelly Sanders.
El cantante Lucho Oliva es un adelantado en la historia del bolero y el vals más populares adoptados por el público chileno a partir de los años '50. Antes de que figuras como Los Vargas, Lucho Barrios, Palmenia Pizarro y Ramón Aguilera se entregaran a la pasión y el sentimiento de esos ritmos, Oliva ya actuaba desde mediados de los '40, con éxitos como "Rondando tu esquina", "El plebeyo", "Ódiame", "Nube gris" y "Mi niña bonita" en su repertorio. Con su muerte en 2011 se fue uno de los últimos sobrevivientes de una época dorada en la música popular chilena, con el título de "El rey del vals peruano" ganado para la posteridad.
Sólo el aporte de "El corralero" basta para inscribir a Sergio Sauvalle en la tradición de la música popular chilena, si bien su trabajo incluye también varias otras composiciones dignas de mención. El músico grabó el tema poco después de renunciar a Los Huasos Quincheros, asociado a Pedro Messone en un cuarteto de vida breve llamado Los de Las Condes, con quienes presentó ese clásico relato de drama campesino en el Festival de Viña del Mar de 1965.
Más conocida por el cariñoso diminutivo de Carmencita Ruiz, esta cantante fue una de las más experimentadas exponentes de la tonada y la cueca, como parte del conjunto Fiesta Linda, fundado en 1953 por el autor y compositor porteño Luis Bahamonde, y también en su dimensión como inspiradora de nuevas generaciones de amantes del folclor. Su técnica interpretativa y timbre vocal son recordados como de los más notables de la historia de la música chilena: «profunda», «muy baja, casi masculina», «desgarradora», «llena de matices», dicen los entendidos para definir su voz.
Jaime Atria es un activo autor de tonadas, valses, cuecas y canciones festivaleras con gran presencia en la industria del folclor de masas y la música típica, además de el responsable de una de las piezas más representativas de la identidad chilena del siglo XX. Ese himno canción nacional comienza con el trallazo cuequero de “Déjame que te llame / la consentida”, y se llama, justamente, "La consentida", obra que le significó a Atria un espacio entre los grandes autores de canciones chilenas de todos los tiempos.