1970

70

Horacio Durán

Si Horacio Salinas ha sido el director histórico de Inti-Illimani, si Jorge Coulon ha sido su mejor vocero y José Seves ha tenido la voz más poderosa del conjunto, entonces Horacio Durán ha sido el rostro más característico de este fundamental conjunto chileno. Integrante del grupo desde sus inicios, Durán es el hombre identificado con el charango en la alineación de Inti-Illimani, así como el más carismático y cercano al borde caribeño que el conjunto ha desarrollado a lo largo de su carrera. Reconocible además por el pelo cano que lo caracteriza desde el regreso del conjunto a Chile tras el exilio, el músico ha desarrollado un trabajo propio en paralelo al grupo. De este modo integró el conjunto chileno-italiano Trencito de los Andes, con el que grabó el disco Escarcha y sol (2000), y es también parte como solista de la comunidad de charanguistas chilenos y como tal figura en los discos colectivos Charango: autores chilenos (2001) y Charango: autores chilenos, vol. 2 (2016).

Roberto Barahona

Mucho más que un baterista aficionado, Roberto Barahona llegó al jazz chileno como un agente de multiplicación de esta música por más de tres décadas. Primero, sentado a la batería. Luego como estudioso del jazz, después como auditor avezado en el lugar de los hechos (vivió por 40 años en las dos costas norteamericanas), y finalmente como productor de grabaciones y discjockey radial. Como todos los que se interesaron por la batería jazzística desde los años '60, Barahona encontró en Lucho Córdova a su gran mentor dentro del swing. Pero bastó que su compañero de ruta Orlando Avendaño alcanzara su madurez como músico bop para que las miradas del medio y, ciertamente de Barahona, quedaran dirigidas hacia el nuevo hombre tras la batería.

Banana 5

Banana 5 es una de las más importantes orquestas bailables que funcionaron en Chile desde los años '60, y en nuestra historia musical tienen un lugar destacado dentro de la corriente que en esa época adaptó un repertorio de raíz folclórica a los códigos de la cumbia y de otros géneros tropicales, al igual que Los Bronces de Monterrey, la Sonora Caravana, Sonido 8 y otros. Muchos de los integrantes originales de Banana 5 fallecieron, no obstante el grupo sigue ofreciendo conciertos con nuevos músicos articulados en torno al director Samuel Arochas y al contrabajista Nibaldo Rodríguez, dos de los integrantes fundadores del quinteto.

Andrea Tessa

Intérprete de diversos repertorios con una voz poderosa, Andrea Tessa ha sido referente del canto popular en Chile desde los años '80. Hija de la soprano lírica Victoria Vergara, la cantante volcó su herencia decididamente hacia la balada, el pop y el jazz clásico. Por los primeros géneros se hizo ampliamente conocida en televisión, mientras que el último lo ha reservado mayoritariamente para sus actuaciones y más recientes grabaciones.

Ginette Acevedo

Una voz profunda y con matices, ideal para la interpretación de la canción de raíz folclórica más sentimental, distinguió a Ginette Acevedo desde los años sesenta, cuando inscribió su estilo en una exitosa apuesta por proyectar la raíz folclórica sudamericana a las grandes audiencias. Su nombre se extendió entonces por Argentina, Perú, Venezuela y México antes de que la intérprete cumpliera los 30 años de edad, y en una internacionalización excepcional incluso para los estándares actuales. Desde entonces se ha mantenida activa, sobre todo en espectáculos en vivo. Títulos como "La torcacita" y "Mujer en el tiempo" confirman su huella en la música chilena.

Kalish

La breve duración del cuarteto de rock progresivo Kalish no pasó inadvertida a principios de los años '70, pese a que se trató de un grupo poco dado a tocar en vivo y que sólo registró un single. El conjunto plasmó el acercamiento más apegado al rock progresivo tradicional logrado en Chile en ese momento, con dos fieles versiones de "Stones of years" y "Bitches cristal" (de Emerson, Lake & Palmer), tras cuya publicación concluyó su historia.

Daniel Lencina

Si alguna vez hubo un jazzista que alcanzara la categoría de estrella de la música popular, ese fue el trompetista Daniel Lencina. Un uruguayo incorporado a la historia de la música chilena que desde 1972 puso su nombre no sólo en el circuito jazzístico como uno de los más sólidos improvisadores, sino que además llegó a ser ampliamente conocido por el público en sus 25 años frente a las cámaras de televisión. Más que un jazzista, Daniel Lencina fue un entretendor. Con los modelos de trompetistas universales, desde Louis Armstrong y Roy Eldrige hasta Dizzy Gillespie, de quien adoptó su trompeta torcida, Lencina fue parte del primer conjunto de jazz en actuar en el Teatro Municipal (5 de agosto de 1972), además de ser considerado el hombre que profesionalizó más la actividad. En este sentido, tanto músicos como especialistas hablan de "un jazz después de Daniel Lencina".

Joakín Bello

El universo de la música vinculada a la meditación, así como los géneros de la electroacústica y la new-age, tienen en Chile a Joakín Bello como un nombre ineludible. Su alta prolificidad en grabaciones y composiciones es una de las características de su trayectoria, que lo ha ocupado simultáneamente como compositor, poeta, escritor, investigador en terreno, profesor, intérprete de violín (también tiple, viola, piano y otros) y luthier (es su invento el bellectra, derivación del violín eléctrico). Su extensa obra incluye canciones, ballets, musicalización de poesía y otros diversos formatos instrumentales. Su disco Detrás del arcoíris (1987) fue un hito de divulgación internacional, por su fusión de música con sonidos de aves, mamíferos, agua y viento. Bello es un músico de citas internacionales frecuentes, que se ha presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires, el Universal Amphitheatre de Los Angeles, el Teatro Nacional Heitor Villa-Lobos, de Brasilia y festivales de los cinco continentes.

Viento del Sur

Sudamérica fue el destino no sólo metafórico, sino real, de varios grupos chilenos iniciados en los años '70, como Viento del Sur, Agua y Fusión Latina, y los dos primeros tienen en Brasil un denominador común. Si Agua partió en Santiago y fue a ese país a hacer casi toda su carrera, Viento del Sur, al revés, nació en Sao Paulo en 1979 y volvió a Chile, donde fue parte activa del circuito del Canto Nuevo por la vía de la fusión latinoamericana y con canciones como ''Margaritas'' y ''Corazón de piedra''. Editaron discos desde su regreso y se mantuvieron activos hasta 1986. y desde 1997 recomenzaron la historia, con el músico José Miguel Marambio como impulsor y único fundador a bordo.

Cirilo Vila

Premio Nacional de Artes Musicales 2004, Cirilo Vila fue un activo compositor, pianista y académico chileno, que cruzó entre mundos artísticos y pudo forjar una privilegiada formación con maestros de Chile y Europa. Como a pocos músicos, sin embargo, a su impronta como creador e intérprete la sostenía también su amor por la docencia. Vila fue formador de varias generaciones de músicos, desde un espacio en el Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile que mantuvo desde 1970 y por más de cuatro décadas. Vila fue un destacado pianista tanto solista como en música de cámara, y tuvo un tiempo de trabajo junto al Ensamble Bártok. Su obra como compositor muestra piezas asociables a la música docta, experimental, contemporánea, popular e incidental para teatro. «Nos enseñó algo de lo que nunca se habló en clases —recordaba sobre su tiempo como alumno suyo Eduardo Carrasco—; esto es: el amor a la música, que es algo que no se enseña, pero sí se contagia».

Pedro Greene

Transversalmente a la sucesión de estilos y décadas de tránsito en la música popular chilena está un baterista como Pedro Greene. Un solista que fue desde la versión adolescente de los Blops hasta la madurez de La Marraqueta, engrosando en su bitácora una múltiple militancia en proyectos abiertos, con participación en ensambles experimentales europeos y activa presencia entre los músicos nacionales de la generación del toque de queda que subieron el volumen a la música de los '70 y '80.

Osvaldo Ulloa

Se llamaba Osvaldo del Tránsito Ulloa Lobos, pero quienes lo conocieron saben que su nombre más familiar era «Chosto», y que era una de las eminencias de la poesía popular en Chile. Nacido en el fundo El Principal de la ciudad de Pirque que siempre fue su hogar, Ulloa fue un devoto del canto a lo divino y un cultor natural del guitarrón chileno, herencias recibidas de su padre, Manuel Ulloa Cortés, también cantor a lo divino, que Chosto cultivó en encuentros de canto y guitarrón hasta su muerte, el 7 de octubre de 2010.

Eugenio Moglia

Integrante de varios grupos de fundamental trabajo folclórico, el guitarrista Eugenio Moglia legó al cancionero chileno melodías enlanzadas a la poesía de composiciones como “Y con brotes de mi siembra”, “A ver si agarras confianza” y “Nadie le va a decir huacho”. Su estilo en la interpretación de guitarra y su habilidad para musicalizar versos ajenos fue de gran importancia para el trabajo asociado al llamado «folclor poético», y su técnica fue solicitada en grabaciones de Lucho Gatica, Ester Soré y Raúl Gardy, entre otros famosos intérpretes.

Cecilia

Cecilia Pantoja Levi representó uno de los fenómenos más atípicos y sorprendentes de la música popular chilena. Aunque irrumpó como solista en pleno fulgor de la Nueva Ola, como la mayor estrella juvenil de la época, su estilo y repertorio no respondieron a cabalidad al molde del movimiento. Mientras los pares de su generación se limitaban a doblar las canciones de éxito en Estados Unidos o, cuanto más, a proponer un pop ligero y elemental, Cecilia adquirió personalidad propia con un catálogo diverso de canciones que en gran parte bebían de la tradición musical latina y europea. Tras períodos oscuros y complejos, en la década de 1980 se alzó como un símbolo de la cultura subterránea, y sus canciones recuperaron ese impacto masivo original. Ya en el siglo XXI, Cecilia acuñó su nombre como figura femenina central de la historia musical chilena, y un referente ineludible para las nuevas generaciones de músicas y músicos. Murió en el invierno de 2023, poco antes de cumplir 80 años.

Destrucción Mac's

Diferentes conjuntos rock de vida breve ocuparon al incansable guitarrista Sergio del Río luego de la disolución de Los Jockers. Luego de pone fin a su banda Largo y Tendido en Estados Unidos, el músico comenzó una nueva agrupación junto al bajista Carlos Mac-Iver y el baterista Erick Franklin, dos viejos conocidos suyos en el andar rockero (ambos, ex integrantes del pionero conjunto Los Mac's) y que respondieron a su llamado pese a encontrarse entonces radicados en Italia. Una vez reunidos en Nueva York se bautizaron como Destrucción Mac's, en clara a alusión al antiguo grupo de Mac-Iver y Franklin, y de inmediato viajaron a Chile con el cantante estadounidense Ward Williams para realizar una serie de actuaciones de gran convocatoria. Si bien Destrucción Mac's no alcanzó siquiera un año de actividad y sólo grabaron tres discos-single, para muchos representaron la ilusión de ver y escuchar una verdadera banda de rock anglosajón en el Chile de 1971.

Raúl Gutiérrez

El versátil saxofonista Raúl Gutiérrez es uno de músicos más prolíficos en el jazz chileno. Su historia, siempre escondida y lejana debido a su larga estadía fuera de nuestras fronteras, está asociada al latin jazz, la música afrocubana y la música tropical, además del liderazgo de una serie de big bands. Es el fundador y director de Irazú, proyecto que desde comienzos de la década de 1980 condujo en Alemania y que luego sustuvo en una larga permanencia entre Cuba y México desde la década de 2000. Bajo el cartel de Raúl Gutiérrez & his Cuban Big Band o bien como Raúl Gutiérrez y sus Estrellas Cubanas, el saxofonista, director y arreglador chileno abordó abundantes repertorios de música cubana, son, bolero, mambo, salsa neoyorquina y standards jazzísticos cubanizados en una serie imparable de álbumes publicados a partir de 2010.

Luisín Landáez

Aunque venezolano de nacimiento, Luisín Landáez fue  un personaje clave para la música chilena, y uno de los responsables de la penetración de la cumbia en este lado del mundo. Iniciado como cantante de orquestas, llegó a Chile en 1962, y se quedó quince años. Desde mediados de la década de los '70 alternó su residencia entre Chile y Venezuela, y cumpliendo escasas, aunque regulares, presentaciones en vivo, en las que recreó el inmortal repertorio que popularizó en Chile entonces, y que tuvo en sus versiones para los temas "Macondo" y "La piragua" sus más grandes contribuciones.

Sol y Lluvia

Sol y Lluvia es uno de los grupos más populares de la música chilena, y sus canciones son parte de la banda sonora de la resistencia a la dictadura militar. Nacidos a partir de un núcleo de hermanos, en un taller de serigrafía en la capitalina comuna de San Joaquín, la banda articuló una guitarra acústica, una batería de bombos y un bajo eléctrico para desarrollar canciones  de abierto contenido social y político, pero con melodías alegres y hasta bailables. Sus letras directas han hecho referencia a la paz, la represión y las desigualdades sociales, completando así la propuesta del conjunto. Si bien Sol y Lluvia se mueve al margen de los medios y la industria, goza de un arraigo popular innegable.

Pedro Villagra

Pedro Villagra fue uno de los primeros músicos en incorporar el saxofón a los ambientes de la fusión y la música latinoamericana, lo que expandió un sonido y una narrativa que venía tomando forma desde los años de exilio de los músicos de la Nueva Canción Chilena. Integrante de agrupaciones fundamentales en esta línea, como Huara, Santiago del Nuevo Extremo e incluso Inti-Illimani tras su vuelta a Chile, el peso de Villagra lo sitúa entre los nombres fundamentales de una generación de jóvenes universitarios creadores de los años '70 y '80 que se consolidaron en los tiempos modernos. Tras esas dos primeras décadas, el saxofonista, guitarrista, compositor y más adelante también cantautor, se inició en una ruta muy personal en el desarrollo de la fusión latinoamericana, y de paso contribuyó a acercar el jazz al mundo del folclor.