Marcos Aldana

El apellido que denota este saxofonista en su identificación habla de una pertenencia a uno de nuestros clanes jazzísticos. Pero la historia de Marcos Aldana no sólo lo consigna como el eslabón entre dos generaciones de los solistas Aldana —con su padre Enrique Aldana y su hija Melissa Aldana—, sino que además lo señala como el único saxofonista de su generación activo en el jazz straight ahead durante el largo apagón cultural. Fue, además, el gran formador de los nuevos saxofonistas del jazz contemporáneo.

Fechas

Santiago - 06 de diciembre de 1958

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Marcos Aldana

Iñigo Díaz

Gracias a su padre, el tenorista y baritonista de la Orquesta Huambaly, Kiko Aldana, pudo empaparse desde temprano de música popular. Porque Kiko no sólo era un experto hombre de la música tropical, sino que además practicaba el swing con destreza y solía participar de las programaciones del Club de Jazz capitalino. A fines de los ’60, Marcos Aldana ya manifestaba el magnetismo que le producía el saxofonista alto Patricio Ramírez (no así Sandro Salvati, solista contemporáneo más próximo a la música de vanguardia en esa época).

Entonces Aldana comenzó a hacer sus primeras armas al saxofón, incorporándose paulatinamente a la última formación de la Orquesta Huambaly (encabezada entonces por su padre), y a desarrollar improvisación sobre el lenguaje del bop moderno. De sus manos recibió el fantástico saxofón tenor Selmer Marx VI, que adquirió en 1959. En el período 1975-85 se fogueó en el oficio tocando en la orquesta popular Bermuda Show, donde sus músicos actuaban en programas televisivos y en hoteles de lujo. Y ampliaría ese rango como músico popular entre 1978-81, al integrarse al mundo de la música tropical como parte de los Banana 5.

La nueva generación del jazz

Pero su entrada definitiva al jazz se iba a dar al promediar los ’80 cuando el grupo jazz-rock del momento, Cometa, lo reclutaría para renovar su formación y su punto de vista musical. Aldana era entonces una alternativa al sopranista y altoísta Raúl López (del grupo Quilín), pues además había modelado su aproximación al jazz en los lineamientos acústicos, con la figura de Phil Woods como norte. Al ingresar en los ’90, y tras grabar el disco Cometa (1988), Aldana se integró a dos proyectos jazzísticos. Primero tocó en Coda, un quinteto hard bop donde actuaban los más reconocidos músicos experimentados del momento (Daniel Lencina, Mariano CasanovaMoncho Romero y Alejandro Espinosa). Además fue sideman del cuarteto del baterista Carlos Figueroa hasta el momento de su muerte el año 2000.

Luego integró un quinteto eléctrico liderado por el tecladista Rolando Arancibia conocido como Conexión (no condunfir con el grupo Conexión del saxofonista Patricio Ramírez), que formaban además el guitarrista Ciro Vega, el bajista Fernando Muñoz (de Ensamble) y el baterista Marcelo Giolito. Trabajó sobre la música de fusión jazzística en la línea del Chick Corea eléctrico, pero jamás actuó en vivo ni grabó material. Este conjunto tuvo su vida entre las cuatro paredes de un taller musical de profundidad, que consolidó a estos músicos la corriente eléctrica pero que permaneció en desconocimiento del público.

Al finalizar los ’90, y a medida que se hacía imprescindible en las orquestas televisivas de Horacio Saavedra, Marcos Aldana dejó de actuar como solista ante audiencias al mando de sus cuartetos acústicos y eléctricos (con músicos como el guitarrista Ciro Vega, el contrabajista Felipe Chacón o el bajista eléctrico Marcelo Córdova) y se volcó casi por completo a la formación de saxofonistas. Su taller creativo de Conchalí se convirtió en pocos años en una verdadera fábrica de figuras, pues el jazz de la década de los 2000 tuvo en los Aldana alumni a algunos de sus más fuertes hombres: Claudio Rubio, Ignacio González, Claudio Werner, Agustín Moya, Cristián Mendoza, Max Alarcón y su hija, Melissa Aldana, como continuadora de la pequeña dinastía del saxofón en el jazz chileno.

En marzo de 2014, Marcos Aldana dio un golpe de timón a su historia musical con un proyecto de rescate patrimonial que lo llevó a recuperar en 32 partituras del repertorio más popular de la Orquesta Huamblay, donde actuaba su padre Kiko Aldana. Así reunió a un elenco de músicos de orquestas y solistas de jazz para introducirlos en el sonido, el estilo y el espíritu de la mayor orquesta de música tropical de los años ’50. Sus actuaciones revolucionaron a cierta audiencia y en 2015 esa Nueva Orquesta Huambaly llegó a actuar al mando de Marcos Aldana (en la plaza de primer saxo alto), en el Festival de Jazz de Providencia.

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