2000
Trío formado por el guitarrista Gabriel Feller, el bajista Rodrigo Ríos y el baterista Julio Denis, que asumieron cada uno una identidad en el nombre de este proyecto nacido en 2004 y que realizó una mezcla entre jazz, rock, funk, electrónica y música imporvisada. En una breve historia dejó una grabación y puso a sus tres integrantes hacia diversas escenas musicales.
Ha sido quizás «por culpa» de su buena voz, que Julián Peña sea más reconocido en su faceta de cantante que en la de compositor. Su impronta de rockero y su registro elegante han sido cotizados por bandas diversas, sobre todo Los Santos Dumont y Ángel Parra Trío, a las cuales se ha integrado como miembro estable en diferentes períodos. Entre 2003 y 2007, Peña —quien también es guitarrista y pianista— se ocupó en su propio proyecto creativo, Casanova, un cuarteto en el que logró al fin encauzar su interés fundamental: canciones pop bien arregladas y de innegable calidez. Desde la disolución de esa banda, se mantiene vinculado a la música a través de diversos proyectos, incluido el de la composición y grabación solista.
DJ Caso —el nombre musical de Sebastián Rojas— comenzó en el oficio del scratch y de las tornamesas siendo un escolar del Colegio Alemán. Desde ese lugar se acercó a los músicos de Makiza a comienzos de los años 2000 y tras el fin de ese proyecto fue parte de Némesis, el grupo que surgió con dos de sus ex integrantes. A partir de ese vínculo comenzó a colaborar en muchos proyectos lejanos al hip-hop. Fue parte de Javiera & Los Imposibles, colaborador del Ángel Parra Trío y es fundador del grupo pop Tunacola. Su nombre ha aparecido en al menos 40 discos y banda sonoras, como músico o como productor, y en ese primer período de actividad solista publicó álbumes como Cajón de sastre (2011) y Scenes (2014). Rojas es además cofundador de la Galería Cima, espacio para las artes visuales en un edificio en plena Plaza Italia, en cuya azotea se montó una cámara que fue decisiva para la información en tiempo real de la protesta social que tuvo lugar allí tras el estallido de octubre de 2019.
Como Felipe Chacón, Rodrigo Galarce y Pablo Menares en tres tiempos previos, el de Alonso Durán fue un contrabajo de apoyo para una numerosa serie de músicos de fusión, pop y sobre todo de jazz, a partir de la segunda mitad de la década de 2000. Trabajó además como compositor y arreglador post-bop de manera intermitente, aunque lo que lo distinguió fue su metódica operativa, dinámica de enlaces y facilidad para acomodarse a distintos repertorios y formatos de banda variables.
Cantor y acordeonista, integró elencos del histórico conjunto cuequero Los Chileneros, que llevó la “cueca brava”, también llamada centrina, urbana y chilenera desde la calle al disco y que tuvo a otras emblemáticas figuras en esta línea: Hernán Nano Núñez, Raúl Perico Lizama y Luis Baucha Araneda. Aún así, Carlos Pollito Navarro fue el músico que menos popularidad tuvo dentro de este fundamental conjunto.
Patricio Cáceres debutó como cantautor cuando se acercaba a los 30 años, luego de estudiar Pedagogía en Música y trabajar como arreglista y productor para otros músicos. Tras dos trabajos de escasa circulación, el 2013 lanzó su primer disco propiamente tal, Tigre... el otro tigre, cuyas canciones conformaron luego la banda sonora de la serie televisiva "Pulseras rojas". La difusión que le otorgó ese espacio, y la buena factura de sus canciones, lo han convertido en uno de los nombres más llamativos de su generación. Desde el 2019 adoptó el nombre artístico de Gael.
Bárbara Usagi es una cantante de j-pop o j-music, estilo que dominó una parte de la escena del pop a partir de canciones cantadas en japonés; sobre todo, a través de aperturas y cierres de series anime. Su veradero nombre es Bárbara Bustamante, y adoptó su pseudónimo del japonés Usagi, uniéndose a una generación de intérpretes chilenas de pop en ese idioma, como Jessica Toledo, Viviana Shieh, Salomé Anjarí o Jennifer Boldt.
Cantautor de trayectoria extendida, tanto en el tiempo como en el mapa y los referentes, Alejandro Lazo ha emparentado parcialmente su música con el Canto Nuevo y la canción de exilio, aunque también se ha mantenido activo fuera de esos bordes. «Mi generación es la generación del sandwich», ha definido.
Criminal ha sido el producto de exportación más sólido y eficaz salido del rock duro chileno. Con integrantes ya destacados antes en bandas tan importantes como Pentagram y Nimrod, la banda levantó desde principios de los años '90 un sonido eléctrico de gran potencia, que hacia fines de esa década ya les permitía codearse con nombres de talla mundial. Criminal es hoy una banda de formación multinacional, que tiene a Europa como centro de operaciones y que se mantiene como referente para grupos que confían en el poder del trabajo y la autogestión.
Por intereses y vínculos familiares no fue sorpresivo que Javiera Cereceda Parra se decidiera a una carrera profesional en la música. Partiendo por su abuela, la universal Violeta Parra, su árbol genealógico sostiene ramas artísticas destacadísimas, que incluyen a su padre, el cantautor Ángel Parra; sus tías Isabel y Colombina; sus tíos-abuelos Roberto, Eduardo y Nicanor; y su hermano Ángel. Pese a ello, la cantante ha logrado fortalecer con los años una voz propia, de asumida vocación pop gracias a su trabajo en bandas (la más importante, Javiera y Los Imposibles) y diversas colaboraciones musicales hasta hoy.
Los integrantes de Bandhada se conocieron en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, donde el baterista Juan Coderch y el bajista Alfonso Feeley estudiaban percusión e ingeniería en sonido. En 1983, el guitarrista Carlos Chung (también estudiante allí) los reunió para comenzar a funcionar con la primera formación del grupo. Influenciados por el guitarrista estadounidense Pat Metheny, y la música sinfónica y de fusión de los años setenta, Bandhada se convirtió en una banda pionera del rock progresivo y el jazz-rock hecho en Chile (junto a nombres como Cometa y Quilín), pese a que en los recuerdos suele asociársela a la camada del llamado «boom pop» chileno de esa década.
Aunque su título profesional era de arquitecto, Vittorio Cintolesi participó en un sinfín de actividades creativas paralelas, vinculadas principalmente a la composición musical y la escritura. Su trabajo musical figura en varios álbumes, y se repartió entre obras de teatro, programas de televisión, comedias musicales y conciertos para orquesta. Nacido en Santiago y con un largo período de residencia en París, Cintolesi fue pianista, compositor y arreglador. Acaso su hito popular más significativo sea su condición de súperventas por sus composiciones para el programa infantil "Pinpón" así como la canción "Eres exquisita", una de las más conocidas de la Nueva Ola. Fallecido en 2015, desde 2018 la SCD estableció un concurso de composición de música para la infancia que lleva el nombre de Vittorio Cintolesi.
La popularidad que durante los años noventa acumuló el grupo Sexual Democracia ha sido el sustento para la carrera solista de Miguel Barriga. El cantautor sureño fundó esa banda en 1988, trabajó con ella a lo largo de catorce años y casi una decena de discos, y la ha mantenido con formaciones cambiantes en paralelo a su trabajo solista. Cuesta diferenciar a estas alturas entre Sexual Democracia y Miguel Barriga, y el músico no parece incómodo con la confusión.
Principalmente bajista eléctrico de jazz fusión y compositor, José Pérez Vargas ha desarrollado una historia musical lejos de los circuitos chilenos desde que en 2004 se trasladó desde Valparaíso a Buenos Aires para estudiar. En el puerto había sido alumno de figuras del jazz fusión de los años '80 como el guitarrista Eduardo Orestes y el baterista Boris Gavilán. Con ciertas influencias iniciales en el rock, Pérez Vargas fue derivando paulatinamente hacia el jazz eléctrico, tomando el lenguaje de la improvisación, las sonoridades de la fusión y la interacción entre los componentes de los ensambles que formó, primero como sideman y luego en la demostración de un liderazgo que lo llevó a publicar el álbum Kosen-rufu (2022). Allí mostró su primer material propio, escrito para quinteto o sexteto de jazz contemporáneo y fusión. En paralelo, su bitácora musical lo sitúa en diversos proyectos, con nuevos estudios y apariciones en conciertos y giras en Brasil, Suiza, Austria, Italia y Francia, además de integrar el quinteto de baterista italiano Ramiro Ventimiglia.
Ramón Eugenio Pérez Alé, es decir Moncho Pérez, es parte de una reconocida saga de bateristas de jazz venidos desde Concepción, y definió su estilo con poderío rítmico e intensidad. Formado como baterista en los cancheos de matiné, vermouth y noche, en boites y locales donde él actuó en conjuntos de música bailable. Pero Moncho Pérez se fue autoconstruyendo como solista de jazz partir de los años ’70, alcanzando cotas de mayor altura en sus años en el Ángel Parra Trío y luego como líder de sus tríos y cuartetos que mantuvo en Valparaíso y Viña del Mar. Solo después de 50 años de actividad como músico, en 2024 publicó su primer disco: Tralka wenü, es decir, Talcahuano.
Al menos tres documentales sobre su vida y obra, un libro con el análisis de su discografía y hasta un musical biográfico montado alguna vez en Alemania tienen a Álvaro Peña como protagonista, y el cauce sería comprensible si su trayectoria fuese la de un intérprete de hits, conquistas contables y giras que consignar en un apartado de hitos de la música chilena, pero todo ha sido para él más bien lo contrario. Peña avanza por los caminos atenuados pero profundos del culto, y su composición iconoclasta, heterodoxa y cruda no deja de llamar la atención en círculos de admiradores que interpretan en ella un valioso gesto de libertad creativa. La unión de vida personal y música es una de las características del trabajo de este nativo de Valparaíso y residente de Konstanz (Alemania), donde murió en 2026, a quien el Golpe de Estado de 1973 encontró en Londres, y que desde entonces largó una vida europea. Esta fase suele destacarse por su tiempo de coincidencia del chileno Álvaro Peña con Joe Strummer, con quien compartió casa okupa y la banda The 101ers, antes de que el turco-británico comenzara a forjar una leyenda junto a The Clash.
El 28 de diciembre de 1985 se realizó en Santiago un encuentro que impulsó el desarrollo del metal extremo en Chile: el festival «Death Metal Holocaust I» fue el primer concierto colectivo de death-metal en el país, con los grupos Pentagram, Necrosis, Massacre (luego Massakre), Dorso y Belial; este último, cuarteto oriundo de Valparaíso que se inscribe dentro de la historia metalera chilena. El grupo se había formado ese mismo año, y no tardó en activar una discografía amparada inicialmente demos autoeditados y luego en álbumes para el sello Toxic. Con constantes cambios de integrantes, su trayectoria no dejó de orientarse por el metal duro, con variantes como el grindcore y el thrash. La banda tuvo una gira a Europa (2003) y ganó elogios en sitios especializados de Chile y Alemania. Sin adornos superficiales, con pulso veloz y despiadado, guitarras agresivas y letras crudas ejecutadas con la voz gutural e inconfundible de su vocalista, Belial se mantuvo como un nombre de referencia.
Como elenco de músicos y bailarines, Orixangó fue uno de los primeros proyectos impulsados por el sello Mundovivo, esencial en la divulgación de las músicas del mundo en sus amplios frentes, márgenes y diversidades. De hecho, el álbum Orixangó (2004) se publicó a la par de los primeros trabajos de Subhira, compositor, multi-instrumentista, editor y productor del sello. En su propuesta, Orixangó reprodujo las tablaturas originales de la etnia mandingue, con sonidos de los tambores dundun, sangba, kenkeni, shekere y djembé y los llevó al escenario con espectáculos vibrantes de sonido, color, ritmo y danza. Así marcó el inicio de una época decisiva en la apertura de distintas corrientes musicales a las audiencias chilenas, sobre todo desde las tradiciones de la música afro que más adelante ganarían amplia presencia en nuestro país.
Canciones de vocación radiable fueron las que construyó este cuarteto nacido en Ovalle, que alcanzó a publicar dos álbumes en poco más de una década de trabajo. La banda fue parte de una escena naciente en el nuevo siglo, parte de lo que más tarde llegaría a ser conocido como «pop de guitarras». Con temas propios y covers de bandas como Canal Magdalena y Glup —nombres entonces no tan difundidos en una región donde prevalecía la música tropical— debutaron en vivo en 2001 en la Universidad de La Serena. Vinieron pronto significativos impulsos: un Fondart para grabar su primer single y video ("En soledad", 2002) y el triunfo en el concurso Bandas de Chile, que les aseguró un cupo en La Batuta y el aumento de su fama en Ovalle. Antes de tener un disco, Polter organizó en el 2003 su primer festival pop (repetido al año siguiente), el "Polterfest", con invitados como Sónica y Termita. Un nuevo triunfo en un concurso musical para bandas independientes ("¿Quieres sonar en la Rock & Pop?") los decidió a mudarse por un tiempo a Santiago. Allí la banda se concentró en la grabación de su primer disco, y Polter apareció en el 2005, lleno de letras críticas a la banalidad de la televisión y otros asuntos. El álbum Moderno (2008) sería su último registro como banda. Polter finalizó su actividad dos años más tarde, aunque con Óscar Hauyon decidido a seguir una carrera solista.