Rock
Con más de cinco décadas de vida cumplidas a escala mundial y con la guitarra eléctrica como su arma predilecta de sonido, el rock es casi igual de antiguo desde su primera adopción en Chile a mediados de los años '50, y ha descrito una de las evoluciones más múltiples de la música popular local. Imitado al comienzo, chilenizado en parte por la Nueva Ola, transformado en himno nacional para el Mundial de 1962, puesto al día por jóvenes airados a fines de los '60, revolucionado por toda una nueva generación hippie y telúrica a comienzos de los '70, aguerrido bajo la dictadura, agitado por la new wave a mediados de los '80 y abierto hacia formas como el punk, el metal, el reggae o el pop, la música rock se ha multiplicado en un sinnúmero de nombres y tendencias desde los años '90 hasta la actualidad.
En 2003 el concursante Feliciano Saldías llegó a la final del reality show de Canal 13 "Protagonistas de la música" (Ximena Abarca, Sebastián Longhi, Romina Martin) y su premio fue la firma de un contrato discográfico. Lejos de intereses comerciales y de farándula, concretó un disco de riguroso rock progresivo e inquietudes sobre sus raíces, junto a Pablo Ilabaca como productor musical y músicos como Bruno Godoy (Sinergia). Latidos de la tierra (2005) resumía las maneras sureñas de su autor, un hombre que temporalmente entregó su intimidad a cambio de cumplir sus sueños.
Surgido en un contexto universitario y durante pleno período dictatorial, el grupo Compañero de Viajes articuló códigos rockeros con compromiso político y rechazo a los circuitos oficiales de difusión. En pleno "boom pop" de los años '80, cuando los sellos no parecían especialmente selectivos ni exigentes con sus contrataciones, la banda mantuvo una férrea ética interna que, por ejemplo, los hizo negarse a entrar a un estudio de grabación. Cuando lo hicieron comenzó su agonía, que los llevó a su muerte pocos meses después.
Sonidos atmosféricos y algo de rock fueron los elementos que se conjugaron en el pop de Klyo, banda santiaguina con una historia de una década, dividida en dos etapas: la de los temas instrumentales grabados en el álbum Abacus (2003), que terminó siendo un objeto casi arqueológico, y la de las canciones pop presentes a contar de su disco debut, al año siguiente. La banda se presentó por primera vez en vivo en el puerto de San Antonio a principios de 2004. Cuerpo lejano (2005), ese disco mayormente difundido, combinó pop y letras de amor, en una grabación con parcial colaboración de Juan Ricardo Weiler, el ex baterista de Aparato Raro y Pie Plano. Aunque el grupo comenzó a trabajar en 2006 para un álbum sucesor, varios cambios de integrantes fueron demorando la grabación. Así, Eclipse nunca llegó a editarse, y para 2010 Klyo anunciaba su final como banda. Una década después, anunciaba un regreso al circuito musical, nuevamente con la coz de Patricia Godoy al frente.
A mediados de los años 90, el blues seguía siendo un género poco explorado en la música chilena. Si bien existían referentes como La Banda del Capitán Corneta, la mayoría de sus exponentes se movía en un circuito cerrado de bares y sin publicar discos. Una de las primeras bandas que se alejaron de los clichés norteamericanos para hacer blues originales, en español y además con raíz chilena («blues criollo», lo llamaron), fue El Cruce. Llamaron la atención primero por su sonido y luego por su persistencia. El grupo acumula ya casi tres décadas de trabajo, con una discografía extensa y un trabajo en vivo autogestionado y continuo. Son así el principal referente de otras bandas a su saga, y han conseguido presentarse junto a íconos del género en Sudamérica.
Paraíso Perdido no prosperó como un proyecto pop de largo alcance (no existen discos suyos, por ejemplo), pero dejó un indeleble legado en la escena musical chilena de los años ochenta. Al menos cuatro de sus integrantes fueron figuras claves de la profesionalización musical de la naciente escena pop, con Andrés Bobe y Luciano Rojas como integrantes activos de La Ley; Javiera Parra como futura solista de gran difusión; y Juan Ricardo Weiler, como figura de la etapa inicial de Aparato Raro.
Iconoclastas, apurados por la urgencia, y responsables de un peculiar trabajo escénico y de letras, Supersordo consiguió en los años '90 un estatus de culto dentro de la escena de punk chileno (pese a que sus integrantes nunca estuvieron completamente cómodos dentro de esa clasificación y que, a la larga, han quedado inscritos en un sonido más cercano al post-hardcore). Su trabajo se desarrolló totalmente al margen de los medios de comunicación y grandes sellos discográficos, legando tres cassettes de inquietante ruido y hermético sarcasmo. La historia de Supersordo es valiosa como testimonio de trabajo independiente, y concentra a algunos de los músicos más activos de la escena de rock extremo y propositivo hecho en el país cuando la autogestión aún no era la norma.
Sorprendió Tío Lucho cuando, en 2004, comenzó a actuar en Santiago después de unos subterráneos inicios desde 1999. Hasta la aparición de su disco debut no hubo reseña que dejara pasar la conformación instrumental de la banda: guitarra, batería, voz, saxo y teclado. Esa alineación le ha dado al grupo una sonoridad particular, plasmada en canciones inspiradas en el punk, el rock and roll de vieja escuela, el twist y el surf. Letras que hablan de ciudad y sublevación y una visualidad deudora de grupos como The Clash y Los Prisioneros más precoces completan el cuadro de una banda que ha encontrado en los escenarios su hábitat favorito.
Durante sus trece años de existencia, Mantiza fue el vehículo creativo para Cristián Vladilo, compositor y guitarrista puntarenense que legó a su ciudad lo que se considera es el primer catálogo rock concebido, grabado y editado en la región de Magallanes. Su música melancólica y sombría correspondió, según su líder, al reflejo de un cotidiano juvenil transcurrido durante «cortos días de invierno y sus esplendoroso y fríos amaneceres de verano; siempre a la luz de una vida que, aunque fría y distante, se vivió al calor del fuego de la creación».
Es conocida la vocación multimilitante de Macha Asenjo, en el sentido de no contentarse con tan sólo una banda, y permitirse explorar sonidos y enfoques en muchos proyectos en paralelo. Uno de ellos fue el dúo que trabajó por casi una década junto a Claudio Pájaro Araya, destacado músico nortino con historia pasada sobre todo en Huara aunque también en múltiples colaboraciones, incluyendo en bandas del propio Macha, como LaFloripondio, El Bloque Depresivo y Chico Trujillo, hasta su fallecimiento de 2024.
Agrupar las influencias del hip-hop y el funk sobre la columna del rock caracterizó la propuesta musical de Weiza, uno de los grupos que a partir de la cruza entre rap y metal buscó hacia inicios de la década de los 2000 mezclas con otros sonidos, como los del soul y ritmos latinos, según se oye en Buscando metas (2005), su disco debut. Su historia larga con algunos integrantes aún en su período escolar, y avanza por toda la primera década del siglo XXI. Colaboraciones con músicos como la banda 2X y el rapero Seo2 fueron hitos de esa primera etapa. La banda tuvo varios años de receso, hasta que en 2019 anunció nuevos shows, aprovechando una visita a Chile del Rudi Meibergen, hace años ocupado en Los Ángeles, California, como compositor de música para cine y televisión.
Por historia y por creación, se puede considerar a Los Jaivas como la banda chilena de rock más importante de todos los tiempos. Su vigencia los iguala cronológicamente a unos Rolling Stones activos desde 1963, pero sobre todo es la propuesta de un cruce entre ese rock esencial y la incorporación de elementos del folclor que marcó la jerarquía de la banda viñamarina desde comienzos de la década de 1970. Los Jaivas fueron los impulsores de una escuela musical que unió el lenguaje natural de las guitarras eléctricas con la mística de las raíces latinoamericanas, andinas y sureñas. El gesto estético practicado por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, junto con Mario Mutis y el carismático Eduardo Gato Alquinta desde comienzos de los '70, se transformó en el rasgo distintivo de la banda ciento por ciento chilena y que el mundo conoce como Los Jaivas. Esto es el estallido resultante de la fusión entre la tradición musical ancestral de Latinoamérica, las formas de la música docta y la electricidad de los instrumentos del rock. Sus caminos musicales se mantuvieron trazados durante los tiempos y aunque la muerte de dos integrantes haya obligado a renovar los nombres del quinteto original, su huella es la misma iniciada en 1963.
Los Tres son el gran símbolo musical de los años noventa en Chile, y sus citas de reunión los han consolidado también como una sociedad clásica. Si bien su sonido se concibió y desarrolló como el de una banda de rock, con el tiempo expandió las fronteras del género, pues ha explorado también otras zonas —a veces, desconocidas o desvalorizadas— de la tradición musical. De la cueca a la balada, con algo de Nueva Ola y Nueva Canción Chilena, Los Tres han condensado en su discografía una mirada refinada sobre Chile y su pasado musical, con uno de los mejores sonidos logrados por una banda local desde los primeros ensayos locales de rock. En Los Tres confluyeron inicialmente el talento de cuatro instrumentistas de excepcional preparación, todos los cuales han mantenido destacadas carreras musicales también por fuera de su compromiso con el grupo. Desde el año 2000, cuando esa formación original anunció una pausa de trabajo, la historia de la banda siguió entre interrupciones, rearticulaciones, cambios de integrantes y la reunión de su formación original en 2023.
Con un sonido denso y oscuro, este trío santiaguino asomó en la movida rockera chilena de inicios de los 2000 con elementos contemporáneos y recursos musicales perspicaces. Tan raro como su nombre, Pacu (que es como en guaraní se le llama a un pez de río de gran tamaño y muy estimado por su carne) buscaba inspiración en grupos extranjeros, como los estadounidenses Tool, para demostrar sus aires progresivos y la fusión de rudeza con sonidos electrónicos. Con su disco Sube (desde la profundidad del ser) (2004), además de lucir la sólida interpretación del vocalista Claudio Robledo mostraron un elegante uso de secuencias y sonidos electrónicos, trabajados junto a César Ascencio, guitarrista de la banda rockera Libra.
Los sectores capitalinos de Ochagavía y la población La Victoria acogieron los inicios de esta banda de desbordante energía y manifiesta cohesión, según se apreció hacia inicios del siglo XXI. La decisión de cultivar a través de la música un sentido de mística poblacional y fusión de géneros (rock, ska, blues, raíz folclórica, cumbia, salsa) fue la principal guia de su trabajo. El cantante Quique Neira fue uno de quienes se entusiasmó con su sonido y facilitó, en su estudio, las primeras grabaciones de la banda, para el EP Carta de ajuste (2007). Al año siguiente se publicó su único álbum.
Kameréctrica es un quinteto de jazz fusión que alternó con varias agrupaciones afines en la década de 1980: Cometa, Ensamble, Alsur o Trifusión. Fue uno de los tantos conjuntos de jazz organizados por el músico Roberto Lecaros, quien había sido un importante impulsor en el Club de Jazz durante los años '70 en la sede de calle California, presentando diversos elencos para sostener su programación. Sin embargo, Kameréctrica se instaló como un proyecto más definido y decisivo, y fue resultado directo del tiempo en que el músico estuvo detenido durante la dictadura. En su recuerdo durante esos días de miedo e incertidumbre, la música del violinista de jazz fusión Jean-Luc Ponty resonó en su cabeza. En 1986 creó este grupo, con un nombre como juego de palabras entre la música de cámara y el jazz eléctrico que dominaba esos tiempos. Fue entonces una primera plataforma para Roberto Lecaros como líder y la posibilidad de tocar el violín eléctrico, y de paso se convirtió en un conjunto escuela. Si bien contó con músicos de trayectoria como el baterista Tilo González o el guitarrista John Clark, mostró en el escenario a nombres iniciados en la fusión, como el pianista Pablo Paredes, el baterista Juan Coderch o los bajistas Marcelo Aedo, Patricio Aravena e Igor Saavedra. No dejó grabaciones ni registros fotográficos que se conozcan.
Iniciados en una fusión de música de base hardcore que también interesaba a bandas como Los Miserables o LaFloripondio), Los Morton fueron derivando con el tiempo hacia algo más negro, funk y percutivo. La historia del grupo marca dos etapas, separadas por lo que se creía sería una disolución definitiva, pero que sólo los alejó entre 1998 y 2004. Además de sus riffs furiosos, el grupo se caracteriza por versos que suelen atacar las más conservadores costumbres e instituciones chilenas. Su discografía se encuentra inactiva desde los años noventa.
Desde su formación, a fines de los años ochenta, Ocho Bolas ha sido emblema de la escena punk de Valparaíso, con un trabajo intermitente pero de fiera identificación con su entorno. Su discografía muestra temas furiosos, agitados y críticos, pero siempre apegados al lugar en el que nacen. Tal como cantan en “Voy pa’l Barón”: “Así es el mundo del rocanrol/ Hay poca plata pero mucha diversión/ No tomo el metro pero voy en ascensor”.
En el marco del liceo Lastarria a finales de los años '90 dio sus primeros pasos la banda Guachupé, que forma parte destacada de la escena de la música mestiza chilena de la primera década del 2000. Con referencias a sonidos ska y tropicales, y emparentada con bandas como Juana Fe o Villa Cariño, Guachupé completa discos que ellos llaman profesionales, grabados luego de dos demos que circularon de mano en mano a mediados de la década. Con una intensa agenda en vivo, y una leal comunidad de seguidores que se autodenomina como "La hinchada Guachupé", el grupo se ha presentado incluso en el festival trasandino Cosquín Rock. A comienzos del 2012 falleció en un accidente el guitarrista Luis Adriazola.
Pop-rock melancólico fue el de este grupo santiaguino, que, con guitarras y armonías de voces, recibió su sonido desde las islas británicas y lo combinó con guiños al pop latino. Durante su casi década de trabajo, Astrolabio se distinguió tanto por la combinación de dos cantantes-guitarristas y el sello urbano de sus canciones.
La cruza de blues, soul y punk ha afianzado a Jiminelson como una de las propuestas hoy en actividad de más perdurable recuerdo en vivo y más reconocible discografía. Su electricidad intensa y masculina se emparenta con lo mejor de la tradición rockera estadounidense de raíz campesina, y la austeridad de sus arreglos contrapesa la fuerza vocal de Gustavo León, cantante de registro pastoso, incamuflable gusto por la música negra, y similar comodidad en el canto en castellano y en inglés. Desde su formación, Jiminelson ha ido experimentando mutaciones hasta dejar a León como único integrante fundador a bordo. Aunque no le acomoda la etiqueta de solista, en rigor es hoy el cantautor el motor fundamental del proyecto.