Hip-hop
Uno de los más importantes movimientos recientes en la música local junto con el punk y el metal, el hip-hop recoge en Chile desde fines de los '80 los cuatro elementos de esa cultura, entre el verso, la producción musical, la ilustración y el baile. En otras palabras, el rap, el DJ, el graffiti y el breakdance. Varias oleadas se han sucedido en esta historia, desde sus orígenes a fines de los '80, la nueva escuela de mediados de los '90 y ramificaciones posteriores entre la combatividad, la elaboración musical o la sensibilidad poética de contemporáneos que limitan con un bullente escenario underground germinado en el nuevo siglo.
Lechero Mon es un rapero de lenguaje directo y un gran sentido del humor, que - como dice en “Mostros enfermos”- combina vivencias, “con un poco de vino tinto”. Las venturas y desventuras de sus veladas nocturnas, las historias románticas y su propia vida nutren sus alegres letras, cuyas bases –compuestas también por él- son siempre rítmicas y bailables. Rodrigo Ávalos se inició en el rap a fines de los años '90, pero sus canciones se han difundido sobre todo a través de Internet en la segunda década de los 2000. Temas como “Los oficios de la pobla” o “La pana del volao” son algunos de los mayores hits de este rapero, de la zona norte de Santiago, que junto al humor, también desliza severas críticas sociales.
Un trayecto excepcional, que lo ubicó como figura del hip-hop chileno siendo un niño, es el de MC Billeta (Benjamín Correa). Apareció en radios siendo un niño de 12 años, consiguió gran difusión para su tema "No, no, no" y tuvo gracias a eso cupos en escenarios de gran alcance, como la campaña televisiva de la Teletón y el festival Lollapalooza-Chile. Sus grabaciones comenzaron a difundirse en 2011, en parte gracias al apoyo en producción del músico Latin Bitman.
Ivania Flores es Ruzica Flores, rapera de una pródiga generación de poetas urbanas surgidas en la década de 2010, con un poderoso discurso de defensa de género y crítica al modelo socioeconómico de su época, que además encontraron en el estallido social de 2019 un contexto fértil de creación. Anticipándose incluso a todo ello, Ruzica Flores escribió "Vamo a quemar esta maldita ciudad", en "Burn", una canción de su disco EP Atataxia (2018), en el que contó con colaboraciones de DJ Pérez (Mente Sabia Crú) y Charly Humos. Vinculada en cierto momento al colectivo de raperas Deyas Klan, Ruzica Flores ha sido destacada también entre esos nombres femeninos de un hip-hop en transformación a fines de es década, junto a Yih Capsule, Rvyo, Latina Sativa, Catana e Isa Deyabú.
Más que un músico, Guerrillerokulto se define a sí mismo como «un activista del hip-hop», y es activo como tal tanto en la creación como en la promoción educativa del género y la gestión en torno a sus cultores. Su compromiso con el rap chileno es de larga data (incluso tocó un tiempo en Los Panteras Negras): fue parte del colectivo Enigma Oculto, a fines de los años 90: y en 2000 inició un camino en solitario con su nombre artístico (por encima del civil, Rodrigo Cavieres). Parte de colectivos políticos como La Coalixión y Hiphoplogía, gestor de talleres y más adelante de encuentros masivos (como el célebre Planeta Rock), en 2004 debutó con su primer disco solista, Versos en resistencia. Desde entonces ha estampado varias canciones en la historia del hip hop como “Impío” (dirigido a Carabineros), “Motín en la sala” (un reclamo escolar años antes de los movimientos estudiantiles), “Luchín” (una reinvención del clásico de Víctor Jara) o “MC” (donde hace un homenaje a sus colegas raperos), además de álbumes de concepto claro y nunca banal.
«Juego callejero» llamaron a su música los primeros integrantes de Tapia Rabia Jackson (o Tapia Rabia), uno de los pocos grupos chilenos de hip-hop suburbano que alcanzó a trabajar dentro de la dinámica corporativa antes del auge de internet. El grupo tuvo en Zaturno a su líder y principal foco de atención, pues fue quien armó el conjunto luego de trabajar durante cinco años y dos álbumes junto a los exitosos Tiro de Gracia.
La fotógrafa y rapera Isabel Riffo es Isa Deyabú o, directamente, La Deyabú, una poeta urbana que tras 15 años de vida musical en el dúo Deyas Klan lanzó un primer trabajo en solitario luego de un viaje por varios meses en países sudamericanos. Producido por CuatroBeats –como todos sus trabajos con su dúo anterior– las canciones hablan desde su barrio (“No es tan Santa la Julia") o de temáticas femeninas (“Ancestras”), pero también de las reflexiones de ese mismo viaje decisivo. “Tienen que ver con reencontrarme conmigo misma”, dijo para explicar esa carrera solista. Un enorme listado de invitados chilenos y provenientes de esos países que visitó la acompañaron en su disco debut, titulado Matria (2018), que incluye citas a Violeta Parra.
Los cercanos a los círculos santiaguinos de hip-hop saben bien que Gastón Gabarró merece muchos más créditos que sólo los de ser un ex integrante de Makiza. Cenzi fue también pilar del dúo Némesis, y ha asesorado —como productor, compositor o programador— decenas de discos realizados en Chile desde los años noventa; incluyendo trabajos de Tiro de Gracia, ZicutaEjecuta, Las Corrosivas y el colectivo Demosapiens, entre otros. Es, además, fundador de la etiqueta independiente Aguasónica. Pese a una vida repartida entre Chile y Canadá, y las varias asociaciones que han dirigido su trayectoria, el suyo es un trayecto musical que no ha tenido interrupciones.
Voz aventurada y autorizada en los campos del reggae chileno y sus cruces mestizos hacia el R&B, el soul, el funk y e incluso el rap, Vanessa Valdez ha sido conocida como versátil corista. A comienzos de 2013 apareció con su propia voz con la canción "Escapar", el primer paso a una historia propia dentro de la música de raíz negra. A los dieciocho años se integró a la línea de voces de La Pozze Latina (2001-02) y poco después integraba su primer grupo significativo, donde fue cantante principal, Da Jungla (desde 2004). Sus colaboraciones incluyen apariciones en las bandas de Quique Neira, en colectivos como ZicutaEjecuta, y en grupos estables como Matahari, tres frentes estilísiticos que describen los territorios de la música pop en los que Valdez transitó. Pasaron más de diez años de trabajo en la música antes de que la cantante editara su primer disco, el EP Paso a paso (2015).
El nombre de Corrosivas empezó a oírse temprano en la crónica del hip-hop chileno de los años ’90, en manos de dos raperas que formaron este grupo como parte del circuito emergido en torno al capitalino Parque Forestal. Paula Carmona (Mona) y Nalini Galdames (Nalini), las integrantes del dúo, se presentaron en vivo y se instalaron como genuinas precursoras del hip-hop femenino en Chile. Solo dejaron un disco, que se editó cuando el dúo se había disuelto, pero su nombre es clave en la historia del género, y varias de sus canciones ("La casa del terror" o "Corrosivas en la casa") son con propiedad clásicos fundacionales del rap local.
Desde 1999 es que Eduardo Herrera gana reconocimiento en el circuito rapero chileno, al que ha asombrado con los seudónimos Jota Droh y —su reversa ortográfica— Hordatoj. Con las calles de San Joaquín (la comuna en la que creció), Lo Prado, Pudahuel y San Bernardo como primeros escenarios, aprendió a solas cómo canalizar su gusto por el funk, el jazz y el R&B en atractivas secuencias rapeadas, que más tarde ha puesto al servicio tanto de sus propias grabaciones, las de las bandas La Habitación del Pánico y DMT (junto a Toly Ramírez hijo, ex Los Tetas), y también las de importantes asociados, como Ana Tijoux, Jonas Sanche y Portavoz.
La perspicacia de sus rimas, el desprejuicio de sus arreglos y la versatilidad de sus proyectos han convertido a Daniela Saldías en una de las voces femeninas más llamativas del círculo independiente. Conocida principalmente por su trajo como integrante de Colectivo Etéreo, la vocalista ha participado también en proyectos como los de Juliarose, PatSmear y World Music, así como bajista y tecladista del trío Iris. Como solista es Dadalú, y como tal trabaja y presenta sus discos, producciones que dan cuenta de sus muchas inquietudes como autora y su ojo siempre atento a lo que sucede con su generación, su género y el país.
Entre la multiplicación de los artistas chilenos de soul, R&B y funk a mediados de los años 2000, la cantante Celeste Shaw hizo una aparición lo suficientemente diversificada como para poner su nombre en el circuito. Primero como de voz de apoyo y coros para músicos como Matahari, Raiza, Rapaces y Latin Bitman; y luego en una posición solista, que se concretó en Celeste (2012), con el que se sintetizaron sus propósitos en torno a la llamada black music. Pero ese mismo rumbo musical sobrepasó los primeros aprontes suyos en el campo del neosoul y ya para la publicación del disco Gracias por lo malo (2022), Celeste Shaw ya había desdoblado desde el canto a las rimas hip-hop.
Rey Chocolate fue una de las principales bandas surgidas con el «nuevo metal» de los años '90 en Chile. Como protagonista del auge del aggro-metal de la época, organizó junto a Rékiem los encuentros Aggrofest, que en cuatro versiones reunió a gran cantidad de bandas chilenas, y más tarde se sumó con igual entusiasmo a "Back to school". Su trayectoria anota varias publicaciones, y el teloneo en vivo a visitas a Santiago tan relevantes para el género como el grupo estadounidense Slipknot. Luego de varios años de pausa, el grupo se encuentra reactivado desde 2014.
Multifacética figura en la música pop, Lizz es el alterego principal de la cantante, productora y DJ Elisa Espinoza, una protagonista de esa influyente escena que dominó las preferencias musicales desde fines de la década de 2010. Se le suele ubicar como parte de una primera oleada femenina de música urbana, junto con Paloma Mami, Princesa Alba y Shita. Su historia de trashumante entre el Biobío, Santiago e Inglaterra junto a un conocimiento acabado de músicas a la vanguardia desembocaron en un trabajo como experimentadora del sonido, desde el hip-hop y la electrónica. Ello dio como resultado una densa música e imaginería trap que ella definió como "latin future".
El encuentro entre Camilo Castaldi, rapero del grupo Los Tetas, y el guitarrista de jazz Nicolás Vera, uno de los fundadores del sello Discos Pendiente en 2010, posibilitó el armado básico de este proyecto nutrido de influencias diversas: desde el funk duro hasta el jazz eléctrico y el rap. Durante ese año, Criminal Jazz, una forma de ilustrar el “asesinato” de los preceptos, trabajó en repertorios nuevos, con letras de Castaldi y música dirigida por Vera. Convocó a otros jazzistas de la escena, como Agustín Moya (saxo tenor), Eduardo Peña (bajo) y Julio Denis (batería), e incluyó a voces invitadas como Rulo Eidelstein y Paz Court. Su único disco, Criminal Jazz (2011), apareció en forma paralela al reencuentro de Los Tetas.
La historia de Los Mono sintetiza los sinsabores y también las insospechadas vías de éxito para la música independiente chilena. El grupo fue un proyecto de ocupación esporádica para músicos destacados en ofertas como las de CHC, Yaia, Funky-C y Original Hamster; y durante el 2007 acaparó atención masiva gracias a la difusión internacional de su ingenioso video para el tema “Promesas”.
La sociedad musical que en el año 2000 formaron Rafael Pérez (DJ Raff) y Víctor Flores (Solo di Medina) generó una comprensible expectativa. Ambos músicos llevaban años de trabajo junto a La Pozze Latina, pero además habían destacado en colaboraciones con muchas otras bandas. Su unión debe verse como un proyecto intermitente, siempre interrumpido por los muchos encargos de producción y asesoría que ambos reciben de otros músicos, así como por sus respectivas carreras de promoción solista.
Némesis no hubiese existido si la carrera del grupo Makiza se hubiese asentado desde un primer momento. Allí trabajaron por primera vez juntos Cenzi y Seo2, destacando ambos por sus respectivos talentos en la composición, programaciones y letras. Sin embargo, la decisión de Ana Tijoux de abandonar el grupo, a fines del año 2000 (poco después de la publicación del exitoso álbum Aerolíneas Makiza), llevó al par de amigos a buscar un modo de no echar por la borda lo que habían aprendido en el cuarteto. Armaron así el proyecto Némesis, que alcanzó a publicar dos álbumes antes de su disolución. La carrera de ambos músicos ha continuado luego por muy activas sendas solistas.
Miembro fundador de una de las canteras más innovadoras y desprejuiciadas de hip-hop de la década de los 2000, Gen (alterego de Freddy Olguín) fue el primero de los integrantes de FDA en encauzar sus inquietudes sonoras a través de una carrera solista. Mientras Nicolás Carrasco (Foex) inició una prolífica trayectoria como productor y Enzo Miranda (Koala Contreras) fusionó rock y swing por medio del combo Cómo Asesinar a Felipes, Olguín ha editado discos personales de notable factura que confirmaron su impronta atípica dentro de la escena: rimas introspectivas y ajenas a la crítica evidente y una paleta sonora capaz de trascender el purismo del rap para incorporar elementos del rock y la electrónica.
Los Puntúos han sido una demostración más del "folclor en movimiento", idea que defiende la dinámica transformación de la música a partir de mestizajes, usos e incorporación de lenguajes. En esta caso, de la cueca. Desde sus inicios el conjunto comenzó a explorar la cosmología chilenera frente a los insumos provistos por el hip-hop y los ritmos urbanos que tomaron los espacios en la década de 2010.