Hip-hop

Uno de los más importantes movimientos recientes en la música local junto con el punk y el metal, el hip-hop recoge en Chile desde fines de los ’80 los cuatro elementos de esa cultura, entre el verso, la producción musical, la ilustración y el baile. En otras palabras, el rap, el DJ, el graffiti y el breakdance. Varias oleadas se han sucedido en esta historia, desde sus orígenes a fines de los ’80, la nueva escuela de mediados de los ’90 y ramificaciones posteriores entre la combatividad, la elaboración musical o la sensibilidad poética de contemporáneos que limitan con un bullente escenario underground germinado en el nuevo siglo.

Lechero Mon

Lechero Mon es un rapero de lenguaje directo y un gran sentido del humor, que - como dice en “Mostros enfermos”- combina vivencias, “con un poco de vino tinto”. Las venturas y desventuras de sus veladas nocturnas, las historias románticas y su propia vida nutren sus alegres letras, cuyas bases –compuestas también por él- son siempre rítmicas y bailables. Rodrigo Ávalos se inició en el rap a fines de los años '90, pero sus canciones se han difundido sobre todo a través de Internet en la segunda década de los 2000. Temas como “Los oficios de la pobla” o “La pana del volao” son algunos de los mayores hits de este rapero, de la zona norte de Santiago, que junto al humor, también desliza severas críticas sociales.

Colectivo Etéreo

Hay cuatro frentes en este colectivo. Dos hacen de DJs y todos cantan, bailan y se disfrazan en sus actuaciones, siempre avivadas con coreografías y cotillón de fiestas de cumpleaños. Como colectivo, los Etéreos tienen una dinámica incansable, atentos a distintos proyectos musicales y artísticos, personales o comerciales, que abarcan desde el hip-hop a la música electrónica. Tal como las actividades paralelas de sus integrantes, se trata de una agrupación insaciable, fértil en canciones, letras y pasos de bailes.

FDA

Fe por un Destino Anunciado es el nombre completo de FDA, uno de los grupos que alimentaron desde el underground la escena del hip-hop chilena ajena a la explosión comercial del género a fines de los años '90, y en ese circuito conjugan como pocos las rimas asertivas y la buena producción musical.

De Kiruza

De Kiruza fue un grupo pionero en la introducción de ritmos negros (afrocaribeños, principalmente) en Chile, y una de las bandas más innovadoras que pasaron por la escena de música local durante los años '80. En plena dictadura desarrollaron una fusión que bebía del funk y el soul, sonidos apenas cultivados hasta entonces en Chile, y que ellos combinaron con elementos latinoamericanos y temáticas tercermundistas, creando un cóctel único en este lado del mundo, y que resultaría de gran influencia para posteriores grupos de hip-hop, funk y afines. Con períodos de interrupción en su trabajo conjunto, la banda se mantiene activa hoy, viva como referencia y también taller creativo y de eléctrica puesta en escena, con una agenda en vivo en marcha y el anuncio de nuevas grabaciones.

Dadalú

La perspicacia de sus rimas, el desprejuicio de sus arreglos y la versatilidad de sus proyectos han convertido a Daniela Saldías en una de las voces femeninas más llamativas del círculo independiente. Conocida principalmente por su trajo como integrante de Colectivo Etéreo, la vocalista ha participado también en proyectos como los de Juliarose, PatSmear y World Music, así como bajista y tecladista del trío Iris. Como solista es Dadalú, y como tal trabaja y presenta sus discos, producciones que dan cuenta de sus muchas inquietudes como autora y su ojo siempre atento a lo que sucede con su generación, su género y el país.

Tapia Rabia Jackson

«Juego callejero» llamaron a su música los primeros integrantes de Tapia Rabia Jackson (o Tapia Rabia), uno de los pocos grupos chilenos de hip-hop suburbano que alcanzó a trabajar dentro de la dinámica corporativa antes del auge de internet. El grupo tuvo en Zaturno a su líder y principal foco de atención, pues fue quien armó el conjunto luego de trabajar durante cinco años y dos álbumes junto a los exitosos Tiro de Gracia.

Los Marginales

Los Marginales son parte de los nombres fundacionales del rap chileno. Claudio Flores (n. 1969) conoció de niño el rap y el breakdance por la televisión, y desde entonces se convirtió en bailarín. A mediados de los años '80 se hizo parte de la incipiente comunidad que se formó en el centro de Santiago, en la calle Bombero Ossa, donde adolescentes de Santiago se reunían a bailar e intercambiar cassettes.  Allí nacieron Los Marginales, que en 1991 grabaron su cassette y lo editaron en 1992.

DJ Raff

Por sus muy diversos encargos como productor, DJ Raff se ha convertido en uno de los colaboradores y asesores más importantes del circuito hip-hop chileno, aunque sus grabaciones y presentaciones en vivo han abarcado también otros géneros. Raff (Rafael Pérez) fundó el grupo Frecuencia Rebelde en 1992, e integró por dos años la banda La Pozze Latina. Luego de un tiempo largo de trabajo en sociedad con Solo di Medina, dio su principal paso solista cuando a fines del 2006 presentó su primer álbum. Desde entonces, su trabajo se ha expandido fabulosamente en el extranjero. «Canciones mitad máquina y mitad hombre» es como Raff elige definir sus composiciones.

Luanko

Gonzalo Luanko es un rapero que se inició en el oficio en Pudahuel siendo un adolescente, con el seudónimo de Minuto Soler. Tras la edición de un disco y la dirección de talleres de rap y de graffiti, desarrolló lo que él llama su “ser mapuche”, que plasmó en canciones y en su puesta en escena, adoptando entonces su primer apellido como nombre artístico. Profesor de Historia en ejercicio, Luanko es un prolífico compositor, con un permanente circuito de actuaciones en vivo a lo largo de Chile y un atractivo trabajo lírico, donde alterna el español con lengua mapuche.

Golosina Caníbal

A principios de los años noventa, los hermanos María José y Tan Levine intentaron levantar en María Sonora una combinación de ritmos latinos que resultó tan pionera como incomprendida. La disolución de ese dúo los alejó musical y geográficamente —él partió a Nueva York; ella se instaló en Tongoy—, y fue el proyecto de Golosína Caníbal lo que marcó su reencuentro y reagrupación.