Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Este conjunto toma su nombre de la popular expresión "sacar los choros del cantasto", que describe la situación cuando una persona provoca a otra al punto de hacerla perder la compostura. Nacido en Linares, la tierra de las hermanas Estela y Margot Loyola, se formó como proyecto que explora los ritmos bailables de Latinoamérica: cueca, corrido, huapango, salsa, merengue y un especial acento en la cumbia y sus transformaciones modernas. En tanto, sus letras cargadas de humor apuntan mayormente a la crítica social y el amor, con coloridas puestas en escena, cantos y danzas, y un elenco ampliado que incluye acordeón, violín, teclados, guitarras, bajo, batería y múltiples percusiones latinoamericanas.
Un particular fusión electrónica con instrumentos étnicos es la base de la música de Zinatel, el grupo que formaron Kike Galdames y Cristián Márquez luego de alejarse de Illapu hacia 2004 en México, donde ese conjunto se había asentado. Cuando regresaron a Chile se reunieron con el guitarrista Andrés Jeraldo y el tecladista de Papanegro, Carlos Valenzuela. Zinatel estableció una música de cruces hacia la canción pop, utilizando entonces esos insumos que venían tanto de la raíz folclórica como de las tecnologías e instrumentos electrónicos.
La música y la gastronomía populares peruanas fueron parte de las inspiraciones del grupo Cachodecabra —también presentado como Cacho de Cabra—, organizado alrededor del bajista y compositor Francisco Campos como proyecto de fusiones que incorpora la raíz del landó y otros ritmos afroperuanos naturales, con la mirada contemporánea que también define el jazz.
Liderados por el guitarrista Aldo Sandoval en un circuito que va desde Valparaíso hasta Quilpué, el grupo Mandala (que significa "círculo" en sánscrito) ha sido una cara musical en el puerto desde mediados de la década de los 2000, nutrido de elementos del pop y la canción latinoamericana y brasileña junto a toques de latin jazz, que lo aproxima a grupos de como Motete, Fusión Judá, Trifulka o La Guacha.
Durante tres años y dos álbumes Álvaro Prieto fue Tribi, voz principal de Los Miserables y autor de dos de los más difundidos títulos de su cancionero: "N.N." y "Progreso". Pero diversas decisiones personales lo llevaron hacia 1999 a dejar primero el grupo y, al poco tiempo, también su vida capitalina. Tras integrar tres breves proyectos (Chechango Social Club, Blest y Flores Prieto), Prieto se instaló en Alcohuaz, un pueblo en el Valle del Elqui, Cuarta Región.
Cantante, compositora, autora, guitarrista, pianista y docente, Paz Mera se instala en el mapa de la música chilena desde una distinción marcada por su interés en variantes de la música brasileña y los ritmos cubanos, además de una extendida y honda formación artística. La asociación ha sido parte de su escuela, en conjuntos diversos: de cueca, en Las Torcazas; de música para niños, en Paztitas; y como directora instrumental de la Cantoría Popular de Mujeres. Pero ha sido sobre todo en un canto autoral solista de cadencia tranquila y ambicioso urdido que esta talangantina ha forjado su carácter musical, poderoso y conmovedor. En piezas de finos arreglos instrumentales, su voz, guitarra y piano se instalan de un modo a la vez amable y enfático, convencida de su deber creativo: «Porque tengo todo que perder, pero no bajo los brazos / por darle cuerpo a todo lo que soñé, yo canto […] / Y aunque nadie me esté escuchando, yo sigo cantando…», dice uno de los pasajes de "Yo canto", que en su caso califica de canción y manifiesto.
Ensamble camerístico formado en 2010 por los compositores Claudio Alarcón (guitarra) y Javier Cornejo (piano), quienes venían trabajando juntos desde 2008 en un experimento de fusiones entre el folclor chileno y la música docta, que además suma elementos provenientes de la world music y del jazz. De hecho, la dupla pronto se fortaleció en el escenario con las contribuciones de los jazzistas Pablo Vidal (contrabajo), con experiencia adicional en el grupo Niño Cohete, y Nicolás Ríos (batería). El conjunto ha colaborado bilateralmnte con la cantautora Natalia Contesse. Su primer disco es el homónimo Nave y Pasajero (2011).
Autora, compositora, cantante, acordeonista y pianista, Pascuala Ilabaca ha delineado una de las trayectorias más llamativas entre los músicos chilenos proyectados a otros países en el nuevo siglo. Elementos del folclor de Chile, ritmos latinoamericanos y música de la India son fuentes de su repertorio, difundido por canciones como "Lamenta la canela", "Ay mamita mamita" y "Busco paraíso". Ha publicado en España sus discos Diablo rojo diablo verde (2010), Busco paraíso (2012) y Rey Loj (2015), grabados con su banda Pascuala Ilabaca y Fauna, así como Pascuala canta a Violeta (2008) y Me saco el sombrero (2014), como solista, y desde 2011 ha viajado cada año a Europa en ocho giras por España, Alemania, Francia, Inglaterra y Bélgica.
Formada por el guitarrista Gus Valenzuela y la violinista Danka Villanueva, que había tocado en La Mano Ajena, desde la década de 2010 Golosa la Orquesta ha sido una agrupación de diversos enfoques sobre la música popular, a su vez ramificada en distintas direcciones. En una primera época basó el repertorio en ritmos de la nostalgia, tomando bolero, tango, vals, chachachá, swing y jazz gitano, pero ya avanzados los años, y con nuevos integrantes en la formación, centró su propuesta en una idea musical propia donde las raíces de la música latinoamericana, festejo, saya, cueca o huayno, fueron predominantes dentro una fusión con el rock y el jazz.
Luciano González Astorga integra una amplia camada de bajistas orientados al jazz fusión, que han desarrollado un sonido contemporáneo y le han proporcionado protagonismo al instrumento desde la posición de solista y de líder de bandas, una línea sostenida en el tiempo por Christian Gálvez como primera referencia. Entre ellos se encuentran nombres de la generación de 2010 como Stefano Rojas, Matías Martinoli, Felo Bustamante, Samy Maluenda, Pedro Olivares. González protagoniza su música desde el bajo eléctrico de seis cuerdas, con un enfoque que le permite incorporar aspectos armónicos y melódicos del piano, la guitarra clásica y el saxofón, en paralelo a las funciones tradicionales del contrabajo y el bajo eléctrico de cuatro cuerdas.
Influenciado por la psicodelia de la década de los '70, desde Sun Ra y el último John Coltrane hasta bandas de británicas rock como Soft Machine y Gong, Julián Romero Parada adoptó el nombre de Surreal para un proyecto creativo situado en una música experimental. Su propuesta de composición desde el bajo eléctrico transita por diversos territorios, desde el jazz avant-garde, la fusión, la música progresiva y la improvisación liberada hasta desembocar en los misterios de las músicas ancestrales del sur de Chile, de donde él proviene. Su primer trabajo en esta línea es Delirio místico (2021).
El gran formato, la labor colectiva y la divulgación histórica han sido hasta ahora los ejes de creación y trabajo para esta peculiar agrupación santiaguina. Primero el esfuerzo biográfico sobre el más carismático obrero y activista sindical chileno del siglo XX (Cantata por Clotario Blest, 2018), y luego la investigación y denuncia de la cantata Menéndez. Auge y caída del rey de la Patagonia (2020) —sobre el estanciero español y genocida del pueblo selknam José Menéndez— son hasta ahora sus dos grandes obras, presentadas en disco y en espectáculos itinerantes. La formación instrumental de Alameda Memoria incluye violín, violonchelo, saxofón, clarinete, flauta traversa, guitarra, bajo eléctrico, batería, y piano, más voces y narración; y combina ritmos y tradiciones sudamericanas y europeas. Mantiene a Felipe Sandoval como director musical, y todos sus estrenos constituyen creaciones originales.
Vivir y haberse educado musicalmente en Santiago de Chile no le impidió a La Mano Ajena proponer un sonido influenciado por raíces tan distantes geográficamente como los sonidos tradicionales de los Balcanes y del pueblo gitano. La música klezmer y romá figuran así como fuentes importantes en la nutrición de este conjunto que trabajó con constancia durante más de quince años, y que legó cuatro álbumes y shows de energía inolvidable para quienes los atestiguaron.
Rukantü, o Ensamble Rukantü, toma dos palabras del mapudungún para crear un nuevo concepto: ruka (casa) y antü (sol). Es una agrupación que ha fusionado la raíz folclórica con elementos de la música moderna en una suerte de observación de la América mestiza actual. Y es parte de una escuela musical que ha tomado la influencia de agrupaciones mayores como Napalé y Entrama, y que además es generacional de más ejemplares de este culto musical: Cántaro, Trompo, Bizikleta, Sexto Piso Cachodecabra y Santos de Greda, entre otros ensambles.
Con estudios de Teatro y de Composición, ambos en la U. Católica, Camila Soria y Silvio Rozzi, comenzaron a cantar juntos desde 2012, el año en que fueron padres. Rozzi, multinstrumentista, había participado en varios proyectos antes de tomar ese camino musical de folclor junto a Soria. Guiados más que nada por una intuición y las músicas que ambos escucharon en su niñez, emprendieron un viaje por el interior argentino que se extendió por varios meses. Esa experiencia les permitió conocer un amplio repertorio folclórico, inspiración para las canciones que desembocaron en el disco En el borde de la noche (2019), con el Camila y Silvio obtuvieron el premio Pulsar de 2020 en la categoría Música de raíz.
Músico e ingeniero en sonido, Alejandro Manríquez integra una partida de guitarristas de jazz que fueron promovidos por el Instituto Projazz desde mediados de los años 2000 (Nicolás Yankovic, Armando Ulloa, Cristóbal Gómez, Diego Riedemann), pero su ruta camino fue acercándose siempre a la música de fusiones latinas. Primero como colaborador de las cantantes de jazz y bossa Muriel Valle y Verónica Garay, del compositor, bajista, pianista y acordeonista Pedro Melo (de Entrama), y finalmente a través de sus propios discos.
El jazz eléctrico y el uso de ritmos latinoamericanos han sido dos vías musicales del grupo Motete, liderado en Copiapó por el saxofonista y flautista serenense Sergio Olivares. Su propuesta de un jazz fusión de carácter nortino quedó de manifiesto en discos como Tributo a Atacama (1999) y Evolución (2003), y así Motete apareció en un panorama que tuvo como antecesores a Alsur (1986), Apus Jazz Bank (1991) y La Marraqueta (1992).
Con una palabra que en mapudungun significa «la llave del saber» y que fue además el nombre de la recordada editorial estatal durante el gobierno de la Unidad Popular, Quimantú es en tercer término el conjunto fundado en 1981 en Londres por el compositor y cantante Mauricio Venegas Astorga. Iniciado para cultivar la música andina en Inglaterra, país adoptivo de Venegas desde 1977, Quimantú se dedicó luego a la fusión de la música latinoamericana con las raíces celtas y europeas en general. Es un conjunto activa hasta hoy, parte esencial de cuyo trabajo reside en el contenido de reflexión social en sus creaciones y proyectos.
Con el nombre musical de Somi Tax, un juego de palabras de lo que en rigor debería ser Tomi Sax, el saxofonista Tomás Corvalán propuso un cruce inusual entre el huayno frente al lenguaje jazzístico, desarrollando lo que él denominó "saxofón andino". Intérprete de diversos aerófonos del Altiplano y al mismo tiempo la gama completa de los saxofones, flauta traversa y clarinete, Somi Tax fue parte de la escena del jazz contemporáneo desde la década de 2010 con su fusión de mundos, expuesta en el disco Huaynitos del cerro (2023).
Alterlatina es un grupo iniciado en 2002 y conformado por jóvenes mujeres estudiantes de diferentes comunas de Santiago. Con interés en distintas culturas de Latinoamérica, su repertorio incluye canciones de Cuba, Perú, Brasil, Colombia y Chile, entre otras raíces, combinando sonidos variados, como charango, zampoña, quena, cajón peruano y bombo legüero, pero también clarinete, flauta traversa y bajo eléctrico. Su primer disco es FeCunda (2011).