Ortiga

Un tema instrumental de Quilapayún y el uso metafórico de la agreste planta que crece en el campo y que simboliza la rebeldía explican el nombre de uno de los mejores grupos aportado por el Canto Nuevo a la música chilena. A la vez grafican el rol que jugó este conjunto en una época en que el arte estaba constreñido por la censura y la autocensura, pero en la que también buscaba un lenguaje que disimuladamente sirviera para resistir el oscurantismo y la represión impuestos tras el golpe de Estado de 1973.

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Años

Santiago, 1974 -

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Ortiga

Integrantes

Marcelo Velis (1974 - ).
Daniel Valladares (1974 - ).
Juan Carlos García (1974 - 1980).
Juan Valladares (1974 - 1980).
Mauricio Mena (1974 - 1980).
Carlos Mora (1975 - 1980).
Manuel Torres (1975 - 1990).
Arturo Arancibia (1975 - 1976).
Rodrigo Tobar (1981 - 1987).
Gonzalo Zambra (1982 - 1984).
Antonio Vásquez (1982 - 1984).
Freddy Herrera (1982 - 1984).
Cristian Goza (1985 - ).
Carlos Basilio (1985 - 1988).
Sergio Terán (1987 - 1989).
Rodrigo Fernández (1993 - ).

Jorge Castillo

Efectivamente, aunque es un estandarte del Canto Nuevo, Ortiga se considera a sí mismo como un genuino continuador de la Nueva Canción Chilena, movimiento del cual Quilapayún es uno de los emblemas. Sin embargo, como todos sus contemporáneos, Ortiga se vio obligado por las riesgosas circunstancias históricas a adoptar un lenguaje musical plagado de simbolismos, sutilezas y omisiones que muchas veces fueron más explícitas que un discurso vociferante prohibido en esos años.

La planta agreste y rebelde
"Nos gustaba mucho ese tema del Quilapayún, creado por Sergio Ortega, que se llamaba Ortiga, y a la vez nos dimos cuenta que su nombre evocaba a esa planta de los campos y que crece agreste y rebelde, lo que le daba ese sentido de lo proscrito", explica uno de los fundadores del grupo, Juan Valladares, a la vez que remarca que "nos sentíamos genuinos continuadores de la Nueva Canción Chilena".

La calidad de "puente" entre la Nueva Canción Chilena y el Canto Nuevo no es una mera pretensión de Ortiga. Su origen, incluso antes de conformarse como grupo, le da esa categoría. A diferencia de otros conjuntos del Canto Nuevo nacidos después del Golpe Militar, Ortiga tiene su raíz en los talleres del Quilapayún, como uno de aquellos grupos "clones" formados en 1971 para desparramar simultáneamente por todo Chile el canto social de la Unidad Popular.

Juan Carlos García, Marcelo Velis, Mauricio Mena y los hermanos Juan y Daniel Valladares formaron parte de esos talleres, los tres últimos en lo que se conoció como el grupo "Lolopayún", porque todos sus integrantes eran apenas unos adolescentes.

Ortiga tomó forma definitiva en 1975. Para ese entonces casi todos los ex incipientes quilapayunes se habían reunido en el Conservatorio de Música de la Universidad de Chile con Manuel Torres y Carlos Mora, al mismo tiempo que formaban la sección instrumental del ex ballet Pucará, rebautizado como Antupay en 1974.

Como todos los grupos de entonces, sus primeras actuaciones no desbordaron el marco de las aulas estudiantiles, capillas y peñas. Poco a poco, a medida que el canto popular se rearticulaba, empezó a romper ese círculo casi familiar para dar conciertos más masivos en teatros como el Cariola y el Caupolicán de Santiago.

La semilla y el tic tac
Rápidamente Ortiga se hizo muy popular entre la resistencia a la dictadura que acudía esos recitales en un acto de catarsis colectiva. Junto con Illapu y Aquelarre fueron los más seguidos en la primera etapa del Canto Nuevo, la más dura vivida por ese movimiento, entre 1975 y 1980.

La formación académica de todos sus miembros, excepto García, se hizo notar de inmediato. Si Aquelarre aportó temas emblemáticos como "Valparaíso" y "El cautivo de Til Til", Ortiga es recordado por sus complejas creaciones y bellas recreaciones de canciones del folclor latinoamericano. Esa profundidad estilística no obstaculizó, sin embargo, que algunas de aquellas formen parte del compendio más recordado del Canto Nuevo.

Entre ellas están las instrumentales "Tic tac" y "Semilla", el joropo venezolano "Juan José" y "Tu cantar", todas incluidas en su primer álbum, Ortiga (1976), grabado por el sello Alerce. La empatía entre el público y esos temas contó con la valiosa ayuda del programa "Nuestro canto", lanzado al aire diariamente por Radio Chilena entre 1976 y 1980. Su conductor Miguel Davagnino difundía los temas más populares, entrevistaba a los artistas del Canto Nuevo y anunciaba oportunamente los recitales.

El prestigio del grupo influyó también en que fuera seleccionado para ayudar a componer y a interpretar en 1978 la Cantata de los Derechos Humanos en el marco del simposio internacional sobre esa dolorosa realidad organizado por el Arzobispado de Santiago, encuentro que significó un verdadero quebradero de cabeza para Augusto Pinochet. La actuación de Ortiga, junto al coro de Waldo Aránguiz y el relato del actor Roberto Parada, quedó plasmada en un disco de escasa difusión comercial.

Dos años después el grupo grabó su segundo disco propio. En él se aprecia un afianzamiento creativo y un pulimiento vocal reflejo de su madurez artística ayudada por la colaboración de prestigiosos compositores clásicos chilenos que también incursionaron en la música de raíz folclórica. Si para la Cantata de los Derechos Humanos Ortiga trabajó junto a Alejandro Guarello, en este disco recibieron aportes de Jaime Soto León, director del grupo Barroco Andino, y de Luis Advis, autor de la Cantata Santa María de Iquique y de Canto para una semilla. La impronta de ambos se refleja en recreaciones de instrumentales no latinoamericanos como "Yugoeslavo" y "El herrero de la Aldea" (japonés), así como en hermosos giros para temas de autores chilenos como "Mocito que vas remando", de Rolando Alarcón, y "Cantando por amor", de Isabel Parra y Tito Rojas.

Ortiga, la Nueva Canción y el Canto Nuevo
Hacia fines de los años '70 el grupo vivió sus primeros cambios con el retiro temporal de Marcelo Velis. La formación que en 1978 interpretó la Cantata de los Derechos Humanos incluyó a los músicos Nelson Vergara y Ernesto González, guitarrista que había militado en Barroco Andino y creador de un tema grabado para un álbum posterior.

Velis se reintegró en 1979 para sumarse a la primera gira del conjunto a Europa, todo un hito para un grupo del Canto Nuevo que antes sólo había alcanzado Illapu. El viaje fue fructífero más allá de lo musical, aunque en este ámbito Ortiga incluso logró grabar su tercer disco, Ortiga en Europa. La gira significó la posibilidad de reunirse con los músicos chilenos exiliados y ya consagrados mundialmente. Especial fue el reencuentro con Quilapayún debido a la relación maestro-alumno surgida en los talleres previos al Golpe Militar.

Si bien Quilapayún alabó el trabajo de Ortiga, lo alentó a afianzar una línea propia pues la vigente entonces la consideraba todavía muy apegada a la suya. Ortiga escuchó con atención y buscó fórmulas para acentuar su diferenciación. En una entrevista concedida en 2004 Juan Valladares recordó el episodio y añadió un juicio que puede ser el esbozo de un debate histórico todavía pendiente. Según su modo de ver, y no sin razón, considera que el Canto Nuevo evolucionó estéticamente antes que la Nueva Canción Chilena.

A simple vista ese juicio puede ser temerario. Los artistas de la Nueva Canción Chilena en el exilio habían comenzado sus carreras al menos diez años antes que los genuinos exponentes del Canto Nuevo. Eran también artistas prestigiosos y reconocidos por su calidad. Los del Canto Nuevo, en cambio, apenas habían cruzado las fronteras. Pero ambos movimientos fueron marcados por circunstancias políticas que, por lo menos en lo estético, inmovilizaron por algunos años a los consagrados y alentaron a los bisoños.

Durante al menos cinco años la Nueva Canción Chilena, entre 1974 y 1979, debió estar a la altura de la solidaridad internacional y dedicó sus afanes creativos a la denuncia contra Pinochet. Esa responsabilidad absorbió todo su tiempo y le impidió salir de ese círculo. Al revés, dentro del país el Canto Nuevo procuraba crecer en un clima asfixiante. "Una vez en un concierto en un colegio católico llegó un carabinero, se paró junto a nosotros y nos obligó a suspenderlo", relata Valladares. "También era común que llegábamos a los recitales en los teatros Caupolicán o Cariola y afuera había buses de pacos, como atemorizando".

Ese clima surtió dos efectos en el Canto Nuevo. En lo narrativo tuvo que desterrar el lenguaje explícito, sobre todo si abordaba la contingencia sociopolítica. Como compensación, varios de sus mejores exponentes lograron niveles de creatividad musical más profundos que los que la Nueva Canción Chilena alcanzó hasta el Golpe Militar y durante la primera época del exilio.

Europa y la nueva era
Ortiga lo refrenda. En sus dos discos grabados en Chile solo dos temas –"Tu cantar" y "Canción de la esperanza"– instan a la solidaridad y a confiar en un futuro mejor. Los demás son instrumentales, canciones de figuras de la Nueva Canción Chilena como Ángel Parra y Rolando Alarcón, temas populares que aludían al desclasamiento social como el joropo venezolano "Juan José" o que con disimulo pretendían simbolizar la estupidez de los entonces militares gobernantes, como el rin "El Albertío", de Violeta Parra.

A su regreso de Europa, Ortiga siguió actuando en Chile, pero ya con la aspiración de continuar saliendo al extranjero. En 1980 Juan Valladares, Mauricio Mena y Carlos Mora dejaron al grupo, que sufrió también la primera muerte de uno de sus integrantes. Juan Carlos García –cuyo talento innato lo había erigido como uno de los líderes musicales pese a no tener estudios académicos– falleció a causa de un tumor cerebral.

La nueva formación preparó su afincamiento en Europa, cristalizado en 1983. De los miembros originales sólo viajaron Velis, Daniel Valladares y Manuel Torres. Se les sumaron Freddy Herrera, Antonio Vásquez, Rodrigo Tobar y Gonzalo Zambra. Este último falleció también, en un volcamiento automovilístico en Alemania, cuando viajaba en un vehículo junto al resto del grupo.

Con esta voluntaria radicación europea, Ortiga se convirtió tras Illapu en el segundo grupo del Canto Nuevo en irse de Chile y no pudo vivir la masificación de ese movimiento en el país ni la acogida entre el público común. A diferencia de Illapu, Ortiga no inclinó afuera su repertorio hacia la denuncia contra la dictadura. Decididamente influido por su formación académica y su trayectoria de casi ocho años dentro de Chile, el grupo remarcó su refinación y complejidad estilísticas.

Los dos discos grabados en la República Federal Alemana entre 1985 y 1986 así lo corroboran. En este lugar y Enronda lucen portadas muy parecidas: blancos caballos alados que vuelan en medio de nubes. Incluso uno de los temas se titula "Caballos hacia el cielo". Esas imágenes casi oníricas presagiaron el cambio que el grupo experimentó ya en los años '90. Reducido al núcleo Velis-Valladares, más el aporte temporal de colaboradores, Ortiga se volcó hacia el terreno de la new age, estilo del cual han surgido dos discos: Land of dreams (1997) y Fuego azul (2000) .

Esta nueva vertiente les permitió mantenerse en el circuito europeo, agotada ya la receptividad del público de ese continente a la Nueva Canción Chilena y el Canto Nuevo. Entre 2002 y 2004 Velis y Valladares, junto con su actual compañero en Ortiga, Christian Goza, se reconectaron con sus primeras raíces y alinearon en una de las facciones del dividido Quilapayún, la que lidera Rodolfo Parada. Fueron casi tres años de permanencia en la que Velis y Valladares limitaron su rol al de intérpretes y no consiguieron plasmar su veta creadora.

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