Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Partieron siendo una banda llamativa por la poderosa conjunción de rock y sonidos de raíz que le dieron a su sonido. Una banda asociada inicialmente al tipo de fusión escuela-Jaivas, y con alcance entre oídos ya iniciados a la electricidad de cariz sudamericano. Sin embargo, el tiempo fue haciendo crecer a Kuervos del Sur, cruzando su trabajo con el de otros grandes talentos nacionales, y ampliando su audiencia geográfica y generacionalmente. Es uno de los conjuntos importantes del rock chileno post-2000, de constante actividad en vivo y grabaciones contundentes, en una lógica de persistente y ambiciosa autogestión.
New-age y folk son dos etiquetas que no incomodan a Paula Monsalve para ubicar el lugar de su música, si bien en la difusión de su trabajo esta cantante y autora con largos períodos de residencia en el extranjero ha buscado permitirse el cruce con cauces diversos y amplios, también personales. Su motivo es, en sus palabras, «la música de tu tierra, de tu gente, la música que crece dentro tuyo: ésa es tu música propia». Madrid y Fairmount (Indiana, Estados Unidos) han sido hasta ahora las capitales para su trabajo, anclado desde un inicio a la matriz latinoamericana.
Las primeras creaciones de Tomás del Real superaron los límites de la trova latinoamericana sanguínea para introducirse en el territorio del folk europeo, con influencias celtas y balcánicas. Esa fusión de dos tradiciones quedó registrada en Tomando forma (2014), el primer disco del cantautor, que lanzó a los veinte años tras la experiencia de un viaje de seis meses solo junto a su guitarra por ciudades de Bélgica, Escocia, Bulgaria y Eslovenia. A lo largo de su historia, Del Real ha transitado un camino de encuentros entre esas vertienes musicales de su tierra y las pertenecientes a las músicas del Viejo Mundo, hasta llegar al dúo folk Don’t Chase the Lizard, que en 2022 formó junto a la violinista, cantante y compositora estonia Lee Taul.
Como integrante del árbol genealógico más trascendental en la música popular chilena, Ángel Parra, hijo de Ángel Cereceda Parra, estableció su vínculo definitivo con la música a través del jazz, alternando su paso también por los territorios del pop, el rock y la música de raíz folclórica. A partir de 1991 se convirtió en un referente de la guitarra eléctrica, como virtuoso y como parte del eje central entre los solistas de la historia de la música moderna. Sus únicos discos monográficos, sin embargo, fueron relecturas de la obra de su abuela Violeta Parra, a quien homenajeó en 2017, año de su centenario, con la revisión del fundamental cancionero contenido en el disco Las últimas composiciones (1966).
Hija del fundador de Quilapayún, Eduardo Carrasco, Manuela Carrasco debutó el año 2010 con el disco Contando estrellas, con canciones que van de la trova latinoamericana a los aires y nuevos ritmos del reguetón, mezclando letras originales de su padre con música del compositor Quirino Ríos, y que contó con la colaboración de importantes músicos locales.
A los 19 años Ignacio Díaz debutó como el primer guitarrista que incorporó a sus filas la orquesta de swing Los Andes Big Band y allí permaneció por dos temporadas hasta que en 2000 fue sustituido por Gabriel Feller. Así Díaz continuó un camino mucho más enfocado al trabajo de estudio sobre el jazz-rock y la fusión, y también académico, como uno de los profesores más jóvenes de la Escuela Moderna de Música.
Ser o Dúo es un proyecto de músicas creativas que combinan timbres acústicos de la guitarra clásica y latinoamericana frente a una diversa panorámica de aerófonos del mundo. Formado en Valparaíso, el dúo ha realizado una propuesta de música de cámara que cruza territorios, desde lo estético y creativo hasta lo geográfico. Tanto así que la declaración de la pandemia mundial en 2020 atrapó a sus integrantes en Katmandú, Nepal, durante la producción del documental Sonidos nómades, que mostraría sus viajes, conciertos, clínicas y diversos cruces y colaboraciones con músicos.
Guitarrista, compositor, académico e innovador en la enseñanza del flamenco, Carlos Pacheco Torres tiene credenciales suficientes como para figurar entre los músicos que más lejos ha llegado en su campo. Nacido en Temuco y criado en Gorbea, desde 1989 viene escribiendo una historia musical del todo desconocida. Ese año llegó Córdoba, una de las ciudades de Andalucía donde el flamenco es patrimonio puro, y allí ha llegado a ser investido por los propios gitanos y flamencos como «maestro». Junto a Carlos Ledermann en Chile, Carlos Pacheco Torres es el otro gran nombre entre los docentes de la guitarra flamenca.
Ensamble de fusión contemporánea formado y dirigido por el guitarrista Daniel Román e integrado por músicos provenientes de distintas tradiciones, desde la música docta de cámara y el jazz moderno, hasta la música popular y el folclor chileno. Sus búsquedas los sitúan en una amplia escuela de cultores de la fusión sobre las raíces latinoamericanas desde un ámbito tanto académico como de expresión popular. Con las sonoridades de saxofones soprano y barítono, bajo eléctrico, batería, guitarra y cuatro, han explorado estos territorios, incluyendo en su trabajo eminentemente instrumental una serie de canciones con textos de carácter crítico y reflexivo sobre el acontecer político. Sus álbumes son Pequeños gestos de rebeldía (2014) y Atar y desatar (2017). Con este último trabajo, en 2018 el ensamble obtuvo el Premio Pulsar en la categoría Jazz y Fusión.
Reconocida periodista, conductora de televisión y locutora radial desde la década de 1990, Tati Penna inició su historia musical como integrante del grupo Abril cuando tenía 18 años. Era estudiante de Periodismo y llamó la atención por su poderosa voz de contralto. Fue solista de una formación que se hizo parte de los circuitos del Canto Nuevo con un repertorio de raíz latinoamericana, grabó un cassette y compitió en la competencia folclóricoa del Festival de Viña del Mar de 1982, con la "La semilla", de Pato Valdivia. Luego de la separación del grupo, inició una carrera propia como cantante que mantuvo intermitentemente, durante el tiempo en que se convirtió en conductora de televisión.
Pilar de la historia musical chilena, el cantante al frente de Los Jaivas fue por cuarenta años fundador e integrante de ese conjunto sin interrupciones, hasta su súbita muerte en enero de 2003. Sus compañeros lo reconocen como uno de los grandes responsables del espíritu y de la fusión musical de la banda. Fue en ella donde desarrolló su propuesta musical, de la que se desvió pocas veces, como en el año 1997, cuando produjo el disco Magia olvidada de Huaika, la banda de sus hijos, o en 1969, cuando abandonó Los Jaivas para hacer un revelador viaje por América Latina. Su forma de tocar la guitara, el uso de instrumentos de viento y su aguda voz son los ingredientes que convierten su nombre en un imprescindible de la música popular chilena.
Kalfu es una voz mapudungún que significa "azul", una palabra presente en la obra del poeta Elicura Chihuailaf, dada su jerarquía sagrada dentro de la cosmovisión del pueblo mapuche. Y Kalfu es el nombre de este conjunto de fusión latinoamericana que nació justamente tras el encuentro entre el autor mapuche y el profesor de música y compositor Jaime Herrera Andaur, quien fundó el grupo con sus hijos músicos para trabajar junto Chihuailaf en distintas obras. Esos trabajos consideran la obra sinfónico-coral "Cantata mapudungún" (2011), y una serie de musicalizaciones de sus poemas, que el grupo presentó en el disco Trawun = reunión (2017). La escencia del trabajo de Kalfu ha sido la puesta en relieve de la lengua originaria mapudungún, sus dimensiones poéticas y filosóficas, y sus alcances del uso en tiempos en que se le considera en vías de extinción.
Dibujos animados primero, músicos reales después, a pocos años del nuevo siglo los Difuntos Correa se convirtieron en una banda de gran difusión en Chile. Habían partido escudados tras la imagen de un conjunto musical de caricaturas, pero no tardaron en pasar a una dinámica más profesional, que a lo largo de su historia acumuló cuatro LP y éxitos radiales como "Pasaje en avión", "Black dancing", "Arrepentido" y "Mujer azul", siempre en los códigos del rock, el ska, los ritmos latinos, y los guiños a la historia musical chilena. Su intensa actividad en vivo los llevó incluso al Festival de Viña del Mar y varias Cumbres del Rock Chileno, y su grabación más difundida hasta hoy es el cover de "El tiempo en las bastillas", el clásico de Fernando Ubiergo que la banda incorporó a la primera temporada de la popular serie televisiva "Los 80". Algunos de sus antiguos integrantes trabajan hoy en la banda Los Gatos Fantasma.
Establecido en Europa desde inicios de los años noventa, Carlos Justiniano era ya un cantautor y poeta activo en la Octava Región y Santiago (con publicaciones para los sellos Alerce y EMI, y constante presencia en espacios de resistencia a la dictadura, como peñas y sindicatos), cuando decidió partir de Chile, hacia 1991. Desde entonces es un ciudadano de Essen (Alemania), donde ha desarrollado una nutrida discografía, a solas y en colaboración.
La música instrumental de la llamada fusión latinoamericana tuvo a Entrama como su gran estandarte desde la segunda mitad de los años '90. Un ensamble mixto sobre el que se manifestó un colectivo de diestros intérpretes y al mismo tiempo modernos compositores con un rasgo muy distintivo: provenían en igual proporción desde la academia docta como de la peña folclórica. Entrama siguió así una línea estética de varias aristas, lo que podría situar al conjunto en un punto equidistante de agrupaciones como Inti-Illimani (música de raíz folclórica), Latinomusicaviva (música contemporánea de cámara) y Congreso, Huara y La Hebra (música de fusión). La música de Entrama fue descrita como un telar sonoro de gran colorido y múltiples texturas.
Cantante, clarinetista, guitarrista, percusionista y compositora, Diana Rojas fue una de las figuras que surgieron musicalmente desde la experiencia del grupo Cántaro, formado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y depositario de una herencia de tres décadas entre el cruce de la música docta y académica con la música popular y folclórica. Su paso por Cántaro (1999-2011) y por el grupo La Comarca (2002-05) definieron así su identidad, que en más tarde Diana Rojas proyectaría en sus trabajos independientes.
Para hablar del grupo de artistas reconocibles dentro de lo que alguna vez se conoció como «novísima canción chilena», el nombre de Alexis Venegas es ineludible. Activo en conexión con un público nostálgico de canciones acústicas, con parciales reminiscencias a la ética y al sonido de movimientos como la Nueva Trova Cubana y la Nueva Canción Chilena, aunque también de bien dispuesto cruce al pop. Y si se trata de autodefiniciones, Alexis Venegas prefiere un sustantivo sencillo: «cancionista».
De formación clásica, Manuel Meriño Muñoz estudió varios años de composición como carrera profesional y en 1997 fue parte del núcleo fundador del conjunto de fusión Entrama, además de ejercer como sesionista de guitarra para muchos otros proyectos musicales. Desde el año 2001 se integró a Inti-Illimani, y el 2003 fue investido como director de la parte del conjunto que encabezan los hermanos Jorge y Marcelo Coulon, donde desempeñó como un esencial compositor y arreglador hasta el 2021, cuando dejó el conjunto. Ha colaborado con los trabajos de Isabel Parra y el 2021 lanzó su primer disco solista, Tu geografía, con canciones propias, y donde incluyó la musicalización de unos versos inéditos de Violeta Parra.
Más cercana a la canción brasileña, Daniela Benito ha sido activa intérprete de repertorios latinoamericanos y, en su caso, una ariete más en la fuerte influencia que la bossa nova ha ejercido en músicos de las generaciones de 1990 en adelante: Ana María Barría, Marcelo Vergara, Valentina Carrillo, Carolina Ansoleaga o Paula Liz. De hecho, obtuvo en 2008 el primer premio del Festival Chile canta Brasil con la canción “Sozinho”, de Caetano Veloso. Parte de una vitrina de nuevas cantantes lanzadas desde el Instituto Projazz a mediados de los años 2000 como muestra de una opción por la depuración vocal, ha participado de ciclos de jazz y canciones compartiendo escenarios de pequeñas dimensiones con Natacha Montory, Javiera Abufhele o Valentina Payeras, algunas de ellas compañeras en el sexteto vocal Imanencia. Siempre acompañada de un músico de cabecera como el guitarrista (en rigor, bajista) Maximiliano Flynn, en 2007 y 2008 actuó en dúo, y luego de su viaje de estudios y recopilación a Brasil, el grupo se reorganizó como cuarteto en 2009 para explorar nuevas posibilidades rítmicas. En 2010, la cantante fue invitada por el pianista Roberto Bravo para interpretar dos canciones de Tom Jobim en su disco Poesía y música.
El lenguaje conocido como “ritmo con señas”, creado en Argentina por el músico Santiago Vázquez, entonces director del ensamble de improvisación guiada La Bomba de Tiempo, ha sido la metodología de La MoleStar Orquesta. Dirigida en Chile por Antonio San Martín (n. 1984), bajista que tocó en las primeras bandas de Javier Barría e integró la formación original de Tizana, La MoleStar se convirtió en un referente local en la música a base de señas, una experiencia alternativa a la de Tárabust, que siguió una corriente europea de improvisación guiada.