Foxtrot

En la diversidad de ritmos que los locos años ’20 trajeron a Chile entre charleston, shimmy o one-step hubo uno destinado a trascender más allá de las modas. Es el foxtrot. Anterior al charleston, cede preferencias durante esa década al entusiasmo por este nuevo baile alocado, pero ya en los más conservadores años ’30, época de posguerra y post depresión, el foxtrot vuelve, se masifica, se diversifica y se practica en Chile hasta entrados los ’60. Hay foxtrot rápido, moderado y lento: es el slow fox. Así mismo cruzó con ritmo (como el trote ágil del zorro, de ahí su nombre) a través de las orquestas populares de los años ’40, a la Nueva Ola y hasta a parte del rock contemporáneo por medio del llamado “jazz guachaca”.

José Bohr

El cine, en su multiplicidad de oficios asociados, distingue el recuerdo de José Bohr, quien además de ejercer como director, productor, guionista, director de fotografía y actor en largometrajes filmados a partir de 1920, fue también compositor de música para películas, cantante y pianista en bandas sonoras. Figura en revistas musicales, espectáculos en vivo y auditorios radiales de su tiempo —suele calificársele entre los primeros crooners de la región—; y además compuso algunas famosas canciones, como “Y tenía un lunar”, “Cascabelito” y “Pero hay una melena”. Su nombre es recurrente en los recuentos históricos del tango, debido a su cercanía con Carlos Gardel y su aporte al catálogo del género con cerca de doscientos títulos.

La Nueva Imperial

Nacido en el circuito de Quinta Normal, los barrios históricos que le dieron una identidad al conjunto, La Nueva Imperial apareció como quinteto cultor de músicas de la vieja época, desde el foxtrot al bolero, donde el sonido del violín y el acordeón conducen el repertorio. Han recuperado ritmos y esencias de la música de la nostalgia y el salón de baile reinstalándola en los nuevos ambientes musicales, un ejercicio que también realizaron agrupaciones contemporáneas como Flor de Orquesta y la nueva Huambaly, y otros elencos de jazz huachaca y músicas populares venidas de Europa y Latinoamérica como Bordelestino, De Perilla, o Golosa La Orquesta. La Nueva Imperial está formado por Sebastián Vásquez (voz y guitarra), Diego Galdames (violín), Marcelo Cornejo (acordeón), Lalo Vásquez (contrabajo) y Camilo Morales (percusión), y sus discos son La Nueva Imperial (2013), un EP de cuatro temas, y el largaduración Postales (2017), donde está representada la Quinta Normal de la bohemia y el paisaje nocturno de sus calles.

Víctor Acosta

Víctor Acosta hizo canciones en diversos géneros y las dedicó a más de una ciudad chilena, pero su crédito universal es haber compuesto un vals y en él haber escrito el estribillo ''Del cerro Los Placeres yo me pasé al Barón / me vine al Cordillera en busca de tu amor / Te fuiste al Cerro Alegre y yo siempre detrás / porteña buenamoza, no me hagas sufrir más''.

Carlos Pimentel

Carlos Pimentel Barrera fue uno de los pioneros en la guitarra clásica chilena en los albores del siglo XX, protagonista de un intenso trabajo de creación y docencia en Valparaíso, descrito por la producción de abundantes partituras que transitaron desde la música docta a la música popular. Su catálogo superó las 500 obras, con piezas para guitarra, piano y canto, principalmente danzas de salón, gavotas, valses, schottischs, mazurcas y polkas, además de habaneras, tangos, foxtrots y hasta tonadas y cuecas. En 2015 su legado llegó al Archivo de Música de la Biblioteca Nacional.

De Perilla

De Perilla es un elenco de jazz manouche que desarrolla repertorios históricos de la escuela gitana de Django Reinhardt, además de composiciones propias. En la relación de las guitarras acústicas y las maderas solistas genera un entramado musical que desde el ángulo local también ha observado las contribuciones de Roberto Parra al jazz. Justamente su primer disco se titula Jazz huachaca (2017), un homenaje a la asimilación de la música de Reinhardt, que el cantor popular hizo desde Chile y que bautizó como "jazz huachaca". Generacionalmente, De Perilla se emparenta con conjuntos como Gypsy Trío, Los Temibles Sandovales y Panchito Hot Club, entre otros.

La Isla de la Fantasía

Más que un grupo musical, La Isla de la Fantasía es el principal e histórico conjunto de cantores e instrumentistas dedicados a la cueca y la música popular en Valparaíso, y representa tanto una sede natural de unos precursores de la canción porteña como un punto de encuentro activo entre esos hombres y mujeres experimentados y las nuevas generaciones interesadas en esa tradición.

Pepe Fuentes

Es cantor y toma la guitarra, el pandero o el bajo cuando hay que tocar. Cuequero o tanguero si es por hacer bailar, autor y compositor si hace falta repertorio, arreglador y director de grupos y grabaciones si es preciso llevar la batuta, ha sido también viajero y cronista innato a la hora de hacer historia y memoria. Son muchas las facetas de Pepe Fuentes, un hombre en el que coinciden los oficios diversos del músico popular. Tiene una carrera que avanza desde conjuntos históricos como Fiesta Linda en los años '50 y Los Pulentos de la Cueca en los '80 hasta su llegada a las generaciones que en el nuevo siglo lo siguen viendo en acción sobre los escenarios, a dúo con la cantante María Esther Zamora o con músicos actuales como Álvaro Henríquez.

Gamaliel Guerra

Con dos nombres quedó en la posteridad, según lo recuerden como Gamaliel o Gamelín Guerra, pero el hombre que escribió las canciones "En Mejillones yo tuve un amor" y "Antofagasta dormida" es uno solo, y está entre los autores principales del cancionero chileno del siglo veinte, además de ser un símbolo cultural en los puertos nortinos de Mejillones y Antofagasta.

José Goles

Fue el rotundo éxito del grupo Los Estudiantes Rítmicos el que puso a José Goles en un mapa de jóvenes compositores de música popular en la década de 1940, y de paso fue también el famoso foxtrot “El paso del pollo” —conocido nacionalmente como “El pobre pollo”— el que lo llevó a iniciar una labor como dirigente gremial y poner todo su arsenal en la batalla por los derechos de autoría en la música chilena. Una lucha sostenida que comenzó en 1939 con la grabación de esa popular canción y que no se detuvo sino hasta 1987 con la instauración legal de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD).
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