Los Estudiantes Rítmicos

Los Estudiantes Rítmicos fueron lo que los especialistas creen la primera experiencia de música pop de la historia en Chile. El conjunto nacido en aulas universitarias, encabezado por el joven compositor José Goles, impuso nuevos términos entre las audiencias durante la década de 1940, con energía juvenil y ritmo popular, a través de un repertorio de boleros, valses, corridos, polkas y foxtrots y todo tipo de expresiones musicales de impacto masivo.

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Años

Santiago, 1939 - 1957
Reformados entre 1968 y 1974

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |

Géneros

Los Estudiantes Rítmicos

Integrantes

Primera época
José Goles, piano, acordeón y dirección (1939 – 1957 / 1968 – 1974).
Oscar Castillo, guitarra y voz (1939 – 1957 / 1968 – 1972).
Jorge Razmilic, bizernica (1939 – 1945).
Ivo Goles, brach (1939 – 1957).
Jorge Corradi, guitarra (1939 – ?).
Nicolás Ferraro, bajófono (1939 – ?).
Enrique Colsani, violín y mandolina (1940 – 1946).
Daslav Roic, bizernica (1944 – 1957 / 1968 – 1970).
Guillermo Castillo, contrabajo (1944 – 1957 / 1968 – ?).
Julio Escobar, violín y mandolina (1944 – 1957 / 1970 -1974).
Luis Guerrero, violín y mandolina (1944 – 1957 / 1968 – 1974).
Rolando Serey, guitarra (1944 – ?).
Fernando Maldonado, acordeón (1945 – 1950).
Guillermo Kunkar, brach (? – 1957).
Juan Bravo, flauta (1945 – 1948).
Alfonso Vergara, guitarra y voz (1950 – 1957 / 1968 – 1974).
Mario Zacarías, acordeón (1951 – 1957 / 1968 – 1970).
Raúl Barría, acordeón (?).
Emilio Rivera, violín (1954 – 1957 / 1968 – 1974).
Sergio Silva Gutiérrez, guitarra (1956 – 1957 / 1968 – 1974).

Segunda época
Mladen Vrsalovic, brach y bizernica (1968 – 1974).
Fernando Arancibia, guitarra (1968 – 1973).
Joaquín Esparza, laúd (1968 – 1974).
Pedro Esparza, bandurria (1968 – 1974).
René Levit, acordeón (1970 – 1974).
Hugo Chevrón Miranda, voz (1970 – 1974).

Iñigo Díaz

Mientras en 1937 en la Universidad Católica despuntaba el más famoso de los cuartetos vocales de folclor mediatizado, Los Huasos Quincheros, desde la Universidad de Chile aparecería en 1939 este elenco que además quedó en la historia pora la melodía “El paso del pollo”.

José Goles (n. 1917) esttudiaba entonces Ingeniería Civil, pero tenía al mismo tiempo una cercanía a la tradición de las estudiantinas de fines del siglo XIX (con bandurrias, mandolinas y guitarras). Además integraba instrumental de orquesta característica como el piano, el acordeón y el violín. Un efecto sonoro que le dio a los Rítmicos un caracter muy moderno en sus 35 años de vida activa (sólo interrumpida entre 1957 y 1968). Principalmente en el primer período, el conjunto llegó a convertirse en la máxima atracción de las nuevas audiencias radiales, con giras multitudinarias, centenares de grabaciones para RCA Victor, volumen de ventas en Latinoamérica, gran figuración mediática y una canción que sobrepasaría los límites del tiempo para entrar en el cancionero popular histórico: “El paso del pollo”, el primer foxtrot chileno de que se tenga memoria.

José Goles pertenecía a una familia de inmigrantes yugoslavos que se instalaron en Antofagasta en los comienzos de 1900. Él y su hermano Ivo Goles (n. 1919) tuvieron una niñez musical, ya que vivían entre los pasillos y salones del hotel que sus padres regentaban en el puerto nortino y al que arribaban todas las compañías europeas de ópera, ballet y teatro. La música estaba presente 24 horas por día. Se adiestraban en el piano clásico y aprendían además las claves de los instrumentos folclóricos de su madre patria: el brach o la bizernica eslavos. Cuando los hermanos José e Ivo viajaron a Santiago para estudiar en la Universidad de Chile traían estos sonidos bien adheridos. Y los incorporaron a su primera y única agrupación de música popular: Los Estudiantes Rítmicos.

Entre los carnavales universitarios de fines de los años ’30, José Goles era un personaje reconocido en todas las facultades de las carreras “duras”. También entre las carreras “blandas”. Organizaba a los alumnos y producía fiestas universitarias, carros alegóricos y semanas mechonas. Así convocó a un grupo de amigos para integrar la Orquesta Sincrónica, agrupación de choque con la bandera de las ingenierías, que reaccionó rápido ante el Coro Afónico creado por las pedagogías. Era 1938, José Goles tenía 20 años y encabezaba las veladas bufas del circo universitario con su sui generis orquesta. En 1939 la humorada universitaria se convirtió en la primera formación de Los Estudiantes Rítmicos, el grupo que desde el interior de Beaucheff y sin ponderar su impacto en el futuro cercano, saldría a la plaza pública, a las radios, a las revistas y a los escenarios de todo Chile.

Llega el pollo desdichado
La versión 1939, una de las más famosas, fue un septeto con fuerte presencia de músicos aficionados de origen yugoslavo. Estaban los dos Goles, José (piano y acordeón) e Ivo (brach). Además, Jorge Razmilic (bizernica), tal como Ivo, estudiante de construcción civil. Y los descendientes de italianos, de ingeniería civil y pedagogía, Jorge Corradi (guitarra), Enrique Colsani (violín y mandolina) y Nicolás Ferraro (bajófono). Este instrumento marcó cierta línea de acción de unos Estudiantes Rítmicos siempre abiertos a experimentar con humor. El bajófono era un sustituto del contrabajo, un producto de lutería amateur que causaba gracia entre el primer público estudiantil del conjunto.

El séptimo hombre fue el estudiante de medicina Oscar Castillo, la primera marca vocal del conjunto. Un solista de timbre cálido y vibrato muy especial, que destacó entre una época de grandes cantantes populares (Arturo Gatica, Armando Bonansco, Hilda Sour) y que llegó a ser tentado para incorporarse a una orquesta característica bonaerense, oferta que Castillo rechazó. De su autoría aparecen piezas del repertorio clásico de Los Estudiantes Rítmicos: el vals “Lunita” o el baión “Solo solito”.

En 1939, durante un ensayo en la casa de calle Ejército donde funcionaban los Rítmicos como base de operaciones, se produjo el milagro: José Goles cebaba un mate. Se separó momentáneamente del ensayo grupal para ir a la cocina y recargar su amargo. Cuando volvió tenía las líneas precisas de un éxito pop que terminó llamándose “El paso del pollo” (pero que el gran público conoció como “El pobre pollo”). Era un foxtrot simple, directo y saltarín, obtenido de ritmos ragtime norteamericanos como “Tiger rag” (“El paso del tigre”), melodía popularizada inicialmente por el famoso trompetista de Nueva Orleáns, Louis Armstrong (“y el pobre pollo enamorado / llora su pena desengañado / de la gallina Francolina / que puso un huevo en la cocina” […] ). Un hit que presentaron masivamente por primera vez a través de la señal de radio del Pacífico, contratados por Donato Román Heitman, junto con el exitoso vals de Ivo Goles, “Volando voy”, que llegó a vender 200 mil copias en la región.

El escritor José Miguel Varas, testigo presencial del momento más exitoso del conjunto estudiantil, recuerda en sus textos el impacto nacional producido por la grabación de “El paso del pollo”, como una absoluta saturación sonora del espacio: “[…] melodías y canciones que las radios tocaban varias veces al día y que se escuchaban y tarareaban incasablemente durante semanas y meses hasta tener al país entero ‘aguitarrado'”, (la expresión que se utilizaba entonces para describir a quien era incapaz de dejar de tararear una melodía durante largo tiempo). “El paso del pollo” era en 1939 la más “aguitarrada” de las melodías. Luego, en los años de romance entre el líder del conjunto José Goles, y la estrella de la tonada chilena Ester Soré, en plan irónico la prensa otorgaría a Goles el título de “el pobre pollo de Ester Soré“. En su madurez, el líder del grupo se arrepentiría de haber escrito la canción argumentando que sólo había sido “un pecado de juventud”.

Giras, teatros y grabaciones
La misma prensa definía a Los Estudiantes Rítmicos en 1944 como “lo mejorcito que hay en jazz”, refiriéndose al repertorio de abundantes foxtrots que tuvieron en su repertorio: “Así es el amor” (1944), “Evocación” (1944), “Sureña linda” (1945), “Encantadora” (1945) o “Póngale no más” (1945). Fueron los años de las giras nacionales que llevaron a los Rítmicos a ser aplaudidos en ciudades que sólo conocían sus éxitos a través del disco y la radio. Tocaban “El pobre pollo”, el pasodoble español “El sombrero”, o el corrido “La bomba va”, que era ejecutado con el “botellófono” (set de botellas con cantidades variables de agua en el interior y perfectamente afinado). En sus shows incluían disfraces femeninos, vistosos sombreros, permanentes chistes y ridículos bailes. El conjunto era espectacular.

En Santiago, Los Estudiantes Rítmicos incendiaban las noches tropicales del Lucerna, en plena Ahumada, con la gracia de su cantante Óscar Castillo. En 1945 subieron al escenario del Teatro Caupolicán recibidos multitudinariamente al cierre de su segunda gira nacional y compartieron el número con lo más granado de la música popular del momento: Los Provincianos, el Dúo Rey-Silva, Las Hermanas Loyola, Ester Soré, Meche Videla, Los Queretanos y las orquestas de Bernardo Lacasia y de Fernando Lecaros. Poco después debutaban con una formación de diez músicos universitarios en el Teatro Municipal. En 1950 ficharon en radio Minería tras grabar canciones como “Alegres estudiantes” (marcha de Nicanor Molinare), “Paloma torcaza” (corrido de Jacobo Delavuelta), “Jugando al patín” (vals de José Goles), “Aladino” (samba de José Goles) y “El pícaro sultán” (pieza de dos nuevos músicos del grupo, Daslav Roic en bizernica y Guillermo Kunkar en brach).

En 1957, Goles, conocido por el medio como el “casi ingeniero” (debido a su retiro de la facultad a sólo un año de su titulación), decide suspender el avance del grupo para dedicarse a labores académicas. Para entonces, de estudiantes, los Rítmicos originales sólo tenían el nombre. Ese año entró en receso por una década completa, salvo por la grabación del álbum de Margot Loyola Casa de canto (1966), en el que una facción del grupo tocó en los cuplés “La alondra” y “Azafata de la reina”. Al iniciarse el paréntesis musical, Goles gana en 1960 la primera versión del Festival de Viña del Mar con la canción “Viña del Mar” mientras que los mandolinistas Julio Escobar, Luis Guerrero y Emilio Rivera logran autonomía de vuelo y se convierten en el grupo Los Maestrísimos.

El segundo aire
La versión 1968 de Los Estudiantes Rítmicos tuvo en lo sustantivo a la misma alineación de la versión 1957, aunque ya convertidos en profesionales: José Goles (profesor y funcionario público), Guillermo Castillo (constructor civil), Julio Escobar (profesor universitario), Alfonso Vergara (funcionario público), Emilio Rivera (constructor civil), Sergio Silva (funcionario público), Daslav Roic (artista) y Luis Guerrero (tasador público). Los nuevos: Mladen Vrsalovic (branch y bizernica), Pedro Esparza (bandurria), Joaquín Esparza (laúd) y Fernando Arancibia (guitarra). Unos recuperados Rítmicos regresaban a los escenarios para actuar en Canal 13 en el tercer aniversario del programa “Sábados gigantes”.

El 23 de julio de 1968, en su sección de espectáculos, el diario La Segunda publicaba un titular: “Los Sábados fueron realmente gigantes”. Las Últimas Noticias del 21 de octubre de 1968: “Resucitan los doce Estudiantes Rítmicos”. La Nación del 22 de octubre de 1968: “El regreso de Los Estudiantes Rítmicos”. El círculo de la música volvía a estar atento a las andanzas de los muchachos de José Goles, quien ya reconocía el impacto de la entrada de los instrumentos electrónicos y las tecnologías de adelanto. No quería que su conjunto pop quedara fuera de los avances. Los long-plays de RCA Victor Vuelven Los Estudiantes Rítmicos (1968) y La auténtica música de Los Estudiantes Rítmicos (1969) no tardaron en salir a la calle.

En abril de 1969, la crítica de espectáculos Yolanda Montecinos apuntaba en su columna de Las Últimas Noticias que “pueden gritar todo lo que quieran los coléricos patilludos y chaquetudos, pero no les llegan al taco a estos muchachos de cincuenta años [refiriéndose a los nuevos grupos beat como Los Mac’s o Los Vidrios Quebrados]”. Al mismo tiempo, el nuevo tema “Casatschok” se convertía en un éxito de ventas y los Rítmicos de los ’70 compartían los espacios ahora con la Orquesta Cubanacán, Los Bric-a-Brac, Los Bronces de Monterrey, La Sonora Palacios, Los Caribe, Fresia Soto, Miguel Zabaleta o Gervasio.

En junio de 1971 RCA Victor puso fin al contrato que había firmado en julio de 1968 con Los Estudiantes Rítmicos. En julio de 1972, el grupo cerraba un acuerdo con el sello Philips por cinco años con un nuevo solista vocal: Hugo Castillo (conocido en el ambiente artístico como Chevrón) daría un toque más moderno al grupo como alternativa a Óscar Castillo. Pero el contrato no llegó a su fin. En 1974 el grupo se disolvió para siempre, con Goles volcado a su dirección de coros populares y su ánimo gremialista. Los Estudiantes Rítmicos realizaron tres sesiones de grabación para la disquera, sin recibir pagos. El pago fue de Chile, y en esta ocasión a través de una aprobación incondicional del público sobre las más de cuatrocientas grabaciones que hicieron en sus años dorados, aquellos que comenzaron en la Universidad de Chile con el single de 1939 que tenía “El paso del pollo” en cara A y “Volando voy” en la B.

Trilogía de Nueva York: mujeres sacan la voz

Desde la gran ciudad de la música, el año arranca con publicaciones de nuevo material. Tras una década de silencio, la cantante Claudia Acuña presentó Turning pages, editado por su propio sello, mientras que la gran saxofonista Melissa Aldana lidera un quinteto en Visions, y la guitarrista Camila Meza adelanta Ambar, junto a una pequeña orquesta.

Paloma Mami, siempre un poco más

Las audiencias de la música pop se inclinan hoy por el streaming y según reportes allí la estrella del trap pasó a ser el fenómeno nacional más resonante de Spotify.