José Goles

Fue el rotundo éxito del grupo Los Estudiantes Rítmicos el que puso a José Goles en un mapa de jóvenes compositores de música popular en la década de 1940, y de paso fue también el famoso foxtrot “El paso del pollo” —conocido nacionalmente como “El pobre pollo”— el que lo llevó a iniciar una labor como dirigente gremial y poner todo su arsenal en la batalla por los derechos de autoría en la música chilena. Una lucha sostenida que comenzó en 1939 con la grabación de esa popular canción y que no se detuvo sino hasta 1987 con la instauración legal de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD).

Fechas

Antofagasta - 10 de marzo de 1917
Santiago - 08 de junio de 1993

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |

Géneros

Grupos

José Goles

Iñigo Díaz

Hijo de inmigrantes yugoslavos llegados a Antofagasta, José Goles Radnic convivió muy de cerca con el mundo del espectáculo y la música. A los ocho años había iniciado sus estudios de piano clásico (en su juventud ampliaría a los de composición, con Pedro Humberto Allende), mientras por el hotel de propiedad de sus padres circulaban todo tipo de estrellas de las compañías de ópera, ballet y teatro europeas que arribaban al entonces cosmopolita puerto nortino. Su vida rutinaria comenzó a desplegarse en términos musicales.

En 1933, Goles viajó a Santiago para estudiar ingeniería civil. En el árbol genealógico de la familia Goles es posible encontrar de manera reiterada la dualidad del músico-matemático hasta en la isla Brac, en el Adriático, lugar desde donde provienen sus ancestros. Goles reconocía que la “música me fluía de manera matemática”. A mediados de los años ’30 era un reconocido dirigente entre los alumnos de las ingenierías. Por eso cuando entre las carreras humanistas y pedagógicas de la Universidad de Chile apareció el Coro Afónico, Goles respondió en 1938 organizando la Orquesta Sincrónica desde las carreras “duras”. Sería la base de la fundación de Los Estudiantes Rítmicos en 1939.

A ritmo estudiantil
El grupo comenzó informalmente como una humorada universitaria, pero llegó a ser el más popular de los conjuntos de los años ’40, con unas 400 grabaciones, éxito de ventas, convocatoria e imagen pública. Los Estudiantes Rítmicos eran una de las tantas orquestas “características” del momento pero continuaban con la tradición de las antiguas estudiantistas, lo que le daba un caracter muy particular. La primera formación fue un septeto nutrido con alumnos de ingeniería, construcción y medicina: Jorge Razmilic (bizernica yugoslava), Jorge Corradi (guitarra), Enrique Colsani (violín y mandolina), Nicolás Ferraro (bajófono, instrumento de fantasía que reemplazaba al contrabajo), Oscar Castillo (guitarra y voz), e Ivo Goles (brach yugoslavo), hermano menor de José Goles, pianista, acordeonista y director.

Durante una sesión de ensayo en la casa de calle Ejército para una de las tantas fiestas universitarias que animaban, Goles desapareció un momento para preparar un mate. Cuando regresó con sus compañeros había creado el gran “hit” de su historia: “El paso del pollo”, un foxtrot inspirado en “Tiger rag” (“El paso del tigre”), ragtime popularizado por Louis Armstrong y por Art Tatum. Era una canción de carácter absolutamente chileno, que trascendió la época y la autoría de Goles. La historia sobre el pollo enamorado de la gallina y despechado por su indiferencia, fue transversal a los distintos públicos y al mismo tiempo una espina para Goles. Su propio autor llegó a arrepentirse luego del acto creativo, considerándolo un mero “pecado de juventud”.

Contratados por Donato Román Heitman para actuar en Radio del Pacífico, Los Estudiantes Rítmicos dieron el primer sorbo al éxito popular. Así llegaron al estudio para grabar “El paso del pollo” y el vals “Volando voy”, disco que vendió 200 mil copias en toda América. Luego siguieron nuevas grabaciones de gran impacto: “Simbad el marino”, “Póngale que póngale”, “Mi pecado”, “Así es el amor”, “Evocación”, “Sureña linda”, “Paloma torcaza” o “La gallina francolina” (la que desdichó al “pobre pollo”). Entre 1940 y 1945, Los Estudiantes Rítmicos estaban en boca del gran público, con un repertorio de melodías altamente “radiables”, giras nacionales desde 1944, actuaciones estelares en diversas emisoras y primeras planas. Terminaron su época de gloria en 1957, pero en 1968 José Goles rearticuló al conjunto con formaciones variables para actuar en “Sábados gigantes”. En el intertanto el grupo acompañó grabaciones de Margot Loyola (1966).

En 1940, al llegar al último año de ingeniería, optó por torcer diametralmente el rumbo y abandonar los estudios para dedicarse a la música popular tiempo completo. José Goles veía cómo algunos de sus éxitos rotundos de popularidad no se manifestaban en royalties. Fue entonces cuando comenzó la lucha por la defensa de los derechos autorales que lo describiría hasta el día de su muerte. Se unió a otros compositores de la época (Pablo Garrido, Nicanor Molinare, Fernando Lecaros) para fundar en 1942 el primer sindicato profesional de compositores. Además grabó con Armando Bonansco y alcanzó el primer disco de platino de la historia en Chile con éxitos interpretados por Magda Ruiz y Juan Arvizú. Al mismo tiempo, Goles se sumergía en la noche bohemia santiaguina, frecuentando el famoso local Goyescas y haciendo amistad por igual con artistas e intelectuales de clase alta y figuras de los bajos fondos. Fue la época en que tuvo un largo romance de permanente portada de revista Ecrán con la chica más popular del momento, la cantante Ester Soré, a quien Los Estudiantes Rítmicos también acompañaron en el estudio de grabación.

Los sindicatos y los coros populares
Una vez disuelto el conjunto, Goles deja de componer música de carácter pop y al dirigir sus acciones hacia la organización de los músicos en el sindicato, llega al mundo de los folcloristas. Se abre frente a él un nuevo panorama musical y estético. La raíz folclórica lo llevará a escribir más cuecas y más tonadas. Poco después compra la Radio Osmán Pérez Freire para adjuntarla a la Sociedad de Autores y Compositores (Sochayco, 1950) e invita a participar a Liliana Pérez Freire y a actuar a Lili Fabres, María Angélica Ramírez, Marina Lara y Carmen Barros. Es cuando conoce a quien sería una de sus más cercanas colaboradoras y con quien construiría grandes piezas de raíz folclórica: la autora Clara Solovera (“Chile lindo”, “Mata de arrayán florido”, “La enagüita”). Ella telefoneaba a Goles para cantarle alguna canción que hubiera escrito, y él le entregaba la armonización y los arreglos al día siguiente.

A mediados de los ’50 fundó la Corporación de Autores y Compositores (Codayco) y se dedicó fuertemente a preparar a los músicos para un futuro que ya había detectado: la industrialización de la música. Para Goles, si los autores y compositores no estuvieran alerta, perderían todos sus derechos. Hasta entonces, los músicos tenían trabajos informales y estaban acostumbrados a que se les pagara por sus actuaciones la misma noche y por mano, sin ningún registro. Por eso cuando Goles apareció con nuevos planes, algunos folcloristas interpretaron sus acciones como una amenaza. Chito Faró o Galvarino Villota se enfrentaron con el compositor-dirigente incluso físicamente. Estas diferencias con Goles sólo se zanjarían en los lechos de muerte de Faró y Villota, a principios de los ’80.

En 1960, Goles musicaliza la letra escrita por Manuel Lira (otro de sus autores cercanos y permanentes) para la canción “Viña del Mar”. La presentan al recién estrenado Festival de Viña del Mar y con la interpretación de Mario del Monte, obtienen el primer lugar de la competencia. En 1961 logra el segundo puesto de la debutante competencia folclórica con el foxtrot “Contigo sí” y en 1963 gana la misma modalidad con la cueca “El loro aguafiestas”, interpretada por Sylvia Infantas y los Cóndores. Más tarde, en 1971 y en su calidad de jurado del festival viñamarino, decretaría plagio para la cueca “ La Violeta y la parra”, de Jaime Atria. La decisión le costó a Goles su amistad con el creador de “La consentida”.

Goles ya venía trabajando sobre arreglos de música popular para coros. Había fundado el primero de sus múltiples coros: el Coro Jadran, de carácter folclórico eslavo con el que estrenó en el Teatro Municipal su obra Suite eslava (por este trabajo de proyección folclórica yugoslava recibió una condecoración de manos del propio mariscal Josip Broz Tito). Goles se contraponía a toda la tradición de los coros doctos y llegó a tener fervientes detractores en este ámbito. Desde entonces transitó por las más diversas plataformas creando coros populares. Mientras dejaba a un coro con autonomía de vuelo, podía fundar uno siguiente a la vuelta de la esquina: el Coro de Codelco, el Coro de Phillips, el Coro de la Comunidad Vasca, el Coro de Famae.

De todos ellos, el más importante fue el Coro del Ministerio de Educación (1965). Era su propia agrupación de voces, que dirigió hasta dos meses antes de fallecer en 1993. Un coro que interpretaba arreglos de Goles para piezas de tan diversa procedencia como “Volver a los 17”, Antofagasta”, “La orilla blanca, la orilla negra” e incluso el hit pop norteamericano “In the Navy”. También llegó al Teatro Municipal para el estreno de su Cantata antártica (sobre textos de La Araucana, de Alonso de Ercilla), donde Goles integraba a la orquestación instrumentos del folclor eslavo: brach (tipo de laúd), bizernica (tipo de charango).

La himnología y el triunfo de la SCD
El primer premio de 1963 en el Festival de Viña del Mar lo conectaría con la institución policial uniformada con la que trabajaría entre 1967 y 1987: La figura del “loro aguafiestas” de su cueca triunfal no era otra que la del carabinero vigilante dispuesto a mantener el orden público. José Goles organizó toda la estructura musical de marchas e himnos para Carabineros con facilidad y propiedad. La música marcial europea comenzó a quedar desplazada por las nuevas creaciones de Goles hechas en Chile. Himnos muy diversos y específicos surgieron de su piano en la casa de calle Manuel de Salas en Ñuñoa (los cuidadores de la caballería o la guardia del palacio presidencial). El compositor compiló toda esta obra en el cancionero Cantos verdes (1987).

Ese mismo año, la acción iniciada en 1939 con el nacimiento de “El paso del pollo” alcanzaba su momento cúlmine. Por fin, los músicos estaban muy fuertemente unificados y todos los sindicatos y corporaciones que había creado Goles desde los años ’40 derivaron en la fundación definitiva de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor. En 1987 se transformó en su presidente electo (aunque fue el compositor Alfonso Letelier quien dirigió los primeros movimientos de la SCD) y de paso, Goles formaba nuevos defensores de estos derechos: la compositora Scottie Scott y el folclorista Nano Acevedo.

Ya llevaba muchos años sobreponiéndose a deficiencias cardíacas y a los malos pronósticos de todos los médicos que lo trataron. El 8 de junio de 1993 un paro cardíaco terminó con la vida de José Goles. Tenía 76 años y había sido reelecto por unanimidad en el último escrutinio de la SCD, sólo unas semanas antes. Fue un acto de reconocimiento mayor de sus pares al compositor y al más aguerrido de los defensores de los músicos nacionales de todos los tiempos.

Beto está de vuelta

El cantante ofrece un concierto este jueves 13 en el Movistar Arena, para comenzar a celebrar sus 30 años de carrera. Éxitos de La Ley y nuevas composiciones, como el single “Rosas en el lodo” junto a los colombianos Monsieur Periné, serán parte del repertorio. El sábado 15 repite en el Espacio Marina de Concepción.

Padre e hijo
Le-Bert

Dos discos se presentan este viernes en El Sindicato (Maipú 424, Barrio Yungay). El primero solista de Camilo Le-Bert, voz del grupo de rock y fusión Fósil, y el cuarto solista  de Luis Le-Bert, donde revisa, solo con guitarra y voz, canciones de Santiago del Nuevo Extremo.