Roberto Parra

Sin proponérselo, hacia el final de su vida Roberto Parra Sandoval se convirtió en el emblema de una identidad nacional extraviada. La dictadura había visto en los grupos de huasos típicos un cómodo modelo de lo nacional, pulcro y clasista, que nada tenía que ver con la genuina cultura popular, rural o callejera, que palpitó a las sombras de la oficialidad. Roberto Parra transitó siempre en el margen, y su tardío reconocimiento puso en evidencia dos modelos en disputa que afloraron con más claridad desde fines de los años ’80: huasos de gomina versos cuequeros bravos. La cultura de los mall y la comida rápida versus las ferias libres y los mercados populares. Las rubias incandescentes de la televisión frente a las enjundiosas morenas de prostíbulos de mala muerte. Hermano de Nicanor y Violeta, autor de célebres cuecas y de la obra teatral La Negra Ester, Roberto Parra redefinió para siempre en Chile el concepto de cultura popular.

Fechas

Santiago - 29 de junio de 1921
Santiago - 21 de abril de 1995

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |

Géneros

Cristóbal Peña

Todos los hermanos Parra
Nacido en junio de 1921, en Santiago, Roberto fue el quinto de los nueve hermanos Parra Sandoval; menor que Nicanor, Hilda, VioletaEduardo; y mayor que Caupolicán, Elba, Lautaro y Óscar. Gran parte de su infancia transcurre entre Lautaro y Chillán, y estará marcada por privaciones económicas y una tensa e inestable relación entre sus padres, Clarisa y Nicanor. Al morir éste en 1929, los hijos mayores deben ingeniárselas para ayudar a su madre, costurera y cantora aficionado, echando mano a los más diversos oficios.

robertoparra00

Fotos: Memoria Chilena

«No había para ropa ni zapatos, menos para un juguete. Para las fiestas de Navidad, la madre los acostaba más temprano para que no supieran del festejo, y muchas veces hasta la comida escaseaba (…) Nicanor, aventajado alumno en el liceo, aseguraba sus ingresos dando clases particulares. Violeta, Hilda, Eduardo y Roberto formaron un grupo unido y solidario: dónde iba uno iban todos, y ganaban sus pesos limpiando tumbas y arreglando floreros en el cementerio o bien barriendo, lavando platos y sirviendo comidas donde los vecinos», escribe Fernando Sáez en la biografía de Violeta Parra, La vida intranquila. El mismo Roberto lo confirma en una cita del libro de marras: «Fue muy perra la infancia de nosotros, poca alegría, éramos muy pobres. Vendí diarios, lustré, vendí piñones, la Violeta cantaba».

La inquietud artística de Roberto y sus hermanos comienza a temprana edad, y le debe mucho a la afición de sus padres por el canto y la guitarra. Las mayores, Hilda y Violeta, recorren plazas y estaciones de trenes cantando a cambio de algunas monedas; los otros dos, Eduardo y Roberto, se arriman a los circos que cada tanto aterrizan en la ciudad, donde venden turrones, cortan boletos y aprenden algunos trucos circenses. Pero será la música la que unirá los destinos de los cuatro, quienes en 1934 se trasladan a Santiago junto a su madre y el resto de sus hermanos.

Cuando se vino del campo
En la capital, los hermanos Parra harán de la música su principal medio de supervivencia, pero con el tiempo sólo Hilda y Violeta –primero a dúo (Las Hermanas Parra) y después por separado– consolidarán una carrera que las llevará a grabar discos a contar de fines de la siguiente década. Roberto, en cambio, no grabará hasta mediados de los años ’60, entregándose desde muy joven a una vida aventurera y errante que más tarde se reflejará en su obra.

Resulta difícil, si no imposible, seguir los pasos del autor de La Negra Ester poco después de su llegada a Santiago. Desde entonces deambulará por diversas ciudades del país, muchas veces sin rumbo fijo ni una actividad definida, oficiando de diarero, soldador, cerrajero, mecánico, carpintero, lazarillo, mueblista y, por cierto, músico. Pero a diferencia de sus hermanas, que seguirán un circuito relativamente convencional, el díscolo Roberto actuará en boliches, ramadas, mercados, circos, cabarets y prostíbulos. En estos ambientes, populares y marginales, Roberto Parra irá sintetizando foxtrot y cueca en un género que será patentado como “jazz huachaca”.

Por ese entonces, en los años ’50, sólo él y unos pocos saben del invento. El autor de “El Chute Alberto” es sólo un conocido músico del ambiente, y en esa condición llega en 1957 a integrarse como guitarrista del cabaret Luces del Puerto, de San Antonio. En esta ciudad conocerá a la Negra Ester, en la boite Río de Janeiro, y a quien después inmortalizará en una obra homónima, con décimas como:

Al puerto de San Antonio / me fui con mucho placer. / Conocí a la Negra Ester / en casa de Celedonio. / Era hija del demonio / donde ella se divertía. / Su cuerpo al mundo vendía, / le quitaban su trabajo. / Pior que un escarabajo, /donde el jilucho caía“.

Las cuecas choras
Pero antes que dramaturgo, será conocido como compositor, y serán sus sobrinos Ángel e Isabel Parra quienes grabarán por primera vez sus composiciones.

robertoparra000

Fotos: Memoria Chilena / Dicap

En 1963, los hijos de Violeta inmortalizaban desde París los temas “Las gatas con permanente” y “El 25 de enero”. Es cueca chilenera, colindante del hampa y de los barrios bravos en los que convergen campo y ciudad. “Cueca chora”, la llamarán después, y a diferencia de la tradicional cueca centrina o urbana, goza de mayor picardía y humor. Ahí está “La perra con el perro” para confirmarlo, composición situada en Mapocho con Banderas que retrata una absurda correría de quiltros después de una cópula: “La perra va pa’l sur, / el quiltro al norte. / Cruzan la Costanera/ sin pasaporte“. Igualmente marginal es la célebre “El Chute Alberto”, cueca cifrada en coa, que cuenta las desventuras de un tipo al que encuentran muerto en el canal Bío Bío, y al que “mataron por longi, / por aniñado. / No dijo ni hasta luego; se fue cortado“.

«Para nosotros –dice su sobrina Isabel Parra– era natural que hiciera ese tipo de cuecas, porque esas cuecas eran como él: hablaban de su vida, de su forma de ser; eran totalmente distintas a las cuecas campesinas que mi mamá había recopilado en el sur de Chile. Escuchar al tío Roberto cantar esas cuecas y escucharlo hablar a él era lo mismo».

La familia sería fundamental para la difusión de la obra musical del tío Roberto. Ya sea como invitado permanente a la Peña de los Parra, escenario en el que se contactó con los albores de la Nueva Canción Chilena, o participando en la carpa que su Violeta tenía en La Reina, desde mediados de los años ’60 el autor de El desquite comenzó a tener un reconocimiento más allá de los ambientes marginales en los que se había criado. Sin embargo, como lo consigna el escritor Fernando Sáez en su biografía de Violeta Parra, no era fácil que Roberto dejara lado sus hábitos mundanos para asumir un papel más profesional en la música:

«(Violeta) lo había sometido a sesiones ‘secas’, con enormes tazas de té, preocupada siempre de las tendencias al ‘enfiestamiento’ que tenía su hermano, hasta conseguir que sacara la voz y se aprendiera las letras de memoria. Nicanor había dado su bendición: “Éste es un cuequero legítimo”, y de ahí en adelante Roberto, con la perseverancia y exigencia de Violeta, había ingresado al clan como profesional».

El tío en el estudio de grabación
El certificado fue extendido con una serie de discos que Roberto Parra grabó, en solitario o acompañado, desde mediados de los años ’60 hasta principios de la siguiente década. De éstos destacan su primer solista, Las cuecas de Roberto Parra (1965) y Las cuecas del Tío Roberto (1972), este último grabado junto su sobrino Ángel Parra y un grupo de acompañamiento. “El mejor disco del mundo. Don Robert & Paparra cantan como nadie. Leche al pie de la vaca”, certifica Álvaro Henríquez en la carátula de su edición en disco compacto de 1996.

La carrera musical de Roberto Parra, como la de muchos cantantes, se vio eclipsada por el golpe de Estado de 1973. Y a diferencia de sus sobrinos, que partieron al exilio, él permaneció en Chile, sumergiéndose en el submundo urbano. Para entonces, sin embargo, su vida ha tenido un vuelco. A principios de 1971 conoce a la cantautora Catalina Rojas, quien al poco tiempo se convierte en su esposa y la madre de sus hijos María Leonora (n. 1972) y Catalina (n. 1973). Sus nuevas obligaciones familiares no impiden que siga cultivando música, aunque las condiciones políticas y sociales lo obligan a volver a actuar en mercados y ferias de la capital, y en algunas pocas peñas que subsisten en medio de dictadura, entre ellas la de su sobrino Nano Parra.

La Negra Ester
Roberto Parra también ha comenzado a escribir para entonces, y ya en 1980 logra que se publique la primera versión de La Negra Ester, obra en décimas que será estrenada ocho años después por la compañía Gran Circo Teatro, encabezada por Andrés Pérez. Será ésta su consagración como dramaturgo y, a la par, como músico y compositor: en la primera formación de La Regia Orquesta de La Negra Ester se encuentra Álvaro Henríquez, entonces líder de Los Tres, quien se convertirá en el principal discípulo y promotor de las cuecas choras del tío Roberto.

Este padrinazgo, iniciado a fines de los años ’80, será vital para la difusión de su obra musical en la siguiente década, cuyo hito cumbre está marcada por el MTV Unplugged que Los Tres grabaron en 1995. En esa actuación celebrada en Miami, el grupo de penquistas interpretó temas del tío Roberto, demostrando ante la comunidad rockera internacional que en Chile el blues tiene código de cueca. El tributo se traduce además en un acierto comercial: Los Tres MTV Unplugged (1996) fue el más rentable disco del grupo, con más de 120 mil copias de venta sólo en el año de su publicación.

roberto parra 2.jpg

Foto: La Tercera

Para entonces, Roberto Parra ya es una leyenda que cruza fronteras. El éxito de La Negra Ester lo lleva a comienzos de los años ’90 a recorrer Europa junto al Gran Circo Teatro. Además, su prestigio como dramaturgo se acreciente con el estreno en 1993 de El desquite, otra obra de su autoría, llevada a las tablas por la compañía Sombrero Verde. Seis años después de su estreno, El desquite llega al cine con la dirección de Andrés Wood y música a cargo de Álvaro Henríquez. Este último, sin embargo, ya es tributo póstumo: Roberto Parra ha muerto en abril de 1995, a los 73 años, afectado de un cáncer a la próstata.

Su legado será reconocido en Peineta (1998), disco que saca a la luz grabaciones de Los Tres con Roberto y Eduardo Lalo Parra. Y además en otras grabaciones póstumas como Ya salió el sol (2001), que reúne canciones de Roberto Parra y Catalina Rojas, y Cuando me vine del campo (2007), el registro de una actuación del cantor en la Bilbioteca Nacional en 1992. Su figura sigue siendo emblemática en un evento anual consagrado como la Cumbre Guachaca, que exalta el ideal de cultura popular encarnado por su mentor.

Muere Vicente Bianchi, figura insigne de la música chilena

El compositor, arreglista, director de coros y orquestas falleció en la mañana de este lunes 2, dejando un inmenso legado que abarca música docta, folclórica, popular y religiosa. Premio Nacional de Artes Musicales en 2016, en sus 98 años de vida escribió obras como “Tonadas de Manuel Rodríguez”, Misa a la chilena (1965) y el Te deum (1970). Su biografía, en MusicaPopular.cl.

El debut solista del tecladista de Kalfu

Parte de la banda de fusión Kalfu, Pablo Diaulo se acerca a otros ritmos latinoamericanos  en su debut solista. Candombe, cueca o zamba con letras sociales. Tá brá la cosa se llama el disco, adelantado con el sencillo “Minorías”.